miércoles, 5 de octubre de 2022

Momentos churchillianos


 

Ignacio Ruiz Quintano


    Los momentos churchillianos vienen a ser como los momentos wordsworthianos –esos que llevan a sentirse tocados por una inspiración– para estos tiempos de guerra liberalia.


    –El pobre Churchill no ha arrojado la bomba atómica, pero estuvo a punto –anota el Benito Cereno alemán–. Hitler es el resultado más terrible de la anglofilia alemana.
    

“Churchill se ha pasado los mejores años de la vida preparando ocurrencias espontáneas”, dejó dicho otro Smith, F. E., primer conde de Birkenhead.

 Boris Johnson, que de Churchill sólo ha imitado su gamberrismo, refiere dos momentos churchillianos graciosos. Uno, con el lord del Sello Privado, que fue a verlo estando el primer ministro en el excusado, y Churchill se defendió a voces: “Díganle al lord del Sello Privado que estoy sellado en privado, y que sólo puedo ocuparme de una cagada al mismo tiempo”. Y el otro, con la poco agraciada diputada laborista Bessie Braddock. “Winston, está usted borracho”, dijo ella. “Señora –replicó él–, usted es fea, y yo mañana por la mañana estaré sobrio”.


    Y de la gracia, al tenebrismo, que también puede tener su punto wordsworthiano en nuestra alta sociedad belicista, como esta arenga churchilliana rescatada en Humo humano:


    –La muerte se encuentra en posición de firmes, obediente, expectante, preparada para servir, preparada para segar a los pueblos en masa; preparada, si es requerida a ello, para pulverizar, sin esperanza de reparación, lo que queda de civilización. Espera sólo la orden.
    

Pero mi momento churchilliano predilecto es el literario, con su talento para capturar y entretejer la historia que ha de absolverlo. Así su descripción de la víspera de la gran catástrofe europea (de la que, por cierto, nunca hemos regresado, y de ello son una muestra nuestras elites), a partir de la noticia, el 28 de junio, de la muerte del archiduque Fernando en Sarajevo:


    “Conservo en mi memoria la impresión de aquellos días de julio. El mundo, en el mismo borde de la catástrofe, era muy brillante. Naciones e imperios con príncipes y potentados majestuosos navegaban en un mar de riquezas acumuladas durante una larga paz. Todos formaban parte, de una forma segura, de un inmenso puente colgante. Los dos poderosos sistemas europeos se veían las caras con sus brillantes y estridentes panoplias, pero con mirada tranquila. Una diplomacia refinada, discreta, pacífica y, en conjunto, sincera, tendía su tejido de conexiones entre ambos sitemas (…) El viejo mundo en su ocaso era muy hermoso de ver. Pero había algo extraño en el ambiente (…) Las pasiones nacionales, exaltadas indebidamente con el declive de la religión, ardían bajo la superficie de cada territorio con vivos, y a veces descubiertos, fuegos.”

 

Y remata:


    –Casi se podía creer que el mundo deseaba sufrir.
    

Churchill narraba sus recuerdos del 14 (The World Crisis 1911-1918) en 1931. En 1959, Bertrand Russell podía escribir (Common sense and nuclear warfare): “Nuestros caminos actuales nos llevan inevitablemente, más pronto o más tarde, hacia la extinción de la especie humana”.

La pintura y la escultura de lo informe no son inteligibles ni bellas

 


Proyecto para un monumento IV B, de Pablo Palazuelo. Realizada en acero corten, la obra refleja, según el autor, "el dinamismo de lo aparentemente estático"

 

Un artista tan severamente inteligente como Degas buscó sin descanso la inteligencia de la belleza en la exacta visión, desde perspectivas inéditas, de las únicas purezas orgánicas que quedaban intactas en la degenerada vida de la gran ciudad corrompida: la elegancia del caballo anglo-árabe especializado para correr en los hipódromos y la gracia sin par de las bailarinas seleccionadas para la danza clásica. La inteligencia del dibujo era tan patente en sus obras como en las de Leonardo.

 

     La pintura y la escultura de lo informe no son inteligibles ni bellas porque no alcanzan a tener siquiera la belleza de la inteligencia natural. Parecen empeñadas en dar la razón a quienes creen que en las artes plásticas la inteligencia cultivada es un estorbo y que para triunfar en ellas no se necesitan más aptitudes que las imitativas, propias de simios y antropoides. Buena vista, destreza manual y, como explicación, gruñidos inarticulados.

Antonio García-Trevijano

Miércoles, 5 de Octubre

 


Viejos Ministerios

martes, 4 de octubre de 2022

Compostaje humano


 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Si Dios ha muerto, todo está permitido. Eso incluye el “compostaje humano”, legislado en California por la demócrata Cristina García, famosa por el grifo de cerveza abierto en su oficina, y que satisface (con el compostaje, no con la cerveza) la demanda de la nueva religión del Cambio Climático (una religión comprende un credo, un culto, un código de conducta y una comunidad confesional), que exige “entierros ecológicos”.


    –La muerte, esa cosa tan bonita… Un día un muerto se va a mosquear y va a armar la marimorena; hay mucho abuso –dejó dicho aquí Ruano, el más grande funebrista del periodismo, en la muerte de Ramón.
    

A la señora García no le gusta Dios, y en cada ser humano, en vez de una proyección divina, ve un saco de abono para las patatas. Cuando el sol (californiano) de la cultura política se encuentra muy bajo, hasta los enanos proyectan una larga sombra, observó Karl Kraus (traducido en España por el cura Aguirre), quien vio venir que “en el corazón de la gran cultura los hombres harán guantes de piel humana”. Guantes, en efecto, hicieron los nazis alemanes; los demócratas americanos destinan el cuerpo entero al guano, no sé si para la “Church Supported Agriculture”, lo cual es ir más allá del nihilismo.
    

¿Qué es en realidad nihilismo? –juega Schmitt en su diario–. Cuando una persona viaja a una velocidad superior a 40 km a la hora, señores míos, eso es nihilismo.
    

Melancolía de cuando los muertos eran considerados como seres sagrados (Fustel de Coulanges): tocar con el pie, aun por descuido, una sepultura, era acto impío; el culto de los muertos era el culto de los antepasados.
    

Una religión antiquísima (basada en los muertos) fundó la familia, primero; la ciudad, después; estableció el derecho doméstico y el gobierno de la “gens”; en seguida las leyes civiles; el Estado estaba ligado a la religión: de ella procedía y con ella se confundía
    

Ahora los muertos van a la basura. El “compostaje humano” de la señora García en California parece más trascendente que el amancebamiento (“Io sono Giorgia”) de la señora Meloni en Italia, donde la abstención confirma la defunción del nefasto Estado de Partidos impuesto por el ejército americano (y sus “legal advisers”) a la Europa derrotada.
    

El Estado de Partidos es el gato por liebre de la democracia: consiste en el cambiazo de la representación de la sociedad por el de la integración de las masas en el Estado (“homo homini Leibholz”, como apuntara el sabio). Si las masas pasan de integrarse en el Estado, el sistema quiebra.
    

No hay duda de que nosotros, los italianos, somos más impíos y malvados que los demás hombres –anota Maquiavelo, que traducido por Burckhardt significa: “Despreciamos la generalidad de las leyes porque nuestros gobernantes son ilegítimos, y sus servidores, hombres viles”.


    El enemigo vuelve a ser el cursi protestante del Norte.

[Martes, 27 de Septiembre]

Martes, 4 de Octubre

 

 

Homenaje (en rojo) a Toral

lunes, 3 de octubre de 2022

En la muerte del Loco de la Colina

 


EL MOMENTO CUMBRE DE LA SANTA TRANSICIÓN

Feria de Otoño. Adolfada dura y complicada, como toca cuando delante hay pobres. Márquez & Moore

 


JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ

 

Comentaba a la salida nuestro querido amigo J., a quien hemos visto literalmente mamar en la Andanada, que es curioso que cuando se anuncian tres nombres “sonoros” con la corrida de Adolfo Martín, ésta suele salir bondadosa y beatífica, y que cuando se anuncian tres cualquiera no falla nunca que aquello va a salir duro y complicado. Hoy tocaba la segunda parte, lo de duro y complicado: con Adrián de Torres, Román y Ángel Sánchez en el cartel la presunción de dureza y de incertidumbre estaba en el aire.


Nos quejábamos en Cenicientos del toro tan domecqticado que soltó Adolfo en sexto lugar en la corrida concurso del día de la Virgen. El toro se llevó todos los premios, pero esa falta de intenciones que demostró, ese espíritu colaboracionista que el animal traía del campo nos encendía las alarmas de ese echar agua al vino que decía Domingo Ortega y que es la permanente mosca detrás de la oreja del aficionado criado en la constante amenaza de que “esto se acaba”.

Hoy Adolfo Martín ha traído a Madrid una corrida cinqueña áspera, y complicada, acaso algo baja de fuerzas, pero una corrida de toros, y cuando decimos toros nos referimos a unos animales que son el problema y no la solución, unos animales con los que no vale decir eso de que “he estado muy a gusto” porque el único momento de estar a gusto con ellos es cuando ruedan heridos de muerte, pues incluso con el estoque clavado son capaces de darte un serio disgusto. Cada uno a su manera los seis pupilos de Adolfo han sostenido, con sus huecas miradas, con la incertidumbre de sus embestidas, con la evidencia de su casta, la emoción de una tarde en la que nada estaba escrito y donde cualquier ecuación entre el triunfo y el hule estaba presente sobre el tablero de manera permanente.


Abre Plaza Sevillanito, número 38. Le cae en suerte a Adrián de Torres a quien también le tocó el adolfo de Cenicientos y a quien antes le había correspondido el de Juan Luis Fraile. En aquella calurosa tarde, tras su firme actuación, demandábamos que Adrián de Torres tuviera un hueco en la Feria de Otoño y aquí le tenemos, mes y medio más tarde, a confirmar la alternativa que le dio Padilla en 2012, que se dice pronto diez años, que venía a confirmar e iba por delante del padrino y del testigo de la confirmación, por ser de más antigüedad su alternativa. Se sorprende Adrián al recibir de capa a Sevillanito y el celo del toro le mete hacia adentro, teniendo que buscarse las mañas el torero para salir del trance. Poca leche hay en la parte equina y en seguida llega la perfección hecha brega en manos de Iván García, que no se puede estar mejor de lo que ha estado con el capote, todo a favor de obra y mejorando las condiciones del toro, que no era un Hércules, ni mucho menos. Se planta Adrián Torres en los medios y desde allí cita al toro dejándole correr. La cosa sale peor de lo que se preveía pues hay tropezones y algún susto, pero sobre todo hay disposición por parte del matador. El vis-a-vis de Torres y Sevillanito no se produce en términos de cordialidad y el animal, taimado y tirando a débil, juega sus cartas para intentar amargar la tarde al torero, que aguanta los gañafones y la incertidumbre de las miradas hasta que decide poner punto final a su relación a base de una estocada de cualquier manera.


Verduras, número 95, es el que viene a ver a Román, que se lo saca guapamente hasta los medios por verónicas. Le pegan poco los del penco con faldas y se viene arriba en banderillas, con pies y malas intenciones. La brega de César Fernández es lo opuesto a la exquisitez de Iván García, hecha ésta a base de enganchones y de remates hacia las alturas, cosas que en general no favorecen la causa de Román. Pedro Iturralde pica con buen arte y mesura. El toro es serio e impone mucho respeto y no parece que Román encuentre el modo de hacerse con él, cosa que se agrava según avanza el trasteo al que pone fin con metisaca barriguero, estocada caída y un descabello. Cuando el toro siente la estocada, hay como un escalofrío, un calambre eléctrico que recorre todo su cuerpo, apenas un segundo en que el animal acaso percibe la muerte.


Tomatillo, que lleva el número 68 herrado a fuego, es el primero del lote de Ángel Sánchez. El animal anduvo recorriendo la Plaza en plan agrimensor y cerciorándose de la altura de las barreras en diversos lugares hasta que reparó en la presencia de su matador. Adrián de Torres hace un ceñidísimo quite por gaoneras, impávido, y Ángel Sánchez replica por chicuelinas de costadillo. Espléndido Curro Javier, de verde y azabache, en dos pares de banderillas de sabor añejo y de enorme torería. Brinda el toro a una niña en el tendido 10 y poco más hubo, puesto que el toro se fue apagando y apenas si pasaba, aunque las señas que mandaba no eran tranquilizadoras. Cuando va a por el estoque nadie le censura y cuando cobra una estocada desprendida, tampoco.


Tras los imprescindibles toques de clarín y aporreos de timbal asoma al circo Pastelero, número 40, a quien Adrián de Torres recibe por verónicas. El toro no regala nada e Iván García le roba literalmente un par de banderillas de gran torería con el toro saliendo del lance al iniciar el cuarteo. Adrián de Torres comienza una faena de altibajos, acaso más bajos que altos, que rompe a buena en el momento que aguanta valerosamente un espeluznante parón del toro. Ahí se pone buena parte de la Plaza de su lado y el torero empieza a creer en la faena que va armando, a base de altibajos, como se ha dicho, pero ahora hay ya más altos. Torea con gran cuajo y despaciosamente por ambos pitones y aguanta de nuevo parones del toro a los que responde con pases sin violencia alguna, ejecutados muy despacio. Hace la sandez ésa de tirar el estoque de mentira que está de moda ahora y, como si Dios le quisiera castigar por esa ofensa a la herramienta de su oficio, se amontona con el toro y rompe la muleta. Vuelve a la cara para firmar otra serie muy aplaudida y… ya sabemos que Adrián de Torres no es el As de Espadas, pero ocho pinchazos y siete descabellos, dos avisos y a punto de caer el tercero es lo que deja en el cómputo tauricida. Pueden volver a anunciarle cuando quieran, que deja cartel.


Mientras Adrián de Torres estaba a lo suyo, en el callejón Martínez Erice se dedicaba a darle la chapa a Román preparándole para lo que venía a continuación, que era Holgazán, número 49, pero lo que el apoderado no podía imaginar es que la blandura de Holgazán echase por tierra sus consejos, pues las gentes se tomaron a rechifla al bóvido y nada de lo que Román intentó fue tenido en cuenta, por lo que el valenciano se fue a por el estoque para cobrar una estocada haciendo guardia, que ningún peón tuvo la decencia de sacar del toro, y un descabello.


Ya echábamos de menos a algún Aviador, hasta que salió el sexto, número 32 que no resaltó en la cosa equina y que recibió una lidia muy buena y medida de Curro Javier. El toro sacó intenciones aviesas, andando y mirando, pero la culpa de la primera cogida de Ángel Sánchez es más del torero que del toro, al quedarse perfectamente descubierto en el viaje del toro, que no perdona la ocasión de irse a él. Tras el susto, Sánchez vuelve a la faena, que no consigue tomar altura dando la sensación de que el propio matador es el más interesado en ir acabando aquello. Al entrar a matar el toro le prende lanzándole tres o cuatro metros hacia arriba y dejando la sensación de una fea cogida. Se lo llevan inconsciente a la enfermería y Adrián de Torres despacha al Aviador de un certero descabello. Afortunadamente la cogida es calificada de “pronóstico reservado”.


Con esta interesante corrida de Adolfo Martín acaba mi particular Feria de Otoño, brevísima. Cedo los trastos de la crónica al excelente aficionado José (Pepe) Campos, para que nos deleite con su inteligente opinión a los que no vamos a tener la suerte de estar en Las Ventas en estos días.



Aviador prende a Ángel Sánchez


ANDREW MOORE



 

Lo de Adrían de Torres

 




Lo de Román

 



Lo de Ángel Sánchez


 
 



 
FIN

Líderes en familia


 

Sarah Bernhardt

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Lo mejor del parón de selecciones es el tiempo libre para cambiar el césped del Bernabéu, único lugar donde vamos a ver jugar al fútbol este año: se retira el césped extremeño, propio para los caballos de los conquistadores, y se coloca un césped abulense, más adecuado para la mística castellana que ganó la Champions.


    La jardinería, decía Gecé, es un arte humanista de orden escultórico, y el Madrid tenía al mejor, Paul Burgess, un inglés al que imaginábamos con tijerones recortando bojes, guadañando céspedes y modelando esas cascadas en que la nueva ingeniería (del escultor mezclado con el brujo sale el ingeniero) ha transformado la pradera del estadio, pero que ya no está, dejándonos a merced del Cambio Climático y sus milenaristas, que comen como sabañones.
    

Se cambia de césped como se cambia de mantel. “Y en su casa los manteles eran siempre limpios”, decía Pemán del viejo labrador andaluz, que hacía de estas blancuras símbolos de otras blancuras espirituales, las que tienen cautivado a Rüdiger desde que llegó, ejemplarizado en la visita por sorpresa de Ancelotti a su casa, donde hacía una barbacoa:
    

Abro y es Ancelotti. Guau, se sienta a nuestra mesa, y conoció a mi familia. Nunca experimenté algo así, ningún entrenador había hecho eso por mí.
    

Ancelotti no es Naya, un gallego con modales militronchos que entrenó al Burgos de Juan Gómez Juanito y que a las diez de la noche esperaba a los futbolistas en los portales de sus casas para cerciorarse de que no trasnochaban (¡en Burgos!).
    

Ancelotti tampoco es Lopera, que se presentaba a las cuatro de la madrugada en casa de Benjamín para aguarle la fiesta de cumpleaños (“¡Parecía Jesucristo!”, contaría Joaquín, uno de los invitados) a sus empleados, los futbolistas.
    

Ancelotti es… Ancelotti, un italiano convencido de que el éxito de una organización es alinear a toda la familia en la misma dirección, haciendo del equipo de fútbol una familia. John Terry, que lo tuvo en el Chelsea, daba suma importancia a los detalles de Ancelotti: “Cuando te hace preguntas como ‘¿Qué tal está tu padre?, me han dicho que no se encuentra bien’, significan mucho. Piensas: ‘¿Cómo se habrá enterado?’ Se ha enterado porque dedica tiempo a preocuparse. Eso es lo que lo convierte en el mejor.”
    

Terry era un líder de vestuario, figura clave en el imaginario de organización de Ancelotti. Líder, según él, se es por personalidad, como Terry, o por ejemplo, como Baresi.
    

Un líder de personalidad –explica en sus memorias– suele ser un parlanchín, habla mucho con sus compañeros, grita en el terreno de juego y echa una mano a todos. Suele ser optimista y temerario, y dará un paso al frente llegada la ocasión.
    

Rüdiger, que nunca ha estado en Disneylandia y que ha dejado una definición del Real Madrid digna de Samuel Johnson (“mi sueño era jugar en la Premier; jugar en el Real es mi fantasía”), es un caso claro de líder de personalidad, y hace bien Ancelotti en colarse a sus barbacoas. El otro, aún muy joven, es Camavinga, amante de la moda, que ha declarado en GQ: “Soy un sol, y sólo cambiaría de mí mi pierna derecha: es muy mala”.
    

Yo, que en París fui el rey de la moda, he de resignarme a llevar este pardesú miserable –suspiraba, ya viejo, Pompeyo Gener, que se empiernó con Sarah Bernhardt porque una noche la visitó en su camerino y puso en su descote la camelia blanca que llevaba en el ojal del frac; un “bernhardista” se burló, y Pompeius lo desafió. Se batieron, y la Bernhardt confesaría que la pasión extrema de su vida fue ver batirse y caer herido a aquel hombre.
    

Cuál había sido la noche más amarga de su vida, le preguntó el Caballero Audaz: “El día en que le cortaron la pierna a Sarah Bernhardt”, respondió el catalán, que a esto se le llama entrar por piernas en la leyenda.
    

El fútbol es leyenda y dinero, pero Zelenski cree que es “resiliencia y democracia”, y le ha pedido por carta al uefo Ceferino (cómo se ve la mano de Boris, el despedido de primer ministro por mentiroso) que acabe... ¡con la Superliga!, lo que a ojos de la propaganda podría convertir a Florentino y a Laporta, sus patrocinadores, en agentes del Kremlin, como cuando Juan Tomás de Salas lanzó la campaña en Cambio-16 de “Mendoza, el hombre de Moscú” (¡un Armand Hammer español!), de lo que Mendoza (brillantísimo emprendedor, al fin y al cabo, que empezó de niño repartiendo marisco en bicicleta) sólo se libró porque una noche amistó en Vanity con un personaje con acceso a los lanzadores de pelotas chinas desde las covachuelas del Estado.
    

Pero yo he vuelto al estadio nada más que por ver a Vinicius.

 


 

¡SEGUNDOS DENTRO!


    De Hazard, suplente en Madrid, a Casemiro, suplente en Manchester. Ambos costaron un Perú, aunque son casos diferentes. Hazard parece caso perdido: “Quiero jugar y no juego, y cuando juego, juego bien”, dice él, que es como la juventud de Rubén Darío (“cuando quiero llorar, no lloro /y a veces lloro sin querer”). Pero Ancelotti no compró ese jarrón: se lo encontró. A Casemiro, en cambio, sí lo compró Ten Hag, taciturno como un Orange, que pagó por él lo que el Madrid por Aureliano (Tchouaméni). Y luego está Asensio. Tres segundos titulares (¡segundos dentro!) con sus países: Bélgica, Brasil y España.
  

[Lunes, 26 de Septiembre]

Camba al día. El libro del capitán Portela

 




Julio Camba

El otro día, al pasar por el mercado, presencié la disputa de una aldeana con un campesino. Cuando llegué al lugar del suceso el campesino había comenzado a hacer una detallada exposición de sus ideas antirreligiosas. ¡Exposición realmente impropia de un Ateneo, tan por su falta de razones científicas como por la violencia de sus frases! De las palabras de aquel campesino se deducía un espíritu satánico, que no creía en el misterio virginal de la encarnación ni en la omnipotencia de Dios. La aldeana, sin atemorizarse, le habló al campesino de su mujer, y entonces el campesino le dijo:

-¡Tú qué vas a decir! ¡Si tú estás en el libro del capitán Portela!...

La ira de la aldeana se desbordó con esta frase. Avanzó hacia el hombre, y dándole en la cara con un repollo, se lo quería hacer comer. Yo abandoné sumamente intrigado el lugar de la escena. ¿Quién era el capitán Portela? ¿Qué clase de libro había escrito este capitán? ¿Cuál era la razón de que -porquele hubiesen recordado una cita bibliográfica- pretendiera aquella aldeana que sus repollos se comiesen crudos, como las ensaladas?

Un amigo me lo explicó todo, contándome una historia de malicias y de delicias: una historia picaresca que yo voy a poner en una crónica, ya que no puedo ponerla en una jácara o en un romance.. Mis compañeros de la misteriosa Orden de los Terribles -dedicados a hacer la desgracia de los maridos mientras hacen la felicidad de las mujeres- tiene mucho que aprender en el libro de este don Juan lugareño, que, con un nombre verdaderamente terrible, se llama el capitán Portela.

Todavía joven y fuerte -como corresponde a un don Juan-, el cvapitán Portela había solicitado su retiro y se había ido a vivir a Brandón, una parroquia vecina de Pontevedra, en donde las mujeres son sanas, hermosas y fecundas, con una fecundidad que sorprendería a los avisados maridos de una capital. Brandón es inocente, y en la época del capitán Portela parece que era una misma la inocencia que hacía pecar a las mujeres y confiar a los maridos.  El capitán se aprovechaba de ella y la burlaba. Todos los días se llevaba a su casa, en los recios bigotes veteranos, la sabrosa humedad de algún beso furtivo. ¡Gallos de Brandón! ¿Cuántas veces fue hollada por el capitán Portela la misma tierra de vuestros corrales, que eran vuestros feudos? ¡Grillos de Brandón! ¿Cuántas veces suspendisteis una serenata para no turbar los dulces sollozos que el capitán Portela pretendía vanamente ahogar con sus besos?

Era irresistible aquel capitán que, no teniendo moros con quienes pelear, derribaba todos los días alguna de estas formidables bellezas aldeanas sobre su tierra de labor, entre las altas hierbas, que le servían de lecho y de cortinas. Luego, cuando llegaba a su casa, a hurtadillas de su mujer, sacaba un cuaderno y anotaba el nombre de la víctima y el lugar delñ sacrificio. Un día, el bizarro capitán se puso malo y se murió. ¿Debilidad? ?¿Gota? ¿Reúma? Ellos es que la muerte del héroe dejó en la más triste orfandad a media parroquia de Brandón, cuyo número de vecinos había aumentado considerablemente desde que el capitán llegara a ella. La viuda llamó a un notario para que arreglase los papeles del fifunto, y ante las austeras gafas leguleyas apareció el pequeño cuaderno con sus terribles revelaciones.

El escándalo fue espantoso. ¿Era verdad lo que decía el libro del capitán Portela, o se trataba de un caso de vanidad póstuma? De un modo o de otro, las cenizas del capitán no merecían tierra sagrada, y se pensó muy seriamente en hacer con ellas una exhumación vengadora. Un día un pobre hombre llegó junto a su mujer.

-¿Sabes lo que me han dicho?

-¿El qué?

-Pues que la hija está en el libro del capitán Portela.

-¡Bah! Son habladurías de la parroquia.

-Por un sí o por un no, yo voy a ver el libro.

Y fue, contrariando la opinión de su mujer. Vio el libro, y allí no sólo estaba su hija, sino que también estaba su esposa.

Esta historia es reciente. No hace aún mucho más de un año desde la muerte del capitán Portela. Yo recojo su vida según se cuenta por aquí, y como explicación de una frase popular. Por lo demás, la parroquia de Brandón merece todo mi respeto y toda mi simpatía: una simpatía igual para sus mujeres que para sus maridos.

 


Julio Camba

Lunes, 3 de Octubre

 

El sello

domingo, 2 de octubre de 2022

Rachas

 


Rácing de los bigotes, 72/73

SANTAMARÍA, De la Fuente, Chinchón, Portu, SISTIAGA, Santi,

 Sebas, Barba, Aitor Aguirre, Pedro Amado (q.e.p.d.) y Arrieta

 

Francisco Javier Gómez Izquierdo


      En el noble deporte del balonmano, cuando los partidos están así-así, los aficionados gritan "defensa-defensa" para encorajinar a sus héroes en semejante tarea, que no olvidemos es la más apreciada por los técnicos y buenos aficionados de la disciplina. El futbolista que ayuda al locutor de la 2ª División en lo de Movistar es Alberto García, un portero que estuvo en Córdoba cuatro años con actuaciones muy diversificadas pero que tenía encandilados a varios entrenadores. Alberto era desconcertante y en ocasiones desesperante, pero creo que era y es un tío por derecho, querido y respetado por sus compañeros. Cómo será, que al poco de llegar al Rayo Vallecano lo hicieron capitán. Como portero que es, Alberto esta "guirrao" con el Burgos y su despliegue defensivo que él hubiera querido para sí y no aquellas defensas jugonas que tantos disgustos le dieron. El "jarocho" -así le llamaba Juan por lo pelirrojo- empuja porque su colega Caro, "Churripi" desde la niñez en la Palma del Condado, bata el récord de imbatibilidad que ostenta Claudio Bravo -755 minutos, ocho partidos y 35 minutos- en el fútbol profesional español, alcanzado el sábado en Villarreal con el cuarto 0-0 consecutivo el de Juan José Santamaría en el Rácing, uno de tantos cancerberos que tuvo que emigrar de Bilbao por la alargada sombra del Chopo Iríbar. La marca del racinguista estaba en 656 minutos.
   

Está bien que las tácticas defensivas de tu equipo de fútbol sean elogiadas por críticos, entrenadores y aficionados en general; es admirable el coraje y la concentración de una plantilla emperejilada con retales de 2ªB por no permitir la precaria economía y la rigurosa reglamentación para con los débiles un mínimo riesgo con alguna extravagancia africana de las que calienta banquillo en clubes belgas o franceses (el marroquí Moraud, cedido por el Elche, es el único jugador no español). Está bien, sí... pero el fútbol son goles y en el Burgos sólo se defiende. Dos goles en ocho partidos, uno de penalty por supuesta mano que el VAR se sacó de la manga es bagaje de absoluta precariedad, pero el morbo de quién podrá con la virginidad de Caro y a cuanto ascenderán los minutos sin agacharse dentro de la portería ya se ha asentado en el mundillo futbolero. Y que con dos goles sumes 12 puntos ¿no es de récord?


      Santamaría, al que Caro ha batido su récord de aguantar el cero de Segunda División, era el portero de un Rácing de Maguregui que ascendió a Primera ganando partidos, no empatándolos a cero. Se le llamó el "Rácing de los bigotes", pues como no perdía sus jugadores se tiraron la chulería de dejarse bigote hasta que algún equipo pudiera con ellos. Pudo el Rayo, con goles de Illán y Potele. En el Burgos de hoy todos se parecen a Sistiaga, uno de los bigotudos, y ninguno a Aitor Aguirre, el otro que bajó de Santander a El Plantío para alegrarnos la vida los domingos por la tarde.


       Convencido de que esta tarde-noche vería en El Arcángel los goles que el Burgos no da (la temporada pasada se ganaron todos los partidos, no se cedió ni un empate, y en ésta los primeros cinco, quince puntos, todo ganado también) ha llegado el sexto encuentro considerado propicio para seguir la racha triunfadora y el San Sebastián de los Reyes nos ha dicho a los cordobesistas que no hay enemigo pequeño y a la plantilla blanquiverde que en la confianza está el peligro. ¡Ah! y al míster Germán Crespo que quizás los excesivos cambios generen cierta confusión. En un caótico final propiciado por nosotros mismos, ¡pum! 0/1 sin saber cómo. Creo de verdad que ha sido un simple accidente y que el tropiezo tiene remedio.
        

¡Que dure la racha del Burgos y empiece otra de veintitantos triunfos seguidos en El Arcángel!

Rocanrol. Replace your heart


Get The Water

 


 

Replace your heart

 with second liver

 you can drink mor

 and care less






 

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Classic Rock In Pics
@crockpics


Classic Rock In Pics
@crockpics

Feria de Otoño. Novillada de Fuente Ymbro, que lleva media hecatombe en Madrid. Más de lo mismo. Márquez & Moore

 

Jaranero


JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ

 

Inicio de la Feria de Otoño en una tibia tarde otoñal. En el cartel, no podía ser de otra manera, un encierro de Fuente Ymbro. Apunta el aficionado R. que con Ésta de hoy llevamos ya vistos cuarenta y dos ejemplares de Fuente Ymbro en Las Ventas, poca cosa, y remata el aficionado A. que si contamos dos sobreros de una de esos “desafíos ganaderos”, ya estaríamos en los cuarenta y cuatro que, junto a los seis de la corrida del próximo día 9 nos pondremos en 50 ejemplares, la media hecatombe, con lo que se igualaría alguno de aquellos viejos récords de los Veragua, de cuando en Madrid salían toros del Duque a puñados.

 

Yo creo que hay varias generaciones de aficionados, acaso diez o doce generaciones, que no han tenido la oportunidad de ver un retrato tan constante de una misma ganadería en una sola temporada y además de una ganadería que, por otra parte, tampoco es que tenga una legión de seguidores. Digamos, poniéndonos en la cosa positiva, que nos han dado un regalo de esos que nadie quiere, ese jarrón que esperas que se caiga de la estantería y se rompa desde el primer día que lo ves; y si nos ponemos en el lado oscuro, que el señor Gallardo, don Ricardo, propietario de la vacada, ha hecho un pack, como ahora se dice, y por cada corrida de toros que le han comprado los de Plaza 1, él les ha ido regalando los novillos. O lo mismo es que los de la Empresa tienen una iguala con don Ricardo, como antes con los médicos. La cosa es que, hablando de Veragua, los pupilos de don Ricardo Gallardo provienen remotamente de la compra que en mala hora le hizo don Juan Pedro Domecq y Díez de Villavicencio a Manuel Martín de la vacada que antes había sido propiedad del Duque de Veragua. En este sentido hay que agradecer que los redactores del programa oficial hayan introducido a don Manuel entre el Duque y don Juan Pedro, para general conocimiento, y hayan alterado la jaculatoria respecto del encaste Domecq que venían publicando desde tiempo ya inmemorial.


Por la parte coletuda pusieron en los carteles los nombres de Víctor Hernández y de Álvaro Alarcón, para que se las vieran frente a frente, mano a mano, que ambos agavillaron ciertos méritos durante la temporada que ahora vemos finalizar, así que los encargados de la programación venteña estimaron que ese encuentro sería del agrado de los públicos. Con la mejor entrada que se ha visto en Las Ventas desde que acabó la Feria de San Isidro hicieron el paseíllo los citados novilleros tras los tordos jamelgos capitaneados por el severo don Francisco Javier y la gentil doña Rocío, seguidos por sus cuadrillas y dispuestos a desgranar los secretos de sus tauromaquias ante la Cátedra.


La primera desgranación vino de parte de Víctor Hernández y el material a desgranar era conocido por Taconero, número 116, de capa negra. El desgranamiento en cuestión consistió en no cruzarse ni una sola vez, dar muchos pases y telonazos de mucha longitud, y no codillear, apunta el aficionado C.. Admitamos lo del codilleo como mérito que se escapó a nuestros ojos y resaltemos, además, el indudable valor de Víctor Hernández y su disposición a mostrarlo sin ambages como elementos más positivos de su actuación que, aunque por ciertos momentos levantó determinados entusiasmos en parte del público, tampoco podemos decir que levantase  pasiones. Echó abajo al FY mediante estocada hasta dentro del toro y dos descabellos y sus muchos seguidores pidieron la oreja, sin llegar a ser mayoría. Resaltemos a Marcos Prieto, antiguo recortador, con el capote, no se nos vaya a olvidar.


Álvaro Alarcón se dispuso a desgranar a Jaranero, número 135, también negro y con algo más de malas intenciones que su predecesor y hermano, que se concretaron en la cogida que sufrió el novillero toreando en los medios donde el novillo le prendió. Tras unos momentos de incertidumbre el de Torrijos remató su faena, echó abajo al novillo de una estocada entera muy eficaz y atravesando la playa de arena de miga se personó en la enfermería.


Con la incertidumbre de la cogida, sale el tercer candidato a la desgranación, que atiende por Zalagarda, número 24, corriéndose turno, segunda oportunidad para Víctor Hernández con un novillo que presenta menos claridad que el primero al que recibe a base de pases del celeste imperio rematados con un soberbio trincherazo. Un clásico inicio para seguir explotando argumentos de poco peso que no consiguen llevar al éxtasis al graderío. La estocada entera, dentro del toro, de rápido efecto, así como la predisposición de parte del público llevan a una numerosa petición no mayoritaria que, con muy buen criterio, no es atendida por el palco. Hernández no se digna siquiera a dar la vuelta al ruedo y, ciertamente, tampoco se le demanda entusiásticamente.


Se corre turno en la secuencia desgranadora y aparece en cuarto lugar el reseñado como quinto de la tarde, Vivero, número 132, con el que Víctor Hernández vuelve a dejar sus argumentos ya reseñados, lo del valor, lo de no codillear o lo de torear despegado y por las afuera. El argumentario lo basa principalmente en la mano izquierda y demuestra que anda muy toreado, que maneja la cosa técnica, que templa… y que no emociona, porque la emoción no nace nunca de la técnica, como no emociona uno de esos cuadros en que se ve a un ciervo corriendo por una foresta, por muy bien pintado que esté. A base de estocada entera consigue que las gentes se pongan firmemente de su lado y, por mayoría, es galardonado con la oreja del animal, que pasea por el anillo de manera harto parsimoniosa. Tan parsimoniosa como la “marcha del caracol” de los benhures de la mula, siempre a la caza de la propina.


De pronto se abre la puerta de la enfermería y, entre aplausos, Álvaro Alarcón recorre el callejón con destino al 9 a desgranar los dos que le están guardando en chiqueros. En primer lugar aparece Taranto, número 79, que fue un toro noble y vivo, toro de triunfo. Se echó con alegría al caballo de Bernal, que le midió el castigo, y aunque tardeó un poco en la segunda vara, acaso de tanto capotazo inútil como le pegaron, acudió de nuevo con gran viveza y alegría a la segunda. Remarquemos de nuevo la disposición de Alarcón, herido, tanto como su falta de argumentos de peso con el novillo que partió hacia el Valle de Josafat entre aplausos merecidos.
 

Para finalizar el festejo apareció Manirroto, número 123 que no dio opción a desgranamiento de ningún tipo porque padecía derrengamiento de cuartos traseros que deslucía todo lo que se le intentase hacer. Lo mató a la última y salió por su propio pie, que sería, en este caso, la mejor noticia de la tarde.
 


Jaranero y Álvaro Alarcón

 

ANDREW MOORE





 

LO DE VÍCTOR HERNÁNDEZ

 








 

LO DE ÁLVARO ALARCÓN






FIN