martes, 3 de marzo de 2026

El Reloj del Apocalipsis



Ignacio Ruiz Quintano

Abc


En las llamadas “democracias liberales” (ni democracias ni liberales) las decisiones no las toman los elegidos, sino quienes pagan la elección, que bien que se cobran (y hacen bien) su libra de carne, que es la movida trumpiana que nos tiene poniendo en hora al segundo el Reloj del Apocalipsis (“hay muchos a los que no les conviene el Apocalipsis”, avisó, inmortal, Pitita), que evalúa las amenazas que se despachan en este mundo, que es como el barril de pólvora en que se sentaba Bakunin fumándose un cigarro para recibir a las visitas.


Por “Las crónicas del Armagedón 2015-2024” de Scott Ritter nos enteramos de lo cerca que estuvo de dar la campanada el Reloj del Apocalipsis el viernes, 13 de septiembre de 2024, de la que nos libramos porque Biden, Sleepy Joe, perdido en su niebla cerebral, acertó a dar con el “no” a las pretensiones de Starmer de dotar a Ucrania de misiles de largo alcance. Pues entonces, dice Ritter, habríamos muerto todos. “72 minutos. Es todo lo que se necesita para acabar con la vida tal y como la conocemos”.


Con la Caja de Pandora abierta, el Reloj del Apocalipsis debe de parecer hoy un reloj daliniano. Lo idearon en el 45 los científicos del Proyecto Manhattan, porque “no podían permanecer ajenos a las consecuencias de su trabajo”. Y en el 47 lo pusieron en marcha, con las agujas colocadas a siete minutos de la medianoche (hoy están a 85 segundos) y con el cometido de reflejar los cambios básicos en el nivel del peligro continuo en el que vive la humanidad en la era nuclear.


Para jugar con el Reloj del Apocalipsis, Trump, como buen casinero, ha sustituido cualquier control nuclear por una Junta de Paz que vendría a ser como “La paz perpetua” de Kant para Hannah Arendt, es decir, un “texto irónico”, si bien de una ironía menos refinada, y más próxima al Fernán Gómez de “Bombas para la paz”, de Elorrieta y Paso, cuando dice el “to be or not to be” de la película: “Menos pum y más pan”. Que es lo que en la elección presidencial pedían los “hillbillies”.


La ausencia de controles nucleares disparará la carrera armamentística, y por vez primera podría suceder que incluso El Vaticano, si quisiera, tuviera su propia bomba. Ocurre, también por primera vez, que nos gobiernan seres extravagantes que lo ignoran todo sobre la guerra, y que creen que al Armagedón se juega con drones “para rociar con orina ligera mezclada con fentanilo a los analistas que intentan fastidiarnos”, en palabras del ceo de una de las empresas más influyente del mundo en este negocio. En resumidas cuentas, les parece de pobres la idea de “destrucción mutua asegurada”: creen que una guerra nuclear se puede ganar, y que, por supuesto, la ganarían ellos, que para eso son los que pagan la elección y toman las decisiones.


Al fondo, la mueca mordaz del viejo Nikita: “Los supervivientes tendrían envidia de los muertos”.


[Martes, 24 de Febrero]

Martes, 3 de Marzo

 


Acera madrileña

lunes, 2 de marzo de 2026

Un gol mortal




@realmadrid



@realmadrid


Ignacio Ruiz Quintano
Abc


Toda la culpa fue del gol. Un gol homérico. Pero un gol mortal, pues hizo explotar todo el rencor ontológico (individual y social) que llevamos dentro. Somos Occidente, una estrella podrida de la Galaxia Epstein.


En el “Amadeus” de Milos Forman, Salieri odia a Dios por haberle dado el genio al idiota (Mozart), y en el gol de Lisboa los gargajos odian a Dios por haberle dado el genio al negro (Vinicius), perseguido en su alegre negritud por una zarigüeya camuflada escupiendo hieles. Remató el espectáculo un árbitro francés tan malo que parecía español, Letexier, de profesión alguacil judicial. Su estupidez, al amonestar a Vinicius por marcarse un bailín a lo Roger Milla con el banderín del córner para celebrar su gol de bandera, y en la tormenta naufragó un patético Mourinho, “triste, solitario y final”, en trisagio de Osvaldo Soriano.


Monsieur Letexier fue seguido toda la noche en TV por Toño Matéu, el Escartín de Algimia de Alfara, y era como ver al loco de Bonafoux, Luis Bonafoux, de paseo por París con su criado, un tío más grande que Tchouaméni, que iba detrás salmodiando por encargo: “Ése que va ahí, el del paraguas verde, es Bonafoux, el gran Bonafoux, el formidable escritor Bonafoux…” Mateu no se hartó de decirnos lo bueno, lo guapo y lo francés que era el alguacil alguacilado en una decisión la más estúpida que uno recuerda: sancionar a Vinicius por meter un gol homérico, aprovechando que Vinicius lo celebraba bailando con el banderín del córner, que al parecer es una obscenidad ofensiva para el distinguido público benfiquista. Que la Uefa de Ceferino le enfunde a ese banderín un condón (póntelo, pónselo) ya.





La barbarie ibérica es unánime. Vinicius fue recibido en España con un mordisco del atlético Tachi en la cabeza (“ese lance no representa para nada mi forma de jugar”, manifestó Tachi), y en Portugal el premio por un gol homérico ha sido una tarjeta amarilla del alguacil Letexier, a quien le gusta Vinicius lo mimo que Neymar.


Una celebración obscena–protesta un Buda viejarras del miserable mundo de las letras (“sería ridículo que los periodistas, que no tenemos qué comer, tuviéramos convicciones”, decía un amigo de Bonafoux), que gusta de repanchingarse en la silla del barbero mientras un fígaro le hace el papo entre respetuosas objeciones futbolísticas y un limpia de color le hace los zapatos. “Homo homini lupus!”


Lo dijo Sonsoles, la hija de Ónega: "Franco tenía prohibido bailar", y nos reíamos. Bueno, pues aquí están los nietecillos gorditos del cardenal Segura y su pastoral contra el baile (“un círculo cuyo centro es Satanás”) llamando pecador a Vinicius. Nada es nuevo; cuatro años cumple este tuit de Romário de Souza Faria con motivo de otra “racistada” mediática contra Vinicius: “El swing es parte de la auteticidad, Vinicius Jr. La alegría es parte del fútbol. ¡Sigue bailando! Sigue celebrando la forma en que la felicidad toca tu corazón. Todo mi apoyo a Vinijr y todo mi rechazo a los que tratan de disfrazar el racismo. ¡No aceptamos! Baila, ViniJr.”


Sin la estúpida tarjeta amarilla del alguacil Letexier a Vinicius por bailar, el “guapo” borgiano no se hubiera gustado. A los “guapos” cantados por Evaristo Carriego, Borges los describe como máquinas de intimidar y de pelear; hombres sin más rasgos diferenciales que la seguridad de su brazo (o de su lengua) y, además, con una incapacidad perfecta de miedo. En el mismo partido, Vinicius se las tuvo más tiesas con Otamendi que con el cortico, pero Otamendi, ese Jordi Alba en sesión de calistenia, es canchero, y eso no saca de quicio al brasileño. El cortico de la remera en la boca es otra cosa y tira con cerbatana:


Le dijo al árbitro que llamó a Vini “hermano” (“maricón”, en rectificación posterior) y no “mono”.


Y Mourinho aprovechó para borrarse del Bernabéu despojándose de cualquier atisbo de grandeza: llamó “provocador” a Vinicius por el baile, defendió a su cortico y se autoexpulsó llamando prevaricador (“llevaba un papel”) al alguacil Letexier porque no amonestó a Aureliano ni a Carreras ni a Huijsen, que no hizo una sola falta. MVP en Lisboa: dentro, Aureliano; fuera, Mbappé, con más coraje que todos los capitanes juntos.

[Sábado, 28 de Febrero]




@realmadrid

Pluto y su pandilla



Pluto

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Que la justicia americana pida para un ciudadano americano diez años de cárcel (¡de cárcel americana!) por un meme tuitero nos lleva al aviso de Wolin sobre la censura de la protesta popular contra Superpoder, destinada a aislar la resistencia democrática, separar de la sociedad a las voces disonantes y acelerar el proceso de despolitización (resumido, aquí, en el consejo gallego de Franco: “Haga como yo, no se meta en política”). Es el modo de mantener vivo el temor hobbesiano.

 
    –A diferencia del terror nazi, el miedo hobbesiano afecta a una sociedad machacada con la protección y la seguridad. Nada ilustra mejor la manipulación del miedo que las invasiones de la privacidad autorizadas por la ley Patriótica, con el presidente en pose de “rey patriota”, que está “por encima de la política”, en lucha a muerte con terroristas.


    Volvemos a Romain Rolland, que en el fatídico 14 de la Gran Guerra acertó a ver que en “el guiso sin nombre que es hoy la política europea, el dinero es el trozo más grande”.


    –El puño que sostiene la cadena que apresa al cuerpo social es el de Pluto. Pluto y su pandilla.


    Tampoco dice que los que en el 14 se lucran sin pudor gracias a la guerra la quisieran: lo único que quieren (aquí o allá, poco importa) es enriquecerse, y se acomodan con igual facilidad a la guerra como a la paz, todo les viene bien. “No les atribuyamos vastos y tenebrosos planes! ¡No ven tan lejos! Sólo quieren enriquecerse. Los intelectuales, la prensa, los políticos son sus instrumentos”.


    –Los pueblos que se sacrifican mueren por ideas. Pero los que los sacrifican viven por intereses. Y, por consiguiente, los intereses sobreviven a las ideas. Toda guerra prolongada, por muy idealista que fuera en su origen, se convierte en una guerra de negocios.


    Así se explica el contraste entre la confraternización de los soldados en las trincheras y el odio de los intelectuales en los periódicos que saca de quicio a Rolland: “La guerra me parece odiosa, pero más odiosos son los que la cantan sin participar en ella”. Y exhibe una carta de 17 de diciembre de un soldado en la trinchera: “Los deseos de paz son intensos entre nosotros… Los periódicos dicen que es difícil moderar el ardor guerrero de los combatientes. De forma consciente o inconsciente, mienten. No os imagináis cuánto nos indigna esa charlatanería. Hablan de una guerra sagrada, pero no conozco más que una guerra, y es la suma de todo lo inhumano, impío y bestial que hay en el hombre; es un castigo de Dios y una llamada a la contrición para el pueblo que se entrega a ella. Dios envía a los hombres a este infierno para que aprendan a amar el cielo. Pero los entusiastas de la guerra, ¡que vengan! Puede que así aprendan a callarse…”


    La inteligencia, concluye Rolland, no es nada sin el espíritu, el espíritu que es el juez de la razón alucinada, el soldado que, en el Capitolio, recuerda al César triunfante que está calvo.
 

[Abril, 2023] 

Lunes, 2 de Marzo

 



Endowment pad

domingo, 1 de marzo de 2026

La ceguera perceptiva


 Horacio Kitchener

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc



    Melville, que había publicado “Moby Dick” en el bicentenario de “Leviatán”, en 1855 publica “Benito Cereno”, capitán español de un transporte de esclavos de Valparaíso a Callao. Los esclavos, arengados por Babo, se amotinan y ponen rumbo a Senegal. Se cruzan con un barco americano al mando del capitán Delano, que aborda al galeón español. Babo ordena a Cereno fingir que sigue al mando, y el capitán obedece, pero en su actuación mezcla frases enigmáticas y gestos extraños, que entienden todos los presentes menos Delano, y al español sólo le queda arrojarse al agua.

 
    -En 1938, “Benito Cereno” se elevó en Alemania a símbolo de la situación de la inteligencia en un sistema de masas -anota Carl Schmitt.


    La clave del relato es la ceguera perceptiva de Delano, causa de tantas catástrofes, como la que nos recuerda Douglas Macgregor, militar estadounidense de la rama ilustrada, sobre la entrada de Inglaterra en la primera guerra mundial, decisión tomada por una venada belicista de Winston Churchill, ídolo liberalio, que convenció al gabinete de que la guerra la ventilaría la flota británica en una tarde de batalla en el mar del Norte. ¿Qué sentido tenía decidir una guerra contra Alemania, Austria y Hungría mediante una batalla en el mar del Norte? El planteamiento era tan ridículo como los que ahora propone Garat, marinero de agua dulce, para enviar desgraciados a cazar osos en Rusia, pero, fiada de la genialidad churchilliana, Londres declaró la guerra a Berlín. Cuando se olieron la carnicería, recurrieron a un liderazgo profesional, y Asquith, primer ministro, tiró de Horacio Kitchener, gobernador de Egipto, para hacerse cargo de la cartera de Guerra. Queriendo parecer interesantes, aquellos idiotas reunidos pidieron a Kitchener un informe de la situación, y lo tuvieron: la guerra no duraría una tarde en el mar del Norte, sino un mínimo de tres años en el continente y requeriría de al menos dos millones de hombres (disponían de ciento cincuenta mil) y el apoyo financiero de todo el imperio británico. Los belicistas de bombín sólo disponían de la “boutade” de Churchill para derrotar a un enemigo, Alemania, que no lo era, y Kitchener hubo de acometer una campaña de reclutamiento para el matadero con la garantía de su imagen: “Britons wants you” (“Británicos, [Kitchener] os necesita”), modelo a partir del 17 del “I want you” del Tío Sam en América.


    Ningún pueblo europeo quiere hoy la guerra, pero todos sus gobiernos (clamorosamente más incompetentes que el inglés del 14) la anhelan como perros de caza, metáfora exacta de la representación en las “democracias liberales”, donde de Churchill hace Kaja Kallas. La esperanza es Trump, que un día parece Delano, y al otro, Cereno.


    -Zelenski siempre está pidiendo misiles. Oye, cuando empiezas una guerra, tienes que saber que puedes ganarla. No empiezas una guerra contra alguien veinte veces más grande que tú y luego esperas que te den misiles.

 

[Septiembre de 2025] 

Tristeza zaragozana

           

 
Los zaraguayos: Ocampos, Lobo Diarte, Nino Arrúa y Soto 
 

Francisco Javier Gómez Izquierdo


              Más que alegría por el triunfo del Burgos en Zaragoza, reconozco que cada domingo, al ver los resultados del equipo aragonés me da cierta cosa comprobar cómo agrava su enfermedad sin que aparezca remedio. Un equipo como descolocado, inseguro, con un once extraño parido desde la desesperación, supongo, del tercer entrenador de la temporada, un Rubén Sellés al que se le pide  la dimisión, se enfrentó al Burgos para volver a naufragar como cada jornada. Ganó mi Burgos en el Ibercaja Estadio, provisional escenario mientras se remodela La Romareda, con solvencia y tres goles, de los que sólo valió uno. Los otros dos, se los dan por buenos a otros equipos -al Rácing de Santander, sin ir más lejos, dos horas después en Castalia en un fuera de juego milimétrico ¡¡¡posicional!!-.
         Llevo en mi coche un disco de Joaquín Carbonell que a mí me entretiene pero que sólo lo puedo poner cuando no llevo pasajeros y es que de este hombre a pesar de la perra que tenía con las nucleares me gustan sus rimas y sus amores a la tierra, al agua, a las oliveras y al Real Zaragoza. Además entiendo muy poco de música y me quedo con  lo simple y comprensible. El 2004, el año que nos hizo peores a los españoles, el Zaragoza que acababa de ascender jugó y ganó la Copa al R. Madrid de los galácticos con aquel zapatazo de Galletti. Joaquín Sabina y Joaquín Carbonell, ambos de las mismas trazas, sacaron a la par y por entonces himnos al Atleti y al Zaragoza. Recuerdo que aquellos días amargos los reconfortaba con los dos joaquines y pasaba del colchonero "...qué manera de subir y bajar de las nubes.." al "...para viajar nos fuimos a Numancia, a Osasuna y Logroñés..." de los blanquillos. A veces los ripios más simples los carga el diablo y aquí Joaquín Carbonell se quejaba de que en Aragón no hubiera rivalidad futbolística "rivalidad, me gusta ésa palabra / no la tuvimos con Huesca y con Teruel". Después del 0-1 y los tres puntos para el Burgos, recordé el comienzo del Corazón de León -"Mirando atrás me crece la nostalgia / cuando saludo tu escudo de león / mirando atrás para darle importancia / al Zaragoza que huele a campeón". En el himno salen los magníficos "para gozar están los zaraguayos", Nayim el de la Recopa de Europa, y también Villa, el "Paquete Higuera" y Amarilla... y en ese 2004, de los Milito, César ó Cáceres empezaba a sobresalir Rubén Gracia Calmache, "Cani", puro Zaragoza "...para soñaaaar, Cani puntocom".


  Así acababa el himno que me  acabo de poner mientras pienso la tristeza que embargará allá donde esté a Joaquín Carbonell -me dice el hijo que cantaba muy tristón- al tomar cuerpo la rivalidad en Aragón en ¡¡¡Tercera División!!!!, que eso es en realidad lo que llaman 1ª RFEF. ¡Ojalá Zaragoza y Huesca se salven del descenso, pero... chungo!


    El Córdoba juega mañana. El Rácing creo que ha cogido ya delantera solvente y con el georgiano Guliashvili, que ha fichado este invierno se ha vuelto mucho más temible. Ayer ganó fácil al Castellón en Castalia, 0-3, el equipo parejo en forma y estaré pendiente esta tarde por cómo respira el Almería, al que servidor tiene como máximo candidato para el ascenso. He leído que Cristiano Ronaldo ha comprado el 25% del club almeriense... No sé, pero a este hombre no le gusta perder.

Domingo, 1 de Marzo

 


Bebedero



No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos

 DOMINGO, 1 DE MARZO


En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz desde la nube decía: «Éste es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo». Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo:

-Levantaos, no temáis.

Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó:

-No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.

Mateo 17, 1-9