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jueves, 23 de agosto de 2012

Irina Shayk



Jorge Bustos

Nunca bien calibrada Irina. Siempre me he preguntado cómo de duro es el trabajo de estar buenísima, porque sé bien que no tiene que ser fácil. No puedes comer lo que te apetece, ni esnifar todo lo que te alinean en la mesa si no eres Kate Moss, ni levantarte de la cama por menos de 10.000 dólares, como detalló resignadamente Linda Evangelista. Y eso por levantarse: nadie se atrevió a preguntar ya cuánto pedía por tumbarse. Tampoco se te consienten nociones secundarias de Geografía si lo que pretendes es ganar alguna vez el Miss Universo, y ay de ti si te fotografían con un libro en la mano cuyo formato no admita homologación exculpatoria a una revista. Nunca he sentido el menor deseo de haber nacido mujer, pero si lo fuera, creo que envidiaría a las chicas monas y jamás a las chicas intolerablemente atractivas. “A partir de un cierto grado de monería, una chica mona es tan mona como otra cualquiera”, escribió Fitzgerald, que de chicas sabía lo suyo y lo de los demás.

Una de las cosas que más me gustan de ti...
 
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