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miércoles, 29 de agosto de 2012

¿Desde cuándo tiene razón el público?

Bilbao el día del aurresku a Ponce

José Ramón Márquez

Sólo hay dos actos donde el público asistente sea un dato relevante para los que se ocupan de darnos cuenta de los mismos: las manifestaciones y los toros. En las manifestaciones es ya clásica la comparación entre los datos que suministran los organizadores y que generalmente está cerca del millón de personas para manifestaciones de cierta envergadura, y los cien mil que suele observar la policía municipal en el mismo sitio, el mismo día y a la misma hora.

El otro sitio es en los toros. No es de ahora, porque en reseñas antiguas ya se hace referencia al número de asistentes,  y por eso llama la atención el hecho de que ese atavismo de indicar la entrada que registra el coso permanezca tan vigoroso.

Te coges un periódico a ver qué pasó en Almería y allí está el dato innecesario ‘tres cuartos de entrada’; te vas a El Mundo a ver la interpretación canónica de la penúltima gesta de Tomás y lo primero que salta a la vista es ‘lleno’; si quieres leer las loas al toreo de July en Bilbao, tecleas Mundotoro y allí está lo primero ‘tres cuartos’.

¿A quién le importa además de al empresario y a la inspección de Hacienda ese dato? Pienso que a nadie. Dato totalmente irrelevante, carente de interés para lo que vendrá después: el desparpajo de Perera, la inmolación de Tomás, la Importancia de Gallito de Velilla; dato que innecesariamente siempre se ofrece al lector para no se sabe qué.

No me imagino yo a Oti (Rodríguez Marchante), ahora cuando se vaya al festival de cine de Venecia y nos brinde sus críticas de ‘No quiero dormir sola’ comience diciendo: ‘Cuatro gatos entre las filas 7 y 12’; o que cuando se estrene la ansiada ‘El pintor y la modelo’ de Trueba, Mirito Torreiro, si acaso sigue escribiendo en algún sitio, principie su crítica con ‘Cincuenta espectadores...’ 
De la misma forma los del teatro no empiezan con ‘la última genialidad de Mario Gas concitó el interés de treinta y cinco personas...’, o dando la reseña de los cuatro gatos que se tragan esos Hamlet que hacen en el Matadero (¡vaya nombre apropiado, matadero del Teatro!), en los que el Príncipe danés es un yonqui o un broker neoyorquino que se tira la mitad de la función en bolas.
 
En el tenis tienen preparados a unos para ocupar las butacas que no se han vendido. Mi amigo Luisito, de San Cristóbal, está apuntado a eso en la Caja Mágica. Cuando va a empezar el partido tienen allí a un puñado de gente de Villaverde Bajo, el Cruce y San Cristóbal,  que ocupan los asientos que no se han vendido. No cobran, pero ven el partido y luego les dejan entrar en un catering donde se ponen morados. Por eso el tenis, lo mismo que la ceremonia de los Oscar, siempre está lleno, porque hay ‘público contratado’. Eso es lo que yo creo que está poniendo en marcha este año el July, siempre innovador, con sus regalos de entradas ‘a la juventud’, pero si no me fallan las estadísticas me parece que este año July, ni con regalos a la juventud, ha sido capaz de llenar en sitio alguno.

A lo mejor alguno de la crítica debía dar el paso al frente y dejar de indicar en su reseña el volumen de la entrada del festejo, y no pasaría nada. Para las cuentas, ahora que está la cosa taurina en Cultura lo suyo sería que el Ministerio diese unos datos, como hace con el cine, al final de la temporada, convenientemente cocinados y maquillados, para hacer que la crítica se preocupase menos de la entrada, tema que les debería ser totalmente ajeno, y acaso, algo más del toro.

Mirito Torreiro