miércoles, 11 de enero de 2012

La farla


Hughes

En el presunto trinque de los Ere ha aparecido la droga, trayendo a la memoria las farras en gayumbos de Roldán. El engaño solitario nos asusta, nos parece monstruoso el estafador individualista, pero en pareja la cosa se hace pícara y la culpa parece que se alivia. Así, los dos presuntos, como unos Bouvard y Pecuchet de las drogadicciones, se iban diariamente de farras vespertinas, abrumados, quizás, por tener que arreglar la cosa del trabajo en la región con más paro de Occidente. Hay un trinque estirado que se va a Las Caimanes, y un trinque urgente que corre a compartirlo con el más cercano. A estas cosas, ya se sabe, se acaba invitando siempre. La farlopa es como el teatro, todo diálogo. En este episodio cocainómano parece que se nos vienen encima los ochenta, pero es que la farlopa ha sido nuestro capitalismo especulativo de noche y con la burbuja financiera había una burbuja de palabras, de polvos, de deseos y un fervor sin nostalgia. La gente se pregunta dónde está el dinero y es que parte del dinero se esnifó, hacia el fondo oscuro del cerebro, en el légamo del sueño, en el retablo encendido de su pólvora sorda. La peña organizaba sus happenings duchampianos -fulgor en el lugar del excremento- y con las tarjetas con que se aplazaba el pago se instaba el latigazo y el satori golfo, el éxtasis insolvente de quien no podía procurarse otro. De alguna forma, el dinero exige elevaciones, el oro es un deslumbramiento y la farla era la velocidad del dinero. Y si tuvo fama de exclusiva alguna vez, de droga pija, lo cierto es que el señorito chabolea y gitanea mucho en el confín de la ciudad para salirse luego de sí mismo. La droga, así mirada, ha sido muy igualitarista y muy social. El personal sacaba el DNI, como liberándose de la identidad, ritualizaba una exhalación y se fundía en la velocidad hiriente de las cosas, en el espíritu vano de su tiempo. En esa comprensión sin memoria.

En Los Objetos Impares
10 de Enero