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martes, 20 de septiembre de 2011

Brotes verdes

Al cursi loco de Robespierre...

Ignacio Ruiz Quintano

Abc

Los primeros brotes verdes anunciados por la mujer carpa que dirige nuestra Economía se vieron el domingo en la Puerta del Sol: “cerca de dos mil manifestantes”, en palabras de la prensa de mayor progreso, se tomaron la molestia de ponerse una camiseta verde para perder la tarde chillando por la calidad de la enseñanza, y ya sabemos la idea de “enseñanza” y de “calidad” que gastan estos esforzados del “maillot” verde, verde viento, verdes ramas, el barco sobre la mar, el caballo en la montaña, y la gente en el bar hablando de la calidad, no de la enseñanza, sino del arbitraje, que ha perdido el Madrid, noticia nada buena para España, pues vuelven los especuladores al mercado de valores, que estos no son valores, que el Madrid ha perdido los valores… El respeto a los valores, que dicen los valorólogos como Valdano, que una vez tuvo el valor de bajar en el descanso de un partido en Sevilla a gritarle al árbitro Iturralde: “¡Esto es una vergüenza!”, y faltaban cinco años para que Mourinho llegara a Chamartín. Aquí hay que recordar lo que el conde de Mirabeau, un valdanágoras de la Revolución Francesa, dijo al cateto loco de Robespierre: “Joven, la exaltación de los principios no es lo sublime de los principios.” Los cursis consagrados a la exaltación de los valores del madridismo deberían llevar camiseta verde, como la de los liberados sindicales que comen bocadillos de escabeche para luchar por la calidad de la enseñanza. Camiseta verde y una lista de valores. Porque, ¿de qué valores hablan? ¿De los de Calderón, el senador de Massachuttses, Palencia? ¿De los de Mendoza? ¿O de los de Bernabéu? Si los dichos de Mourinho les parecen blasfemias contra la Corrección Política, desde esa misma Corrección Política los chascarrillos de Bernabéu, el hombre que se negó a fichar a Cruyff simplemente porque no le gustaba “su jeta”, sonarían como una zarzuela de chulapos tocando el organillo con el codo y mojando el pan en el vermú.

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...Mirabeau hubo de recordarle que la exaltación de los principios
no es lo sublime de los principios