lunes, 3 de octubre de 2022

Feria de Otoño. Adolfada dura y complicada, como toca cuando delante hay pobres. Márquez & Moore

 


JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ

 

Comentaba a la salida nuestro querido amigo J., a quien hemos visto literalmente mamar en la Andanada, que es curioso que cuando se anuncian tres nombres “sonoros” con la corrida de Adolfo Martín, ésta suele salir bondadosa y beatífica, y que cuando se anuncian tres cualquiera no falla nunca que aquello va a salir duro y complicado. Hoy tocaba la segunda parte, lo de duro y complicado: con Adrián de Torres, Román y Ángel Sánchez en el cartel la presunción de dureza y de incertidumbre estaba en el aire.


Nos quejábamos en Cenicientos del toro tan domecqticado que soltó Adolfo en sexto lugar en la corrida concurso del día de la Virgen. El toro se llevó todos los premios, pero esa falta de intenciones que demostró, ese espíritu colaboracionista que el animal traía del campo nos encendía las alarmas de ese echar agua al vino que decía Domingo Ortega y que es la permanente mosca detrás de la oreja del aficionado criado en la constante amenaza de que “esto se acaba”.

Hoy Adolfo Martín ha traído a Madrid una corrida cinqueña áspera, y complicada, acaso algo baja de fuerzas, pero una corrida de toros, y cuando decimos toros nos referimos a unos animales que son el problema y no la solución, unos animales con los que no vale decir eso de que “he estado muy a gusto” porque el único momento de estar a gusto con ellos es cuando ruedan heridos de muerte, pues incluso con el estoque clavado son capaces de darte un serio disgusto. Cada uno a su manera los seis pupilos de Adolfo han sostenido, con sus huecas miradas, con la incertidumbre de sus embestidas, con la evidencia de su casta, la emoción de una tarde en la que nada estaba escrito y donde cualquier ecuación entre el triunfo y el hule estaba presente sobre el tablero de manera permanente.


Abre Plaza Sevillanito, número 38. Le cae en suerte a Adrián de Torres a quien también le tocó el adolfo de Cenicientos y a quien antes le había correspondido el de Juan Luis Fraile. En aquella calurosa tarde, tras su firme actuación, demandábamos que Adrián de Torres tuviera un hueco en la Feria de Otoño y aquí le tenemos, mes y medio más tarde, a confirmar la alternativa que le dio Padilla en 2012, que se dice pronto diez años, que venía a confirmar e iba por delante del padrino y del testigo de la confirmación, por ser de más antigüedad su alternativa. Se sorprende Adrián al recibir de capa a Sevillanito y el celo del toro le mete hacia adentro, teniendo que buscarse las mañas el torero para salir del trance. Poca leche hay en la parte equina y en seguida llega la perfección hecha brega en manos de Iván García, que no se puede estar mejor de lo que ha estado con el capote, todo a favor de obra y mejorando las condiciones del toro, que no era un Hércules, ni mucho menos. Se planta Adrián Torres en los medios y desde allí cita al toro dejándole correr. La cosa sale peor de lo que se preveía pues hay tropezones y algún susto, pero sobre todo hay disposición por parte del matador. El vis-a-vis de Torres y Sevillanito no se produce en términos de cordialidad y el animal, taimado y tirando a débil, juega sus cartas para intentar amargar la tarde al torero, que aguanta los gañafones y la incertidumbre de las miradas hasta que decide poner punto final a su relación a base de una estocada de cualquier manera.


Verduras, número 95, es el que viene a ver a Román, que se lo saca guapamente hasta los medios por verónicas. Le pegan poco los del penco con faldas y se viene arriba en banderillas, con pies y malas intenciones. La brega de César Fernández es lo opuesto a la exquisitez de Iván García, hecha ésta a base de enganchones y de remates hacia las alturas, cosas que en general no favorecen la causa de Román. Pedro Iturralde pica con buen arte y mesura. El toro es serio e impone mucho respeto y no parece que Román encuentre el modo de hacerse con él, cosa que se agrava según avanza el trasteo al que pone fin con metisaca barriguero, estocada caída y un descabello. Cuando el toro siente la estocada, hay como un escalofrío, un calambre eléctrico que recorre todo su cuerpo, apenas un segundo en que el animal acaso percibe la muerte.


Tomatillo, que lleva el número 68 herrado a fuego, es el primero del lote de Ángel Sánchez. El animal anduvo recorriendo la Plaza en plan agrimensor y cerciorándose de la altura de las barreras en diversos lugares hasta que reparó en la presencia de su matador. Adrián de Torres hace un ceñidísimo quite por gaoneras, impávido, y Ángel Sánchez replica por chicuelinas de costadillo. Espléndido Curro Javier, de verde y azabache, en dos pares de banderillas de sabor añejo y de enorme torería. Brinda el toro a una niña en el tendido 10 y poco más hubo, puesto que el toro se fue apagando y apenas si pasaba, aunque las señas que mandaba no eran tranquilizadoras. Cuando va a por el estoque nadie le censura y cuando cobra una estocada desprendida, tampoco.


Tras los imprescindibles toques de clarín y aporreos de timbal asoma al circo Pastelero, número 40, a quien Adrián de Torres recibe por verónicas. El toro no regala nada e Iván García le roba literalmente un par de banderillas de gran torería con el toro saliendo del lance al iniciar el cuarteo. Adrián de Torres comienza una faena de altibajos, acaso más bajos que altos, que rompe a buena en el momento que aguanta valerosamente un espeluznante parón del toro. Ahí se pone buena parte de la Plaza de su lado y el torero empieza a creer en la faena que va armando, a base de altibajos, como se ha dicho, pero ahora hay ya más altos. Torea con gran cuajo y despaciosamente por ambos pitones y aguanta de nuevo parones del toro a los que responde con pases sin violencia alguna, ejecutados muy despacio. Hace la sandez ésa de tirar el estoque de mentira que está de moda ahora y, como si Dios le quisiera castigar por esa ofensa a la herramienta de su oficio, se amontona con el toro y rompe la muleta. Vuelve a la cara para firmar otra serie muy aplaudida y… ya sabemos que Adrián de Torres no es el As de Espadas, pero ocho pinchazos y siete descabellos, dos avisos y a punto de caer el tercero es lo que deja en el cómputo tauricida. Pueden volver a anunciarle cuando quieran, que deja cartel.


Mientras Adrián de Torres estaba a lo suyo, en el callejón Martínez Erice se dedicaba a darle la chapa a Román preparándole para lo que venía a continuación, que era Holgazán, número 49, pero lo que el apoderado no podía imaginar es que la blandura de Holgazán echase por tierra sus consejos, pues las gentes se tomaron a rechifla al bóvido y nada de lo que Román intentó fue tenido en cuenta, por lo que el valenciano se fue a por el estoque para cobrar una estocada haciendo guardia, que ningún peón tuvo la decencia de sacar del toro, y un descabello.


Ya echábamos de menos a algún Aviador, hasta que salió el sexto, número 32 que no resaltó en la cosa equina y que recibió una lidia muy buena y medida de Curro Javier. El toro sacó intenciones aviesas, andando y mirando, pero la culpa de la primera cogida de Ángel Sánchez es más del torero que del toro, al quedarse perfectamente descubierto en el viaje del toro, que no perdona la ocasión de irse a él. Tras el susto, Sánchez vuelve a la faena, que no consigue tomar altura dando la sensación de que el propio matador es el más interesado en ir acabando aquello. Al entrar a matar el toro le prende lanzándole tres o cuatro metros hacia arriba y dejando la sensación de una fea cogida. Se lo llevan inconsciente a la enfermería y Adrián de Torres despacha al Aviador de un certero descabello. Afortunadamente la cogida es calificada de “pronóstico reservado”.


Con esta interesante corrida de Adolfo Martín acaba mi particular Feria de Otoño, brevísima. Cedo los trastos de la crónica al excelente aficionado José (Pepe) Campos, para que nos deleite con su inteligente opinión a los que no vamos a tener la suerte de estar en Las Ventas en estos días.



Aviador prende a Ángel Sánchez


ANDREW MOORE



 

Lo de Adrían de Torres

 




Lo de Román

 



Lo de Ángel Sánchez


 
 



 
FIN