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jueves, 26 de enero de 2012

Córdoba-Figueras

Kali Garrido a la edad de 36 años
con el Mirandés en El Plantío
Al fondo Pablo Infante.


Francisco Javier Gómez Izquierdo

Los que abusan de la estadística en el fútbol han encontrado parangón a la gesta del Mirandés y nombran al Figueras de la Copa del 2002. No voy a restar méritos al modesto club catalán, pero aquellos octavos y cuartos en nada se parecen a los que han pasado mis paisanos. Por esos caprichos que tiene el fútbol, el Figueras se emparejó en cuartos con un Córdoba del que era amo Rafael Gómez “Sandokan”, ése ser con estatua de arcángel que el otro día entre lágrimas le soltó al juez de “los Malayos” que formaba parte del cuerpo de Jesucristo.

-Fui cabrero y cuidé pavos, Señoría... A los bancos les prometí que les pagaría, porque Jesucristo está en el cielo y yo formo parte del cuerpo de Jesucristo.

A Sandokán lo asesoraban sanguijuelas sin conocimiento y en vez de prestar atención a las cartas anónimas y sin interés que un servidor le enviaba recomendando a Aduritz y Dani Pendín, dos futbolistas que quedaban libres en un Burgos fenecido y que harían crecer al Córdoba, se trajo un brasileño negro, con comisión para vaya usted a saber quién:

-Güelinton es un delantero que Córdoba nunca soñó tener. Antes de un año nos lo querrá quitar el Real Madrid y no lo voy a permitir. Es un “furbolista” que quita el “sentío”.

De Wellington sólo impresionaba el nombre y de él nada más se supo.

El Córdoba, (volvamos al hilo) había eliminado a un Mallorca dirigido por el gran Kresic con un Eto’o abúlico, y el Figueras al Novelda. Sandokán se veía en la Uefa, pero el Figueras metió dos goles en El Arcángel, y hecho un basilisco “Rafaé” despidió a Pepe Murcia, un entrenador que “lo llevaba bien”.

Como ustedes saben, en semifinales el Figueras se topó con el Depor de Tristán, que a la postre sería Campeón en el Bernabéu, inventando el término de Centenariazo para referirse a aquella final.

El mayor mérito del Figueras no fue llegar a semifinales, pues los cruces le fueron propicios. El auténtico bombazo fue eliminar al Barça en la 1ª ronda, con gol de Kali Garrido, un trotamundos vitoriano que estuvo varios veranos a punto de fichar por el Córdoba, cuando los grandes iban a los campos de los pueblos con los reservas y sin ganas de Copa. Por entonces fue también lo del Madrid en Toledo y que Roberto Carlos prometió arreglarlo en el Bernabéu, cuando las eliminatorias eran a partido único.

Al Figueras se le quiso mucho porque eliminó al Barça cuando las eliminatorias eran a partido único y se le jaleó durante todo el torneo por la heroica victoria, pero no tuvo rivales de tanta enjundia como el Mirandés. Eliminar al Novelda en octavos y al Córdoba en cuartos no parecen hazañas de mucho prestigio. Acabar con Villarreal, Rácing y Español a doble partido merece mucho más premio, y si lo dudan, díganme quién recuerda a Kali Garrido y quién olvidará a Pablo Infante, el futbolista-banquero.

Figueras, semifinalista de Copa

Rafael Gómez “Sandokán”,
predicando en el barrio de Cañero