martes, 3 de marzo de 2026

El Reloj del Apocalipsis



Ignacio Ruiz Quintano

Abc


En las llamadas “democracias liberales” (ni democracias ni liberales) las decisiones no las toman los elegidos, sino quienes pagan la elección, que bien que se cobran (y hacen bien) su libra de carne, que es la movida trumpiana que nos tiene poniendo en hora al segundo el Reloj del Apocalipsis (“hay muchos a los que no les conviene el Apocalipsis”, avisó, inmortal, Pitita), que evalúa las amenazas que se despachan en este mundo, que es como el barril de pólvora en que se sentaba Bakunin fumándose un cigarro para recibir a las visitas.


Por “Las crónicas del Armagedón 2015-2024” de Scott Ritter nos enteramos de lo cerca que estuvo de dar la campanada el Reloj del Apocalipsis el viernes, 13 de septiembre de 2024, de la que nos libramos porque Biden, Sleepy Joe, perdido en su niebla cerebral, acertó a dar con el “no” a las pretensiones de Starmer de dotar a Ucrania de misiles de largo alcance. Pues entonces, dice Ritter, habríamos muerto todos. “72 minutos. Es todo lo que se necesita para acabar con la vida tal y como la conocemos”.


Con la Caja de Pandora abierta, el Reloj del Apocalipsis debe de parecer hoy un reloj daliniano. Lo idearon en el 45 los científicos del Proyecto Manhattan, porque “no podían permanecer ajenos a las consecuencias de su trabajo”. Y en el 47 lo pusieron en marcha, con las agujas colocadas a siete minutos de la medianoche (hoy están a 85 segundos) y con el cometido de reflejar los cambios básicos en el nivel del peligro continuo en el que vive la humanidad en la era nuclear.


Para jugar con el Reloj del Apocalipsis, Trump, como buen casinero, ha sustituido cualquier control nuclear por una Junta de Paz que vendría a ser como “La paz perpetua” de Kant para Hannah Arendt, es decir, un “texto irónico”, si bien de una ironía menos refinada, y más próxima al Fernán Gómez de “Bombas para la paz”, de Elorrieta y Paso, cuando dice el “to be or not to be” de la película: “Menos pum y más pan”. Que es lo que en la elección presidencial pedían los “hillbillies”.


La ausencia de controles nucleares disparará la carrera armamentística, y por vez primera podría suceder que incluso El Vaticano, si quisiera, tuviera su propia bomba. Ocurre, también por primera vez, que nos gobiernan seres extravagantes que lo ignoran todo sobre la guerra, y que creen que al Armagedón se juega con drones “para rociar con orina ligera mezclada con fentanilo a los analistas que intentan fastidiarnos”, en palabras del ceo de una de las empresas más influyente del mundo en este negocio. En resumidas cuentas, les parece de pobres la idea de “destrucción mutua asegurada”: creen que una guerra nuclear se puede ganar, y que, por supuesto, la ganarían ellos, que para eso son los que pagan la elección y toman las decisiones.


Al fondo, la mueca mordaz del viejo Nikita: “Los supervivientes tendrían envidia de los muertos”.


[Martes, 24 de Febrero]

Martes, 3 de Marzo

 


Acera madrileña

lunes, 2 de marzo de 2026

Un gol mortal




@realmadrid



@realmadrid


Ignacio Ruiz Quintano
Abc


Toda la culpa fue del gol. Un gol homérico. Pero un gol mortal, pues hizo explotar todo el rencor ontológico (individual y social) que llevamos dentro. Somos Occidente, una estrella podrida de la Galaxia Epstein.


En el “Amadeus” de Milos Forman, Salieri odia a Dios por haberle dado el genio al idiota (Mozart), y en el gol de Lisboa los gargajos odian a Dios por haberle dado el genio al negro (Vinicius), perseguido en su alegre negritud por una zarigüeya camuflada escupiendo hieles. Remató el espectáculo un árbitro francés tan malo que parecía español, Letexier, de profesión alguacil judicial. Su estupidez, al amonestar a Vinicius por marcarse un bailín a lo Roger Milla con el banderín del córner para celebrar su gol de bandera, y en la tormenta naufragó un patético Mourinho, “triste, solitario y final”, en trisagio de Osvaldo Soriano.


Monsieur Letexier fue seguido toda la noche en TV por Toño Matéu, el Escartín de Algimia de Alfara, y era como ver al loco de Bonafoux, Luis Bonafoux, de paseo por París con su criado, un tío más grande que Tchouaméni, que iba detrás salmodiando por encargo: “Ése que va ahí, el del paraguas verde, es Bonafoux, el gran Bonafoux, el formidable escritor Bonafoux…” Mateu no se hartó de decirnos lo bueno, lo guapo y lo francés que era el alguacil alguacilado en una decisión la más estúpida que uno recuerda: sancionar a Vinicius por meter un gol homérico, aprovechando que Vinicius lo celebraba bailando con el banderín del córner, que al parecer es una obscenidad ofensiva para el distinguido público benfiquista. Que la Uefa de Ceferino le enfunde a ese banderín un condón (póntelo, pónselo) ya.





La barbarie ibérica es unánime. Vinicius fue recibido en España con un mordisco del atlético Tachi en la cabeza (“ese lance no representa para nada mi forma de jugar”, manifestó Tachi), y en Portugal el premio por un gol homérico ha sido una tarjeta amarilla del alguacil Letexier, a quien le gusta Vinicius lo mimo que Neymar.


Una celebración obscena–protesta un Buda viejarras del miserable mundo de las letras (“sería ridículo que los periodistas, que no tenemos qué comer, tuviéramos convicciones”, decía un amigo de Bonafoux), que gusta de repanchingarse en la silla del barbero mientras un fígaro le hace el papo entre respetuosas objeciones futbolísticas y un limpia de color le hace los zapatos. “Homo homini lupus!”


Lo dijo Sonsoles, la hija de Ónega: "Franco tenía prohibido bailar", y nos reíamos. Bueno, pues aquí están los nietecillos gorditos del cardenal Segura y su pastoral contra el baile (“un círculo cuyo centro es Satanás”) llamando pecador a Vinicius. Nada es nuevo; cuatro años cumple este tuit de Romário de Souza Faria con motivo de otra “racistada” mediática contra Vinicius: “El swing es parte de la auteticidad, Vinicius Jr. La alegría es parte del fútbol. ¡Sigue bailando! Sigue celebrando la forma en que la felicidad toca tu corazón. Todo mi apoyo a Vinijr y todo mi rechazo a los que tratan de disfrazar el racismo. ¡No aceptamos! Baila, ViniJr.”


Sin la estúpida tarjeta amarilla del alguacil Letexier a Vinicius por bailar, el “guapo” borgiano no se hubiera gustado. A los “guapos” cantados por Evaristo Carriego, Borges los describe como máquinas de intimidar y de pelear; hombres sin más rasgos diferenciales que la seguridad de su brazo (o de su lengua) y, además, con una incapacidad perfecta de miedo. En el mismo partido, Vinicius se las tuvo más tiesas con Otamendi que con el cortico, pero Otamendi, ese Jordi Alba en sesión de calistenia, es canchero, y eso no saca de quicio al brasileño. El cortico de la remera en la boca es otra cosa y tira con cerbatana:


Le dijo al árbitro que llamó a Vini “hermano” (“maricón”, en rectificación posterior) y no “mono”.


Y Mourinho aprovechó para borrarse del Bernabéu despojándose de cualquier atisbo de grandeza: llamó “provocador” a Vinicius por el baile, defendió a su cortico y se autoexpulsó llamando prevaricador (“llevaba un papel”) al alguacil Letexier porque no amonestó a Aureliano ni a Carreras ni a Huijsen, que no hizo una sola falta. MVP en Lisboa: dentro, Aureliano; fuera, Mbappé, con más coraje que todos los capitanes juntos.

[Sábado, 28 de Febrero]




@realmadrid

Pluto y su pandilla



Pluto

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Que la justicia americana pida para un ciudadano americano diez años de cárcel (¡de cárcel americana!) por un meme tuitero nos lleva al aviso de Wolin sobre la censura de la protesta popular contra Superpoder, destinada a aislar la resistencia democrática, separar de la sociedad a las voces disonantes y acelerar el proceso de despolitización (resumido, aquí, en el consejo gallego de Franco: “Haga como yo, no se meta en política”). Es el modo de mantener vivo el temor hobbesiano.

 
    –A diferencia del terror nazi, el miedo hobbesiano afecta a una sociedad machacada con la protección y la seguridad. Nada ilustra mejor la manipulación del miedo que las invasiones de la privacidad autorizadas por la ley Patriótica, con el presidente en pose de “rey patriota”, que está “por encima de la política”, en lucha a muerte con terroristas.


    Volvemos a Romain Rolland, que en el fatídico 14 de la Gran Guerra acertó a ver que en “el guiso sin nombre que es hoy la política europea, el dinero es el trozo más grande”.


    –El puño que sostiene la cadena que apresa al cuerpo social es el de Pluto. Pluto y su pandilla.


    Tampoco dice que los que en el 14 se lucran sin pudor gracias a la guerra la quisieran: lo único que quieren (aquí o allá, poco importa) es enriquecerse, y se acomodan con igual facilidad a la guerra como a la paz, todo les viene bien. “No les atribuyamos vastos y tenebrosos planes! ¡No ven tan lejos! Sólo quieren enriquecerse. Los intelectuales, la prensa, los políticos son sus instrumentos”.


    –Los pueblos que se sacrifican mueren por ideas. Pero los que los sacrifican viven por intereses. Y, por consiguiente, los intereses sobreviven a las ideas. Toda guerra prolongada, por muy idealista que fuera en su origen, se convierte en una guerra de negocios.


    Así se explica el contraste entre la confraternización de los soldados en las trincheras y el odio de los intelectuales en los periódicos que saca de quicio a Rolland: “La guerra me parece odiosa, pero más odiosos son los que la cantan sin participar en ella”. Y exhibe una carta de 17 de diciembre de un soldado en la trinchera: “Los deseos de paz son intensos entre nosotros… Los periódicos dicen que es difícil moderar el ardor guerrero de los combatientes. De forma consciente o inconsciente, mienten. No os imagináis cuánto nos indigna esa charlatanería. Hablan de una guerra sagrada, pero no conozco más que una guerra, y es la suma de todo lo inhumano, impío y bestial que hay en el hombre; es un castigo de Dios y una llamada a la contrición para el pueblo que se entrega a ella. Dios envía a los hombres a este infierno para que aprendan a amar el cielo. Pero los entusiastas de la guerra, ¡que vengan! Puede que así aprendan a callarse…”


    La inteligencia, concluye Rolland, no es nada sin el espíritu, el espíritu que es el juez de la razón alucinada, el soldado que, en el Capitolio, recuerda al César triunfante que está calvo.
 

[Abril, 2023] 

Lunes, 2 de Marzo

 



Endowment pad

domingo, 1 de marzo de 2026

La ceguera perceptiva


 Horacio Kitchener

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc



    Melville, que había publicado “Moby Dick” en el bicentenario de “Leviatán”, en 1855 publica “Benito Cereno”, capitán español de un transporte de esclavos de Valparaíso a Callao. Los esclavos, arengados por Babo, se amotinan y ponen rumbo a Senegal. Se cruzan con un barco americano al mando del capitán Delano, que aborda al galeón español. Babo ordena a Cereno fingir que sigue al mando, y el capitán obedece, pero en su actuación mezcla frases enigmáticas y gestos extraños, que entienden todos los presentes menos Delano, y al español sólo le queda arrojarse al agua.

 
    -En 1938, “Benito Cereno” se elevó en Alemania a símbolo de la situación de la inteligencia en un sistema de masas -anota Carl Schmitt.


    La clave del relato es la ceguera perceptiva de Delano, causa de tantas catástrofes, como la que nos recuerda Douglas Macgregor, militar estadounidense de la rama ilustrada, sobre la entrada de Inglaterra en la primera guerra mundial, decisión tomada por una venada belicista de Winston Churchill, ídolo liberalio, que convenció al gabinete de que la guerra la ventilaría la flota británica en una tarde de batalla en el mar del Norte. ¿Qué sentido tenía decidir una guerra contra Alemania, Austria y Hungría mediante una batalla en el mar del Norte? El planteamiento era tan ridículo como los que ahora propone Garat, marinero de agua dulce, para enviar desgraciados a cazar osos en Rusia, pero, fiada de la genialidad churchilliana, Londres declaró la guerra a Berlín. Cuando se olieron la carnicería, recurrieron a un liderazgo profesional, y Asquith, primer ministro, tiró de Horacio Kitchener, gobernador de Egipto, para hacerse cargo de la cartera de Guerra. Queriendo parecer interesantes, aquellos idiotas reunidos pidieron a Kitchener un informe de la situación, y lo tuvieron: la guerra no duraría una tarde en el mar del Norte, sino un mínimo de tres años en el continente y requeriría de al menos dos millones de hombres (disponían de ciento cincuenta mil) y el apoyo financiero de todo el imperio británico. Los belicistas de bombín sólo disponían de la “boutade” de Churchill para derrotar a un enemigo, Alemania, que no lo era, y Kitchener hubo de acometer una campaña de reclutamiento para el matadero con la garantía de su imagen: “Britons wants you” (“Británicos, [Kitchener] os necesita”), modelo a partir del 17 del “I want you” del Tío Sam en América.


    Ningún pueblo europeo quiere hoy la guerra, pero todos sus gobiernos (clamorosamente más incompetentes que el inglés del 14) la anhelan como perros de caza, metáfora exacta de la representación en las “democracias liberales”, donde de Churchill hace Kaja Kallas. La esperanza es Trump, que un día parece Delano, y al otro, Cereno.


    -Zelenski siempre está pidiendo misiles. Oye, cuando empiezas una guerra, tienes que saber que puedes ganarla. No empiezas una guerra contra alguien veinte veces más grande que tú y luego esperas que te den misiles.

 

[Septiembre de 2025] 

Tristeza zaragozana

           

 
Los zaraguayos: Ocampos, Lobo Diarte, Nino Arrúa y Soto 
 

Francisco Javier Gómez Izquierdo


              Más que alegría por el triunfo del Burgos en Zaragoza, reconozco que cada domingo, al ver los resultados del equipo aragonés me da cierta cosa comprobar cómo agrava su enfermedad sin que aparezca remedio. Un equipo como descolocado, inseguro, con un once extraño parido desde la desesperación, supongo, del tercer entrenador de la temporada, un Rubén Sellés al que se le pide  la dimisión, se enfrentó al Burgos para volver a naufragar como cada jornada. Ganó mi Burgos en el Ibercaja Estadio, provisional escenario mientras se remodela La Romareda, con solvencia y tres goles, de los que sólo valió uno. Los otros dos, se los dan por buenos a otros equipos -al Rácing de Santander, sin ir más lejos, dos horas después en Castalia en un fuera de juego milimétrico ¡¡¡posicional!!-.
         Llevo en mi coche un disco de Joaquín Carbonell que a mí me entretiene pero que sólo lo puedo poner cuando no llevo pasajeros y es que de este hombre a pesar de la perra que tenía con las nucleares me gustan sus rimas y sus amores a la tierra, al agua, a las oliveras y al Real Zaragoza. Además entiendo muy poco de música y me quedo con  lo simple y comprensible. El 2004, el año que nos hizo peores a los españoles, el Zaragoza que acababa de ascender jugó y ganó la Copa al R. Madrid de los galácticos con aquel zapatazo de Galletti. Joaquín Sabina y Joaquín Carbonell, ambos de las mismas trazas, sacaron a la par y por entonces himnos al Atleti y al Zaragoza. Recuerdo que aquellos días amargos los reconfortaba con los dos joaquines y pasaba del colchonero "...qué manera de subir y bajar de las nubes.." al "...para viajar nos fuimos a Numancia, a Osasuna y Logroñés..." de los blanquillos. A veces los ripios más simples los carga el diablo y aquí Joaquín Carbonell se quejaba de que en Aragón no hubiera rivalidad futbolística "rivalidad, me gusta ésa palabra / no la tuvimos con Huesca y con Teruel". Después del 0-1 y los tres puntos para el Burgos, recordé el comienzo del Corazón de León -"Mirando atrás me crece la nostalgia / cuando saludo tu escudo de león / mirando atrás para darle importancia / al Zaragoza que huele a campeón". En el himno salen los magníficos "para gozar están los zaraguayos", Nayim el de la Recopa de Europa, y también Villa, el "Paquete Higuera" y Amarilla... y en ese 2004, de los Milito, César ó Cáceres empezaba a sobresalir Rubén Gracia Calmache, "Cani", puro Zaragoza "...para soñaaaar, Cani puntocom".


  Así acababa el himno que me  acabo de poner mientras pienso la tristeza que embargará allá donde esté a Joaquín Carbonell -me dice el hijo que cantaba muy tristón- al tomar cuerpo la rivalidad en Aragón en ¡¡¡Tercera División!!!!, que eso es en realidad lo que llaman 1ª RFEF. ¡Ojalá Zaragoza y Huesca se salven del descenso, pero... chungo!


    El Córdoba juega mañana. El Rácing creo que ha cogido ya delantera solvente y con el georgiano Guliashvili, que ha fichado este invierno se ha vuelto mucho más temible. Ayer ganó fácil al Castellón en Castalia, 0-3, el equipo parejo en forma y estaré pendiente esta tarde por cómo respira el Almería, al que servidor tiene como máximo candidato para el ascenso. He leído que Cristiano Ronaldo ha comprado el 25% del club almeriense... No sé, pero a este hombre no le gusta perder.

Domingo, 1 de Marzo

 


Bebedero



No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos

 DOMINGO, 1 DE MARZO


En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz desde la nube decía: «Éste es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo». Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo:

-Levantaos, no temáis.

Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó:

-No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.

Mateo 17, 1-9

sábado, 28 de febrero de 2026

El arte de la guerra


Sun Tzu

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Pedro Sánchez, que no quería Ministerio de Defensa, viajará a China, patria de Sun Tzu, “para hablar de la guerra” con el presidente Xi, muy interesado, al parecer, en la polemología de Bolaños.


    En este deslizarse de Europa hacia la guerra mundial, es momento de volver la cabeza hacia los hombres y mujeres que en el 14 avisaron de la Gran Guerra, que acabó con la gran cultura occidental, y resultaron atropellados por el “patrioterismo como estado mental”, cuando en todas partes, dice Jacques Barzun (“Del amanecer a la decadencia”), “la siguiente guerra” llenaba los artículos de prensa.


    –Lo primero que hace un principio es matar a alguien –fue la conclusión que del estallido de la Gran Guerra sacó Dorothy Sayers, la humanista cristiana que sentó las bases de la teoría del cuento policíaco.


    Las principales naciones europeas se habían constituido en dos agrupaciones hostiles entre sí: Inglaterra, Francia y Rusia, de un lado; y del otro, Alemania, Austria e Italia. El resto fue cosa de la locura, que es “la respuesta cuerda ante un mundo demente”, según la paradoja del psiquiatra escocés Ronald D. Laing.


    La posteridad da en culpar de la catástrofe final a “los nacionalismos”, pero Barzun no ve ninguna “causa” única, clara o subyacente que impulsara a las multitudes a derramar su sangre. Se vendían más periódicos que nunca, pero el desconocimiento de las cuestiones políticas era arrogante y absoluto, lo cual explica la reacción de las clases cultas cuando llegó la guerra: manifiesto de intelectuales alemanes denunciando “al otro bando” como traicionados por un amigo, contestado por los intelectuales franceses con otro manifiesto en los mismos términos. “Todos los historiadores y sociólogos encontraron en materiales de su especialidad argumentos para alabar la guerra o razones para despellejar al enemigo”.


    Rememorado por Barzun, el guirigay fue total: Toynbee escribió atroces volúmenes de propaganda que más tarde intentó expiar mediante diez tomos de estudios de la Historia; Freud prometió en sus escritos dar “toda su libido” a Austria-Hungría; “matad, pero no odiéis”, pedían los clérigos moderados…


    –La “redención” mediante la guerra era una espontánea impresión popular que pronto se reveló falaz: los aprovechados de la guerra, los cobardes en busca de puestos seguros, la relajación de las costumbres sexuales… demostraron que se sobrevaloraba el papel de la guerra como detergente moral.


    El primero de enero del 14 Bernard Shaw había puesto en fila india a todos los espadachines del ardor guerrero en los periódicos: “Me agrada el espíritu de quienes ahora defienden la guerra por su valor tonificante. Dejemos que quienes así lo creen se retiren a la meseta de Salisbury y se disparen sin tregua unos a otros, hasta que los supervivientes (si los hay) sientan que sus temperamentos están a la altura de las circunstancias”.


    En agosto comenzaba el Reinado del Absurdo.

 

[Marzo de 2023] 

Sábado, 28 de Febrero

 


Valle de Esteban

Sin perdón

viernes, 27 de febrero de 2026

Leviatán o garrapata



 


 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Salir ahora con tu perro al campo es comprobar el parecido del Estado con la garrapata. Hobbes lo llama “Leviatán” (“rey de todos los feroces”) para expresar la “mutual relation between Protection and Obedience”, y necesita meter miedo (el miedo que él pasó en el útero materno cuando su madre esperaba la llegada de la Invencible).
    

Leviatán da más miedo que garrapata, pero garrapata chupa lo mismo y pega más en el Mundo Libre, cuyos Estados engordan con la guerra: EEUU y UE vuelven a compartir datos, intercambio prohibido en su día por la justicia europea. Otro triunfo de Sleepy Joe, que ahora tendrá el móvil de Úrsula igual que Obama tuvo (¡intervenido!) el de Ángela.
    

La guerra, dice Cavanaugh, es el instrumento de expansión del Estado. Guerra y Estado poseen idéntica conexión que religión e Iglesia. América era una Nación sin Estado (esto lo explica Dalmacio Negro, que aquí sólo contamos con un folio), y la guerra le ha proporcionado un Leviatán que ni soñó Luis XIV.
    

La absorción de la sociedad civil por el Estado en la América contemporánea se produjo, según Cavanaugh, de tres maneras: crecimiento (por la guerra) del Estado, debilitamiento de las asociaciones intermedias y simbiosis entre Estado y empresa.
    

En 2011, 11 de los 16 gabinetes ministeriales y todos los organismos federales habían salido de la guerra. La IGM incrementó un mil por ciento los gastos del gobierno. Después de la IIGM, el Estado burocrático fue el rasgo del paisaje, y siguió creciendo… con Reagan. La “guerra contra el terrorismo” supuso un Departamento de Seguridad Nacional con 170.000 agentes, segunda institución tras el Pentágono, cuyo programa Total Information Awareness reúne información sobre cada ciudadano a partir de los datos de las tarjetas de crédito, historiales médicos, multas, registros de viviendas...


    –El Estado-nación realiza la reivindicación que el Estado absolutista sólo podía formular: acceder a gobernar la vida cotidiana dentro de un territorio determinado.

 

[Marzo de 2022] 

Viernes, 27 de Febrero

 


Valle de Esteban

Flores de almendro

jueves, 26 de febrero de 2026

Con Kipling en las trincheras


Rudyard Kipling

 
Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Europa viene a ser hoy, espiritualmente, como la Comala de Pedro Páramo: un lugar inane (inánime).

¿Qué hizo que aquel “pueblo que olía a miel derramada” se convirtiera en este lugar sin vida?

La Gran Guerra.

La Gran Guerra trae la frivolidad de los cigarrillos y el prestigio de la palabra “democracia”, merced a la propaganda americana: para justificar popularmente el sacrificio de americanos en la Gran Guerra, Woodrow Wilson tiene que pronunciar la fórmula mágica, que es que sus hombres, un millón, van a Europa a defender la Democracia.

Para acercarse a la complejidad psicológica de la Gran Guerra recomiendo tres historias: “La crisis mundial 1911-1918”, de Winston Churchill; “Tempestades de acero”, de Ernst Jünger; y “Viaje al fin de la noche”, de Louis-Ferdinand Céline. Las “Crónicas de la Primera Guerra Mundial” de Rudyard Kipling, que pierde a su único hijo varón en la catástrofe, serían, literariamente, un tentempié elegante en plena devastación espiritual (prologadas con finura intelectual por Ignacio Peyró).

Así son las cosas en esta guerra… –anota Kipling el 16 de junio de 1917–. Y ahora, si no tenía inconveniente, ¿deseaba ir a escuchar un poco de música, que tocaba su banda? La banda vivía en aquellos anaqueles de roca, e iba a tocar las marchas del regimiento y la compañía. Pero uno de los alegres muchachos movió la cabeza con gesto triste. “Estos austríacos no son muy… musicales. No tienen oído para la música”.
 

Winston Churchill
 
Winston Churchill resume la sabiduría, y divide los sucesos de la Gran Guerra de un modo natural en tres períodos: el primero, 1914, el choque inicial; el segundo, 1915, 1916 y 1917, el equilibrio; y el tercero, 1918, la convulsión final.

La guerra en el Oeste se resolvió en dos períodos de batalla suprema, separados por tres años de guerra de sitio. La escala e intensidad del primer choque de 1914 no han sido apreciadas plenamente: en los tres primeros meses, los franceses habían perdido entre muertos, heridos y prisioneros a 854.000 hombres. El pequeño ejército británico, a 85.000. Y los alemanes, a 677.000.
Ernest Jünger resume la épica: se alista como voluntario al estallar la guerra y es enviado al frente francés.

Me gusta recordar las semanas anteriores a la guerra; se caracterizaron por una atmósfera de euforia y laxitud como la que suele preceder a las tormentas de verano… Sentados en el tejado, charlábamos cuando pasó por la parte de abajo, montado en su bicicleta, el cartero, como siempre a aquella hora. Sin bajarse, nos gritó estas tres palabras: “¡Orden de movilización!”
Louis-Ferdinand Céline resume el desengaño. También su personaje se ha alistado como voluntario, aunque en seguida se descubre arrepentido: aquellos soldados desconocidos nunca les aciertan, pero los rodean de miles de muertos, parecen acolchados con ellos. Él ya no se atreve a moverse:
Pensé –¡presa del espanto!–: ¿seré, pues, el único cobarde de la tierra?... Perdido entre dos millones de locos heroicos, furiosos y armados hasta los dientes... La verdad era, ahora me daba cuenta, que me había metido en una cruzada apocalíptica. Somos vírgenes del horror, igual que del placer. ¿Cómo iba a figurarme aquel horror al abandonar la Place Clichy? ¿Quién iba a poder prever, antes de entrar de verdad en la guerra, todo lo que contenía la cochina alma heroica y holgazana de los hombres?
 

Ernst Jünger
 
Rudyard Kipling se presenta en Francia como propagandista de la causa aliada. La propaganda, dice Santayana, debe ser especulativa (“los hechos meramente fríos no pueden arder”), y a Kipling se le ve en estas crónicas desbordado por el monstruo de la guerra, descargando todo su furor contra Alemania, “separada ya de la hermandad de los hombres”.

Al comentar la veneración por el militarismo de Kipling, que es “un militarismo por amor no al valor, sino a la disciplina”, Chesterton concluye que lo malo del militarismo no es que muestre que algunos hombres son altaneros: lo malo es que muestra que la mayoría de los hombres son mansos.
Los jóvenes que en agosto parten a la guerra lo hacen como si se dirigieran “a una batida de faisanes”, y convencidos de que en Navidad todos estarán de vuelta en casa. 
Si alguno pregunta por qué hemos muerto, diles: “Porque nuestros padres mintieron” –sería, finalmente, el epitafio de Kipling para su hijo y todos los hijos muertos.

Borges, que lo tiene por el mayor escritor comprometido de su época, sospecha que Kipling comprendió al fin de su carrera que a un autor puede estarle permitida la invención de una fábula, pero no la íntima comprensión de su moraleja.
 

Louis-Ferdinand Céline

 
 El epitafio de la Gran Guerra lo hace Kipling, pero la moraleja la deduce Paul Valéry en “La crise de l’esprit”, artículo de 1919.
En una frase que el filósofo Peter Sloterdijk incluye entre las dos o tres frases definitorias en términos absolutos del siglo, Valéry dice: lo que ahora sabemos es que también la civilización es mortal y que “el abismo de la historia nos afecta a todos”.

Significa, dicho lisa y llanamente, que no sólo el hombre es mortal, como suponía la tradición helénica, cristiana y humanística, sino también la civilización.
Téngase esta idea presente cuando, al paso de estas elocuentes “Crónicas…”, nos adentremos con Kipling “en la frontera de la civilización”.
 
[Febrero, 2017] 

Hughes. Real Madrid, 2; Benfica, 1. Thiago Pitarch, no se hable más


@realmadrid

Hughes

Pura Golosina Deportiva

 

Un Benfica sin Mourinho. Hubo enfados con él estos días, pero Mou hizo lo de siempre: defender a los suyos más allá de lo correcto.


El partido deja cosas buenas. Voy apresurado y ya me quedé con ganas de escribir sobre Pamplona. De Asencio, sobre todo.


Si hay lesiones arriba, entran Gonzalo o Güler y el equipo mejora en algunas cosas; por detrás, la condena es Asencio. La temporada está en que las lesiones sean arriba y no abajo.


A los cinco minutos ya se había comido Asencio un caño. No puedo escribir como quisiera porque le he visto salir con collarín y estará en el hospital, quizás luchando por su vida, lo cual me inhibe mucho. Ya de normal pienso que pura golosina lo leen las madres de los futbolistas y me da apuro ser cruel.


El Benfica salió bien plantado y el Madrid tardó unos minutos en llegar al partido, cuando asomó la conexión Güler-Vinicius. Me fijé en una jugada en que Arda ya dirige el juego lejos de la pelota. Aplaude todo lo que signifique fluidez e inteligencia, que no abunda.


En el 13 marcó Rafa Silva tras casi autogol de Asencio, que forzó un paradón colosal de Courtois, con más mérito, si cabe, porque al ser el disparo de su compañero, el reflejo tuvo que ser doble. Vendido, ya no pudo parársela a Rafa Silva.


El Madrid pudo venirse abajo pero se sacó del miedo marcando muy pronto; una llegada de Tchouaméni, que fusiló al borde del área tras pase de Valverde.


Ya se ha mencionado el sostén del Madrid: Courtois, Valverde, Tchouameni y luego se sumaría Vinicius.


El Madrid seguía frágil y de banda a banda (de Vini a Fede-Trent) el balón tardaba lo que un viaje en AVE de Óscar Puente. Era más fácil cuando Trent o Güler buscaban a Vini, ahí si había apertura, balance, oxigenación...


Vini era el que faltaba y apareció a la media hora con una jugada de rompe y rasga, literal, al buen lateral Dedic. Quebró, reculó, gambeteó, centró, tocó Valverde, siempre sumando en su puesto, del que no debe salir, acto de nueve de Gonzalo y llegada de Güler como llegaría Bellingham. El gol fue anulado por el VAR por offside inexplicable. Yo me estoy haciendo mi madre porque no entiendo ya los fueras de juego.


De repente... una perla cultivada de Maldini... “A mí fulano me encanta. En Palmeiras hacía unos partidos...”.


El partido estaba aún vivo y Courtois hizo el paradón-paredón de siempre, una parada “50 euros” porque tira la mano al suelo con una velocidad supersónica.


Poco antes del descanso hubo una ocasión de Güler y Vini ya carburaba, ya había empezado su otro partido de hablar solo, de risas, protestas, arengas...


Al volver, hubo una ocasión de Valverde, que migraba a la zona izquierda dejándole el centro a Trent. La pelota viajó rápida de banda a banda por Güler, que agilizó bien la jugada. Ahí está el Madrid de Arbeloa.


Vimos que Carreras se va haciendo, que la seriedad de Arbeloa va a ser su estilo y que Otamendi invadía constantemente la esfera personal del árbitro. Ser Otamendi lo bueno que debe de tener es poder tatuarte la contraseña del wifi. Había dos horrores en el campo, su horror vacui y el horror de Asencio, que prodigaba las asenciadas. En los saques de esquina, especialmente, hace esos gestos un poco irritantes como si le estuvieran cacheando. Yo he de reconocer que también le puse esa cara a uno de seguridad en un control de AVE.


El Benfica era ya más juguete que estilete, Tchouameni imperaba (qué ganas de escribir Chuamení sin más) y hasta Trent, siempre altruista, se hacía su ocasión.


Pero el Madrid no podía relajarse estando Asencio en el campo. Le sacaron una amarilla evitable y luego la tocó lo justo para un palo de Rafa Silva haciendo ese garboso gesto suyo de “sin manos”, que da pavor. Asencio es Asenzio, un jugador para la Generazión Z.


Gonzalo se movía bien, no le pediría más. Es un jugador raro porque es un 9 que se da un aire a Rita Irasema...


Hubo un lance magnífico: robo de Chuamení, caño de Güler, ésa es la media del Madrid, con dos interiores.


El realizador sentía la necesidad de mostrarnos a Carvajal en el banquillo. Le delataba el pie, sin parar, nervioso.


El Benfica era menos Benfica, como si en la charla del descanso hubieran visto más que otra cosa las tetillas decadentes de Mourinho.


Valverde pudo marcar lanzado por Trent y en el 71 chocaron Camavinga y Asencio, y el bravo central que quedó lesionado, quieto, reducido con collarín, lo cual me hizo sentir culpable y no ilusionado, como debería, sino preocupado.


Todos en vilo y en el palco (otra vez el realizador) los Huijsen, rubios y felices. Será criticado el genial Huijsen por el madridismo mendrugo y atroz.


Siguiendo estrictamente el “Puerta grande o enfermería”, y como lo primero es imposible del todo, Asencio se retiró en camilla y ovacionado por la grada, una muestra de su particular genio: la capacidad de arrancar ovaciones del estadio con partidos que son una calamidad tras otra.



@realmadrid


Pronto llegó el 2-1, pero quede anotada la valentía de Arbeloa al sacar a Mastantuono. Valverde se quedaba la izquierda, y por allí robó y lanzó a Vinicius, que en una escapada esperó a que le llegara el estrepitoso y patibulario Otamendi y al tenerlo cerca, al sentir la posibilidad del crimen, colocó la pelota con sus botas rosas de Coppi solitario o de Pantera, llamativo y feliz, y así se fue a celebrar el gol, de nuevo bailando, arrimando cebolleta al banderín de córner.


Por la izquierda Valverde es más torrente aún, parece desbordarse, venir más cuesta abajo.


Hubo unos minutos para Thiago Pitarch y... no se hable más: un giro de derviche, todo levedad, un robo inmediato y luego un raulismo corriendo al horizonte...


Arbeloa, ponlo ya, y de paso, culmina tu gran obra de madridismo y fútbol sacando a Manuel Ángel.



@realmadrid


Jueves, 26 de Febrero



Valle de Esteban

Por las ramas del laurel
vi dos palomas oscuras.
La una era el sol,
la otra la luna.

miércoles, 25 de febrero de 2026

Sombrereros


Muerte entre las flores


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    España vende naciones igual que John Thompson, un amigo del Dr. Franklin, vendía sombreros.

    “John Thompson. Sombrerero. Hace y vende sombreros por dinero al contado”, más el dibujo de un sombrero, fue la primera inscripción que compuso el aprendiz de sombrerero para inaugurar su establecimiento. Así el título octavo, obra de aprendices del constitucionalismo, de la Constitución del 78, luego en manos de los arbitristas autonómicos como el cartel de Thompson en manos de sus amigos.

    –La palabra “sombrerero” –dijo uno– es tautológica al hallarse seguida de las palabras “hace sombreros”, que demuestran el hecho de ser un sombrerero.
    
Y retiró el término.
    
Otro dijo que la palabra “hace” estaba de más, pues a los clientes no les interesaba saber quién hacía los sombreros, sino si estos eran buenos.

    Y borró el término.

    Un tercero observó que las palabras “por dinero al contado” eran inútiles, pues no era costumbre del lugar vender a crédito: todos los compradores esperaban pagar.

    Y suprimió el término, quedando la inscripción en “John Thompson vende sombreros”.
    
“¡Vende sombreros!” –exclamó otro amigo–. Si nadie espera que los regales ¿de qué sirve tal palabra?

    Y la tachó. Tachó “vende”, y de paso, también tachó “sombreros”, al haber ya el dibujo de uno en el cartel. Con lo cual la inscripción quedó reducida en última instancia a “John Thompson” con la figura de un sombrero debajo.

    “España”, y debajo, la figura de Cataluña (con su "ley de transitoriedad jurídica y fundacional de la república", obra de “botiguers” de la Rue del Percebe, como suvenir para los nostálgicos del 78).
   
En la América del Dr. Franklin que se alzó contra Inglaterra se prohibía a los súbditos, por una disposición aprobada por Carlos II, hacerse ellos mismos un sombrero con la piel obtenida en sus propias tierras.

    La grandeza de la generación del Dr. Franklin no fue hacer la Constitución federal del 87, sino reconocer su equivocación con la Constitución confederal del 76. 


[2017]

Miércoles, 25 de Febrero

 


Valle de Esteban

duerme con patas y peso

martes, 24 de febrero de 2026

A ver esas “manners”

 


Las postrimerías de Sn Fernando, Virgilio Mattoni


Ignacio Ruiz Quintano
Abc


Que las formas son sagradas, dicen nuestros pimpollos liberalios. España, se ha dicho, es un pueblo creador de formas porque es un pueblo de artistas.


Claro que “Las postrimerías de San Fernando” (Virgilio Mattoni) es un cuadro milagroso. Se ve la Sagrada Forma de perfil. Es una línea y se ve redondo. ¿Comulgaría usted con esa Sagrada Forma? –se extasiaba Dalí.


Hablando de formas: ¡menuda Black Week para el formalismo burkeano (Burke es el meñique de los liberalios) en Anglosajonia! El Parlamento británico (ése que podía “hacerlo todo menos convertir un hombre en mujer o viceversa”, según Jean Louis de Lolme) vota contra la investigación de las violaciones corales para no incurrir en islamofobia. Y en el Congreso americano, Pam Bondi (la lady Macbeth de instituto que funge de fiscal general del imperio) imputa antipatriotismo a quienes hablan de las violaciones solistas en la isla de Epstein en vez de hablar de la subida de la Bolsa, incurriendo en… aporofobia, para entendernos. Ya lo decía Burke, negroni en mano: antes que las leyes, lo que sostiene a la comunidad son las “manners”. Donde esté una “manner” de lord Mountbatten (¡o del principesco Andrew!), que se quite todo el “common law” del juez Coke. Ya lo sabes, “hillbilly”: tira tu Epstein y mira tu Dow Jones. En cuanto a zafiedad, ¿es más zafio Trump que Churchill?


La democracia son formas, acostumbran repetir en sus pesebreras de TV los liberalios, con una guiñada de ojo a lo Burke, que hizo de la irresponsabilidad política otro dogma liberal: suprimió la representación política con su discurso a los electores de Bristol, al establecer que el diputado elegido en un distrito de Bristol se convertía en representante de toda Inglaterra, con lo cual ya no respondía ante nadie. Supo, primero, anticipar el futuro (la revolución americana, el militarismo francés… ¡y nuestro Estado de partidos!), y luego, clarificar el pasado, cuando decía de Enrique VIII que, “si el destino hubiera querido que aquel tirano existiese hoy”, cuatro términos técnicos le habrían bastado para hacer lo que quería, tal que Rosie von der Leyen:


Sólo hubiera necesitado esta breve fórmula de conjuro: “Filosofía, Luz, Libertad, Derechos Humanos”.


El concepto de forma que tiene el liberalio es spengleriano (“los hombres sólo tienen alguna importancia como delegaciones de formas”), pero el mundo real es otra cosa. El liberalio no ha leído a Tom Paine, quien en respuesta, precisamente, a Burke, afirma que las formas crecen a partir de los principios, y sirven para mantener los principios de los que nacen. Para él, es imposible practicar una mala forma basándose en algo que no sea un mal principio:


No se puede injertar en uno bueno; y cuando quiera que las formas de un gobierno son malas, es un indicio cierto de que también los principios son malos.


Contrataque de Robespierre (suscrito por Marco Rubio): el respeto a las formas indicaría falta de principios.

[Martes, 17 de Febrero]