jueves, 19 de mayo de 2022

Aborto 2030


Max Stirner

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Las alegres comadres del 2030 (su Davos es nuestro Windsor) creen que en el mundo sobra gente, pero no ellas, y nos venden que la Corte Suprema de los Estados Unidos va a “revocar el derecho al aborto”, con lo que eso supone.


    Para evitarlo, Psaki, la portavoz Zanahoria del catolicón Sleepy Joe, partidario del aborto hasta el nacimiento (ya puestos, ¿por qué no hasta la mayoría de edad?), llama al “agitprop” en las casas de los jueces (“continue to encourage that outside of judges’ homes”). Si la cosa funcionó con los jurados del caso Floyd, ¿por qué no va a funcionar con los magistrados de la Corte Suprema? Bien mirado, John Marshall sólo ha habido uno.
    

La obsesión de la vida muere en nosotros como la obsesión de la muerte vive en Vallejo, el César equidistante entre Beethoven y Belmonte a quien Gerardo Diego atrapó en dos versos: “Vallejo, tú vives rodeado de pájaros agachados / en un mundo que está muerto, requetemuerto y podrido”.
     

Y él: “Haga la cuenta de mi vida / o haga la cuenta de no haber aún nacido, / no alcanzaré a librarme”.


    Si el aborto es un derecho humano, ¿qué es un derecho humano? Max Stirner (“la sinceridad del yo-en-bancarrota”): un derecho humano no es más que una concesión que los hombres se hacen unos a otros.


    –Si se reconoce a los recién nacidos el derecho a la existencia, ese derecho les pertenecerá; si no se les reconoce (espartanos y antiguos romanos), no les pertenecerá.
   

 “Homo homini lupus!” Hobbes, en su “De cive”: si el hecho de matar a un hombre es un crimen o no en función de lo que prescriba la ley, lo que nace en un parto es un ser humano o no, con lo cual ¿qué es un hombre?


    –Nadie duda de que será el Estado quien lo juzgue.
    

Pero los Estados Unidos de América no son un Estado, sino muchos Estados (no confundir con el “Estado Compuesto” que para lo que quede de España pastorean Sánchez y Feijóo, puesto ahí por eso, no porque Casado le pidiera a Dios que dejara a Ayuso calva. El fondo de la votación americana es la Federación.

[Jueves, 12 de Mayo]

Jueves, 19 de Mayo

 

 

Decadencia heráldica

miércoles, 18 de mayo de 2022

El Proyecto Terapéutico


 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    La utopía de un universo donde ya sólo reinarían la amabilidad, la ternura y las buenas intenciones (¡ese centrismo liberalio que sufragamos todos!) debería producir, según Muray, escalofríos dorsales de forma natural:


    –Es el más temible de todos los sueños, porque es realizable.


  
 Muray lo denunciaba hace veinte años como “proyecto terapéutico” y “complot prohibicionista” (¡conspiranoico, conspiranoico!) cuyo fin es transformar a una mayoría en militantes de la Virtud, contra una minoría de representantes del Vicio, “que serán liquidados poco a poco”.
   

 –El fanatismo de la Salud cuenta con el entusiasmo que sentimos la mayoría de nosotros ante toda nueva perspectiva de servidumbre voluntaria. ¡Nuestra existencia va a alguna parte! ¡No sabemos dónde, pero allá va! ¡Al servicio de la especie! ¡Firmes! ¡A las órdenes del Consenso! ¡Siempre!
    

Los gobiernos tratan a los súbditos (que quiere decir “sometidos”) como enfermos, había advertido Michael Oakeshott, que se fue en lo mejor, cuando el mundo llegaba a creer que la libertad venía de serie. Hoy, la única sociedad recalcitrante en la resistencia que hay en el mundo es la americana, que además está armada (explíquele usted a un español la Trinidad, pero nunca la Segunda Enmienda).
    

En América una estrella de la TV es Tucker Carlson, que en hora punta pone el foco sobre la colosal industria farmacéutica y el pandemónium político-económico-científico de las vacunas del pangolín chino.


    En España una estrella de la TV es Jordi Évole, que aprovecha la derrota de Djokovic en Madrid para apañar el chascarrillo de Humorista Oficial del Régimen que hace troncharse a todos los escribientes Bartleby del 78: “¿Lo de hoy le puede contar como vacuna a Djokovic?”


    Vivimos en un país cuyos filósofos ibéricos de recebo fantasean en sus dehesas del pensamiento con la cárcel para los no vacunados, señalados, en nombre de la Ciencia, con los motes de “lunáticos” y “chalados”. Es lo que tiene vivir en un país espiritualmente muerto.

[Miércoles, 11 de Mayo] 

San Isidro'22. Enlutados Araúces de Robles para Adame, que no los vio; Moral, a gritos con ellos; y Téllez, primera muleta plana de la Feria y la mejor estocada. Márquez & Moore

 

El par de Fernando Sánchez

 

JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ

 

Hoy, lo mismo que ayer, otro minuto de silencio sin que las psicofonías de los altavoces nos aclaren quién o quiénes son los finados. Y por más que uno pregunta “¿hoy quién se ha muerto?” no encuentra a nadie que le responda con un nombre y apellidos o unas señas personales. La gente ya se ha acostumbrado a levantarse cuando casi todos los días se paran las cuadrillas y cesa la música y les importa un bledo que el difunto sea Agamenón o su porquero. Luego, a base de indagar nos enteramos que el fallecido es don Javier Araúz de Robles, ganadero de reses de lidia y natural de Molina de Aragón, padre del actual propietario de la ganadería a lidiar esta tarde. Las reses salen al ruedo con divisa negra, de luto por el amo.


Ya hemos dicho la ganadería, y ahora diremos los toreros que fueron agraciados en la rifa isidril de Plaza 1, que son Joselito Adame, Pepe Moral y Ángel Téllez. Con estas señas que se han dado ya se ve que el cartel es de los que le traen cuenta a la Empresa y, aunque la Plaza haya registrado una media entrada es cosa segura que el saldo contable no ha arrojado números rojos. Según los datos que proporciona la propia Empresa hubo más público en la novillada de ayer que en la corrida de toros de hoy, por si alguno quiere meditar algo al respecto.


La cosa empezó fatal. Sale Talador, número 27, feo, en tipo pero feo, badanudo y de poco culo, se da unas carreras y entra al penco de Óscar Bernal que cumple en la vara más que el toro y sale de ahí con una pata rota. Pañolada verde de don Jota, el Papá Noel de las orejas, y primera irrupción del espectáculo de don Florencio y sus bueyes amaestrados. Segunda apertura del portón de chiqueros y aparece Sombrerero, número 9, de la ganadería Chamaco, jandillas onubenses, que recibe una especie de vara asquerosa a la que el chamaco jandillero responde cayéndose, o como si dijéramos haciendo la famosa resistencia pasiva de Ghandi. Segundo esperpento en varas, nuevas caídas, segunda pañolada verde de don Jota y segundo acto del espectáculo de doma boyal de don Florencio. Media hora en la piedra llevamos y aún no ha salido el primero. Tercera apertura de la puerta del chiquero y ahí tenemos a otro nuevo jandilla chamaquero, Afanoso, número 1 que está aquí para quedarse y para huir lo suyo del capote y, sobre todo, de la puya. Pasa por las banderillas sin tener nada que decir y ya mismo está Adame echando agua a la muleta desde una botella de Solán de Cabras, inconfundible azul, agua que al ser baja en sodio no deja la muleta agarrotada. La faena del mayor de los Adame se basa en serie por la derecha, otra por la izquierda, otra por la derecha y otra más por la derecha con sus consiguientes carreritas, cites de pico y demás aditamentos harto conocidos de la afición. Con ese ramillete de ventajismo construye el mejicano una faena de un aire extremadamente pueblerino y deja en la parroquia la cabal sensación de que el toro se le va sin torear. Remata Adame su primera salida a la palestra con un pinchazo y una estocada baja.
 

Chicloso es el nombre del segundo de la tarde y el 39 su número herrado a fuego, galgueño y badanudo. Moral le recibe con cuatro capotazos del tipo mangurrino y en seguida pone al astado a disposición de los jinetes para que Carbonell le ponga dos varas traseras, ambas en el mismo sitio. Tras unas banderillas de puro compromiso y un brindis a un señor con un micrófono que andaba por el callejón, Pepe Moral se saca el toro hacia afuera a ver cómo se entiende con él, pero el toro es más de tablas y huida que de andar dando ocasiones a su matador, que también se emplea en esta tauromaquia por las afueras hecha a base de carreritas una y otra vez y, además, a la mínima oportunidad el bicho se escapa, con lo que no hay manera de establecer un diálogo entre Pepe y Chicloso. Cuando cierra al toro, más de lo mismo, pero al estar más en lo suyo el toro lanza un cabezazo con el que le quita la muleta. Por la izquierda el tal Chicloso ni se da por aludido y cuando Moral vuelve a la derecha el toro se va, por lo que el torero decide acabar aquello, que la cosa también va a tener su miga, con un pinchazo, media estocada contraria soltando la muleta y muchos descabellos.


El primer toro de los de Ángel Téllez, torero moracho al que el programa pone de madrileño, es Campiña, número 73, toro largo y sin cuajo, que entra con prontitud al primer cite del picador, romaneando, y también al segundo, empujando. De la cosa de las banderillas no diré nada porque aproveché para dar una breve cabezadita. Comienza el trasteo de Téllez con los mismos argumentos de cada día a excepción de lo del pico, que el torero se esfuerza en presentar la muleta más o menos plana, lo que constituye una gran novedad, pues en lo que va de Feria creo que es el primero que lo ha hecho. Lo más feo de Ángel Téllez es eso de andar a gritos con el toro, que yo no recuerdo un solo torero de los que a mí me han gustado, de los buenos, que anduviese con el toro como un albañil en un andamio a puro grito. Vamos a reseñar algunos naturales muy aclamados por el senado venteño que a mí me han parecido más bien como los de todos los días. No me llegaron al alma. Tras pinchazo y estocada baja Campiña se va a tablas y allí, flanqueado en el interior del callejón por los alguacilillos, don Francisco Javier a la izquierda y doña Rocío a la derecha dio Campiña el alma a quien se la dio.
 

Para mi manera de ver esto, el toro de la corrida es el cuarto, Carantoña, castaño bragado, número 63, un serio toro con morfología de saltillo salvo por la capa. De nuevo, como en el cuento de Monterroso, cuando despertó, Adame todavía estaba allí. En lo de las varas empezamos con muy buen pie, pues Carantoña echa al suelo al caballo y al picador Manuel Bernal con enorme facilidad, saliendo del encuentro sin quedarse y luego se deja pegar, saliendo suelto de la suerte. Le pone en dificultades a Fernando Sánchez, que cobra un par de gran exposición y torería. Lo que hasta este momento se ha visto es un toro muy vivo y con una embestida vibrante. Al borde de las tablas le cita Adame para darle un ayudado por alto, el Celeste Imperio del Divino Calvo, y el toro entre la muleta y el torero se decide por el segundo, propinando un fortísimo golpe al matador. Se comprende que Adame lleva un golpe morrocotudo cuando vuelve a empezar su trasteo en el que da distancia al toro y le va haciendo su toreo que sirve para ir poniendo en evidencia las virtudes del toro, un toro de lidia no una mascota, y dejando la sensación de que es toro de gran faena de las de orejas de peso en Madrid, de las de reventar la Puerta Grande, aunque Adame no sea capaz de echar a rodar esa bola. La faena no es que sea a menos es que es puramente plana, que el toro se le va lo sabe él como lo sabemos todos y decide acabar en plan feísta con las manoletinas nuestras de todos los días. Hay que decir que hubo muchos que disfrutaron con las evoluciones del torero. Lo despachó de un pinchazo y una estocada baja y se pegó una vuelta al ruedo.


Pepe Moral en su segundo, Chirivito, número 14, dio una cierta medida de su impotencia. Principió de rodillas y siguió erguido con muchos enganchones tanto con la derecha como con la zurda, sin pillarle el aire al toro. También anduvo Pepe Moral a gritos con el toro, sin que esto le sirviera de nada en sus modos toreros influidos fatalmente por la escuela julera. Al toro lo picó Francisco Romero como si estuviese en un combate de pressing catch de dos rounds. Varela dejó dos banderillas en tres pasadas. Una estocada baja sirvió para poner final al paso de Pepe Moral por la Feria.

Cuando salió Vicuña, número 45, muchos ya se habían ido de la Plaza, que mientras la corrida se alargaba unos iban a perder el autobús, otros llegaban tarde a la cena y los de más allá ya estaban hartos. El toro se emplea en la primera vara, en la que recibe poco castigo de Marcial Rodríguez y, aunque algo tardo, acaba entrando y empujando en el segundo convite. Ángel Téllez lleva en la mochila las monsergas propias del neotoreo, que de eso no se libra nadie, pero se le ven ganas de desarrollar lo suyo citando de lejos y presentando de nuevo la muleta de manera ortodoxa, con lo que deja un sello que se aparta un poco del fastidioso toreo de todos los días. Remata Téllez su labor con una estocada muy buena de ejecución y de colocación, acaso la mejor de lo que va de Feria.
 

La corrida en su conjunto, entretenida tarde de toros, estuvo bastante por encima de lo que la mayoría nos imaginábamos que podría ocurrir con el cartel anunciado y, la verdad sea dicha, es un gusto equivocarse.
 


Adame atropellado por Carantoña, el toro de la corrida

 

ANDREW MOORE


 

 

LO DE JOSELITO ADAME

 



LO DE PEPE MORAL

 



LO DE ÁNGEL TÉLLEZ

 


FIN

Miércoles, 18 de Mayo

 

Valle de Esteban

Qué será de su falda de franela; de sus
afanes; de su andar;
de su sabor a cañas de mayo del lugar

martes, 17 de mayo de 2022

La Lucha Final

Nicolás Ramiro Rico

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    En la “nacionalidad madrileña”, que diría Feijóo, no hay lucha de clases, dice Ayuso, porque “no hay clases” (sin clases se pasó uno media carrera de Periodismo), cosa que no se cree nadie que este domingo viera el derbi del Wanda.

Tiene gracia que el ayusismo, salido de la disyunción electoral “comunismo o libertad”, dé por sentado en Madrid el triunfo total del comunismo, que consiste en la sociedad sin clases, donde todo el mundo es un padre Ángel o un chef José Andrés, que viven de ir de personas cojonudas por la vida.
    

“Lucha de clases” es concepto con fama de marxista que Miguel Ángel Rodríguez llevará pinchado con un alfiler sobre la corbata, como si de una joya de Enrique Busián se tratara. Pero la expresión “lucha de clases” aparece en “El Federalista”, biblia de la única democracia representativa que ha habido, bastantes años antes de que Marx se hiciera con ella para sustentar el marxismo, un taburete de cuatro patas para sentarse a la barra a dar la chapa con (la enumeración es de Nicolás R. Rico): 1) Cualquier sociedad es sociedad de clases 2) la historia de esa sociedad es historia de las relaciones entre esas clases, pero 3) la relación entre clases es siempre relación de lucha, luego 4) la historia de esa sociedad es historia de sus luchas de clases.


    –El enunciado “la sociedad es sociedad de clases” hay que traducirlo a tiempos verbales históricos; así: la sociedad “era” y (aún) “es” sociedad de clases, pero dejará de serlo, y esto ocurrirá con necesidad, en tiempo histórico subjetivamente indeterminable, pero objetivamente determinado.
    

Lo marxista, pues, es su pronóstico del fin y término necesario y fatal de la sociedad de clases. ¡Madrid! El truco liberalio es transformar el concepto político de “lucha”, para lo económico, en “competencia”, y para lo espiritual, en “discusión”. Y la lucha política se concentra hoy, según Negro, entre la sociedad política, que dispone del Estado, y la sociedad civil, dominada y explotada por la sociedad política.

[Martes, 10 de Mayo]

San Isidro'22. Mazapanes toledanos de Mayalde para los novilleros Santana, Burdiel y el mejicano Fonseca, que fue quien nos arregló la tarde. Márquéz & Moore

 


JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ

 

Calla, calla, a ver qué dicen por los altavoces

Frsaghhhgahhhgsj sgftttsgggseee grrsssttststsssss sghhhhssshhh frrsssito...

¿Quéee?


Lo de siempre, que no hay manera de que en la Andanada nos enteremos de lo que dicen. Menos mal que hoy sabíamos bien que habría un minuto de silencio en memoria de José Gómez Ortega, Gallito, en el CII aniversario de su muerte en Talavera de la Reina. El 16 de mayo es el único día que no necesitamos escuchar lo que proclaman las psicofonías o parafonías que salen de los altavoces de Las Ventas. Vaya en este día nuestro homenaje al coloso de Gelves y nuestro agradecimiento por su interés personal en la erección de la Plaza de Toros Monumental de Las Ventas del Espíritu Santo, por esas 24.000 localidades que duplicaban las de la Plaza Vieja. Se pasó el año 20, el del centenario, sin pena ni gloria por culpa del asqueroso virus chino, con la de cosas que se tenían que haber organizado en homenaje al hijo de la señá Grabiela, como si un hado funesto siempre estuviese interfiriendo de mil maneras diversas en contra del Rey de los Toreros.

 

La foto de Campúa


Lo que hoy tocaba era el típico lunes de resaca madrileña, lunes de novillada, y como los de la UTE Plaza 1 (1 kilo de porquería mires donde mires)  ya habían echado el resto el lunes pasado programando una de Los Maños, hoy no han tenido más remedio que volver a lo de todos los días, así que cuando al abrir el programa te encuentras con lo de “Juan Pedro Domecq y Núñez de Villavicencio compró a principios de 1930 la ganadería del Duque de Veragua…” ya sabes que estamos de nuevo en las garras de la juampedritis, ese potentísimo virus, esa metástasis, esa invasión de los ultracuerpos que se ha ido enseñoreando del campo bravo. Para hacerse cargo de cómo está la cosa baste con señalar que llevamos nueve corridas de la Feria, toros y novillos, y en siete de ellas el programa se ha abierto con la malhadada compra al Duque de Veragua. Y las que nos quedan.


La juampedrea de hoy venía desde Toledo, de los predios ganaderos del señor Conde de Mayalde, donde se yergue el palacio del Castañar “sobre jardines y monte” y, conforme a lo que suele ser habitual, el ganado mostró capas castañas y coloradas. Muy bonita novillada por hechuras, baja de agujas y de armoniosas proporciones, perfectamente identificable su procedencia, lo que antes se decía “trapío”, que no es otra cosa que parecerse a lo suyo, tener el tipo característico de los de su casta. Lo de las fuerzas ya va por otro lado, porque los tres primeros Hortelano II, Escultor y Chorlito I, números 31, 9 y 2, estaban como aquel famoso borrachín que iba por la calle “que me caigo, que me levanto”, provocando la ruina de los toreros y el enfado de la afición. A partir del cuarto, el colorado Chorlito II, número 47, que fue el único que no midió la arena con su anatomía salvo cuando cayó herido de muerte, y en menor medida Hortelano I y Barrenero, la corrida se arregló bastante en el asunto de las caídas y aunque las hubo, no marcaron tanto el desarrollo del festejo como las de los tres inválidos del principio.
 

Para matar esta caja de mantecados toledanos que mandó el señor conde, las mentes pensantes del comité de sabios estimaron oportuna la contratación de los novilleros Santana Claros, Isaac Fonseca y Álvaro Burdiel, de Sevilla, nuevo en esta Plaza, cada cual con sus circunstancias: la de Santana, sus diez años como novillero desde su debut con caballos; la de Fonseca su inminente alternativa, la de Burdiel sus once meses desde su debut con caballos. En el caso de este último cuenta también como circunstancia el hecho de ir apoderado por José Ortega Cano.
 

Santana Claros se dispone a recibir de capa a su primero vestido de nazareno y muchísimo oro, una fiebre del oro lo que llevaba el chico encima. El novillo canta en seguida su blandura sólo equiparable a su condición bobísima. Pasa por los de las faldillas sin nada que decir  y a la salida de la segunda vara de picoteo se tira Fonseca como un león a pegar un quite por gaoneras ceñidas, acaso algo atropelladas, muy en novillero. Tras un espeluznante quite de Raúl Ruiz a Ambel con la cornada ad portas hicieron saludar a Ambel, que la gente va a lo que va. Luego el trasteo, primer capítulo de este día de la marmota que vivimos constantemente en Las Ventas, cite con el pico, muletazo, carrerita; cite con el pico, muletazo, carrerita y así unas cuantas. A eso le llaman, al parecer, “perder pasos”, que valiente sandez. Bueno, pues tras otro lote de lo mismo y lo de la media altura para evitar el desplome, tras una estocada entera, contraria y traserita en la que recibe una cornada, se acabó la primera intervención de Santana Claros.


El segundo es Escultor, y queremos pensar que su nombre es un romántico homenaje a Antonio Navarro Santafé de quien el XVII conde fue mecenas. La cosa es que el tal Escultor fue más bien novillo de escultura en barro que de bronce o mármol que se durmió en el peto en la primera vara y al que no se le picó en la segunda, dando claros síntomas de blandura congénita y de bondad propia de una Orden Mendicante. Lo que pedía Fonseca era energía donde enseñar las ganas que tenía de todo y lo que recibía era caída tras caída del típico toro mascota. La cátedra no dejó de censurar con razón la presencia de ese Bambi taurino y, enfadado, Fonseca decide poner punto final a la tragicomedia a base de una estocada entera soltando la muleta.
 

Chorlito I es el primer novillo de la vida torera de Burdiel en Madrid. Burdiel venía vestido de azul noche con unos indescriptibles bordados en oro que debían ser diseño del apoderado. Recibe al bicho en las rayas con verónicas rodilla en tierra y luego, en el tercio, verónicas de pie. Pica bastante deficientemente David Prados mediante lanzazo en la paletilla y rectificación y ya tenemos al bicho deslomado en el suelo. La segunda vara, trasera y pegando. Le afearon al fuenlabreño su labor. Banderillas de ni fu ni fa y, en el inicio del trasteo de muleta, voltereta completa del novillo y costalada padre, para acabar de arreglarle. No le echan cuentas las gentes al trasteo con Chorlito I, de tanta caída y tanta blandura. De nuevo el perfil psicológico del animal fue el de un ser moldeable y sin personalidad, incapaz de interpretar la realidad. El perfil del matador se mueve, sin embargo, más bien en los términos de aquél al que le han dicho que “tiene algo”. Un pinchazo sin soltar, una estocada entera y un descabello acabaron con el novillo mientras la alguacililla doña Rocío, aupada de puntillas, miraba por encima de la barrera cómo el bicho moría a sus pies.
 

El cuarto, Chorlito II, ha sido el mejor de los seis mazapanes toledanos de Mayalde. Durante todo el primer tercio anduvo por la Plaza a su albedrío, se fue al caballo cuando quiso y desde donde quiso, se retiró cuando le pareció oportuno, le trató de tapar la salida Aurelio Cruz en su tercera entrada y se largó igual de suelto que en las otras y “a su bola”, que diría un castizo. El toro tiene viveza y fuerza y Santana, que ha permanecido en el callejón con la cornada en el muslo, intenta todo lo que sabe, sin que la cosa pueda cobrar vuelo con el pundonoroso torero herido, resultando a la postre mejor el novillo condeso que su matador. Con una hábil estocada casi entera pone punto final a su actuación.
 

Isaac Fonseca se debió relamer con el toro anterior, porque eso es lo que justamente él andaba buscando, por eso cuando salió Hortelano I trató de que la ocasión no se le fuera y aunque el toro le quita el capote en el remate de su recibimiento y pasa por las varas con un par de caídas, llegan luego las ovacionadas banderillas de Raúl Ruiz y de “Tito” y el inicio de rodillas en el tercio por pases cambiados mostrando netamente su intención: no pasar inadvertido. El novillo es un alma de Dios con un gran afán de colaborar y está a todo lo que Fonseca le va mandando, repitiendo sus embestidas y llegando netamente al tendido las ansias del mejicano. Cuando se pasa la muleta a la derecha se queda en la cara del novillo que le arrea un tantarantán con el testuz, lo que acaba de ponerle en la órbita del público que ya está entusiasmado con las ganas y el empuje del muchacho, que decide finalizar con una verbena de bernardinas y manoletinas antes de fallar a espadas por dos veces y dejar una buena estocada arriba que tumba al toro sin puntilla.


Y tras esa apoteosis de alegría y juventud ahí vuelve Burdiel a rematar su tarde. Lo más sobresaliente es una clásica caída de latiguillo de Sandoval y el inicio de Álvaro Burdiel de su segunda faena, en los mismos términos que en la primera. Toreo de ventajas, una vez más, sin buscar la posición donde el pase es auténtico, hermoso y dominador, faena de dar pases y no de torear con un toro que habían dejado crudo en varas pero que tampoco se comía a nadie. Burdiel nos lega un doblón bueno y ajustado al final de la faena y después pinchazo y estocada bastante trasera. A ver si no le desgracian al chico los de siempre.
Torear, lo que se dice torear, no hemos visto, pero la verdad es que ver por fin a un novillero con las ganas y el valiente desparpajo de Fonseca nos ha arreglado la tarde.



Torear, lo que se dice torear, no hemos visto, pero la verdad es que ver por fin a un novillero con las ganas y el valiente desparpajo de Fonseca nos ha arreglado la tarde

 

ANDREW MOORE

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LO DE SANTANA

 




LO DE FONSECA

 








 LO DE BURDIEL

 

 

FIN