sábado, 4 de febrero de 2023

Eduardo Chillida, o el león en su invierno (Última entrevista)


[Publicado el 7 de Diciembre de 1998 ABC Cultural Número 368]

NO ME PREOCUPA LA VEJEZ; LO QUE ME FASTIDIA ES
 QUE SE ME OLVIDEN LAS COSAS






Desde las domésticas faldas del Igueldo reina Chillida como el Dios del Sinaí, a lo grande, y rodeado de sus horizontes donostiarras más íntimos: «inalcanzables, necesarios e inexistentes». Es el león en su invierno, todavía con media melena al viento y con los recuerdos ya «en la punta de la lengua», que es ese no saber si ver u oír las experiencias pasadas. «He estado trabajando. Tranquilo y solo. Y tratando de hacer, como siempre, pues lo que no sé hacer. Porque no creo que haya que hacer lo que se sabe hacer, sino lo que no se  sabe hacer. Lo que uno sabe hacer quiere decir que ya lo ha hecho, y eso no hay que tocarlo. Hay que hacer lo que no se sabe hacer»
 





Ignacio Ruiz Quintano
ABC Cultural

LUCE el sol, al fin, en San Sebastián, y el sol, que pierde materia a razón de millones de toneladas por minuto, le ha sentado bien a este Chillida leonino que pierde memoria a razón de no se sabe cuántos nombres propios por recuerdo, y que ahora se tienta la garganta y siente, con asombro, como que aquella materia ha sido absorbida y es energía. Lee y relee mucho. A sus poetas  y filósofos: materia y mente no son más que maneras convenientes de organizar  los acontecimientos, y la característica esencial de la mente es la memoria. (De Swift se cuenta que un día, cuando empezó a perder la memoria, «como quien se ancla en su íntima esencia invulnerable», se le oyó repetir: «Soy lo que soy, soy lo que soy.»)

He pasado un momento difícil. La garganta, y así. Un momento en que no podía ni hablar, en el sentido de decir lo que yo quería decir, ¿verdad? Digamos que he estado apartado de hacer manifestaciones espectaculares... En fin, encerrado en el  estudio con mis problemas.

(En un manuscrito iluminado para René de Anjou, rey  de Sicilia, hay una alegoría del Amor: una de sus pinturas muestra a un viajero, un caballero a caballo guiado por la Melancolía que tiene que abrirse paso a fuerza de espada para cruzar un puente  de madera enfrentándose a un adversario con armadura negra que representa  los problemas. Igual que De  Quincey,  Chillida piensa que descubrir un problema no es menos admirable –y es más adecuado– que descubrir una solución.)

Sí, para mí el trabajo es eso: un problema cada día. Y si se produce algo positivo es porque te metes en ese terreno en el cual no tienes mando, pero que aparece. En cuanto tú cierras las demás puertas y te quedas con ésa, surge la posibilidad de comunicar. Es una cosa bastante elemental. En el fondo, es lógica. Lógica pura. Yo estuve muchos años trabajando en una dirección, y de repente un día me di cuenta de que no era la mía. Fue hace mucho tiempo ya, ¿eh? Fue cuando yo cogí este tipo de razonamiento, porque me di cuenta de que era necesario dejar de lado todo lo que había hecho cada día. Cada día que tú haces una cosa, dejarla de lado y mirar hacia los lugares en los cuales puede haber otro tipo de aproximación a lo desconocido, a lo que yo no conozco, que es lo que me interesa. Lo que pasa es que últimamente, como he estado peor de salud, pues, claro, me he frenado bastante.

«La portería aún, araña parda»

(Con este sol que luce le tira el mar -«iVamos al Peine del Viento a dar un paseo!»-, y se encara al viento que corre como el navío de Pantagruel, tratando de encontrar en el aire las frases que el invierno anterior guardó congeladas.)

Ya lo creo que he leído en este tiempo. ¿Parménides...? Sí..., sí. ..sí... Bueno, he estado con san Juan de la Cruz. Me lo sé de memoria. Ahora lo he releído. A todos. Poetas y filósofos es lo que más me ha interesado toda la vida. Españoles y extranjeros. Trato de buscar correspondencias entre unos y otros. Por no trabajar, porque no puedo hacerlo como lo hacía antes. Así que he leído mucho. Siempre vas desechando cosas, claro. Hay algunos que han sido tus amigos y de repente se quedan atascados. Eso sí pasa. Claro, que yo, como tengo unas bajas de memoria tan especiales... iNo me salen los nombres! Me pasa con los nombres corrientes, con los de mis nietos... Es la edad. Tengo setenta y cuatro.
 

Peine del Viento
 
 
(Ya en La Concha, ante el Peine del Viento la obra predilecta de su memoria sentimental, sale a colación el fútbol «la portería aún, araña parda» y su época de portero de la Real Sociedad. «Ya no pones obstáculos de mano / al ímpetu, a la bota / en los que el gol avanza. Pide en vano, / tu equipo en la derrota, / tus bien brincados saques de pelota.» Acabó su carrera desarbolado, no por el viento de los goles, sino por un menisco «que tenía hecho polvo y que nunca me sanaron: un día, en Madrid, en un saque de puerta largo hacia la posición del extremo, me quedé clavado en el pico del área  y para siempre». Como en las Olímpicas de Montherlant, donde el portero sólo puede arrancarse los cabellos, como Aquiles, y aparecer ladeado en el suelo, como los soldados de Verdún.)

Sí, me acuerdo de las cosas que me han hecho polvo la vida. Hombre, en ese caso, el del fútbol, no fue malo. Porque estar con un menisco estupendo y jugando al fútbol con setenta y cuatro años no sería agradable, ¿no? Pero acabo de pasar una última etapa complicada... Y difícil de entender.

(Unos chavales abordan a Chillida para retratarse con él en su Peine del Viento,  y Chillida, tan contento, se presta a posar con ellos en brazos cruzados y alzando la barbilla, a lo portero antiguo: entre desafiante como el Platko de la oda de Alberti y risueño como el Zamora de Por fin se casa Zamora. «Te sorprendió el fotógrafo el momento/ más bello de tu historia / deportiva, tumbándote en el viento / para evitar victoria, / y un ventalle de palmas te aireó gloria.»)

¡El Peine del Viento! Estoy orgulloso de esta obra porque es una de las primeras. Mi primera visión como escultor es este lugar. Lo que ha producido este lugar es la visión que yo tenía de él de niño y desde mi casa. Luego, de novios, con mi mujer, también veníamos aquí a pasear. Era nuestro paseo romántico preferido.

(Del Peine del Viento a Zabalaga, el casón -1592- con prado donde reposan tantas «cosas» de las que podría derivarse el más honesto concepto de materia: ocupan espacio y muestran su existencia mediante las cualidades de dureza, resistencia e impenetrabilidad. Muchas aún no tienen nombre, pero son chillidas. «Ésa de ahí pesa sesenta y cinco toneladas. Acaban de colocarla. Tengo que buscarle un nombre.» Y las que faltan andan de tournée, la mayoría por Madrid.)
 

Portero de la Real Sociedad
 
 
Claro que me hace ilusión lo del Reina. Se estrenan obras de todos mis momentos, para que la gente vea lo que he hecho antes y lo que he hecho ahora. Pero yo no he intervenido en el montaje para nada. Confío en la gente que lo ha hecho, que sabe bien lo que hace. Hombre, para mí ha sido un honor. Y un premio. Sí, la verdad es que... ¡tengo tantas cosas! Tampoco es que me haya acostumbrado, ¿verdad? Porque, hombre, sí, es bastante raro lo que me pasó a mí. Yo fui el primero que ganó un premio... Y no sé ahora... Si es que no puedo decir estas cosas bien, porque se me olvidan los nombres. Fue en una de las capitales alemanas importantes... Está abajo y a la izquierda en el mapa... Bueno, yo recuerdo que hice unas cosas que no había hecho nadie allí, y me dieron el gran premio por algo que expuse en esa ciudad de cuyo nombre no me acuerdo ahora. En fin, yo sabía que me iba a pasar lo que me está pasando. Lo siento mucho, pero... Fue la primera vez que me daban un premio en Alemania, y el que más ilusión me hizo, porque fue el primero. El primero del que yo tengo conciencia, claro. Después, ¡ha habido tantos! Acordarse de todos es dificilísimo, y no hace falta tener la cabeza como la tengo yo ahora... Han sido muchísimos y en todas partes. Hombre, prefiero un premio a que me silben por la calle, ¿verdad?, pero  yo nunca he hecho las cosas para ganar premios, aunque empecé a ganarlos en la primera exposición que hice, y fue en esta ciudad alemana... ¡En el suroeste de Alemania!

(El hierro es el pan del Norte, y en el prado de Zabalaga hasta la yerba parece ferruginosa, como las criaturas retorcidas procedentes de «Forjas y Aceros de Reinosa», la barbacoa de Chillida. ChiIIida y sus Costillas de Hierro.)

¿El más chillida de todos los materiales? ¡El hierro! Un material, para mí, decisivo, porque yo con él he hecho muchas obras, y son las que más he expuesto y las que la gente más ha valorado. Y el material que más placer me causa al trabajarlo. Bueno, ahora ya estoy trabajando con dos chicos: les digo cómo tienen que hacerlo, y acabarán por hacerlo mejor que yo, pero, en fin ... ¡Como han trabajado conmigo... ! El hormigón también me gusta mucho. Las cosas que he hecho con hormigón tienen una envergadura especial delante del horizonte...

(Hay en Zabalaga cierto aire a Gretna Green, la aldea escocesa una vez famosa por sus casamientos de parejas fugadas que oficiaba el herrero. Encuentros de hierro y abrazos de hierro entre parejas de hierro.)

Bueno, eso del abrazo es muy propio de la escultura. No desde el punto de vista del abrazo físico, sino el hecho de la escultura. ¿Ves aquéllas de allá? ¿Son abrazos?

Y el horizonte.
 

Elogio del horizonte
 
 
Sí. Ése me ha interesado siempre. Ya sé que no existe. Pero, en fin, es importante, sí. Que esté ahí esa línea es importante, aunque no exista la línea, que no existe. Es cuestión de imaginación. El horizonte es inalcanzable, necesario e inexistente. De modo que no puede tener grandes virtudes, y únicamente nos toca por la grandeza que tiene, ¿verdad?, que es la grandeza de algo que no tiene dimensión. ¿Que por qué es necesario? Pues porque nos coloca en un entorno limitado. En todos los movimientos que hacemos estamos condicionados por el horizonte. Fíjate si tiene interés lo que aporta. Estoy yo mirando las montañas, y mira, todo eso son horizontes. En Gijón, cuando hice el Elogio del Horizonte, me planteé este problema muy en serio. Empecé a recorrer toda la costa, desde Bretaña hasta Finisterre, en coche, con mi mujer. En todos los lugares costeros en que parábamos, había fortificaciones. O sea, que eran lugares que habían sido utilizados con fines militares, para zurrarle al contrario. Fue una cosa que me chocó. Y llegamos hasta Finisterre, que fue donde por primera vez «vi» la escultura.

Y la gravedad.

Es muy importante, pero en función de los materiales. Porque la misma importancia que tiene la gravedad puede tenerla la levedad que casi desaparece en el espacio. Cuando el espacio es lo que te interesa, llegas a unos puntos en que la gravedad no tiene voto. No puede intervenir, vamos.

«El collage es una chapuza»

¿Y el juego de sus Gravitaciones?

No, de juego nada. Es muy serio. Viene de hace tiempo. Darle un título era muy difícil. Me puse a pensar en ello, y las mismas piezas te decían lo que era con toda claridad. Había hecho muchos collages. Pero siempre había tenido la sensación de que el collage tenía una cosa falsa. Que ponía los papeles unos pegados con otros. Eso era un disparate monumental. Me di cuenta y no volví a hacerlos. Un día me dije: «¿Eres imbécil? En vez de poner la cola donde la ponías antes, pon el espacio entre los papeles.» Lo hice, y cuando empecé, ya estaba. No tiene color la comparación, porque el collage es una chapuza. Un papel pegado con otro papel no tiene ningún interés. Entonces seguí con eso. Y han salido variantes, también. Algunas están colocadas ya en Zabalaga. Los papeles son libres, porque, estando colgados, se pueden mover. Otros, en vez de cuerdas, tienen una varilla, de la cual está suspendido el papel, que tiene dos caras, una por detrás y otra por delante, y el espacio sin ningún aditamento.

(Einstein: «Los filósofos juegan con las palabras como los niños con un muñeco.» En el mundo de Einstein, que viene a conducirse con arreglo a una suerte de Ley de la Pereza Cósmica, hay más individualismo y menos gobierno que en el mundo de Newton. «La vida finaliza definitivamente cuando el sujeto deja de tener efecto alguno sobre su entorno a través de sus acciones.»)

Claro que me ha interesado Einstein. ¿Estar de acuerdo? Bueno, los teóricos hablan del concepto, y yo, digamos, utilizando el concepto, me he encontrado con ellos, pero no en otros terrenos. He conocido a muchos filósofos y he ilustrado a Heidegger, y a Cioran, y a muchos otros, ¿verdad? Pensadores importantes. Pero, claro, eso ya pasó, desgraciadamente. Fue hace muchos años. Ahora ya no podría hablar con ellos como hablaba antes. Ahora se me olvidan las cosas. No me acuerdo de los nombres...

(Que la memoria es la madre de las musas, pero a Borges, sin embargo, le parecía monstruosa la posibilidad de que la memoria fuera infinita, y aclaró: «En ese caso, yo recordaría cada una de las circunstancias del día de mi vida, que son miles, según lo ha demostrado Joyce en el Ulysses.» Los bergsonianos creen que la memoria es justamente la intersección de mente y materia, y que los aparentes fallos de memoria no son en realidad fallos de la parte mental de la memoria, sino del mecanismo motor que pone la memoria en acción. Puesto a tener que hacer memoria, Chillida se agarra al tacto, no tanto un sentido como la verdadera interacción de los sentidos: el suyo es un alarde de percepciones táctiles y musculares agigantadas por el pavor al olvido, ay, como la lucha del hombre y el pulpo que describió Victor Hugo en Los trabajadores del mar, donde la blandura se nos aparece como horrible.)

El tacto funciona por los ojos, también. Y por el oído. La mano...

(El hallazgo de un esqueleto de australopitecino de 3,6 millones de años complica a los paleoantropólogos el misterio de nuestra andadura a pie: los evolucionistas sostienen que el momento clave fue el de la erección del cuerpo, cuando el tamaño del cerebro era aún muy pequeño, que permitió la liberación de la mano, con su significación decisiva para el conocimiento reflejado en la palabra «comprender», derivada de «prender» ...)

 ...Yo ahora estoy viendo esa escultura y sé cómo es, cómo se toca, lo que dice cuando la tocas. Ésa que está ahí. Y está ahí por eso. Yo, por la tarde, me suelo echar un rato ahí, en ese sofá. Echo la cabeza donde están los almohadones, y me gusta poner la mano encima de la escultura, así, por detrás. Acaricio esas formas. ¿Qué nombre tiene? No lo recuerdo ya. Pero sí recuerdo su forma. Mi mano la recuerda. La mano es muy importante. Tiene unas leyes que se imponen.

(Teoría de la visión de Berkeley: vemos un  campo plano, pero construimos un espacio táctil. La esfera aparece ante la vista como un disco plano; es el tacto lo que nos informa acerca de sus propiedades de espacio y forma. Un día, Apollinaire quiso lanzar, sin fortuna, un «arte del tacto»: nada que ver con el Teatro del Tacto -bufonada- de Marinetti. Que la relación de lo táctil con lo visual sólo quedó definida después de Cézanne, y para la física, que, impasible, avanza, la vista como fuente de nociones fundamentales sobre la materia parece resultar menos engañosa que el tacto. Y, sin embargo, todas nuestras concepciones de lo que existe fuera de nosotros han estado basadas en el tacto hasta Einstein, para quien no existía el hombre capaz de visualizar las cuatro dimensiones, excepto por medio de las matemáticas: «Ni siquiera somos capaces de visualizar tres.»)

La cuarta dimensión no me ha llamado la atención excesivamente. Yo no he andado dentro de la matemática. Yo he estado en las medidas que pueden ser entendidas y transmitidas a través de la sensibilidad. De la sensibilidad y de la comprensión de algunas cosas en un nivel en que te manifiestan algo que tú puedes recibir a través de las manos, de los ojos... A través de muchas cosas que no tienen que ver con la fuerza ni con el poderío, ¿verdad? Yo he hecho esculturas de considerables dimensiones. Y conozco a muchos escultores que no piensan más que en hacer cosas muy grandes. Pero muy grandes por fuera. Por dentro... tienen tamaño. Más vale decir dimensión que decir tamaño, ¿verdad?

¿Qué robaría de los escultores jóvenes?

¿De los jóvenes jovencitos, éstos que vienen a conocerse ahora? No demasiado, la verdad. Conozco a muchos, pero no veo nada así verdaderamente... Lo decorativo les hace mucho daño. A lo mejor si... Y el deseo de dimensiones muy forzadas, también les hace mucho daño. ¿Un consejo? Que se busquen problemas y que traten de resolverlos realmente. Eso es lo que los ayudaría más.


 
La neurociencia sospecha que estamos genéticamente predeterminados.

Sí. .., sí..., sí...

¿Asusta?

Sí..., sí... Verdaderamente, sí. Pero es para todos igual, ¿eh?

¿Y la vejez?

No, no, no. No me preocupa la vejez. Lo que me fastidia es que se me olviden las cosas.

(Sabe que no está bien creerse siempre una persona de alta tragedia con el Eclesiastés como libro de mesilla: «No hay nada nuevo bajo el sol. No existe el recuerdo de las cosas pasadas. Odié todo el trabajo que había hecho el sol, porque tenía que dejarlo a los hombres que me sucedieran.» Etcétera.)

Aún hay proyectos que me hacen ilusión. Lo del Tindaya, en Fuerteventura, tiene sentido para mí, si se puede hacer. Y después hay una cosa en Japón, que está en camino, que es una pieza de acero dentro de muros de hormigón que recoge el espacio y lo proyecta hacia el Fujiyama. Se llama Homenaje a Hokusai.

(Hokusai, ay, el maestro de las estampas Ukiyo-e, autor de Treinta y seis vistas del Fujiyama, mostrando los numerosos rostros de la montaña sagrada cuya diosa, adorada por los artistas, domina el paisaje.)

Es un lugar especial. Es el proyecto que más ilusión me hace. La obra está a medias, y yo no sé si al final la vaya acabar yo o la va a acabar otro, ¿verdad? ¡He tenido tantas cosas y lo he pasado tan mal! Pero en fin, por lo menos ya tiene una estructura. Allí los obreros trabajan muy bien.
 

La gran ola de Kanagawa  Hokusai 

Sábado, 4 de Febrero

 

 

Acertó la gaviota

viernes, 3 de febrero de 2023

La cafrería española

 


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    España es racista, pero su racismo es relativo, el peor de los racismos: un racismo que da igual, pues la palabra “relativismo” alude a “una escala móvil que produce lecturas diferentes en situaciones similares”.


    –Fue en un contexto de máxima rivalidad y duraron unos segundos –argumentó con relativismo jurídico la fiscalía madrileña su archivo de las denuncias por los cánticos contra Vinicius (“¡Eres un mono, Vinicius, eres un mono!”) en el Civitas, que abochornaron incluso a ese hombre con cara de molde del Monte Rushmore que es Pedro Sánchez.


    En España, el racismo es relativo, pero la cafrería es absoluta e impregna todos los gremios, pues constituye nuestro Zeitgeist. Según la doctrina oficial, la que despachan los medios, este Zeigeist responde a otro concepto alemán (¡y schmittiano!), “Herausforderung”, que contiene tanto el sentido de un “challenge” como el de una “provocación”. Vinicius provoca en el Civitas igual que Ayuso provoca en la Complu, donde tiene que salir al corte Eli, que hace de lateral derecho expeditivo para ganarse el cuarto de hora de gloria prometido por Andy Warhol, que aquí es Ferreras. Isi, Maffeo, Raíllo… ¡y Eli! (
Elí, Elí, ¿lama sabactani?), los héroes mediáticos del Callejón del Gato.


    La España cafre que grita “mono” a Vinicius en el estadio es la misma España cafre que grita “asesina” a Ayuso en la Universidad, es decir, la España de la sartén por el mango: el mango de la Revolución Pendiente con su aire amenazador y, sobre todo, grosero, “hijo del feísmo y de un rencor acumulado que encoge el alma y nos tiene a todos en una nerviosa provisionalidad”, como lo describiera Ruano.


    –La Uefa estudia una denuncia contra “el racismo anticatalán del Real Madrid” –tituló un periódico de Barcelona cuando Mourinho, víctima, por portugués, de la cafrería hispánica, que inspiró a Ricardo Bada uno de sus rizomas: “Seré racista, carajo. Mourinho, como su mismo nombre dice, es un morito, que se las da de Cristiano. ¿O es que nadie sabe portugués?”


    En esta sociedad encanallada por siglos de servidumbre voluntaria (y de la otra), uno puede levantar el meñique y negar que España sea racista con la cosa de que en “La Araucana” de Ercilla el protagonista es el toqui mapuche Caupolicán, y no el capitán español, con lo cual los cánticos contra Vinicius pueden ser, y citamos a la fiscalía, “desagradables”, ¿verdad?, pero no constituir delito, además de que la policía no pudo identificar a los tenores, “toda vez que el sistema de grabación del estadio no graba”.


    Racista era Darwin, que atribuía el éxito colonial a “la osada e insistente energía” de los ingleses. Y Voltaire, que ahí lo dejamos. Ni que decir tiene que los nazis eran racistas, si bien los americanos mantuvieron la segregación durante toda la guerra. Y Fidelón (padre gallego y madre libanesa) se hacía llamar “afrolatinoamericano” al tiempo que negaba la salida de Cuba a los negros (hasta el Mariel).


    España es cafre.

 

[Viernes, 27 de Enero]

 


Viernes, 3 de Febrero

 


Morantina inglesa

jueves, 2 de febrero de 2023

La Candelaria

 


La Real y Antigua de Gamonal

Candelaria de Arroba de los montes

 Candelillas y cestillo con las dos tórtolas. 2016

 

Francisco Javier Gómez Izquierdo

 Sociólogos y psicólogos -no todos, pero sí una mas que apreciable mayoría- suelen acampanar la voz y ponerse trascendentes para explicar lo que todos vemos. Incluso los que no tenemos estudios. Dicen por ejemplo que los habitantes de ciudad son más individualistas que los de los pueblos. Otra cosa que dicen es que los de pueblo adquieren conocimientos sobre la naturaleza que a los de ciudad se les escapa. Eso no quita para que estos sociólogos y psicólogos que se han metido a aprender cosas obvias para venderlas muy caras desde salones con muchos cables y ordenadores en edificios de la gran ciudad, se empeñen en organizar la vida de los aldeanos.


      Los de pueblo de verdad, los que  siembran en "el Tardío",  hacia Todos los Santos  porque el agua de San Vicente (27 de septiembre) es simiente o los que saben que cordero, cordero, el de enero... tienen sus ritos y costumbres y tal día como hoy, día de la Candelaria, gustan de acercarse a la Iglesia y ver qué pasa con la vela cuando sale la Virgen de procesión. "Si por la Candelaria plora, ya está el invierno fora, y si no plora, ni dentro ni fora."


     La Virgen de las Candelas es festividad muy pueblerina. Al parecer su origen es canario, pero lo cierto es que está extendida por toda España. El pueblo entero de mi doña, sin fisuras, se identifica con día tan propicio para las madres y hasta los no creyentes tienen un respeto reverencial por la Candelaria y no se conoce de nadie que se niegue a comprar las tirillas de los números con que se sortea "la candelilla", un dulce en forma de rosca de miel ofrecido con sentimiento y devoción por oferentes -mujeres casi siempre- que piden vez en la parroquia para concretar el año en el que cumplir sus promesas. De la elaboración y presentación de la candelilla ya dimos cuenta cuando Mari Carmen y mi doña se emplearon en tan gozoso menester allá por febrero del 16 de este siglo.


     Las Candelas es fiesta mayor en Gamonal, pues fue pueblo antes que barrio y tengo leído que eran 19 los pueblos que se juntaban en la Real y Antigua a festejar en los siglos XVII y XVIII.  El viernes pasado, a las ocho de la tarde, en la imponente iglesia leyó el pregón una chica de las Mil que sale en la tele y los festejos duran hasta este fin de semana. Hoy, a estas horas que escribo, los padres de los nacidos en el año llevan a sus criaturas a "la misa de la Luz", un rito gamonalino a carta cabal. Quizás las celebraciones huelan a pueblo chico, como el de mi doña sin ir mas lejos, pero uno está a gusto y orgulloso de seguir sintiéndose pueblo-pueblo y agradecería que estos psicólogos y sociólogos, muchos de ellos de género femenino, nos dejaran en paz, porque de verdad, de verdad, los de pueblo, no los necesitamos para nada.

Caravaneros


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    El Bannon de Rajoy, Lassalle, arremete en un libro contra el populismo, que es el nombre que en las culturas de democracia orgánica se da a la democracia representativa.
    
Ciudadano blanco del Medio Oeste que vive en una caravana, cobra un subsidio y pasa horas delante del televisor con el rifle en el regazo… –es el retrato del elector populista que hace Lassalle (en cita que debo a la generosidad de Gregorio Luri).
    
En la democracia representativa, el voto del ciudadano blanco del Medio Oeste que vive en una caravana, cobra un subsidio y pasa horas delante del televisor con el rifle en el regazo vale exactamente lo mismo que el voto de un gafapastas con cargo extravagante y nómina del Estado como Lassalle. ¿Qué parte de esta evidencia no entiende la derecha antipopulista?
   
La democracia (fuerza del “demos”) dirime cantidades, no calidades. Es la ley de las mayorías. Y no le debe nada a la Ilustración, ese tabarrón salesiano (de Lassalle). A la Ilustración debemos el terror de la Convención, la corrupción del Directorio y el militarismo del Imperio. Por deber, la democracia debe más a la religión (de la gente del “Mayflower”), y esto, que ya lo dice Tocqueville, tendría que saberlo un ayudante de Peces Barba, cima de la socialdemocracia democristiana en Las Batuecas. A la religión y, desde luego, al rifle del caravanero, que conquistó su libertad constituyente contra el parlamentarismo británico, aunque uno decidió hace tiempo no intentar explicar a los batuecos salesianos (de Lassalle) la grandeza política de la Segunda Enmienda americana.

    Además, con el ejemplo del caravanero blanco Lassalle se queda viejo: Trump ganó en más de tres mil de los casi tres mil doscientos condados de la Unión, y eso supone muchos caravaneros, que encima son pobres. Lo nuevo es que los “blancos pobres” votaron a Clinton, y a Trump, los “blancos racistas”, y eso supone mucho racismo y otro ensayo que Lassalle, que tiene tiempo, ya estará redactando.
 

 [Publicado el 13 de Agosto de 2017]

Jueves, 2 de Febrero

 

Polígono

miércoles, 1 de febrero de 2023

Jack y Jean-Jacques



Menipo

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Menos aspavientos con Casado, que el hombre se limita a cumplir con la misión histórica del partido de Fraga (aquí, como quería Croce, la historia es siempre contemporánea): incorporar (“integrar”, en jerga de Leibholz, ideólogo del Estado de Partidos) a la derecha social al consenso de turno. Primero, al consenso setentayochista, el de reparto de la herencia. Y ahora (en junio del 16 se anunció editorialmente en el periódico de las elites), al consenso separatista, llamado federalista, un descalzaperros pasado por Proudhon, Pi y Hamilton, pero sin quedarse en ninguno de los tres.
    

Somos partidarios de un modelo federal en un espacio europeo liberal-demócrata (?) –dijo Rivera un día, y ésa es la “idea” de Casado, que sólo cambia de ídolo: el de Rivera era Suárez, el del aeropuerto, y el de Casado, Jack, el ceo de Twitter, con más dinero que Onassis y con más mando que Franco, para que lo entiendan los viejos del partido.
    

Desde luego, es el consenso ganador (Vox se quedó en el 78, como la mujer de Lot).
    

Jack, un señoritingo vestido de Menipo de Velázquez con arete nasal indicativo de casta, tapa la boca a su presidente, que lo es de los Estados Unidos, “para salvar la democracia”. Jack es el Jean-Jacques Rousseau del Gran Reseteo, y cuando Casado, líder de “la derecha clasicista e intelectual”, quiere llevar Silicon Valley a la Barceloneta de Ivà (a Madrid quería traer la City de Boris), lo que quiere es que lo vean tan sensible como Jean-Jacques y tan moderno como Jack.
    

Él entró en el siglo como uno de esos energúmenos que, vomitados del desierto, ataviados con un saco viejo, ceñidos con pelo de camello y la cabeza cubierta de ceniza, pasean su llanto melancólico por las calles de Sión –fue la respuesta de Maurras a Barrés en la Asamblea Nacional con motivo del bicentenario de Rousseau.


    Como Maurras en Jean-Jacques, Casado cree escuchar en Jack el llanto de un derviche dispuesto a “salvar la democracia”. Nuestra derecha es romántica y llega San Valentín.

 

[Publicado el 18 de Febrero de 2021] 

Miércoles, 1 de Febrero

 

 

Vuelta al ruedo con devolución de prendas

martes, 31 de enero de 2023

Hughes

 

Curtis Yarvin & Hughes


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Y ¿cómo firmará usted, amigo Martínez Ruiz, en el ABC?, preguntó don Torcuato, que quería suprimir los seudónimos. “Azorín, naturalmente”, contestó el nuevo. “¿Y por qué no se aviene usted a firmar con su nombre y sus apellidos?” “¿Suprimiría usted la marca ‘La Giralda’ (negocio de don Torcuato) en las botellas del agua de azahar? Pues ‘Azorín’ es mi marca de escritor.”


    Pemán, el único que tenía, con Ruano, eso que Umbral llamaba “el secreto del artículo”, dijo que Martínez Ruiz hizo a “Azorín” para que se atreviera a lo que no se atrevía su timidez, que no es el caso de Hughes, pues él quería ser Francisco Santas, pero en ABC le dijeron: “Hemos invertido en Hughes”. Y como Hughes cumple ya una década, de la cual nos cae ahora, como regalo del cielo, un libro (“Dicho esto”, se titula la selección de textos) que es el gotelé cultural de este tiempo de España… ¡y del mundo!, pues Hughes, al no ser publicista de pandilla o de partido, puede observarlo todo, libre como un mochuelo, en la rama más alta del olivo.


    Los dos talentos que a uno lo han deslumbrado en el periodismo (“pupila y muñeca”, según Ruano), José-Miguel Ullán y Hughes, no son periodistas, y son, sin embargo, quienes mejor han cortado con el cuchillo jamonero del humor el meme cultural de España, que es el jamón. Somos “una rumba bailada alrededor de un jamón”, en metáfora del cubano Bobadilla. Un jamón a defender de las uñas ajenas con los dientes propios, como hacía Pepe Brajeli (apoderado de Curro), colocando su dentadura sobre el plato de ibérico, si tenía que ir al lavabo.


    –A mí me gusta viajar con un jamón –contaba en su día El Cordobés, que fue nuestro David Bowie–. Al llegar  al hotel, lo cuelgo en la ventana y voy cortando.


    Este libro de Hughes hace de Hughes el Homero de “piperos” y “liberalios”, hallazgos suyos, pinchándolos con su pluma sobre el papel, como a esos insectos de engorde que cría Bill Gates. ¡Hay que ver cómo ganan los artículos de Hughes en papel! Sobre ello algo nos dijo Ullán tirando de un maestro zen que veía el universo entero encerrado en una hojilla de papel sobre la cual flotaba una nube.


    Sin nube, no hay papel. Nube y papel “entre-existen”. Y sin sol, tampoco habría papel. El sol, pues, está en el papel, así como el leñador que corta el árbol, el pan de trigo que lo alimenta, la señora madre del leñador, todo: “Si la nube regresa al mar, el rayo solar al sol o el leñador a su madre, adiós papel”.


    Hughes pide papel, y hay que dárselo, si queremos leer cosas como ésta: “Los centristas, que no han dejado de equivocarse en los últimos años, siguen ahí, Dios los guarde, mirando la actualidad desde su colina de libros y moderación, esa altura montaigniana”.


    A Montaigne lo despertaba un criado “tocando la flauta suavemente” (¡con moderación!), y sólo Hughes podía entrar a cuchillo (jamonero), porque lo tiene, en este “montañismo” español, “ondoyant et divers”, que nos despeña.

 

[Martes, 24 de Enero]

Fríos

 

Descanso en la faena en la

 Plaza de Abades

 

Contenedor en el patio de los naranjos

 de la Mezquita


Francisco Javier Gómez Izquierdo

    
         Existe un frío en Gamonal que sólo se ausenta a mediados de julio. "En llegando el mes de agosto" se regenera y como si su intensidad la dirigiera un demonio con batuta apostado en parte de lo que queda de la campa de los chalets de Aviación, el aire del Norte aviva racheado la friura con intensidades caprichosas nada más doblar la Calle Vitoria en dirección a la carretera de Poza de la Sal, y allí el extranjero experimenta en sus propias carnes esa fama de "hijos del Frío" de la que presumen los aficionados del Burgos y hasta los toros de Antonio Bañuelos. El frío de Burgos es el aire del Norte. Ocho grados con este viento es mucho más desagradable que menos cuatro en calma. El frío de Burgos es a la intemperie. En casa, con calefacción, ver nevar desde la ventana hasta produce placer.


    En Córdoba también se pasa frío. En Córdoba el frío se padece en las casas, preparadas más para combatir "la caló" que el menos tres. Aclaremos que muy pocos días y años más bien raros como el presente. En casa, comprada con toda intención orientada a la umbría, tengo frío. "Más frío que en Burgos", dicho muy repetido por los cordobitas. Como no es cosa de estar acurrucado al brasero y uno ya saben que es de andar sus kilómetros todos los días me he acercado a la judería donde las brigadas de recogida de naranjas están a pleno rendimiento. Allí, un guiri de por lo menos Holanda, toqueteaba las naranjas amontonadas en un contenedor del patio de la Mezquita hasta que eligió la que le pareció más apetecible. Con idioma de mudo, dedos juntos dirigidos hacia la boca y un no enérgico con el índice, le advierto que son ácidas e incomibles. El guiri sonríe con cierta beatitud y se echa dos gajos al coleto... y luego otro, y otro..., hasta acabarla. Coge otras tres y las mete un morralillo. Le miro con cara de tonto, supongo, mientras veo cómo se dirige a la puerta del Perdón. "Hay gente muy rara, con gustos extravagantes a los que han llegado no se sabe cómo..." me voy diciendo, "...gente que no creía que pudiera existir..."


      Creo pertinente señalar que se recogen unas 1.600 toneladas de estas naranjas amargas. No sé cómo va el porcentaje, pero con uan parte de ellas se hace jabón, con otra abono y creo que la mayoría se destina amermeladas.

Martes, 31 de Enero

 


Lorenzo en Brighton

lunes, 30 de enero de 2023

54 years ago

 

[Al fondo, Yoko con bolsa del Cortinglés]

Rock and Roll Garage
@rocknrollgarag1


54 years ago, on January 30, 1969, The Beatles performed at the rooftop of their Apple Corps headquarters at 3 Savile Row, in central London's office and fashion district.

Primera regla de Bear Grylls

Bear Grylls

 

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Primera regla de Bear Grylls, ex militar del SAS británico y aventurero en la TV: “Nunca gastes en capturar a un animal más energía que la que te proporcione comerlo”.


    Con la estructura actual del fútbol, la Copa del Rey es un trofeo de segunda cuya conquista exige más energía que un trofeo de primera: el negocio sólo es para el Barcelona, que se garantiza jugar la Copa Rubiales en Arabia, el desierto donde brillan sus luceros Pedri y Gavi, con los que el Relato antimadridista escribe luego sus mil y una noches del “fúpbol”, más las opiniones políticas de Xavi, que en la “jaima” se suelta como un Richard F. Burton egarense.


    Para afrontar con garantías la Champions, que es su competición, el Real Madrid debió presentarse a pelear la Copa en Cáceres con el Castilla; y luego, en Villarreal, lo mismo; y ahora no estaría en la necesidad de desgastarse inútilmente con la peña de Simeone, quemando a Vinicius, que está pidiendo a gritos un Manolín Bueno.


    Manolín Bueno era el suplente de Paco Gento para los partidos en que no convenía poner en riesgo a Paco Gento (por ejemplo, en San Mamés), el Vinicius de la época, si bien los que pegaban a Gento no tenían la claque mediática que tienen hoy los que pegan a Vinicius, convertido en el Cascamorras de la Liga de Tebas por el Relato antimadridista, del que forma parta la TV pública, cuyos sacamuelas censuran en las acciones de Vinicius, no las patadas que recibe, sino las protestas que manifiesta.


    La soledad del portero en el penalti es una broma al lado de la soledad de Vinicius ante el lateral derecho, puesto estelar en la Liga de Tebas, que ha consagrado como figuras a Baillu, Maffeo, Raillo, Foyth o Mandi, todos ya con su Homero en los medios, donde son presentados como Ulises atados al mástil para resistir las provocaciones de las sirenas, que siempre son Vinicius. En el Relato antimadridista, Pedri es jugón y Vinicius es provocador; Gavi es fogoso y Camavinga es karateca (esto, a sabiendas o no, lo divulga Valdano), y para el árbitro resulta moralmente más asequible tarjetear a un karateca que tarjetear a un fogoso.


    Esta lluvia fina del Relato antimadridista cala en el piperío, propenso a dejarse impresionar por las hermanas Izquierdo del “mainstream”, que le calientan la cabeza con que Bale es mal madridista porque juega al golf o con que Tchouaméni (mi imperial Aurealiano) se va a un partido de baloncesto en vez de escuchar los comentarios de Carlos Marchena al Villarreal-Real Madrid, entre ellos el de que las rayas del Var “las tiran humanos, y los humanos se equivocan”, obviando la observación de Mae West, que dijo: “Errar es humano, pero sienta divinamente”.


    Divinamente, desde luego, le sentó al Villarreal la raya que validó su segundo gol, el que hizo exclamar a los narradores: “¡Eliminatoria encarrilada! ¡Castigo importante!” ¿Por culpa de quién? De Vinicius, que se dejaba la energía en hablar en vez de hacerlo en jugar. ¿Con quién hablaba? Con el portero suplente del Villarreal, Pepe Reina, célebre gagman internacional, cuya “fogosidad de capitán” (“es que lo vive, que lo siente, que lo sufre”) le hacía dar conversación al extremo del Madrid, que tiene de los nervios al antimadridismo, que ahí se pierde hasta Parejo, soberbio jugador que contra el Madrid deja escapar detalles de Rencorejo.


    Tráiganle un Manolín Bueno a Vinicius y sáquense del centro del campo a los treintañones, que Rudiger empieza a sufrir el síndrome Samuel, central sin laterales para desahogar y sin centrocampistas para picar, trabajo que hacía Casemiro, que incluso tiene cara de picador (el Relato antimadridista ha aprovechado la sanción a Casemiro por amarillas en Manchester para compararlo con Panadero Díaz: ya saben, “la permisividad arbitral con Casemiro en España”). Para un central recién llegado, parar delanteros a pelo, o a capela, es como poner banderillas en Lisboa, donde no está permitido picar, y el toro se te viene encima entero. Ahora que llega lo gordo, el ideal antimadridista sería neutralizar mediáticamente a Vinicius por provocador, a Camavinga por karateca, a Aureliano por  falta de compañerismo y, de paso, a Rudiger por loco.


    El antimadridismo rampante, relanzado con los fastos de la Copa Rubiales en Ryad, es la rama deportiva del rencor igualitarista de España que en la capital yita cantos al forastero (¡el antimourinhismo!) para que se vaya, y si se queda, lo tira al pilón.




ANCELOTTI Y ARAGONÉS

 
    En un arranque de humildad zapateril (“a humilde a mí no me gana nadie”, llegó a decir Zp en el Congreso), Guardiola ha dicho a los ingleses algo a lo que nunca se atrevió Churchill: “Lo siento por mis ‘haters’, pero estaremos en los libros de historia”. Mientras, el pobre Ancelotti, despojado de toda su historia por Xavi en la Copa Rubiales de Arabia Saudí, se vio en Villarreal ante la necesidad de recordarle al veinteañero Rodrygo, cabreado por un cambio, lo elemental: “Tú a mí me saludas”, que ha escandalizado tanto como en su día el “Je vous salue, Marie” de Godard, pero el tuteo de Ancelotti a Rodrygo es la versión Murphy del usteo de Aragonés a otro brasileño, Romario: “Míreme a los ojitos”. ¡La jerarquiología!
 

[Lunes, 23 de Enero]

Lunes, 30 de Enero

 



Sin pedo libre

domingo, 29 de enero de 2023

Remembranzas trevijanistas XL




MARTÍN-MIGUEL RUBIO ESTEBAN
Doctor en Filología Clásica


Para Trevijano la negación de valor estético a la obra artística producida por la cultura modernista está justificada. Queriendo ser un movimiento de influencia social y política, a la vez que experimentador de virtualidades de la materia, el arte modernitario ha roto tres principios de la estética. 1. La belleza no consiste en la emotiva expresión de una pasión exhibicionista, sino de una pasión domada, mitigada o disimulada mediante reglas del oficio. 2. Los ensayos experimentales de materias sin forma, o de formas sin materia, legítimos en la ciencia y en el pensamiento metafísico, no son susceptibles de representación artística, pues la presencia de la razón en el arte no fundamenta la razón del arte. 3. Los propósitos utilitarios de la artesanía y la decoración son incompatibles con los fines desinteresados de la expresión estética en el arte, aunque no porque sean útiles las cosas cesen de ser bellas, como creía Théophile Gautier. En la noche del arte todas las cotizaciones parecen pardas. La cotización de las famas mediáticas pone en el mismo nivel artístico los fracasos de Mark Rothko, o los fraudes de Andy Warhol, por ejemplo, y las excelencias pictóricas de Jakson Pollock o Francis Bacon. Las numerosas escuelas o estilos modernitarios que han embarullado y ofuscado el panorama del arte, se podrían reducir para Antonio García-Trevijano a las seis matrices fundadoras que quisieron acabar con el predominio del impresionismo, y de sus magníficas secuelas en el arte de la modernidad: la escuela simbólica, la primitiva, la formalista o geométrica, la deformista o grotesca, la informal o abstracta y la amorfa o materialista. Las únicas herramientas objetivas de que se puede disponer para discernir el grano de arte, en la paja de la producción mercantil de obras modernitarias del arte, son las que nos prestan gratuitamente las obras maestras del siglo XX. La estética de estas grandes obras permite descubrir los fracasos y los fraudes de las imitaciones, mistificaciones, sofisticaciones e impudicias de los simples objetos de arte, sin arte, que llenan salas de galerías y museos provincianos.

Las vanguardias artísticas han sido víctimas de una lamentable confusión. Se creyeron revolucionarias por el mero hecho de decirlo con estilos chocantes. Pero una cosa es la revolución social o política en el arte, y otra, el arte de la revolución artística.

No he conocido ningún experto en arte que relate la historia y lo que nos cuenta cada cuadro como Antonio. Sus descripciones literarias, llenas de inteligencia, sensibilidad estética y erudición artística, hacen que los cuadros nos hablen y nos digan su verdad.

El Grito, de Edvard Munch. Obra maestra de las inspiraciones locas del arte en la que la cruel indiferencia de la Naturaleza ante el insoportable sufrimiento moral de un adolescente cadavérico que grita enfatiza la angustia existencial, el espanto de un drama social repugnante, la pulsación tanática, y subleva el sentimiento instintivo del espectador. Las señoritas de Aviñón, de Pablo Picasso. Aquí Trevijano sostiene los mismos puntos de vista que Matisse ( “Burla del arte moderno”), Braque ( “nos quiere dar a beber queroseno” ), y Stein ( “horrible revoltijo” ). Este cuadro carece de reglas objetivas del oficio y de emoción expresiva, y en lo relativo a la representación plástica de la prostitución supuso un retroceso respectos de Gauguin y Toulouse Lautrec. La encantadora de serpientes, del aficionado Henri Rousseau, funcionario aduanero, representa el sueño feliz de un funcionario aduanero, estremecido por una diosa minoica, naïf de cabeza, que no de corazón, como lo es también la ingenua pintora del Árbol del Paraíso, Séraphine Louis. Desnudo femenino de medio cuerpo con sombrero, de Ernst Ludwig Kirchner, manifiesta, en palabras del propio pintor, un profundo amor por la figura femenina, y que “una cosa así sólo puede pasar una vez”. La gracia del gesto espontáneo, la belleza sensual y misteriosa de la muchacha, la armónica entonación del color, el riguroso esquematismo del dibujo y la maestría de la línea de contorno, hacen comparable su estética de la feminidad a la que expresan los desnudos de Manet y Modigliani. La novia del viento, de Oskar Kokoschka, nos impresiona el ánimo. El amor desenfrenado sólo es vencido por la naturaleza insobornable del hastío, como ya nos lo dijese Catulo. El arte ha metido la crueldad del amor carnal en el torbellino etéreo de la lucidez de un hombre roto y despellejado, junto al que yace el vigoroso cuerpo intacto de una mujer, que sólo es hermosa porque está dormida. La modelo del cuadro fue la bella Alma Schindler, esposa de varios hombres de genio, y que tuvo una relación adulterina y tormentosa con Kokoschka, entre 1911 y 1914. Para huir de la voraz Alma el pacifista Kokoschka se alista en la Gran Guerra donde buscando la muerte es gravemente herido en 1915. Feininger –nos decía Trevijano– tiene hoy más fama en EEUU que en Europa. En España sólo es conocido por los eruditos y los amantes del gran arte. Y, sin embargo, sus paisajes urbanos de Gelmeroda (Estanque de pueblo, de 1922; la serie de fachadas de la iglesia gótica, con diminutas siluetas humanas de hábitos negros entrando en ella, de 1926; y sus originalísimas “vedutas” del mar Báltico, especialmente la confusión de mar y playa en los balandros de Antes de la lluvia, de 1927 ), por la lucidez mental de la composición, la inusual armonía de muy pocos colores fríos-cálidos, el esquematismo de la formas y la expresión de paz infinita, constituyen una de las creaciones más emocionantes, elegantes y espirituales de la pintura figurativa, en toda la historia del arte. Cuando regresó a EEUU hizo tan difuminados y brumosos los contornos del dibujo, que se aproximó a veces a las bellezas sublimes de Turner.

Para García-Trevijano, Soutine llegó a conciliar el expresionismo de Van Gogh con el realismo de Rembrandt. Para comprender la grandeza artística de Soutine, y la profundidad de su significado humanista, basta comparar su Buey muerto de 1925, con el Buey desollado de Rembrandt. Una misma pieza de carne abierta en canal, colgando de las patas traseras, está dibujada de la misma forma en ambos cuadros, para poder expresar con colores diferentes ideas radicalmente opuestas. Rembrandt describe la idea de la muerte, en tanto que proceso natural de la vida, con el color amarillento de un animal desangrado para el consumo humano. Soutine denuncia, con color de sangre y negruras, sobre un fondo de puro azul cielo, la bestialidad de la muerte en tanto que asesinato de la vida. Si en aquél nos sorprende la dura belleza de la descripción, en éste nos conmueve la dramática intensidad de la emoción. La mayor abstracción de Soutine y la viveza de los contrastes de color, permitió que su buey muerto superara al desollado de Rembrandt en la expresión de sentimientos. Además, este cuadro extraordinario nos parece que presiente la indiferencia de la humanidad ante la previsible masacre del pueblo judío.

Como se puede ver, Trevijano siempre fue atrapado por la belleza de aquellas obras maestras comprometidas con lo humano, y cuyos artistas se sentían de algún modo corresponsables con las alegrías y tristezas del mundo. Es la misma razón que hizo que Dios naciese niño indefenso, como modo de experimentar el riesgo de su Creación y comprometerse totalmente con ella.

[El Imparcial

Domingo, 29 de Enero

 

Invierno inglés

"Bienaventurados los pobres"...

DOMINGO, 29 DE ENERO

EN aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:

-Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.


Mateo 5,1-12a

sábado, 28 de enero de 2023

Pulgones


Consensos


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

El consenso es el pulgón del oligarca.

Como el “diputado catalán” que describió aquí Fernández Flórez, el oligarca cuida al pulgón, lo saca por las mañanas, lo coloca en las plantas que son para él más sabrosas, le deja hacer allí lo que le da la gana: sorber el zumo, tomar el sol, pasearse, amarse... Luego lo recoge y lo vuelve a guardar en su galería. ¿Qué le exige a cambio de esto? Casi nada. El pulgón exuda un líquido azucarado del que el oligarca hormiguero es tan goloso que por conseguirlo y saborearlo descuida hasta el cuidado de sus propias larvas y deja extinguir la comunidad. ¡Y a ésas hemos llegado!

En el Régimen del 78, y a resultas de la corrupción moral, se solapan hoy dos consensos: el fundador, en el que ya sólo está Vox (y por eso ese partido es presentado por el sistema como antigualla de Recaredo), y el separatista, editorializado (“Pactar Cataluña”) en junio del 16 por el periódico global y bendecido por toda la partidocracia andante, aunque en la puntilla a la Nación (¡que es la Nación lo que estorba!) cada cabestro juega, de la Filosofía a la Academia, el papel asignado por los Floritos que nadie nombra.
¿Naciones? ¡Huy, qué horror! ¡Qué fascismo más gordo!
Sólo el consenso separatista, que va ganando, hace “comprensible” a un adulto la existencia en la Constitución de ese “drógulus” metafísico del 155:
Suponga, padre –dice el filósofo Ayer al cura Copleston en la BBC–, que digo “Hay un drógulus allí”, y usted dice “¿Qué?”, y yo replico “Drógulus”, y usted pregunta “¿Qué es un drógulus?” “Bueno, digo yo, no puedo describir lo que es un drógulus porque no es la clase de cosa que usted pueda ver ni tocar. Pero hay un drógulus justo detrás de usted, espiritualmente detrás de usted.” ¿Tiene eso sentido?
¿Tiene sentido la piñata Xavi-Casillas de la Concordia, si Xavi presume de “odiar al Real Madrid” como “te enseñan en Cataluña”? Sí, si hay Casillas que compran que el demonio del odio es… Mourinho, que pasaba por allí.
 

Cabestros
 
[Publicado el 7 de Febrero de 2019]