sábado, 13 de abril de 2024

Wamba

Wamba en Pampliega, Burgos



Wamba en la plaza de Oriente, Madrid

Francisco Javier Gómez Izquierdo


          Me cuentan que en Pampliega celebran hoy día de San Hermenegildo, príncipe visigodo al que el rey Leovigildo, su padre, no tuvo reparos en ordenar dar muerte un 13 de abril del 586 que cayó en Sábado Santo, por renegar del arrianismo y hacerse católico, varios actos reivindicando el traslado de los huesos de Wamba, el último de los grandes reyes godos, de la catedral de Toledo al pueblo burgalés. Me anima a poner algo sobre el curioso caso el extraordinario recuerdo que tengo de Marco Antonio, pampliegueño culto y cabal con el que traté mucho en el Bachiller del Diego Porcelos y que ya de joven hablaba como el arcipreste de Hita. Hace unos años lo encontré casado y enseñando Latín y Griego en la Universidad del País Vasco y por supuesto me habló de quisicosas interesantísimas.


       Pampliega y Wamba van unidos por muchos motivos, pero lo que se sabe de este rey siempre llamó la atención, a servidor al menos, porque de entrada le nombraron rey sin quererlo. Ante el lecho funerario de Recesvinto le soltaron un " o rey o te matamos" y Wamba, ya casi anciano, eligió lo mejor para la salud. Si curioso fue el nombramiento no lo fue menos el destrone. Nos ha llegado que el conde Ervigio, sucesor suyo tenido por leal, lo envenenó y para ayudarle en el tránsito a los cielos, los nobles regicidas lo tonsuraron y vistieron de fraile tomándolo por muerto, pero Wamba revivió del largo sopor tóxico y reclamó el trono. En las leyes de aquel entonces no se podía ser rey vestido con hábito religioso y amparados en la norma le denegaron el Derecho por lo que el hombre pidió irse al Monasterio de los Monjes Negros de San Vicente en Pampliega a morir tranquilo y donde le llegó la hora en el 688.  Alfonso X, el 13 de abril de 1274 "a traición y de noche", entrecomilla hoy el Diario de Burgos, mandó trasladar los restos de Wamba y Recesvinto a la iglesia de Santa Leocadia en Toledo. Durante la invasión francesa el templo fue profanado y la reina Isabel II ordenó colocar los restos de los dos reyes visigodos en la catedral toledana.


      Pampliega considera una reivindicación histórica la vuelta del rey al que tantos honores han rendido y decía Marco Antonio que no se explica cómo "...a Alfonso el décimo se le pasó por la cabeza semejante disparate pues su padre, Fernando III, al pasar donde estaba sepultado Wamba y pisar la tumba sin querer, ordenó abrir otra puerta para poder salir sin volverlo a pisar. Y en este lance de su padre estuvo presente Alfonso...".  No sabe uno si la pretensión tiene o no riguroso fundamento pero teniendo en cuenta que en ella andan no malas cabezas, pues que Wamba vuelva a Pampliega y lo bajen de esa altura catedralicia en la que está "medio arrumbao".


    En fin, éstas son las cuitas en las que servidor prefiere entretener el ánimo, lejos de tanta mentira y tanto interés que gastan los políticos por tomar a uno por tonto. 

La gran enseñanza moral de la libertad


Cristo de la Iglesia del Carmen, Burgos


Ignacio Ruiz Quintano
Abc


    De la parábola que pintó Dostoyevski en su retrato sevillano del Gran Inquisidor (que a nuestros novelistas sólo les da para chafarrinones sobre la religión católica) supo extraer D. H. Lawrence la gran enseñanza moral de la libertad, resumida por John Gray en “El Gran Inquisidor y los peces voladores”.


    Es insólito, dice Gray, que un pueblo (salvo la excepción americana, hoy en decadencia) valore su libertad por encima de la comodidad derivada del servilismo, y cita el comentario de De Maistre sobre la “juanjacobada” de Rousseau según la cual todos los hombres nacen libres, pero en todas partes están encadenados: creer, porque algunas pocas personas buscan en algún momento la libertad, que todos los seres humanos la quieren, es como pensar que, puesto que hay peces voladores, volar forma parte de la naturaleza de los peces.


    –El Gran Inquisidor le dice a Jesús que la humanidad es demasiado débil para soportar el don de la libertad. No busca libertad, sino pan, pero no el pan divino, sino el terrenal.

  
El Gran Inquisidor le dice a Jesús que han manipulado sus enseñanzas para poder tratar a la humanidad tal y como realmente es: “Hemos corregido tu obra, fundándola en el ‘milagro’, el ‘misterio’ y la ‘autoridad’. Y los hombres se alegran de verse otra vez conducidos como un rebaño y libres del don abrumador que los atormentaba”.

  
La verdad que Dostoyevski pone en boca del Gran Inquisidor es que la humanidad nunca ha buscado la libertad y nunca lo hará. La ciencia y la tecnología encarnan “el milagro, el misterio y la autoridad”.


    –¿Ves estas piedras del desierto? Conviértelas en panes y detrás de ti correrá la humanidad como un rebaño agradecido. Pero tú no quisiste privar al hombre de libertad y rechazaste la proposición, pues ¿cómo puede hablarse de libertad, razonaste tú, si la obediencia se compra con pan?

  

Si en la tierra ha habido alguna vez un milagro atronador verdaderamente auténtico, fue aquel día, el día de esas tres tentaciones.


Marzo, 2018 

El mito del Estado de Derecho y el nihilismo jurídico (I)


Thomas Hobbes


Dalmacio Negro


El gran historiador suizo amigo de Nietzsche, Jacobo Burckhardt (1818-1897) observó que las crisis históricas son más radicales que los cambios históricos, cambios generacionales dentro del mismo horizonte cultural. En las crisis, se debilitan, decaen o desaparecen las ideas creencia vigentes que sustentan la cultura y cambia el horizonte histórico, dirían Ortega o Marías. Perduran acaso languideciendo mientras no se revitalicen o se consoliden nuevas vigencias sociales o desaparezcan, como parece estar ocurriendo en la gran crisis actual de la civilización -palabra que se ha vuelto ambigua- occidental. Una consecuencia del hecho poco comentado de que, como decía otro historiador, el belga Henri Pirenne, la historia de Europa se confundía hasta el siglo XVI con la de la Iglesia, pero empezó a confundirse desde entonces con la del Estado. La  forma artificial de lo Político que sustituyó al Gobierno —se dice todavía Government en Inglaterra y Estados Unidos—[1] y está desde la revolución francesa más presente en todos los ámbitos que la Iglesia. Es seguramente la causa de la gran crisis de la civilización occidental, cuya cultura es, o era, esencialmente cristiana.


Simplificando mucho y prescindiendo de matizaciones por razones obvias, la clave de la crisis es el nihilismo jurídico.


1.- El Estado, que es particularista —igual que el Gobierno—, es un imitador de la Iglesia, que es universalista. El espacio público era eclesiástico en la época de la omnipotentia iuris (grosso modo la Edad Media) y la potestas de los gobiernos se reducía a garantizar la aplicación del derecho bajo la auctoritas de la Iglesia; disputas y guerras tenían un carácter jurídico. El proceso histórico ha consistido, desde que se afirmó  la estatalidad, en la apropiación de lo público por el Estado, lo que se llama algo equívocamente, secularización. En ese proceso, devenido prácticamente el Estado una finca privada de oligarquías de tendencia, primero laicista y finalmente nihilista, que  consideran el Derecho un arma para afirmar su poder, controlan la escuela, la propaganda y destruyen la cultura tradicional con argumentoscientificistas —“la victoria de los métodos científicos sobre la ciencia” (Nietzsche)— que difunden sus ideas o falta de ideas. La perversión de lo Político, al no tener los  Estados y Gobiernos un  rival que los  contenga es la causa del nihilismo jurídico.


2.- Desde el punto de vista de la historia de las ideas, fue fundamental la sustitución del Derecho por la Legislación.  Empíricamente, fue un proceso lento y desigual. Teóricamente, comenzó con  la famosa sentencia de Hobbes auctoritas non veritas legis habet rationem (la autoridad, no la verdad, da su racionalidad a la ley). Máxima que potencia al Estado al equiparar la auctoritas y la potestas atribuyéndole así la suprema autoridad, hasta entonces indiscutida, de la Iglesia depositaria de la Verdad y custodia del êthos que configura las civilizaciones. La metafísica y la teología investigan la realidad, que es idéntica a la verdad: lo que no es real no es verdadero y lo que no es verdad no es real. En cambio, la ciencia sólo busca la certeza de que los hechos son el efecto de determinadas causas o condiciones. Pero el progreso de la ciencia mecanicista fascinó a Hobbes, quien, por decirlo así, la absolutizó. Sólo hay cuerpos que se mueven constantemente. El mismo universo es un inmenso cuerpo y la materia y el movimiento son los elementos que explican la realidad. Y Hobbes, que vivió en medio de desoladoras guerras civiles, deseoso de garantizar la paz, fundamentó “la nueva ciencia de la política”  en el contractualismo: el hombre natural es un lobo para otro hombre y para salir del estado de naturaleza —un concepto de los Padres de la lglesia para designar la situación del hombre después de la  caída en el pecado original—  de guerra de todos contra todos, en el que impera el miedo, explicó el origen del Estado como resultado de dos contratos —un pactum unionis para constituir la sociedad, seguido de un pactum subjectionis a un soberano— entre los hombres atemorizados, para vivir sin temor, potenciando la seguridad sobre la libertad.


Se podría decir, que fundó la Legislación, el derecho que crea el soberano para construir el Gran Artefacto capaz de garantizar la paz:  «con las normas del Derecho resulta posible una pacífica vida en común. De esta manera se diferencia completamente el Derecho de la moral», responde Hobbes, el gran pensador del Estado como resultado de un contrato político, a Claus Rolshausen en su entrevista imaginaria en Macht und Herrschaft.[2] Matemático apasionado por la física, fue Hobbes el primer gran cientificista, la ideología materna de todas las ideologías.


3.- “Sólo para el Derecho, el otro es el  terminus a quo [fin que se persigue, punto de partida de una relación] que motiva nuestras acciones éticas, pero para la Moral en sí, el otro no sería más que el terminus ad quem [punto de llegada de una relación]”, decía Georg Simmel.[3] El objetivo del Derecho, la Legislación  independiente de la moral colectiva, el êthos escindido por las pasiones, era para Hobbes en garantizar el orden político establecido por el soberano.  Y el nuevo Derecho creado por el contrato que instituyó el gobierno absoluto, se convirtió en el instrumento de los gobiernos estatales. De momento como derecho público, distinto del privado tradicional, el derecho común —ius communis, common Law— que descubren y declaran los jueces,  como  un derecho superior al ser el derecho creado por el soberano. Una división no meramente formal del Derecho como la clásica del derecho romano según Ulpiano, que hablaba  sólo de “posiciones”: «duae sunt positiones, publicum et privatum. Publicum ius est quod ad statum rei Romanae spectat, privatum quod ad singulorum utilitatem».[4]   


 En Roma, no existía el Estado, era desconocida la doctrina de la soberanía,  y la concepción del Derecho era organicista. Lo mismo que en la Edad Media, en la que «el rey, escribe J. R. Strayer, existía para ocuparse de emergencias, no encabezando un sistema legal o administrativo».[5]   El Gobierno era, con palabras de Michael Oakeshott, una suerte de societas  (asociación) o universitas (comunidad) regidas como quien administra un patrimonio familiar.[6]


4.- La concepción científica mecanicista del contractualismo hobbesiano[7] transformó el derecho público, el ius publicum romano, en el derecho del soberano, al que se subordina el ius privatum. La utilidad o interés público empezó así a prevalecer sobre el de los particulares. La utilidad pública o colectiva justificaba la ratio status, la razón de Estado, y los intereses de las dinastías fueron ampliando su radio de acción. El Estado creció a costa de los poderes feudales, sociales o intermediarios, subordinó el Derecho común a la Legislación y sustituyó la moral tradicional guiada por la idea del bien, por la utilitarista.


La estatalidad, exenta de la sanción religiosa que condiciona y concreta la moral natural relacionada con la legitimidad y la justicia y la ilegitimidad o la injusticia de las leyes, conlleva a la larga in politicis entre otras cosas, la pérdida de la auctoritas de la moral que garantiza la confianza entre los miembros de cuerpo político y la cooperación en ellos sin necesidad de recurrir a la fuerza, salvo para restaurar (judicialmente) la normalidad del orden jurídico o en situaciones excepcionales en que está en peligro el orden político.


5.- Hobbes inventó como fundamento y contrapunto del Gran Artificio estatal la Sociedad  —«no existe tal cosa como la sociedad», decía Margaret Thatchersustituyendo conceptualmente al Pueblo, palabra que designa políticamente conjuntos de familias que se autogobiernan, constituyendo poderes intermediarios[8] y era el depositario del poder divino en la época de la omnipotentia iuris. Sociedad designa en cambio, una multitud de individuos que han renunciado a la libertad política a fin de que exista el Estado, mecanismo en el que el único libre políticamente es el soberano que les protege del miedo a la muerte y da seguridad a la propiedad: «autorizo y transfiero [al soberano] mi derecho de gobernarme a mí mismo», escribe Hobbes, quien no inventó el Estado.[9] Le dio forma teorizando el hecho de que las monarquías absolutas, monarquías estatales, sustituyeron a los gobiernos medievales y  la concepción del orden político-jurídico fundado en la dialéctica entre la autoridad eclesial y la potestad estatal, que buscaba la justicia y la paz equilibrando orgánicamente la libertad y la seguridad. 


6.- La  idea hobbesiana de la libertad es mecanicista: excluye la libertad interior, el fuero interno: “Libertad, o independencia, significa (propiamente hablando) la falta de oposición (por oposición quiero decir impedimentos externos al movimiento); y puede aplicarse a criaturas irracionales e inanimadas no menos que a las racionales”. Y  “hombre libre es quien en las cosas que por su fuerza o ingenio puede hacer, no se ve estorbado en realizar su voluntad. Pero cuando las palabras libre y libertad se aplican a cosas distintas de cuerpos se comete un abuso, pues lo no sujeto a movimiento no está sujeto a impedimento”.[10]  


7.- Desde la afirmación del Estado Soberano en el siglo XVI, prevaleció  prácticamente el absolutismo en toda Europa. Con alguna excepción  como la Monarquía de España —en realidad, un Imperio, forma política distinta del Estado—, heredera de los ideales del Sacro Imperio, hasta que introdujeron los Borbones la concepción estatal francesa al vencer en la guerra de Sucesión y, el absolutismo con Carlos III.


Las monarquías absolutas prepararon inconscientemente el camino a la democracia, incompatible con la Monarquía, al apoyarse en las clases medias para hacer frente a los decadentes poderes medievales y convertirlos en cortesanos. Las monarquías modernas se alzan sobre las ruinas de las aristocracias, decía Jouvenel.


8.– La época moderna  —moderno significa modus novus–– fue un tiempo de sustituciones, que culminaron en la Gran Revolución francesa que instituyó la República. De la que dijo el ocurrente Anacharsis Cloots, “enemigo de Cristo” por declaración expresa, para quien era “París el Vaticano de la razón”: «la República de los derechos del hombre no es atea, es nihilista». Una causa de la mala fama de esta forma del Estado y del Gobierno democrático a la que tiende sin embargo la historia desde los tiempos griegos y romanos. La revolución sustituyó la soberanía monárquica por la de la Nación y la Nación estatal monopolizó toda autoridad y todo poder. Sustituyendo definitivamente el Derecho por la Legislación,  la Declaración de derechos del  hombre y el ciudadano concedió a los hombres  —no por cierto a las mujeres, contra lo que protestó Olympe de Gouges (1748-1793),[11] guillotinada por protestar— el título de ciudadano.  Sometido empero a la justicia revolucionaria que presupone que el Tribunal de la Historia, que sustituyó a Dios, juzgará siempre a favor de la revolución.


[1] El Gobierno a secas es el grupo de hombres que dirige a los demás. El Estado es la máquina del poder político dirigida por el gobierno, que tiende a concentrar los poderes sociales, que llamaba Montesquieu intermediarios que limitaban espontáneamente la expansión del Gobierno. La Legislación estatal acabó con ellos e instituyó el Estado de Derecho; de hecho un Estado Legislativo cada vez más extenso. No así en los países del Government, donde impera todavía, por lo menos formalmente, el common Law. Vid.  A. C. Pereira Menaut, Rule of Law o Estado de Derecho. Madrid, Marcial Pons 2003.


[2] Munster, Westfälisches  Dampfboot 1997. 3, p. 33. Rolshausen entrevista también a Bakunin y Anthony Giddens.


[3] El pobre. Madrid, Sequitur 2011. P. 23.


[4] En el estudio del Derecho “hay dos posiciones, lo público y lo privado. El derecho público se refiere a lo relativo a las  cosas de Roma, el privado a lo que interesa a los particulares”.


[5] On the Medieval Origins of the Modern State. Nueva York, Princeton University Press, 1970. I, p.13.


[6] El Estado europeo moderno. Barcelona, Paidós 2001. II, pp. 48ss. La universitas es una asociación que constituye una persona ficta, ficticia, en virtud de alguna autoridad: una pluralidad de personas que habla con una sola voz, de modo que el gobierno es telocrático, gestor de una empresa finalista (III, pp. 54ss.) distinta de un Reino.  E. Bussi destaca el carácter patriarcal del gobierno en Evoluzione storica dei tipi di stato. Milano, Giuffrè 2002.St. Breuer enfatiza el aspecto racional al tipificar las formas estatales. Der Staat. Entstehung, Typen Organisatonsstadien. Hamburgo, Rowohlt 1998. 3, 1, p. 7.


[7] Sobre el desarrollo y las consecuencias descivilizadoras y nihilistas de la concepción mecanicista, W. Schubart, Dostojewski und Nietzsche. Sowie Aufsätze zum geistigen Verhältnis von Russland und Europa (1939). BoD Norderstedt 2020.


[8] Helmut Schelsky se preguntaba quién era el soberano y quien era el pueblo en Politik und Publizität. Ein Essay als Einführung. Munich, Seewald 1983. IV, 2, pp. 56ss.


[9] El  Estado existía ya sobre todo en Francia. Hobbes no tuvo mucho éxito en Inglaterra, su patria. Acusado de ateísmo —que significaba  entonces negar la Providencia o tener creencias distintas de la ortodoxa— se quemaron públicamente sus libros dos veces. Se le considera empero el padre de la ética utilitarista, característica del mundo anglosajón: «el liberalismo inglés de los utilitaristas» distinto del liberalismo clásico decía Hayek. Se le leyó mucho en Francia en el decenio anterior a la Gran Revolución.


[10] Leviatán o la materia, forma y poder de un estado eclesiástico y civil (1651) XXI. Hay varias traducciones en español. Las citas son de la de Antonio Escohotado Madrid, Editora Nacional 1979.


[11] Vid. su Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana. Independently Publishing 2017. 


Leer en La Gaceta de la Iberosfera

Sábado, 13 de Abril

 


Arlanzón

viernes, 12 de abril de 2024

Los "lemmings" liberales



Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Cuando una democracia la toma con la palabra democracia, se puede decir que ha entrado en patocracia, última estación del viaje de la izquierda en su huida de la realidad. “Dicen que Trump es una amenaza para la democracia; ¿lo cree usted así?”, pregunta la CNN a Kennedy, que responde:


–Tengo argumentos para decir que Biden es una amenaza mucho peor para la democracia. Es el primer presidente en la historia americana que ha utilizado las agencias federales contra sus oponentes políticos.


El mundo sólo ha conocido dos democracias: la directa de los “idiotai” en Grecia, que aquí sólo ha estudiado Rubio Esteban, y la representativa en los Estados Unidos de los Founding Fathers, a quienes James Woods agradecía ayer su previsión en la Declaración de Derechos (“¿Se imaginan la locura que la administración Biden y sus ‘lemmings’ liberales impondrían a nuestros ciudadanos?”), a propósito de los problemas de JK Rowling con la inicua ley escocesa contra los discursos de odio, animándola con una media verónica: “Brava, Ms. Rowling!”


La estrategia de los “lemmings” la resumió en su día muy bien Iglesias Turrión en un youtube: “Lo nuestro es la dictadura del proletariado, pero la palabra dictadura no hay quien la venda, así que decimos democracia, que gusta a todos”. Y ahí tenemos a los “lemmings” americanos, roe que te roe en la palabra mágica, como en el poema de Octavio Paz: dándole la vuelta, cogiéndola del rabo, azotándola, sorbiéndole sangre y tuétanos, secándola, capándola, desplumándola, destripándola, arrastrándola… hasta que de ella no quede ni la raspa. Es el proceso ponerológico hacia la patocracia final, cuando la vida se reduce al patio de locos del doctor Esquerdo que tan entretenidas estampas regaló a nuestro costumbrismo. Así la del loco que, viendo que el doctor Esquerdo estaba solo, entró a su despacho con un cuchillo y gritó: “¡Hoy no se me escapa, hoy le voy a degollar a mi gusto!”. “Bien, hombre –contestó el doctor–, me parce bien. Pero ¿has pensado lo que vas a hacer con la sangre?” El loco, desconcertado, se fue por un barreño, y entonces el doctor fue rescatado por los loqueros. O la del brindis con que otro loco, levantando su copa, sorprendió a los periodistas de la época de Camba que estaban de visita en un manicomio madrileño reporteado por el Caballero Audaz:


Brindo por mis compañeros de reclusión, brindo por los representantes de la prensa reunidos en esta sala y, sobre todo, brindo por el doctor Esquerdo, gracias a cuyos cuidados no tardaremos en recobrar la razón, que tanta falta nos hace.


En las patocracias-franquicia, el patio del doctor Esquerdo es el Estado de Partidos. Todo en el Estado, todo por el Estado, nada sin el Estado, ¡“Resistencia” incluida!, con sus chistes de Estado, ninguno de ellos superior al del  ministro marcándose un Felipe IV en busca de memoriales de Quevedo bajo las servilletas de Palacio.


 [Viernes, 5 de Abril]

Viernes, 12 de Abril

 


Lesa estética

jueves, 11 de abril de 2024

Goles


Calle Goles, en Sevilla



 
 

Cracks dando la espalda


Francisco Javier Gómez Izquierdo


              Ayer, en vísperas de la Feria de abril sevillana, fui a parar a la calle Goles, donde al parecer había una puerta también llamada de Goles por donde se entraba a Sevilla desde por lo menos el siglo XI,  que es cuando dicen los papeles que se abrió por ahí la muralla mora. Sevilla, que es como es, única de cualquier modo, explica que lo de Goles viene de no saber pronunciar los sevillíes correctamente Hércules y que por degeneración desde ya en tiempos ¡¡de Julio César!! la puerta de Hércules trocó en puerta de Goles hasta 1570 que entró por ella Felipe II y se la llamó Puerta Real, de la que por cierto sólo queda una placa, permaneciendo la calle Goles que sube hasta muy cerca de la Alameda. En la calle Goles me han venido esta mañana a la mollera las gavillas del mismo nombre que asomaron por Madrid, Londres y París como si los cuartos de la Champions fueran una feria de muestras con tres sedes como se hacen ahora las cosas del fútbol en la que exhibir ejemplos de todas las calidades.

 

        Goles sensacionales como los de Dembelé, Valverde o Foden y ridículos como los de Bernardo Silva, Lino o De Paul. Goles con más mérito del que parece, como el segundo de Rafinha o el de Gnabry; goles de fortuna, como el primero de Rafinha o el de Haller para el Borussia; goles por los que el aficionado ha echado de menos tullidos cancerberos. Muchos goles. Para los entrenadores, demasiados, porque según su parecer casi todos son evitables. Para el espectador, una alegre bendición, pues el intercambio de goles ha dejado los cuatro resultados casi emparejados pues ni el Barça ni el City (para servidor el equipo más completo, pero con un punto suicida en defensa que desprecia la velocidad contraria; veáse el gol de Rodrygo con el último defensor inglés en campo ajeno) pueden fiarse de velocistas como Vinicius o Mbappé. Además de los muchos goles llama la atención de estos cuartos la ausencia de aportaciones de los más cualificados para marcarlos, Mbappé sobre todos, que desprende una insólita tristeza, Haaland que tiene con Rüdiger su particular pesadilla, Rodri, que ha parecido un medio vulgar y no la excelencia que todo el mundo conoce, o Bellingham, como cansado y quejicón en una noche que tendría que haber sido propicia.

 

        El Atlético, ahora que los goles de fuera no valen doble, no lo tiene mal si la defensa del Borussia repite actuación. El Bayern pasará porque el Bayern, como el Madrid, tiene, además de nombre, un algo especial que sólo ellos tienen. El Barcelona y el PSG defienden mal, muy mal y semejante tara en ambos desequilibra como menos esperan hasta sus propios entrenadores. El City es un equipazo. El más temible de todos y por eso el Manchester City-Real Madrid será otra vez el mejor encuentro de la vuelta de cuartos. Éstos son los partidos que se disfrutan de otro modo. ¡Ah! Se agradece la ninguna injerencia del VAR por la firmeza de los referís.

¿Libertad?


Safe and courteous


Ignacio Ruiz Quintano
Abc


    En América, todos los camioneros llevan a la espalda un cartel (“Safe and courteous”) y un número de teléfono que les impide mandrilear impunemente en la carretera.

  
¿Qué es una bicicleta al lado de un camión?

  
La libertad, como ya suponía Gecé en su canto ciclofascista a “la visión suculenta y pagana, excitante y nutritiva como ninguna” de las muchachas (alemanas) ciclistas, es hoy la bicicleta, un vehículo sin cartel de “safe and courteous”, sin teléfono, sin matrícula, sin seguro obligatorio y sin impuesto de circulación (en suma: sin responsabilidad, el Drácula de nuestro tiempo) rodando por donde le pete al pedaleador.

  
Apenas somos conscientes de cuán profunda es la conexión entre gasolina y libertad –tiene dicho el filósofo alemán Peter Sloterdijk.

  
Una broma, comparada con la conexión entre libertad y bicicleta.

  
Para los griegos, libertad era emplear la fuerza muscular únicamente en acciones libres (paseíto por el ágora o un poco de Pilates en el gym), nunca en esfuerzos esclavos.

  
Para los teólogos medievales, libre sólo se era pudiendo optar por el mal.

  
Y para los nietzscheanos, que, como se sabe, no se tienen por hombres, sino por dinamita, su libertad es la de explosión, o libertad de gastar la energía. El gasto libera: con él, uno desea ir contra el papel de esclavo y acceder a la posición del señor.


    ¡Si hubiéramos sabido que el “homo democraticus” prometido por Tocqueville era un señor en bicicleta!


    Hannes Stein, periodista judeoalemán, sostiene que el verdadero “homo democraticus” no viene de Grecia, ni de la teología medieval ni de la voluntad de poder nietzscheana, sino del Sinaí, cuando Moisés recibe, entre rayos y truenos, las tablas de la ley.
  

El gallardonismo municipal, que veía el mundo como Bahamontes (desde lo alto del sillín), vulgarizó en Madrid aquella inteligente metáfora, haciendo de Moisés un “hipster” de quinta, y del Sinaí, una subida en bicicleta a la Puerta de Alcalá.


Septiembre, 2013 

Black Rock y la tarea pendiente de Trump


Trump & Ramaswamy


Javier Bilbao


La gran ventaja que la realidad tiene sobre las historias de ficción es que no necesita parecer realista: las cosas simplemente ocurren, por inverosímiles que a veces nos resulten, y no hay guionista al que culpar. Por su cercanía temporal aún no podemos tomar conciencia de su alcance, pero bien mirado las peripecias políticas de Trump durante estos últimos años están adquiriendo la altura de una leyenda artúrica (aunque a veces parezca más un episodio de The Office, ciertamente). Así que siguiendo la estructura del mito ideada por el antropólogo Joseph Campbell tendríamos al héroe llamado a salvar al pueblo enfrentándose a fuerzas fabulosas, las cuales inicialmente logran derrotarlo usando para ello toda clase de artimañas, pero luego vuelve del vientre de la ballena, renace tras su descenso al inframundo ahora más sabio y decidido (su viaje también es interior), dispuesto a culminar la misión encomendada y clamando a sus seguidores nada menos que «yo soy vuestra venganza». De manera que, en estas horas oscuras que atraviesa el mundo, Trump se ha convertido en el favorito de todas las encuestas electorales para el próximo noviembre pese a los más de 700 años de cárcel que penden sobre su cabeza en las diversas causas fabricadas en su contra, y una de las preguntas más repetidas está en quién será en esta aventura final su Enkidu, su Subotai, su Sam. Es decir, el vicepresidente de su segundo mandato, uno que promete ser más ambicioso y cargado ideológicamente y por tanto requiere alguien a la altura.  


Hace unos días el complejo turístico y base de operaciones de Trump, Mar-a-Lago, acogió la entrega de un premio a Vivek Ramaswamy, un joven empresario, figura pública de meteórico ascenso y reciente candidato republicano al que ya dedicamos unas palabras en su momento. El anfitrión, presente en el escenario, tomó la palabra para expresar lo mucho que quiere al premiado y proclamar «será mejor que ganemos». Inevitablemente muchos han visto en este gesto un indicio de que él será su compañero de candidatura para las elecciones, pues Trump no se distingue por sus demostraciones de afecto y raro es que apoye a alguien sin esperar algo a cambio. Nada es gratis y menos en el ámbito en que ambos se mueven. Vivek, por su parte, ha expresado que aceptará cualquier cargo que se le conceda —también hay rumores sobre que no sería finalmente vicepresidente, aunque sí estará en el gobierno— y esta semana ha estado concediendo entrevistas y tuiteando para hablar sobre los tres temas en los que el propio Trump lleva tiempo centrando su atención: la necesidad de un cambio en la política exterior estadounidense, el control de la inmigración y la oposición al ideario woke o progresista, desde el cambio climático hasta la teoría crítica racial.


Respecto a esto último es muy significativo que el pasado miércoles tuiteara respondiendo a una declaración del CEO del mayor fondo de inversión del mundo: «He aquí el nuevo truco de BlackRock: dejar de decir `ESG´ y, de hecho, seguir impulsando exactamente las mismas agendas. Esto les permite aplacar la reacción conservadora y, al mismo tiempo, hacer un guiño a empresas como CalPERS para que puedan seguir gestionando más de 10 billones de dólares de todos. No caigas en ello». ¿Por qué decimos que es significativo? Porque en esos criterios ESG, siglas en inglés de «ambiental, social y de gobierno corporativo» es donde reside buena parte del impulso contemporáneo a la agenda progresista (como habrá observado el lector no hay gran corporación que no celebre el 8-M, el Orgullo Gay y nos aleccione sobre la «sostenibilidad», palabra fetiche), acabar con ellos será atacar al corazón de este colosal proceso de ingeniería social que llevamos presenciando desde hace años de implantación forzada de nuevos códigos morales, identidades, creencias y formas de relacionarnos. Es lo que, por poner un ejemplo entre un millón, llevaba a Yolanda Díaz a felicitar la semana anterior no el Domingo de Pascua sino en su lugar el Día Internacional de la Visibilidad Trans, por lo visto mucho más importante. 


Ramaswamy sabe bien de lo que habla cuando critica esta política corporativa que sustituye a la búsqueda de beneficios, que es en lo que pensábamos que consistía el capitalismo, por este adoctrinamiento a los empleados y clientes. Él mismo llegó a sufrirla incluso desde su antigua posición de CEO y es lo que le impulsó a escribir su libro Woke, Inc.: Inside Corporate America’s Social Justice Scam. La muerte de George Floyd el 25 de mayo de 2020 sacudió a Estados Unidos de arriba abajo, un país con un largo historial de disturbios raciales, que acababa de salir de un inaudito confinamiento por la pandemia que puso los ánimos a flor de piel y que afrontaba unas elecciones en las que todo valía para echar a Trump. Como vemos era una tormenta perfecta. Decidido a no usar el nombre de la compañía farmacéutica que había fundado unos años antes ni su posición en ella para hacer proclamas políticas, fue sin embargo presionado a hacerlo y, a continuación, severamente cuestionado entre empleados, directivos y accionistas por su tibieza cuando redactó un breve comunicado intentando ser neutral sin denunciar el «racismo sistémico» que demandaban de él que expresara (siendo además de origen indio y tez morena).


Ya puesto en cuestión entonces, la puntilla vino unos meses después, cuando unos cientos de simpatizantes republicanos asaltaron el Capitolio y la respuesta coordinada de varias compañías de Silicon Valley fue anular las cuentas —ya fuera en redes sociales, métodos de pago en línea, alquiler, etc— no sólo de supuestos participantes sino de cualquier votante de Trump que mostrara algún tipo de simpatía por ellos o de crítica a las autoridades en relación con ese evento. Vivek publicó entonces un artículo en el Wall Street Journal denunciando lo que consideraba una persecución ideológica de tipo soviético claramente inconstitucional. Las reacciones se sucedieron de inmediato en su contra y con el fin de poder garantizar la continuidad de su empresa ese mismo mes terminó presentando su dimisión como CEO. Poco después comenzó a escribir el libro antes mencionado, intentando explicarse a sí mismo qué había pasado y cómo en Estados Unidos se había podido llegar a estos extremos.


La conclusión a la que llegó Vivek es que buena parte de la culpa se encontraba en los criterios ESG, por los cuales se evalúa ante los inversores el llamado impacto social y medioambiental de una empresa. El problema de esto es que se ha convertido en un criterio de inversión prioritario para fondos de inversión como BlackRock, cuyos activos alcanzan unos 10 billones de dólares (el PIB español es algo más de la décima parte, por hacernos una idea) repartidos en acciones de unas 18.000 compañías. Así que muchas empresas tienen que sumarse a la corriente progresista sobre cambio climático, feminismo, LGTB…etc no tanto por voluntad propia sino por exigencias del mercado bursátil. Tal como proclamó en 2017 su CEO, Larry Fink, «tienes que forzar comportamientos. En BlackRock estamos forzando comportamientos». Y tiene poder para hacerlo.


Como señalan en este reportaje titulado precisamente Cómo Larry Fink de BlackRock se ha convertido en el rostro del capitalismo woke: «la altura de Fink en los círculos globales financieros es mayor que la de muchos gobernantes», con los que acostumbra a tratar personalmente, pues «se ha vuelto de hecho un secretario global del tesoro sin el título oficial».  Otro Soros. O bien, dado que de joven fantaseaba con ser una estrella de rock y ahora aspira a salvar el mundo, un Bono del mercado de bonos.


Pero la reacción ante esa agenda y su forma de imponerla ya ha comenzado. En agosto de 2022 el Estado de Texas prohibió que cualquier dinero público fuera invertido en BlackRock, medida que unos meses después replicó Florida. Más genéricamente, en 37 Estados de la Unión se han propuesto leyes dirigidas contra los criterios ESG, por considerar que conllevan una carga ideológica. Pronto llegará el turno del Gobierno federal. Recordemos cuando unos meses atrás siendo aún candidato a liderar el Partido Republicano Vivek fue categórico al respecto: «BlackRock, State Street y Vanguard representan posiblemente el cártel más poderoso de la historia de la humanidad: son los mayores accionistas de casi todas las empresas importantes y utilizan *su* propio dinero para imponer agendas ESG a los directorios corporativos. Votan por `auditorías de equidad racial´ y `límites de emisiones de Alcance 3´ que no promueven sus mejores intereses financieros. Esto plantea serias preocupaciones fiduciarias, antimonopolio y de conflictos de intereses. Como presidente, cortaré la verdadera mano que guía el movimiento ESG: no la mano invisible del libre mercado, sino el puño invisible del propio gobierno».


No será ya presidente, pero como veíamos al comienzo puede que sí vicepresidente o al menos miembro del gobierno… La persona idónea, desde luego, con la que deberá contar Trump, si realmente quiere derrotar al dragón y convertirse en leyenda.


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Jueves, 11 de Abril

 


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