Rat Mort, el restaurante donde la Oterita
perdía hasta la ortografía
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
Me asombra la forma periodística
de acatar la supresión del acento del “sólo” adverbial decretada por
los académicos, que actúan como el sargento del cuento que hacía el
atestado de un accidente. “Escriba: cabeza en el arcén”. “¿Arcén con
hache o sin hache, mi sargento?” Patada del sargento a la cabeza y
corrección: “Cabeza en el campo”.
Quien dice una cabeza, dice una
tilde. Las tildes son como los pendejos de la lengua, que por mucho que
las apartes siempre te comes una, y la de “sólo” se les ha ido a los
académicos por “el bidet del idioma”, como Eugenio d’Ors llamaba al hueco de la mesa de la Academia.
–Dispense usted la letra y falta de ortografía; está escrita a las cinco de la mañana, en el restaurante Rat-Mort –escribió la Oterita a Bonafoux,
quien decidió admirar de cerca “una bailarina que cree en la
imposibilidad de tener ortografía a las cinco de la mañana en el
restaurante Rat-Mort”, como les ocurre ahora a los académicos... y a los
liberalios del globalismo ortográfico del ex ministro Sebastián.
“Sebastian, aprende a tildar primero tu propio apellido”, le dijo un
tuitero. “Aprendí a no tildarlo en EE.UU., donde viví varios años
–respondió el Edison de Zp–. Estamos en un mundo globalizado. Ahí no lleva tilde. Gracias por tu consejo local”.
Pero si una piedrecilla en la próstata de Cromwell
cambió la historia de Inglaterra, una tilde en un adverbio cambiaría la
historia de Madrid, que el mundo del hombre y la mujer es, en un
sentido wittgensteniano, una construcción gramatical. Ahí está el
“muñozgrandes” que se marcó Aguado en Madrid. “Aguado se fue al bar mientras las mujeres se reunían”. (Al enfrentarse a Franco,
el “vice”, Muñoz Grandes, se iba al bar para que lo vieran y demostrar que no iba al
consejo porque no quería.) A efectos de consenso, miren la diferencia
entre “Aguado habla solo con Isabel” (vamos, que no se lleva con él a Macron) y “Aguado habla sólo con Isabel” (vamos, que se niega a ver a Rocío, la Ana Bolena de Saint-Tropez, según la prensa). Una tilde.
[Publicada el 30 de Julio de 2019]