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jueves, 26 de enero de 2012

Montesquieu

Guerra indicando a Gonzalón
la tumba de Montesquieu

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Amoscados tenía el marianismo a sus votantes con ese inmovilismo roto únicamente por las jitanjáforas de Soraya:

En ciento cuarenta caracteres también se puede defender a la democracia.

Un par de líneas era cuanto pedía Richelieu para ahorcar a cualquiera, pero, caramba, se decía el votante, ¿y para hacer “tuits” hemos hecho una guerra?

El votante pepero no quiere saber que Zetapé fue el triunfo supremo de la España tuitera. Lo que Gustavo Bueno llamaba “pensamiento Alicia” no era sino la facilidad que para el “tuit” tuvo aquel fenómeno de León. Y cayó Zetapé, pero el zapaterismo permanece intacto.

Soy uno de los vuestros –susurra Wert a sus cejantes.

La sensación, en efecto, era que, sobrepasado por la crisis Zetapé, el zapaterismo se había visto obligado a entregar durante un tiempo los papeles en una gestoría, que era la de Rajoy, cuyo estilo estaría entre el “tuiter” de Gracián y el “tuiter” de Azorín.

Calma chicha.

Y un día Montoro tiró una piedra: políticos manirrotos a la cárcel.

Lo de Montoro es como lo de Morata de Tajuña, donde hay un buen hombre que en la Pasión viviente hace de ladrón. Se llama Farras, y cuando Pilatos pregunta a qué preso suelta, el pueblo contesta: “¡A Farrabás!”

Y otro día Soraya se puso farruca, y para demostrarle (por lo civil) a “ese tal Blázquez” lo que de extraordinario ella puede hacer por su pueblo, se fue a la cueva en que Guerra enterró a Montesquieu y gritó:

Charles, se lever et marcher!

Pero el barón, fuere por las vendas o por el sudario, sólo acertó a decir (como Wert): “Soy uno de los vuestros”.

A ver qué pasa.

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