lunes, 15 de abril de 2024

Médico español en Irlanda. Situación desesperada



Eduardo Gavín


Hace 25 años, cuando terminé los estudios de medicina, la situación de la profesión era desesperada. Una bolsa histórica de desempleo, fruto de una intencionada y populista mala gestión que había masificado las facultades en los 80, se cernía sobre nuestra cabeza, condenándonos al más que probable paro, a los empleos precarios o a aceptar cualquier cosa que surgiese. Como anécdota, recuerdo que, al ir a recoger el título de medicina, el funcionario de la secretaría me deseó suerte y me hizo saber que él era médico también. Por si fuera poco, el gobierno del ahora estadista González había despojado a la Universidad de la facultad de dar capacidades laborales, una vez que el título de Medicina y Cirugía pasaba a necesitar el complemento de una especialidad para poder trabajar. El seis igual a cero, no sé si se acuerdan, una vez que ahora se quiere otorgar capacidades médicas a quien ni siquiera tiene el título de medicina.


Así que, dado que me apetecía cambiar de aires y salir de la muy ventosa y noble Zaragoza, cogí los bártulos y marché a hacer la especialidad que quería (de entre tres candidatas) a Lisboa. En aquel momento, el salario de un residente allí era casi el doble que el de un residente en España y los precios eran más bajos, así que la sensación fue semejante a ser rico, aunque fuese a ratos (o sólo a primeros de mes). Hice la residencia y luego encadené una serie de contratos fijos que yo mismo interrumpía por la llegada de mejores ofertas. Y así transcurría la vida en Lisboa, hasta que recibí la llamada de la patria en forma de oferta laboral en un hospital que era, para mí, objeto de culto dentro de la especialidad, la Fundación Jiménez Díaz. El prestigio de sus profesionales en mi especialidad era enorme y volví a España, a Madrid, ciudad a la que no puedo tener más cariño.


Sin embargo, nada más llegar, antes siquiera de empezar a trabajar, comenzaron los problemas. Corría el año 2010 y el señor Zapatero anunciaba un recorte de salarios del 5% (que fue más bien el 15%) en los salarios de la función pública y la Fundación, pese a ser privada, tenía los salarios adscritos a los de la Administración, así que, antes de empezar, mi Españita había hecho de las suyas.


Pese a ello, y pese a los años de aprendizaje profesional y humano que fue mi paso por la Jiménez Díaz, pasé a la pública fetén. Y ahí el comenzó el calvario.


Calvario, sí. Un sistema ineficiente a más no poder, decisiones arbitrarias y despóticas por parte de todos los mandos, manditos y mandones y un sinfín de engaños, estafas, sisas, burlas y bajomanismos, escatimando cada euro al que tenía derecho y poniéndome siempre la zanahoria delante del hocico para que siguiese corriendo. Mientras el trabajo aumentaba sin freno (el 50% más en 9 años, sin aumentar la plantilla), el salario permanecía ridículamente parado, con subidas del 0,5% anual que se acababan de pagar a final de año. Igualmente, las pagas extra absurda e ilegalmente recortadas, el contrato era renovado año a año (hasta 7 años) se me negaban los trienios (finalmente reconocidos a medias) o la carrera profesional. Esta última es mi favorita. Tres veces la solicité. En la primera ocasión, el hospital no envió el papel a la Consejería (lo sé porque una amable funcionaria me lo mostró, tirado en una caja, junto al de otros siete u ocho compañeros). En la segunda, me otorgaron (como si fuese un favor) el llamado “Nivel 0”, que no se remuneraba pero que, en el futuro… ah, el futuro. Y por fin, hace un año, me concedieron graciosamente el nivel 1. Con 49 años.


Todos estos abusos frente a la aparente pasividad de compañeros, colegio, jefes… y sindicatos que, al menos, tímidamente y de vez en cuando levantaban la voz.


El caso de los colegios es quizá, el más execrable. Pues, aparte de cobrar religiosamente sus elevadísimas cuotas a cambio de nada, debería ser el garante de la conformidad y cumplimiento documental y académico de todos sus colegiados, así como de evitar los abusos sobre la profesión, vengan de donde vengan. Pues nada, tienen psiquiatras para los quemados y ofertas del 5% para ir al Parque de Atracciones. Ah, y unos correos que ya –gracias a Dios– no mandan, donde explicaban cómo emigrar, como si ellos lo supieran.


Aun así, con estos mimbres, los sindicatos consiguieron las migajas de trienios, subidas de 25 euros mensuales, carreras retrasadas, etc. Poca cosa, limosnas, pero las celebrábamos con resignación silenciosa o incluso agradecida.


A mi entender, esto que cuento no se puede llamar más que situación desesperada, como la del inicio. Sólo que ahora las cosas son muy diferentes. No reflejan la realidad del mercado. La escasez de médicos en todo el mundo es notoria y basta saber algún idioma para recibir una llamada, como me sucedió a mí y de nuevo, tomar las de Villadiego, esta vez a Irlanda.


Y nuevamente, la mitad de los problemas desaparecen.


Llegué a Irlanda el 29 de febrero. El primer día, se me asignó (obsérvese que no se me concedió ni se me otorgó, bastó presentar los papeles con mi vida laboral) el nivel 6 de carrera, el más alto. Se me firmó un contrato indefinido, para pasar a plaza estructural en un par de meses. Y mi salario base es exactamente un 475% del que percibía en España. Repito: el 475%. No falta ninguna coma o decimal. Curiosamente, es exacto.


Podría ser un golpe de suerte, dirán muchos. O que Irlanda es un caso especial. Pero en Francia también se triplican los salarios. Lo mismo en Bélgica o el Reino Unido. En los países nórdicos, depende, son de entre el doble y el cuádruple. ¿Y en Uruguay? Vean los salarios en Uruguay y me cuentan.


Así que sí, la situación es desesperada, pero no para nosotros. Es desesperada para los politicastros españoles que piensan que pueden sostener con corchos un sistema que hace aguas por todos lados. Es desesperada para el funcionamiento racional de los hospitales, con salidas e incorporaciones permanentes, sin equipos, sin estructura, sin solidez. Pero, sobre todo, es desesperada, aunque no lo sepa, para el paciente o como los cursis que “administran” la sanidad prefieren llamarlo: “usuario” o incluso “cliente”. Porque la fuga es masiva y va a ser más. Y porque, por más que la administración traiga médicos de otras latitudes y que el colegio acepte colegiados hasta quemar los sellos de caucho, no serán suficientes para sostener el edificio. No el edificio que conocemos. Quizá uno en ruina y apuntalado. Hasta que les caiga en la cabeza.


Esta es la única realidad que espera.


En fin, voy acabando. Muchos pensarán que a santo de qué me pongo a largar ahora. En efecto, me resultaría más fácil callarme y mirar la chimenea, degustando un güisqui local. Pero me puede la rabia que siento viendo cómo se gastan dinero en estadios o en programas de telebasura en la tv pública, mientras dicen que no encuentran ni una monedita que dejarnos.


Es cierto que ya no es mi problema, pero yo, siendo sincero, preferiría ganar un poco menos y no sentir vergüenza de "la mejor sanidad del mundo".


Nada más tengo que añadir. Salvo que el uso de comillas es más sarcástico que evocador y que sigue lloviendo. No en Irlanda, no. Allí.

Sláinte.

Bendice, Señor, al leopardo

 


Ozores


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


El fútbol español está en brazos de la Justicia, la de la venda en los ojos, ésa que llevan los cetáceos del CTA de Cantalejo, nombre más técnico que el de trencillas o colegiados, tragados por el agujero negro del Negreirato, que “nos ha dao en el punto de flotación”, al decir del propio Cantalejo en un audio.


La noticia buena de la historia es que sin punto de flotación seguimos a flote, y eso es porque no sabemos, o no queremos saber, dónde estará el punto de flotación en la Uefa, que lucha contra la competencia española de la Superliga, ni el de la Fifa, con la timba sobre la mesa de un Mundial a tres bandas (España, Portugal, Marruecos) en pleno sanchismo carpetovetónico, movimiento que promueve la ozorización (Ozores) de España a base de Ábalos y de Rubiales, columnas de Hércules de nuestra Constitución material, la que vale.


Las dos caras más universales del fútbol español son hoy Rubiales y Vinicius.


El Barca y el Madrid pertenecen a la humanidad –dice una abadesa del periodismo que una vez le dijo un taxista marroquí, tal vez lector de Abdelkebir Khatibi, el poeta que presumía de girar alrededor de su verga desarraigada, cosa que volvía loco a Barthes (“Bonheur Khatibi”).


Bueno, pues Rubiales y Vinicius también pertenecen ya a la humanidad. A Rubiales lo recibieron en Barajas más periodistas que a Eisenhower. “¡Queremos saber!”, parecían gritarle. Pero todo lo que queríamos saber de Rubiales lo sabemos ya: llevó con “Geri” Piqué la Supercopa de España a Arabia, y lo hizo con la idea, o así lo explicó él en su día, de introducir las cogitaciones feministas en el desierto de las mil y una noches, y ahora Arabia presidirá el foro de la Onu de Guterres sobre igualdad de género. En la vida pública de Rubiales todo han sido ovaciones, y los que ovacionaban (¡De la Fuente!) continuarán en la Federación para mantener ese espíritu deportivo (¡el punto de flotación!) que tanta falta hace, es decir, que la vida seguirá igual, o no seríamos España.


Y en la cara opuesta al Celtiberia Show tenemos a Vinicius, a quien las maras mediáticas eligieron para negrito de la canción del colacao, pero él se rebotó, colocando a España en el mapamundi del racismo. Lo de Vinicius, pues, no sería un caso de injusticia, sino de “sinjusticia”, el maravilloso invento de fray Luis de León (“Adonde la azucena / lucía y el clavel, do el rojo trigo, / reina agora la avena, / la grama, el enemigo / cardo, la sinjusticia, el falso amigo”). Sobrepasadas por el escándalo, las maras mediáticas movilizan a sus moralistas (psicólogos) que instan a Vinicius a comportarse como Butragueño, pero Vinicius es un jugador de carácter, como Juanito (¡32 años sin Juanito!), a quien el Bernabéu sigue recordando en el minuto 7 de cada partido. ¿Dijimos Juanito? Y como Cristiano. Y como Zidane (¡aun sin Materazzi!). Y como Hierro. Y como Raúl. Y como Figo. Y como Hugo (que vino del Atlético con el repertorio de Luis Aragonés aprendido). Y por supuesto, como Di Stéfano, que era un César Girón (“¡cornás pa tós, hijos de p…!”) al iniciarse el paseíllo. El pipero no sabe que del Real Madrid, si le quitaras el carácter, quedaría lo mismo, dicho por Valle-Inclán, que de los hermanos Quintero, si se los tradujera al castellano. Sin carácter, Vinicius estaría jugando en segunda división con Tachi, el artista que le silueteó una taquilla de toros en el cráneo. Butragueño fue un jugador de meñique levantado, como Rodrygo, pero Vinicius es un jugador de carácter, como Juan Gómez (¡sin Matthäus!), que un domingo se escapó del cuartel para jugar, haciéndose llamar González, un partido de Liga con el Burgos en Puertollano contra el Calvo-Sotelo.


La TV pública metió a una periodista en la nevera porque en la presentación de Camavinga se le oyó decir, “a micro cerrado”, que el jugador “era más negro que el traje”, lo cual pudo ser una injusticia. Pero no sabemos de ningún estadio cerrado por haber recibido a Vinicius con el orfeón del “eres un mono” rematado en los medios con el consabido “Maitechu mía” (“Maitechu mía, / Maitechu mía / calla y no llores más”), y esto es una “sinjusticia”. Que la injusticia, dice con finura gaditana Pemán, es concreta y pasa.


La “sinjusticia” es vaga y queda.


Gracias a su carácter, Vinicius es la esperanza blanca para la noche del martes contra el City del “fair-play” financiero de Guardiola, al que Richard Keys, de la TV inglesa, pinchó con su lengua sobre unas imágenes (Pep abroncando en el césped al empanado de Grealish), como se suele hacer con un insecto repelente:


Es todo para las cámaras… Es muy cansado, ¿no? No debería estar en el césped. Vete al túnel de vestuarios. Y ahora va a todo el mundo a decir lo que han hecho mal…


El único temor al City guardiolés, cuya influencia catarí ya se ha cargado la seriedad de la Premier, es que Ancelotti vuelva a tirar para esta eliminatoria de los “bisas” del vestuario, como hizo en Manchester hace un año, con aquella escena de impotencia de Vinicius en plan Frank (Mel Gibson), el que más corría, en “Gallípoli”, pidiendo en plena masacre instrucciones para escapar a la “cagada” táctica del coronel.


¿Qué son tus piernas? Muelles de acero, ¿Y qué van a hacer? Llevarme a toda velocidad, ¿A qué velocidad puedes correr? A la de un leopardo, ¿Y a qué velocidad vas a correr? A la de un leopardo.


Que el Señor bendiga a nuestro leopardo.



Gallípoli en Manchester

Segunda novillada. Zumo de Domeq para el mallorquín Ximelis (vocinglero), el pucelano Navas (maneras de Valladolid) y el mejicano Neyra (sin hilván). Nuevos tiempos, nuevas polémicas. Campos & Moore


Al aire de su vuelo


PEPE CAMPOS



Plaza de toros de Las Ventas.

Domingo, 14 de abril de 2024. Segunda novillada con picadores de la temporada. Un cuarto de entrada. Tarde primaveral.

Novillos de Hermanos Sánchez Herrero (origen Domecq, herederos de la ganadería Aldeanueva), bien presentados, aunque desiguales, brochos (1º y 6º), altos de agujas (3º y 4º), mansos, se dolieron en banderillas (2º, 3º y 6º), algunos flojos (1º, 5º y 6º), boyante el 1º; de mayor nervio el 2º, que se revolvía; sin humillar el 3º; el 4º (muy mal picado) se fue complicando según avanzó la lidia, fue devuelto al corral al sonar los tres avisos —para el matador—; 5º y 6º muy blandos.

Terna: Borja Ximelis, de Palma de Mallorca, azul marino y oro, con cabos blancos, silencio, tras aviso y silencio; en su segundo novillo escuchó los tres avisos; veintiséis años. Eduardo Neyra, de Durango, México, verde oliva y oro, con cabos blancos, silencio y silencio; veinticuatro años. Mario Navas, de Valladolid, verde botella y oro, con cabos blancos, palmas y palmas; veintidós años.


De la novillada del domingo pasado salimos con la certeza de que nuevos aficionados jóvenes vienen acudiendo a los festejos taurinos de la plaza madrileña. No es un hecho totalmente novedoso pues llevamos dos temporadas en las que está sucediendo lo mismo. Sólo, señalar que, en estos dos festejos de abril de 2024, todavía no está montada la discoteca poscorrida en Las Ventas, que parecía ser el motivo de esas avalanchas de jóvenes aficionados, que se introducían en los festejos de estos años pasados, pues después se las veían en los pasillos de la plaza con música y alcohol. No sabemos si detrás de ello puede existir alguna esperanza, de una renovación entre los amantes de la fiesta de los toros. El hecho de ser aficionado a los toros no es baladí, ni un trámite; hoy, más que nunca, ya que, a quien acude a un festejo taurino, se le puede señalar socialmente, y esto no es agradable, ni fácil de defender. Para un joven, menos. Luego, además, está lo que el propio espectáculo puede deparar en satisfacciones, a estos nuevos taurófilos, de haber visto o experimentado verdad y belleza o las dos cosas durante cualquier evento taurómaco.


Sobre lo acontecido en la anterior novillada llegamos a la conclusión de que la empresa de Madrid no suele tirar la casa por la ventana a la hora de contratar el ganado, e intenta economizar, con lo que no se garantiza que se encadenen festejos lucidos, si no todo lo contrario. Con lo cual el atractivo de asistir al espectáculo de los toros se mantiene porque conlleva verdadera pasión, sacrificio y paciencia; hasta disfrutar de esos momentos únicos e irrepetibles que ningún otro arte puede desplegar y que avalan acudir a los tendidos de las plazas de toros tarde tras tarde. Precisamente, ahí, radica el quid de la cuestión, de sacarle provecho a este tipo de afición de cariz añejo: a ver toros, hay que ir todas las tardes que se pueda, para poder vivir algo que llene con plenitud y que justifique toda la dedicación que se tiene que emplear para degustar toros, que es enorme. A su vez, estos aficionados recién llegados, para avanzar en sus conocimientos táuricos, deben hablar de toros con los viejos aficionados, pegar la oreja, escuchar y entender lo que estos dicen. Ahora bien, debemos comentar a estos jóvenes, nuevos simpatizantes del arte taurino —para darles ánimo—, que ser aficionado a los toros implica contactar con otros adictos al arte de Cúchares, que a la hora de valorar la función van a poseer opiniones absolutamente diferentes.


Así, existen y se encontrarán ante infinidad de clases de aficionados. Buenos y malos. Sabios e ignorantes. Racionales y maniqueos. En esta tarea, es fácil que coincidan —por ser novatos—, en un primer término, con un ejemplar de aficionado, que es frecuente y lo describe Federico M. Alcázar, de manera muy gráfica, en su imprescindible Tauromaquia moderna (1936): aquél que «se plantó en su época y sólo considera estimable la (lo) anterior». Digamos a estos jóvenes aspirantes a saber de toros, que este aficionado no ayuda a hacer afición, ni a describir el espectáculo. Y, también, transmitámosles que las claves para conseguir ser un buen aficionado pasan todas, según escribe Alcázar, por «sentir la fiesta». Una fiesta que exige para ser entendida, dilucidación, reflexión, inteligencia, sentido común y compromiso. Y que esta responsabilidad nos lleva a que sea necesario conocer el entramado técnico del toreo, pues el triunfo de los toreros depende de la decisión del público, que en la corrida se muestra de manera activa, siendo el juez de la misma, según señaló Guillermo Sureda, en Tauromagia (1978). Así que, para no equivocarse en los juicios, el aficionado debe saber de toros. Y para llegar a esa sabiduría, por lo tanto, hay que ir (ver), sentir (pasión), hablar (y escuchar) y leer (buenos libros, como los citados).


Si pasamos al análisis del festejo de ayer tarde, se puede comentar que lo más notable lo realizó Mario Navas, un novillero que el año pasado, en la tarde de su presentación dejó un buen sabor de boca a los asistentes a aquel festejo, por la utilización de su capote y su toreo al natural. A su primer novillo —el tercero de la tarde— lo recibió con verónicas ganando terreno, alguna con enjundia, cerrando los lances con una buena media verónica. Se volvió a lucir en diferentes momentos de sus lidias en esta bella suerte. La estructura de sus faenas fueron clásicas, con un preámbulo, por bajo, en su primer novillo que requería horma, y con el que no se entendió por mantener el astado la cara alta durante todo el trasteo; le macheteó finalmente y lo mató de una estocada atravesada que hizo guardia en la suerte contraria; más tres descabellos. Al sexto lo llevó al caballo por delantales poniéndolo en suerte, nuevamente, con una buena media. En la faena, intentó naturales de frente con porte elegante, pero aquello no prendió porque el novillo se derrumbaba y todo quedó deslucido, finalizó con ayudados por bajo rodilla en tierra. Lo mató en la suerte contraria de dos pinchazos soltando y una estocada delantera.


Borja Ximelis, se enfrentó al mejor y al peor novillo. Al primer novillo, franco, le recibió con verónicas ceñidas, algo rápidas. Lo toreó con la muleta haciendo arco y atravesada. A pesar de ello le dio dos naturales ligados de valía, que fue lo más destacable de su labor; pero no le cogió el buen son al astado; desaprovechando una buena oportunidad de hacer faena a un animal que embestía con cadencia. Ximelis, dio muchas voces durante la faena. Tras escuchar un aviso, mató de media estocada, en la suerte contraria. Ante el cuarto, muy mal picado, con mete-saca y barrenado largo; y mal banderilleado; al coger la muleta se encontró ante la mala guasa del novillo, que embestía con la cara alta, que se lo pensaba y cortaba. No pudo con el ejemplar de procedencia de Aldeanueva. Y se eternizó a la hora de matar (un pinchazo, dos estocadas haciendo guardia, en la suerte contraria), y a la hora de descabellar (diez descabellos), en distintos terrenos, antes de ver cómo el novillo, con estoque y todo, se fue al corral.


Eduardo Neyra, mostró durante toda la tarde poco mando en la muleta, sin hilván en su primera faena, cuando el novillo pedía autoridad en el engaño, le aplicó compás abierto y toreo despegado. Lo mató de una estocada caída en la suerte contraria. Al quinto de la tarde, de muy pocas fuerzas, no le cogió el pulso a la embestida insulsa y de poco celo del astado. Lo mató de una estocada baja, en la suerte contraria.



La parada de Tod Florito Browning



ANDREW MOORE







FIN

Lunes, 15 de Abril

 


Vacío

domingo, 14 de abril de 2024

La lechuza de Hegel



 
 
Hegel

Ignacio Ruiz Quintano

Abc

 


    Ahora que en la escuela quitan la filosofía, los ministros europeos se agarran a los filósofos para engancharnos a la nueva ola neocón. Una ex ministra de Aznar tira de Kant para envolver la vuelta a la Guerra Fría, y un ministro alemán tira de Hegel para envolver su Dictadura Sanitaria.


    

La imagen de Hegel que uno sacaba de la escuela era su lechuza de Minerva iniciando el vuelo al caer el crepúsculo, palabra a la moda por la literatura política de Fernández de la Mora. Ahora un ministro de Salud alemán con pinta de tonto adulterado por el estudio se viste de lechuza para reanudar el vuelo hegeliano:


    

Dicen que la vacunación obligatoria se interpone en el camino de la libertad. Yo digo que la libertad es vacunarse. Hegel dijo: la libertad es la comprensión de la necesidad.


    

Lauterbach, ese ministro con pinta de tonto adulterado por el estudio, cree que la libertad es un invento alemán, y Hegel (imita su peinado), su profeta. Santayana, anonadado ante la gran cantidad de hegelianos que encontró en Inglaterra (“¿cómo podía ser que en Oxford y en Cambridge dejaran de ver en Hegel la huella de la serpiente?”), nos dice que la libertad alemana de Hegel es como la libertad de los ángeles en el cielo, que ven la faz de Dios y no pueden pecar.


    

Con peor malicia, su amigo Russell dice que para los hegelianos la verdadera libertad consiste en el derecho de obedecer a la policía, cosa que, privados de la filosofía en la escuela, ignoran nuestros adolescentes, y todos los días llegan videos de la kantiana Unión Europea con adolescentes (¡niñas!) reducidas a puñadas en el suelo por gordinflas uniformados (¿tapados de Putin?) con librea hegeliana (ya saben: “la libertad es la comprensión de la necesidad”), que así fue como los esclavos del cuento de Hegel pasaron con entusiasmo de la esclavitud forzosa a la servidumbre voluntaria, que es lo nuestro.

 


  Hegel y su tropa son la libertad como sometimiento completo a cualquier forma de autoridad: sólo si uno se somete es libre, mientras que, si se rebela, es esclavo. Lo piensan los amos de la UE.

 

Febrero, 2022

En busca de la prevalencia de los idiotas XXX. De la Igualdad política radical


La Boulê


Martín-Miguel Rubio Esteban


Hasta tal punto creían los idiôtai atenienses en la igualdad política radical de todos los hombres que no se podían vetar las decisiones de aquellos poderes compuestos por idiôtai elegidos por sorteo, como eran los legisladores (nomothêtai) y los tribunales de justicia (dikastêria). Por el contrario, todas aquellas decisiones egresadas de aquellos poderes compuestos por idiôtai elegidos por el voto, como era el caso de los generales, y todos aquellos otros rhêtores que proponían decisiones (psêphísmata) a la Ekklêsía o Asamblea popular (Poder Ejecutivo), podían ser vetadas por las leyes, nómoi, promulgadas por los nomothêtai elegidos por sorteo, o por los dikastêria, los tribunales de justicia, elegidos asimismo por sorteo todos los años. Lo nacido del voto se supervisaba, se vigilaba y hasta se vetaba. Lo nacido del sorteo era inapelable. Siempre consideró Aristóteles que lo propio de la mecánica democrática es el sorteo, y que lo propio de la mecánica aristocrática es el voto. Votamos desde un espíritu aristocrático; sorteamos desde un espíritu democrático. En España apenas se da la mecánica democrática sensu stricto; en el sistema de la composición de las mesas electorales, en algunas aldeas para elegir los cargos municipales, en alguna pequeña esfera de la Administración de Justicia, y poco más. Pero en Atenas producía los 6.500 cargos más importantes del Estado que se daban todos los años (500 bouleutai o diputados+6.000 idiôtai repartidos entre jueces y legisladores). Ese mismo espíritu de la Democracia hacía que fuesen las instituciones surgidas del azar las que controlasen a las nacidas del voto, y no al revés. La soberanía de la diosa de la suerte eran la garantía de la prevalencia de los idiôtai. En una Democracia nadie realmente es el soberano (kýrios), sino los dioses que deciden a quiénes recaerá la suerte de juzgar o de legislar. La autoridad del pueblo reunido en Asamblea para aprobar decretos y elegir magistrados o cargos políticos mediante el voto estaba controlada por otros órganos de gobierno elegidos por sorteo: (a) ningún tema podía ser debatido en la ekklêsía sin una consideración previa de la Boulê o Parlamento, elegido por sorteo; y (b) todas las decisiones tomadas por el pueblo en la ekklêsía podrían ser llevadas ante el tribunal popular y vetadas por dicho tribunal popular o dikastêrion, elegido por sorteo. Las principales limitaciones de los poderes de la ekklêsía se pueden enumerar en siete puntos:


(1) Los atenienses distinguían entre nómoi (reglas generales y permanentes) y psêphísmata (reglas sobre temas puntuales (decretos) y/o reglas con un período de validez limitado). La legislación fue transferida a las juntas de nomothêtai designadas por un día a partir de los 6.000 jurados elegidos por la suerte para un año. Todas las nomoi de las cuales se conservan los preámbulos muestran que las nomoi eran aprobadas invariablemente por nomothêtai y nunca por el dêmos reunido en la ekklêsía. El pueblo en asamblea sólo tenía poderes (a) para elegir magistrados (archairesía), (b) ocasionalmente dictar una sentencia (krisis) en un juicio político, y lo más importante (c) aprobar decretos (psêphísmata), que comprendían tratados con otros estados y, en política interna, decisiones puntuales con un período de validez limitado. Todas las nomoi y psêphísmata  conocidos del siglo IV muestran que el pueblo, en gran medida, respetaba la distinción y no intentaba legislar aprobando reglas generales permanentes en forma de psêphísmata. Sólo durante la crisis de 340-338 (la guerra contra Macedonia) la ekklêsía, ocasionalmente, se arrogó el derecho de tomar decisiones que, constitucionalmente, deberían haber quedado en manos de los nomothêtai.


(2) Todos los decretos (psêphísmata) aprobados por el pueblo debían estar de acuerdo con las leyes vigentes. Si un nuevo decreto entraba en conflicto con una ley vigente, este decreto debía ser acusado de inconstitucional y revocado por un dikastêrion mediante una graphê paranomôn o acusación de inconstitucionalidad. Por otra parte, si una nueva ley entraba en conflicto con decretos anteriores, los decretos eran nulos y sin valor y podían, por ejemplo, ser anulados por el secretario de la Boulê o Parlamento sin mayor inspección por parte de órganos superiores de gobierno. El secretario del Consejo (Boulê o Parlamento) recibe instrucciones de anular (y así invalidar) los decretos que estén en conflicto con una nueva ley: cfr. Demóstenes 20.44.


(3) La influencia de la ekklêsía en la administración financiera debe haber sido pequeña. Cada año los ingresos se asignaban a las distintas juntas de magistrados, y el reparto (merismós) de las asignaciones estaba garantizado por ley (nómos). Por lo tanto, la ekklêsía no podría cambiarlo sin pedirlo a los nomothêtai. El reparto de los ingresos en las distintas juntas de magistrados (Aristóteles, Athenaiôn Politeía 48) está garantizado por la ley (Demóstenes 3.10; 59.4). Por lo tanto, sólo puede cambiarse mediante una ley aprobada por los nomothêtai (Demóstenes 24. 27). La ley garantizaba así que el pueblo reunido en Asamblea sólo tuviese la libre disposición de los ingresos no afectados por el «merismós» o Presupuesto, que era sagrado.


 (4) A mediados del siglo IV, posiblemente en 355 después de la derrota ateniense en la Guerra Social, la asamblea fue privada de su jurisdicción en los principales juicios políticos (eisangelíai). A partir de entonces todas las acciones políticas fueron remitidas al tribunal popular donde jurados seleccionados por sorteo escuchaban el caso y dictaban sentencia.


 (5) Ningún asunto podría ser debatido por el pueblo reunido en la ekklêsía a menos que la Boulê o Parlamento, después de un debate, hubiera aprobado un decreto preliminar (proboúleuma) y los prytaneîs hubieran incluido el asunto en la agenda de una sesión de la ekklêsía. El procedimiento probouléutico se prescribía no sólo para la aprobación de decretos, sino también para la elección de magistrados.


(6) Un decreto del pueblo podría ser impugnado mediante una acción pública contra propuestas inconstitucionales (graphê paranomôn). La acusación (jurada) (hipomosía) contra tal decreto podía presentarse antes o después de la votación del decreto y tomaba la forma de una acción pública contra el proponente del decreto. El caso era remitido a un dikastêrion compuesto por jurados, y la condena tenía un doble efecto: el decreto era definitivamente anulado y el proponente era castigado. En la mayoría de los casos, la graphê paranomôn se utilizaba contra decretos que se consideraban inconstitucionales ya sea en la forma o en el contenido, pero un decreto también podía ser impugnado únicamente por ser inadecuado. Un decreto era inconstitucional en su forma si era propuesto por un átimos —un ciudadano que por delitos o comportamiento inmoral había perdido sus derechos políticos— (Demóstenes 22.24 y 59.4) o si se había presentado sin un probouleuma adecuado (informe de la Boulê o Parlamento). Ya hemos subrayado en estas entregas que ningún delincuente podía participar de ningún modo en la actividad política; ni podía votar y mucho menos proponer un decreto. Asimismo, su contenido era inconstitucional si entraba en conflicto con una o más nómoi. Un decreto solía ser atacado por ambos motivos, v. gr. Demóstenes 22: El decreto de Androción es inconstitucional e inconveniente. Que un decreto podía ser atacado por el único motivo de que era perjudicial para los intereses del pueblo ateniense se desprende de Demóstenes 59.89-91 o Esquines 3.50. Por tanto, era posible interponer una graphê paranomôn contra cualquier decreto aprobado por el pueblo reunido en Asamblea.


(7) La elección de magistrados en la ekklêsía iba invariablemente seguida de un examen moral y de conocimientos básicos (dokimasía) de todos los candidatos elegidos por el pueblo. La dokimasía se llevaba a cabo ante un dikastêrion. Para los Quinientos miembros de la Boulê  y los nueve arcontes la dokimasía se celebraba ante la Boulê o Parlamento saliente, pero un candidato rechazado por la Boulê podía apelar ante un tribunal popular. Para los nueve arcontes la ley prescribía una doble dokimasía, primero por parte del Consejo o Parlamento y luego por parte del tribunal. Cualquier ciudadano tenía derecho a dirigirse a los jurados y presentar sus acusaciones contra un candidato. A este candidato acusado se le daba la oportunidad de defenderse y el procedimiento se cerraba con una votación obligatoria para todos los candidatos, independientemente de si su candidatura había sido cuestionada o no. El ciudadano elegido por la asamblea popular era rechazado por el tribunal popular si la mayoría de los jurados votaban en su contra.


     Este estudio de la limitación de los poderes de la ekklêsía podría dar la impresión de que la asamblea, como Poder Ejecutivo, era un poder secundario, pero eso sería subestimar groseramente la importancia de la ekklêsía, como el pueblo presente, tal como lo demostraremos en los siguientes puntos:


1ª.- Las leyes se aprobaban por juntas de nomothêtai, pero a los nomothêtai se les convocaba de acuerdo con un decreto de la Ekklêsía. Así, en el procedimiento legislativo la iniciativa debía ser siempre tomada por un idiôtês que, en la ekklêsía, proponía y promulgaba un decreto ordenando a una junta de nomothêtai debatir una revisión o una adición a las leyes vigentes. Además, en una crisis la ekklesía podría arrogarse poderes legislativos y aprobar psêphísmata sobre asuntos que deberían haber sido regulados por la nómos. V. gr. Demóstenes 19.286-7 (decreto que prohíbe bajo pena de muerte la exportación de armas y material de construcción naval a Filipo de Macedonia, entre los años 347/6); Esquines 3. 126-7 (decreto relativo a la participación de los atenienses en la reunión del synedrion anfictiónico, entre los años 340/39); Filócoro fr. 56a (decreto que prescribe que todos los ingresos se transfieran al Fondo Estratiótico, entre los años 339/338); Dinarco 1. 62, 82-3 (decreto facultando al Consejo del Areópago para castigar a cualquier infractor conforme a las leyes ancestrales, entre los años 338/7); Licurgo 1.53 (decreto que prescribe que los desertores que salen del país en tiempos de peligro sean castigados por delito de traición, entre los mismos años 338/7); etc. Como se ve, la mayor parte de los ejemplos de legislación promulgada por la ekklêsía está relacionada con la guerra contra Filipo de Macedonia.


2ª.- El principio de que los psêphísmata debían estar de acuerdo con las nómoi tenía poca o ninguna importancia en la política exterior, que era probablemente la esfera de influencia más importante confiada a las personas reunidas en asamblea.


3ª.- La ekklêsía tenía derecho a imponer un impuesto (extraordinario) a la propiedad (eisphorá), y el pueblo a menudo hacía uso de este derecho, especialmente en tiempos de guerra. Para una eisphorá garantizada por un psêphísma toû dêmou nosotros tenemos a Demóstenes 3.4; 16,12; 50,8 y 22,48. Por otra parte, vale la pena saber que la eisphorá también podía estar justificada por una nómos aprobada por los nomothêtai. De modo que el poder de imponer una eisphorá no recayera únicamente en la ekklêsía. Además, la ekklêsía estaba facultada para exceder la asignación otorgada (por el merismós o Presupuesto anual) a una junta de magistrados en particular, siempre que el decreto aprobado por el pueblo fuera remitido y ratificado por una junta de nomothêtai. Pero no sabemos si la ratificación era una mera formalidad, o si los nomothêtai a veces rescindieron un aumento de asignación al negarse a ratificar la decisión del pueblo.


4ª.- Antes de circa 355, la ekklêsía a veces se convertía en un tribunal de justicia y escuchaba una «eisangelía» (denuncia por mala práctica política) en lugar de remitirla a un dikastêrion. Los once casos testimoniados son: Milcíades en el 489, Hiparco entre el 40 y el 460, los stratêgoi de 406, Ergocles en el 389, Trasibulo en el 387, otra vez Trasibulo en el 382, ​​Timoteo en el 373, Antímaco en el 373, Timágoras en el 367, Calístenes en el 362 y Ergófilo en el 362. Cabe señalar que el término «eisangelía» no está atestiguado en ninguno de los once casos. Después de circa 355, cuando la jurisdicción en eisangelíai había sido transferida al tribunal popular, la ekklêsía todavía controlaba el derecho a presentar una eisangelía en la medida en que una eisangelía planteada por un ciudadano en la ekklêsía se llevaba ante un dikastêrion sólo si el pueblo aprobaba un decreto al efecto. Esta parte del trámite pudo haber sido una formalidad, pero indica sin embargo que se podría escuchar una eisangeía con la aprobación del pueblo. La apóphasis, un tipo de acción pública estrechamente relacionada con la eisangelía, pero que más específicamente trataba de alta traición, intentos de subvertir la democracia y corrupción, también se daba luz verde en la ekklêsía.


5ª.- Un proboúleuma propuesto y llevado en la Boulê no era necesariamente un proyecto de ley elaborado en todos sus detalles. A menudo era un proboúleuma abierto, es decir, se establecía una comisión para que un asunto fuera debatido en la ekklêsía y decidido por el pueblo. Además, un proboúleuma específico no siempre era ratificado por el pueblo. Las enmiendas o propuestas alternativas podrían presentarse en el mismo pleno y obtener la mayoría en el momento de la votación. Al proboúleuma se le podría añadir una enmienda de un proboúleuma mediante la fórmula: «en otros aspectos como el Consejo, pero…». En el mismo período existen sólo dos testimonios de una modificación de un decreto no probuleumático. En estos dos casos la fórmula es: «En otros aspectos como “nombre del proponente”, pero…». Las modificaciones constatadas en piedra se refieren casi todas a cuestiones de detalle o rutinarias como, por ejemplo, la disposición de que el decreto se publique en piedra. Las fuentes literarias proporcionan información sobre enmiendas mucho más importantes, como, por ejemplo, Demóstenes 19,49, que describe una enmienda de la paz firmada con Filipo en 346. Finalmente, el pueblo tenía derecho a encargar un proboúleuma, es decir, a ordenar a la Boulê o Parlamento que un asunto específico fuera debatido en la Boulê y colocado en el orden del día de la siguiente sesión de la ekklêsía. La comisión de un proboúleuma por parte del pueblo es la siguiente: «con respecto a… el Consejo hará un proboúleuma y lo presentará ante el pueblo en la próxima asamblea…» Además, el pueblo puede ordenar a los prytaneîs que convoquen una ekklêsía (synkletos): Esquines. 2.61. Una Ekklêsía synkletós era una asamblea extraordinaria.


6ª.- Las fuentes muestran que la acción pública contra las propuestas inconstitucionales era un arma peligrosa y muy utilizada por los atenienses. Parece razonable suponer que, en promedio, los atenienses cada mes de cada año ordenaban a un dikastêrion escuchar una graphê paranomôn y decidir si un decreto del pueblo era constitucional y conveniente. Así, en el curso de su carrera, casi todos los líderes políticos debieron haber sido juzgados por una graphê paranomôn, no sólo una vez sino varias veces. Démades fue condenado tres veces en una graphê paranomôn. Filípides corre el riesgo de ser condenado por tercera vez. Las fuentes atestiguan tres graphai paranomôn contra Demóstenes. Además, Demóstenes nos dice que estuvo expuesto a varias graphai paranomôn después de la derrota en Queronea. Aristofonte era conocido por haber sido absuelto setenta y cinco veces en graphai paranomôn. Pero setenta y cinco es una cifra convencional retórica para expresar la exageración. Por el contrario, Céfalo se ganó la reputación de no haber estado nunca expuesto a una graphê paranomôn. Hipérides está atestiguado como acusador en cinco graphai paranomôn diferentes, y Teocrines está atestiguado como acusador en cuatro ocasiones. Entonces, como ahora, los políticos más activos andaban con frecuencia por los tribunales. Y lo debemos tomar como un rasgo de la Democracia. Cada año, sin embargo, el pueblo en asamblea aprobaba nada menos que unos 400 psêphísmata, y la conclusión debe ser que la mayoría de los decretos nunca fueron apelados y que sólo una fracción muy pequeña de los decretos del pueblo tuvieron secuelas en el tribunal popular.


7ª.- El examen de los funcionarios entrantes (dokimasía) era obligatorio para todos los magistrados. Así, los 500 bouleutai o diputados y unos 700 magistrados más tenían que someterse cada año a una dokimasía antes de poder tomar posesión de sus cargos. Considerando el número total de dokimasíai realizadas por los dikastêria, es sorprendente los pocos testimonios que tenemos de candidatos rechazados en la dokimasía. En nuestras fuentes sólo hay un ejemplo de dokimasía que tuvo como resultado el rechazo de un candidato electo: la dokimasía de Terámenes que había sido elegido stratêgós para el 406/5. Todas las demás dokimasíai atestiguadas, en total sólo siete, con resultado de rechazo del candidato, se refieren a magistrados nombrados por sorteo: el arconte Leodamas, el arconte Evandro, el arconte basileus Polieucto, el bouleutês o diputado Mantiteo, el bouleutês Filón, el bouleutês Demóstenes y el emporíou epimeletês Aristogitón, una especie de supervisor del mercado. Algunos pasajes se refieren a la dokimasía como un procedimiento rutinario que no desemboca en ningún juicio: el bouleutês Apolodoro, el taxiarco (una especie de coronel) Mantiteo, el arconte basileus Teógenes y el teichopoios (supervisor de los muros de la ciudad) Demóstenes. En casi todos los casos la dokimasía debió ser una formalidad, tanto para los alrededor de 100 magistrados elegidos por el pueblo como para los más de 1000 magistrados seleccionados por sorteo. El tribunal popular sólo excepcionalmente rechazaba a un ciudadano elegido por el pueblo en asamblea.


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Domingo, 14 de Abril

 


Quo vadis?

¿Tenéis aquí algo de comer?

 DOMINGO, 14 DE ABRIL


Cuando los dos discípulos regresaron de Emaús y llegaron al sitio donde estaban reunidos los apóstoles, les contaron lo que les había pasado en el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan. Mientras hablaban de esas cosas, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo:


-La paz esté con vosotros.


 Ellos, desconcertados y llenos de temor, creían ver un fantasma. Pero él les dijo:


-No temáis; soy yo. ¿Por qué os espantáis? ¿Por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies. Soy yo en persona. Tocadme y convencéos: un fantasma no tiene ni carne ni huesos, como veís que tengo yo.


Y les mostró las manos y los pies. Pero como ellos no acababan de creer de pura alegría y seguían atónitos, les dijo:


-¿Tenéis aquí algo de comer?


 Le ofrecieron un trozo de pescado asado; él lo tomó y se puso a comer delante de ellos. Después les dijo:


-Lo que ha sucedido es aquello de que os hablaba yo, cuando aún estaba con vosotros: que tenía que cumplirse todo lo que estaba escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos.


Entonces les abrió el entendimiento para que comprendieran las Escrituras y les dijo:


-Está escrito que el Mesías tenía que padecer y había de resucitar de entre los muertos al tercer día, y que en su nombre se había de predicar a todas las naciones, comenzando por Jerusalén, la necesidad de volverse a Dios para el perdón de los pecados. Vosotros sois testigos de esto.

Lucas 24, 35-48

sábado, 13 de abril de 2024

Wamba

Wamba en Pampliega, Burgos



Wamba en la plaza de Oriente, Madrid

Francisco Javier Gómez Izquierdo


          Me cuentan que en Pampliega celebran hoy día de San Hermenegildo, príncipe visigodo al que el rey Leovigildo, su padre, no tuvo reparos en ordenar dar muerte un 13 de abril del 586 que cayó en Sábado Santo, por renegar del arrianismo y hacerse católico, varios actos reivindicando el traslado de los huesos de Wamba, el último de los grandes reyes godos, de la catedral de Toledo al pueblo burgalés. Me anima a poner algo sobre el curioso caso el extraordinario recuerdo que tengo de Marco Antonio, pampliegueño culto y cabal con el que traté mucho en el Bachiller del Diego Porcelos y que ya de joven hablaba como el arcipreste de Hita. Hace unos años lo encontré casado y enseñando Latín y Griego en la Universidad del País Vasco y por supuesto me habló de quisicosas interesantísimas.


       Pampliega y Wamba van unidos por muchos motivos, pero lo que se sabe de este rey siempre llamó la atención, a servidor al menos, porque de entrada le nombraron rey sin quererlo. Ante el lecho funerario de Recesvinto le soltaron un " o rey o te matamos" y Wamba, ya casi anciano, eligió lo mejor para la salud. Si curioso fue el nombramiento no lo fue menos el destrone. Nos ha llegado que el conde Ervigio, sucesor suyo tenido por leal, lo envenenó y para ayudarle en el tránsito a los cielos, los nobles regicidas lo tonsuraron y vistieron de fraile tomándolo por muerto, pero Wamba revivió del largo sopor tóxico y reclamó el trono. En las leyes de aquel entonces no se podía ser rey vestido con hábito religioso y amparados en la norma le denegaron el Derecho por lo que el hombre pidió irse al Monasterio de los Monjes Negros de San Vicente en Pampliega a morir tranquilo y donde le llegó la hora en el 688.  Alfonso X, el 13 de abril de 1274 "a traición y de noche", entrecomilla hoy el Diario de Burgos, mandó trasladar los restos de Wamba y Recesvinto a la iglesia de Santa Leocadia en Toledo. Durante la invasión francesa el templo fue profanado y la reina Isabel II ordenó colocar los restos de los dos reyes visigodos en la catedral toledana.


      Pampliega considera una reivindicación histórica la vuelta del rey al que tantos honores han rendido y decía Marco Antonio que no se explica cómo "...a Alfonso el décimo se le pasó por la cabeza semejante disparate pues su padre, Fernando III, al pasar donde estaba sepultado Wamba y pisar la tumba sin querer, ordenó abrir otra puerta para poder salir sin volverlo a pisar. Y en este lance de su padre estuvo presente Alfonso...".  No sabe uno si la pretensión tiene o no riguroso fundamento pero teniendo en cuenta que en ella andan no malas cabezas, pues que Wamba vuelva a Pampliega y lo bajen de esa altura catedralicia en la que está "medio arrumbao".


    En fin, éstas son las cuitas en las que servidor prefiere entretener el ánimo, lejos de tanta mentira y tanto interés que gastan los políticos por tomar a uno por tonto. 

La gran enseñanza moral de la libertad


Cristo de la Iglesia del Carmen, Burgos


Ignacio Ruiz Quintano
Abc


    De la parábola que pintó Dostoyevski en su retrato sevillano del Gran Inquisidor (que a nuestros novelistas sólo les da para chafarrinones sobre la religión católica) supo extraer D. H. Lawrence la gran enseñanza moral de la libertad, resumida por John Gray en “El Gran Inquisidor y los peces voladores”.


    Es insólito, dice Gray, que un pueblo (salvo la excepción americana, hoy en decadencia) valore su libertad por encima de la comodidad derivada del servilismo, y cita el comentario de De Maistre sobre la “juanjacobada” de Rousseau según la cual todos los hombres nacen libres, pero en todas partes están encadenados: creer, porque algunas pocas personas buscan en algún momento la libertad, que todos los seres humanos la quieren, es como pensar que, puesto que hay peces voladores, volar forma parte de la naturaleza de los peces.


    –El Gran Inquisidor le dice a Jesús que la humanidad es demasiado débil para soportar el don de la libertad. No busca libertad, sino pan, pero no el pan divino, sino el terrenal.

  
El Gran Inquisidor le dice a Jesús que han manipulado sus enseñanzas para poder tratar a la humanidad tal y como realmente es: “Hemos corregido tu obra, fundándola en el ‘milagro’, el ‘misterio’ y la ‘autoridad’. Y los hombres se alegran de verse otra vez conducidos como un rebaño y libres del don abrumador que los atormentaba”.

  
La verdad que Dostoyevski pone en boca del Gran Inquisidor es que la humanidad nunca ha buscado la libertad y nunca lo hará. La ciencia y la tecnología encarnan “el milagro, el misterio y la autoridad”.


    –¿Ves estas piedras del desierto? Conviértelas en panes y detrás de ti correrá la humanidad como un rebaño agradecido. Pero tú no quisiste privar al hombre de libertad y rechazaste la proposición, pues ¿cómo puede hablarse de libertad, razonaste tú, si la obediencia se compra con pan?

  

Si en la tierra ha habido alguna vez un milagro atronador verdaderamente auténtico, fue aquel día, el día de esas tres tentaciones.


Marzo, 2018 

El mito del Estado de Derecho y el nihilismo jurídico (I)


Thomas Hobbes


Dalmacio Negro


El gran historiador suizo amigo de Nietzsche, Jacobo Burckhardt (1818-1897) observó que las crisis históricas son más radicales que los cambios históricos, cambios generacionales dentro del mismo horizonte cultural. En las crisis, se debilitan, decaen o desaparecen las ideas creencia vigentes que sustentan la cultura y cambia el horizonte histórico, dirían Ortega o Marías. Perduran acaso languideciendo mientras no se revitalicen o se consoliden nuevas vigencias sociales o desaparezcan, como parece estar ocurriendo en la gran crisis actual de la civilización -palabra que se ha vuelto ambigua- occidental. Una consecuencia del hecho poco comentado de que, como decía otro historiador, el belga Henri Pirenne, la historia de Europa se confundía hasta el siglo XVI con la de la Iglesia, pero empezó a confundirse desde entonces con la del Estado. La  forma artificial de lo Político que sustituyó al Gobierno —se dice todavía Government en Inglaterra y Estados Unidos—[1] y está desde la revolución francesa más presente en todos los ámbitos que la Iglesia. Es seguramente la causa de la gran crisis de la civilización occidental, cuya cultura es, o era, esencialmente cristiana.


Simplificando mucho y prescindiendo de matizaciones por razones obvias, la clave de la crisis es el nihilismo jurídico.


1.- El Estado, que es particularista —igual que el Gobierno—, es un imitador de la Iglesia, que es universalista. El espacio público era eclesiástico en la época de la omnipotentia iuris (grosso modo la Edad Media) y la potestas de los gobiernos se reducía a garantizar la aplicación del derecho bajo la auctoritas de la Iglesia; disputas y guerras tenían un carácter jurídico. El proceso histórico ha consistido, desde que se afirmó  la estatalidad, en la apropiación de lo público por el Estado, lo que se llama algo equívocamente, secularización. En ese proceso, devenido prácticamente el Estado una finca privada de oligarquías de tendencia, primero laicista y finalmente nihilista, que  consideran el Derecho un arma para afirmar su poder, controlan la escuela, la propaganda y destruyen la cultura tradicional con argumentoscientificistas —“la victoria de los métodos científicos sobre la ciencia” (Nietzsche)— que difunden sus ideas o falta de ideas. La perversión de lo Político, al no tener los  Estados y Gobiernos un  rival que los  contenga es la causa del nihilismo jurídico.


2.- Desde el punto de vista de la historia de las ideas, fue fundamental la sustitución del Derecho por la Legislación.  Empíricamente, fue un proceso lento y desigual. Teóricamente, comenzó con  la famosa sentencia de Hobbes auctoritas non veritas legis habet rationem (la autoridad, no la verdad, da su racionalidad a la ley). Máxima que potencia al Estado al equiparar la auctoritas y la potestas atribuyéndole así la suprema autoridad, hasta entonces indiscutida, de la Iglesia depositaria de la Verdad y custodia del êthos que configura las civilizaciones. La metafísica y la teología investigan la realidad, que es idéntica a la verdad: lo que no es real no es verdadero y lo que no es verdad no es real. En cambio, la ciencia sólo busca la certeza de que los hechos son el efecto de determinadas causas o condiciones. Pero el progreso de la ciencia mecanicista fascinó a Hobbes, quien, por decirlo así, la absolutizó. Sólo hay cuerpos que se mueven constantemente. El mismo universo es un inmenso cuerpo y la materia y el movimiento son los elementos que explican la realidad. Y Hobbes, que vivió en medio de desoladoras guerras civiles, deseoso de garantizar la paz, fundamentó “la nueva ciencia de la política”  en el contractualismo: el hombre natural es un lobo para otro hombre y para salir del estado de naturaleza —un concepto de los Padres de la lglesia para designar la situación del hombre después de la  caída en el pecado original—  de guerra de todos contra todos, en el que impera el miedo, explicó el origen del Estado como resultado de dos contratos —un pactum unionis para constituir la sociedad, seguido de un pactum subjectionis a un soberano— entre los hombres atemorizados, para vivir sin temor, potenciando la seguridad sobre la libertad.


Se podría decir, que fundó la Legislación, el derecho que crea el soberano para construir el Gran Artefacto capaz de garantizar la paz:  «con las normas del Derecho resulta posible una pacífica vida en común. De esta manera se diferencia completamente el Derecho de la moral», responde Hobbes, el gran pensador del Estado como resultado de un contrato político, a Claus Rolshausen en su entrevista imaginaria en Macht und Herrschaft.[2] Matemático apasionado por la física, fue Hobbes el primer gran cientificista, la ideología materna de todas las ideologías.


3.- “Sólo para el Derecho, el otro es el  terminus a quo [fin que se persigue, punto de partida de una relación] que motiva nuestras acciones éticas, pero para la Moral en sí, el otro no sería más que el terminus ad quem [punto de llegada de una relación]”, decía Georg Simmel.[3] El objetivo del Derecho, la Legislación  independiente de la moral colectiva, el êthos escindido por las pasiones, era para Hobbes en garantizar el orden político establecido por el soberano.  Y el nuevo Derecho creado por el contrato que instituyó el gobierno absoluto, se convirtió en el instrumento de los gobiernos estatales. De momento como derecho público, distinto del privado tradicional, el derecho común —ius communis, common Law— que descubren y declaran los jueces,  como  un derecho superior al ser el derecho creado por el soberano. Una división no meramente formal del Derecho como la clásica del derecho romano según Ulpiano, que hablaba  sólo de “posiciones”: «duae sunt positiones, publicum et privatum. Publicum ius est quod ad statum rei Romanae spectat, privatum quod ad singulorum utilitatem».[4]   


 En Roma, no existía el Estado, era desconocida la doctrina de la soberanía,  y la concepción del Derecho era organicista. Lo mismo que en la Edad Media, en la que «el rey, escribe J. R. Strayer, existía para ocuparse de emergencias, no encabezando un sistema legal o administrativo».[5]   El Gobierno era, con palabras de Michael Oakeshott, una suerte de societas  (asociación) o universitas (comunidad) regidas como quien administra un patrimonio familiar.[6]


4.- La concepción científica mecanicista del contractualismo hobbesiano[7] transformó el derecho público, el ius publicum romano, en el derecho del soberano, al que se subordina el ius privatum. La utilidad o interés público empezó así a prevalecer sobre el de los particulares. La utilidad pública o colectiva justificaba la ratio status, la razón de Estado, y los intereses de las dinastías fueron ampliando su radio de acción. El Estado creció a costa de los poderes feudales, sociales o intermediarios, subordinó el Derecho común a la Legislación y sustituyó la moral tradicional guiada por la idea del bien, por la utilitarista.


La estatalidad, exenta de la sanción religiosa que condiciona y concreta la moral natural relacionada con la legitimidad y la justicia y la ilegitimidad o la injusticia de las leyes, conlleva a la larga in politicis entre otras cosas, la pérdida de la auctoritas de la moral que garantiza la confianza entre los miembros de cuerpo político y la cooperación en ellos sin necesidad de recurrir a la fuerza, salvo para restaurar (judicialmente) la normalidad del orden jurídico o en situaciones excepcionales en que está en peligro el orden político.


5.- Hobbes inventó como fundamento y contrapunto del Gran Artificio estatal la Sociedad  —«no existe tal cosa como la sociedad», decía Margaret Thatchersustituyendo conceptualmente al Pueblo, palabra que designa políticamente conjuntos de familias que se autogobiernan, constituyendo poderes intermediarios[8] y era el depositario del poder divino en la época de la omnipotentia iuris. Sociedad designa en cambio, una multitud de individuos que han renunciado a la libertad política a fin de que exista el Estado, mecanismo en el que el único libre políticamente es el soberano que les protege del miedo a la muerte y da seguridad a la propiedad: «autorizo y transfiero [al soberano] mi derecho de gobernarme a mí mismo», escribe Hobbes, quien no inventó el Estado.[9] Le dio forma teorizando el hecho de que las monarquías absolutas, monarquías estatales, sustituyeron a los gobiernos medievales y  la concepción del orden político-jurídico fundado en la dialéctica entre la autoridad eclesial y la potestad estatal, que buscaba la justicia y la paz equilibrando orgánicamente la libertad y la seguridad. 


6.- La  idea hobbesiana de la libertad es mecanicista: excluye la libertad interior, el fuero interno: “Libertad, o independencia, significa (propiamente hablando) la falta de oposición (por oposición quiero decir impedimentos externos al movimiento); y puede aplicarse a criaturas irracionales e inanimadas no menos que a las racionales”. Y  “hombre libre es quien en las cosas que por su fuerza o ingenio puede hacer, no se ve estorbado en realizar su voluntad. Pero cuando las palabras libre y libertad se aplican a cosas distintas de cuerpos se comete un abuso, pues lo no sujeto a movimiento no está sujeto a impedimento”.[10]  


7.- Desde la afirmación del Estado Soberano en el siglo XVI, prevaleció  prácticamente el absolutismo en toda Europa. Con alguna excepción  como la Monarquía de España —en realidad, un Imperio, forma política distinta del Estado—, heredera de los ideales del Sacro Imperio, hasta que introdujeron los Borbones la concepción estatal francesa al vencer en la guerra de Sucesión y, el absolutismo con Carlos III.


Las monarquías absolutas prepararon inconscientemente el camino a la democracia, incompatible con la Monarquía, al apoyarse en las clases medias para hacer frente a los decadentes poderes medievales y convertirlos en cortesanos. Las monarquías modernas se alzan sobre las ruinas de las aristocracias, decía Jouvenel.


8.– La época moderna  —moderno significa modus novus–– fue un tiempo de sustituciones, que culminaron en la Gran Revolución francesa que instituyó la República. De la que dijo el ocurrente Anacharsis Cloots, “enemigo de Cristo” por declaración expresa, para quien era “París el Vaticano de la razón”: «la República de los derechos del hombre no es atea, es nihilista». Una causa de la mala fama de esta forma del Estado y del Gobierno democrático a la que tiende sin embargo la historia desde los tiempos griegos y romanos. La revolución sustituyó la soberanía monárquica por la de la Nación y la Nación estatal monopolizó toda autoridad y todo poder. Sustituyendo definitivamente el Derecho por la Legislación,  la Declaración de derechos del  hombre y el ciudadano concedió a los hombres  —no por cierto a las mujeres, contra lo que protestó Olympe de Gouges (1748-1793),[11] guillotinada por protestar— el título de ciudadano.  Sometido empero a la justicia revolucionaria que presupone que el Tribunal de la Historia, que sustituyó a Dios, juzgará siempre a favor de la revolución.


[1] El Gobierno a secas es el grupo de hombres que dirige a los demás. El Estado es la máquina del poder político dirigida por el gobierno, que tiende a concentrar los poderes sociales, que llamaba Montesquieu intermediarios que limitaban espontáneamente la expansión del Gobierno. La Legislación estatal acabó con ellos e instituyó el Estado de Derecho; de hecho un Estado Legislativo cada vez más extenso. No así en los países del Government, donde impera todavía, por lo menos formalmente, el common Law. Vid.  A. C. Pereira Menaut, Rule of Law o Estado de Derecho. Madrid, Marcial Pons 2003.


[2] Munster, Westfälisches  Dampfboot 1997. 3, p. 33. Rolshausen entrevista también a Bakunin y Anthony Giddens.


[3] El pobre. Madrid, Sequitur 2011. P. 23.


[4] En el estudio del Derecho “hay dos posiciones, lo público y lo privado. El derecho público se refiere a lo relativo a las  cosas de Roma, el privado a lo que interesa a los particulares”.


[5] On the Medieval Origins of the Modern State. Nueva York, Princeton University Press, 1970. I, p.13.


[6] El Estado europeo moderno. Barcelona, Paidós 2001. II, pp. 48ss. La universitas es una asociación que constituye una persona ficta, ficticia, en virtud de alguna autoridad: una pluralidad de personas que habla con una sola voz, de modo que el gobierno es telocrático, gestor de una empresa finalista (III, pp. 54ss.) distinta de un Reino.  E. Bussi destaca el carácter patriarcal del gobierno en Evoluzione storica dei tipi di stato. Milano, Giuffrè 2002.St. Breuer enfatiza el aspecto racional al tipificar las formas estatales. Der Staat. Entstehung, Typen Organisatonsstadien. Hamburgo, Rowohlt 1998. 3, 1, p. 7.


[7] Sobre el desarrollo y las consecuencias descivilizadoras y nihilistas de la concepción mecanicista, W. Schubart, Dostojewski und Nietzsche. Sowie Aufsätze zum geistigen Verhältnis von Russland und Europa (1939). BoD Norderstedt 2020.


[8] Helmut Schelsky se preguntaba quién era el soberano y quien era el pueblo en Politik und Publizität. Ein Essay als Einführung. Munich, Seewald 1983. IV, 2, pp. 56ss.


[9] El  Estado existía ya sobre todo en Francia. Hobbes no tuvo mucho éxito en Inglaterra, su patria. Acusado de ateísmo —que significaba  entonces negar la Providencia o tener creencias distintas de la ortodoxa— se quemaron públicamente sus libros dos veces. Se le considera empero el padre de la ética utilitarista, característica del mundo anglosajón: «el liberalismo inglés de los utilitaristas» distinto del liberalismo clásico decía Hayek. Se le leyó mucho en Francia en el decenio anterior a la Gran Revolución.


[10] Leviatán o la materia, forma y poder de un estado eclesiástico y civil (1651) XXI. Hay varias traducciones en español. Las citas son de la de Antonio Escohotado Madrid, Editora Nacional 1979.


[11] Vid. su Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana. Independently Publishing 2017. 


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