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lunes, 19 de septiembre de 2011

La cuestión portuguesa



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Tengo una amiga del Atlético que pilló a su hijo tuiteando “ojalá te mueras, Kun” y, consternada, me dice que la culpa es de Mourinho.

Antes de Mou, los niños no decían esas cosas.

Los niños, en efecto, imitan a sus mayores, que en este caso no son Mou, sino los papás de los niños que en el Manzanares cantan “Mourinho, muérete” y, mirando a Cristiano, “ese portugués, qué hijo … es”.

Valdano, que va de Platón a Freud como el 146 de Callao a Los Molinos, dice que a Cristiano lo injurian y cocean porque le tienen miedo, y en lo estrictamente futbolero lleva razón: lo confirma, a su modo, Leko, el penco del Dinamo de Zagreb, cuando para justificar su golpe de herradura en el tobillo de Cristiano declara que el objetivo (la consigna) era provocar a Cristiano.

Lo de Leko en Zagreb lo hizo el año pasado Cris en Lyon ante la mirada complaciente de Stark, el árbitro alemán que tiene por ídolo a Messi y que, para facilitar a Messi las cosas, expulsaría a Pepe en el Bernabéu cuando la madre de todas las batallas por una entrada sin consecuencias sobre “Desdémona” Alves, cuya integridad para la banda uefera es más importante que la de Cristiano, “fichaje indecente”, en palabras del pez gordo, Platini, con lo que eso supone para la lekocracia del fútbol.

Pero el dedo en la llaga lo ha puesto Cristiano al decir que lo suyo es por ser guapo, rico y excelente, o sea, la envidia, que, como todo el mundo sabe, tiene raigambre española.

Como los cronistas de fútbol no son de letras, que se pasan la vida con el 4-4-2, el 4-3-3 y el 4-2-3-1, no saben que Cristiano está citando a sir Bertrand Russell, que sostiene que la envidia es la base de la democracia.

La pasión que refuerza las teorías democráticas es indiscutiblemente la pasión de la envidia. Leamos las memorias de madame Roland, a quien se representa como una mujer noble inspirada por su amor al pueblo. Notaremos que lo que hizo de ella una demócrata tan ferviente fue el hecho de que cuando visitaba a algún aristócrata la recibían en la sala de los criados.

Zapatero presume de que a humilde a él no le gana nadie, pero prueben ustedes a encontrar a alguien más demócrata que un periodista español y entenderán por qué, sobre llamarle chulo, le dan de palos a Ronaldo a fin de doblegarlo a la modestia.

La modestia es considerada como una virtud, pero yo dudo mucho de que deba aceptarse como tal –insiste Russell–. La gente modesta cree que está eclipsada por las personas con quienes se reúne habitualmente. Son muy inclinados a la envidia los modestos, y a través de la envidia, a la mala voluntad.

Ante esto, los simples siempre salen con la misma murga: “¿Y Messi no es rico y excelente?”

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PEP, SELECCIONADOR
Que dice el marqués de Del Bosque que Pep Guardiola (Pepe Hucha en español) reúne el talante necesario para hacerse cargo del chiringuito de Villar, ese Combinado Autonómico que atiende por la Roja y que no puede jugar en San Mamés, aunque el presidente sea de Bilbao, y tampoco en el Camp Nou, aunque sus jugadores sean del Barcelona. Año 2050: Villar en el palco, Guardiola en el banco y la Roja en el campo, con Casillas en la portería, y en su niki amarillo, la leyenda “Òmnium Cultural”.
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