viernes, 29 de marzo de 2024

Marengo

 


Que el cielo lo juzgue


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Obama, esa ave de mal agüero, ha visitado en Londres, con su faja de Nobel de la Paz, al primer ministro Rishi Sunak para hablar de algo para lo que no les ha votado nadie: la guerra, según todos los indicios.

 

Obama alcanzó un triste hito que ha pasado desapercibido: lleva en guerra más tiempo que cualquier otro presidente estadounidense –escribía en mayo de 2016… ¡el New York Times!


Obama es un gran Narciso, y su atildado contoneo hacia el número 10 de Downing Street bien podía titularse “An American Werewolf in London II”, en homenaje a John Landis, que tan genialmente mezclaba el humor con el terror, por si alguien no se había enterado de quién es el verdadero emperador de este Occidente terminal, título que en Europa, y para las cámaras de TV, sólo le disputa otro gran Narciso, Macron, que lleva un mes amenazando con ensillar a “Marengo”, el caballo blanco de Napoleón que un oficial inglés encontró herido y perdido en el campo de batalla de Waterloo y se lo apropió (¡los ingleses y el proviso de Locke!) para venderlo al mejor postor en Londres, donde murió a la mítica edad de 38 años.


Macron no es Napoleón, que gustaba, como sabemos por Metternich, de sorprender a los franceses, y no les anunciaba sus guerras sino por medio del cañón de los Inválidos, que tronaba a continuación de la primera victoria. Bonaparte era paulino, e hizo predicar a todo el clero de Francia un texto de San Pablo que le convenía: “Respetad los poderes de la Tierra, pues todos los poderes vienen de Dios”. Macron, con alzas, se ve por encima de Dios, y ha refutado el “No matarás” del Sinaí decretando “derecho constitucional” el aborto. La Constitución de De Gaulle contra las Tablas de Moisés.


Macron era el Centro, y por tanto, el Tartufo que corresponde a nuestra época. Como diría Muray: un “falsificador de devociones” (Molière); su “vana ostentación de buenas obras” (Molière otra vez) no le impide, más bien al contrario, “cometer las malas” (Molière también).


Partidario del Nuevo Orden americano evidentemente, es decir, de la cuarta gran oleada de la Reforma a lo largo de los siglos (después de la de Lutero, después de la del 89-93, después de la de Hitler), no comprende las reticencias de algunos respecto de los encantos protestantes.


Para impresionar a sus colegas en las cenas de Versalles, donde los comensales liberalios juegan a adivinar por la textura del muslo de qué lado se acostaba el faisán, Macron no tiene hoy más poderes que el esqueleto de “Marengo” (1,45 de altura), conservado en el Museo del Ejército británico, si quiere jugar a caballo blanco del Apocalipsis nuclear: “Miré y vi un caballo blanco, y el que montaba sobre él tenía un arco, y le fue dada una corona, y salió vencedor…”


El centro ya no se sostiene… –zanjó gloriosamente la discusión el último de los grandes poetas: Yeats.


[Viernes, 22 de Marzo],