viernes, 20 de mayo de 2022

Carteristas


 

Plaza y Posada del Potro
 

Francisco Javier Gómez Izquierdo
       
         ¡Válgame el Señor, vuelve a haber carteristas en Córdoba!
         

La prensa da cuenta estos días del elevado número de incidencias en la Judería y los patios por una actividad que se creía prácticamente desaparecida en la ciudad. Ya no estoy al tanto de la nómina cordobesa de esta práctica delictiva, pero me malicio que los carteristas florecidos este mayo no son naturales ni de las Margaritas, ni del Cerro ni de la Fuensanta. Ni siquiera de las Palmeras. Las mujeres que ofrecen ramitas de romero y leen la mano en la mezquita son pesadas pero no son carteristas.

No quiero que ustedes entiendan lo que servidor entendió cuando la señora del Kichi de Cádiz y parlamentaria en el palacio de San Telmo soltó aquéllo de "... en Andalucía no hay racistas. Los racistas son los que vienen de Despeñaperros p'arriba". No. Lo que intento decir es que los carteristas de Córdoba se marcharon hace tiempo en busca de las bullas de Madrid y Barcelona. "Aquí no se puede trabajar, señor funcionario. Cuando cumpla estos ocho meses me voy para Madrid. En una hora en la calle Preciados y sin bajar al metro hago el avío para toda la semana y uno no está tan expuesto". Así hablaba el señor de la gabardina color crema, alto, serio, limpio y con gafas de profesor por Cambridge que el viajero se encontraba en la antigua estación de trenes de Córdoba mirando sus mismos carteles y horarios, pero por detrás. Rafael daba el pego porque no tenía aspecto de maleante. Al contrario, daban ganas de preguntarle si necesitaba ayuda e incluso había incautos que le explicaban que el Directo no paraba en Lora del Río.
     

Estaban Rafael y, "fueraparte, no tengo ná que ver que él...,", la Margara, una auténtica artista en la especialidad. La Margara era y es, supongo que aún vive, gitana pura. Me decía que aprendió con cascabeles en la muñeca a base de sopapos de la abuela cuando le sonaban en las prácticas con la familia. A mí se me venía el Fagín del Oliver Twist cuando contaba sus andanzas por las ferias del mundo "alante". "H'entrao a pagar unos gramitos que me cogieron en un registro. Tuve que abandonar las carteras porque los payos no dejan que las gitanas nos acerquemos mucho. Recelan, ¿sabusté? y así es imposible. Ahora los que dominan las bullas, los metros, conciertos, el fúrbo y éso... son de por ahí lejos: búlgaros, de Croacia, albaneses, las gitanas rumanas que s'apañan como naide en el metro... De toas maneras ya la gente no lleva dinero en la cartera. Van a por los móviles c'aluego se venden mu bien, sabiendo dónde, ¡clarostá


     Los carteristas modernos son mucho más descarados que los de anteriores siglos y por lo general se aplican en rapiñar por territorios muy localizados. Metros y zonas turísticas de Madrid y Barcelona, sobre todo. Los mas prácticos se han hecho ambulantes y acuden allí donde se aseguran aglomeraciones. En la final de la Europalí completaron un mayo de extraordinaria actividad: patios de Córdoba, ferias de Sevilla y Jerez, multitudes embriagadas con la disculpa del fútbol y se espera que rematen en la feria de Córdoba a partir de esta noche. Muchos de estos enajenadores no saben que aquí se fundó una de las mas prestigiosas universidades de "su ciencia": la plaza del Potro con su posada, lugar en el que se juntaba toda clase de pícaros, rufianes y prostitutas a ensayar y practicar sus granujerías. "Cuatro agujeros del Potro de Córdoba" nombra Cervantes en el Quijote y los hace "...gente alegre, bienintencionada, maleante y juguetona..." que en memorable ocasión andaban junto "... a cuatro perailes (cardadores de lana) de Segovia y dos vecinos de la Heria (bribonería) de Sevilla".
      

En la plaza del Potro y su posada sitúa don Miguel a todas estas especies y como quiera que todas las modas vuelven, digo yo que no estaría de más que la policía rondara el santuario.
      

-¡Hombre, don Javier! -me saluda esta mañana uno del que no recuerdo su nombre frente al Santos de las tortillas en la esquina de la Mezquita.
     

¿Y si resulta que ha habido una reconversión del sector y no nos hemos enterado?

"Tó pal pueblo"

 


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Ése fue el ucase del hermano de Juan Guerra cuando, para celebrar un 23F, el gobierno de Gonzalón se apropió de Rumasa por la jeró: “Tó pal pueblo”. “Tó” eran las facturas, que todavía estamos pagando, y lo traemos a colación como parodia (todo es parodia en España) de la explicación que Alito, el juez de la Corte Suprema americana, da de su decisión sobre el aborto:


    –Es hora de hacer caso a la Constitución y devolver el asunto del aborto a los representantes electos del pueblo.
    

La Corte Suprema estadounidense no es un tribunal político, como los Tribunales Constitucionales europeos, que son poderes constitucionarios (constitucionario llamaba Sieyes al poder constituido que se arroga poder constituyente), ese sueño húmedo de la izquierda americana que llama a escrachear a los jueces, que en América es llamar a la guerra civil. Fuera de la vía del poder constituyente, en la Constitución, si lo es, no se puede entrar ni siquiera por vía de interpretación (llamada integradora).


    La Constitución está para proteger al individuo frente a la comunidad. Cuando Hamilton crea el Poder Judicial, avisa que será siempre el menos peligroso para los derechos políticos, pues no posee fuerza ni voluntad, sino únicamente discernimiento, y que la libertad general del pueblo no ha de temer amenazas mientras se mantenga aislado tanto del Legislativo como del Ejecutivo, a cuya independencia contribuye el carácter vitalicio de los jueces.


    Los padres fundadores se opusieron rotundamente a dotar a los jueces del poder para “crear” derechos, es decir, de usurpar la función de los legisladores, razón por la cual la Corte Suprema devuelve la decisión del aborto a los Estados: su Constitución, y esto se encargó de aclararlo Madison, no es “nacional”, sino “federal”, un sistema de equilibrios tan original que el propio Hamilton, aunque lo apoyó lealmente, no ocultó su escepticismo. Pero funcionó. Hasta hoy. Mañana, ya veremos. ¿Qué son los Founding Fathers al lado de la Frankfurter Schule?

[Viernes, 13 de Mayo] 

San Isidro'22. Yemas de San Leandro del Río para Manzanares, que ni quiere ni sabe; Roca, que ni roca ni rey; y Adrián, que departió con el Gerente. Márquez & Moore

 

Adrián, que confirmaba, de cháchara con Manzanares y Roca.

 Luego, en el callejón, echó la tarde con el Gerente de la Plaza

 

JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ

 

Hoy volvemos a la normalidad y nos encontramos con el minuto de silencio de casi todos los días, esta vez por Litri, fallecido ayer en Huelva. De Litri siempre me han gustado dos cosas: una es que le comprase a King Ranch España S.A la ganadería de Concha y Sierra por el hecho de que el hierro de la misma coincidía con las iniciales de su esposa, doña Conchita Spínola; la otra que cuando hicieron el filme “El Litri y su sombra” (Rafael Gil, 1959) se empeñaron algunos viejos aficionados añorantes de la antigua suerte de varas, la que se hacía con el caballo a cuerpo desnudo, en representar esa vieja y descarnada suerte de varas treinta años después de la implantación del peto. Seguramente que el hecho de que en esa producción estuvieran metidos Pepito Aguayo y Agustín de Foxá tuvo algo que ver en el rodaje de esos planos, que ahí están para quien los quiera ver.
 

A quien no le importarán esos planos ni, en general, nada de lo que tenga que ver con la suerte de varas con o sin peto es al ganadero de esta tarde, don Victoriano del Río, que anda el hombre empeñado a través de la sociedad Medianillos Ganadera S.L, propietaria de los derechos de hierro, divisa y antigüedad, en la creación de la mascota taurina perfecta, la que pasa de puntillas por los dos primeros tercios y, haya sido como haya sido su comportamiento, eclosiona en toro colaboracionista, servicial y amable en el último tercio. Es un buen planteamiento éste de don Victoriano para los tiempos que corren, lo que pasa es que muchas veces las cosas no salen como el hombre propone, como esta tarde en Las Ventas.

 
Lo mejor que nos ha traído Victoriano del Río es la conocida morcilla en el programa que nos informa diariamente que “Juan Pedro Domecq y Núñez de Villavicencio compró a principios de 1930 la ganadería del Duque de Veragua…” Parece que fue ayer y ya va para un siglo, aunque vista la reiteración con la que se informa de dicha adquisición es posible que aún haya muchos que no se han enterado.
 

Del ganado hay poco que decir para el que le gusten los toros: el segundo, Espiguita, número 138, abrió un fecundo debate entre los aficionados sobre si tenía en su genética más de cabra o de chivo. El cuarto, Soleares, número 149, nos llevó a analizar con detenimiento su estructura corporal para tratar de discernir dónde se hallaban los 599 kilos que proclamaba la tablilla, llegando a la conclusión de que esta vez el ojo de buen cubero de don Florencio el mayoral, podía estar siendo aquejado de macropsia. El quinto, por no aburrir, se llamaba Corchero, su número era el 26 y sus señas físicas las de un novillo. Sin ahondar más en lo dicho ya se puede comprender que la presentación en escalera del encierro de don Victoriano no ha sido en modo alguno la que se debería esperar del que algunos denominan “el mejor ganadero del momento presente”. Y si hablamos del comportamiento, pues reiteramos lo dicho antes, animales criados para la muleta, para no dar sustos y para ser siempre parte de la solución, nunca del problema, eso que ahora en las empresas denominan “facilitadores”.


Para dar lidia a las yemas de San Leandro del Río la empresa que gestiona los designios de la pocilga antes denominada Plaza Monumental de Las Ventas urdió la contratación de José María Manzanares, Fernando Adrián, que venía a confirmar la alternativa que le dio Julián de San Blas en Ávila hace nueve años, y Andrés Roca Rey. Dicen que colgaron el “No hay billetes” pero yo entré por la Puerta Grande a las siete menos tres minutos y a esa hora las taquillas estaban abiertas y el cartel no estaba. Lo que sí que había eran reventas ofreciendo todo el papel que quisieras. No hace falta ser consultor de McKinsey para darse cuenta de que el que aliviaba a Plaza 1 la presión económica del cartel de esta tarde era Fernando Adrián.
 

El primero del lote de Fernando Adrián se llamaba Amante y salió más bien bandido, y como señas diremos que llevaba el número 70 herrado en el costado y el pitón izquierdo escobillado. Fernando Adrián se dispone a comenzar su labor de rodillas para meter un pase cambiado y en seguida otro más. De rodillas no es tan fácil esconder la pata y por eso hay muchos toreros que cosechan unos aplausos sinceros mientras están de hinojos y luego lo echan todo a perder cuando se ponen de pie, y eso mismo es lo que le pasó al confirmante, que cuando se irguió comenzó a meter un recital de destoreo, de pata atrás, organizando un delirante y antiestético carrusel mitigado por la inocencia del bovino, que se merecía el hábito de los franciscanos por derecho propio, como quien dice “fratello toro”. El animal soportó con estoicismo el circo que le fue haciendo su matador y el momento cumbre llegó cuando hizo el cite del “borracho meando”, que consiste en arquear el tronco sacando hacia afuera el abdomen y echando hacia atrás los hombros: esto hay quien lo toma por “desmayo”. Tras unas desalmadas manoletinas se tiró a matar cobrando un bajonazo. En ese momento el aficionado R. nos refiere su visita a la tumba del santo Job, en Omán, patrón del aficionado.


Si lo de Fernando Adrián era el no saber, lo de J.M. Manzanares era directamente el no querer. Abúlico, fastidiado como ese trabajador que cree que hace un trabajo muy por debajo de sus posibilidades, harto de todo se acerca a la cabra Espiguita a dejar pasar el tiempo para que no le silben y a justificar la nómina con su vacile. Manzanares ni quiere ni puede y por no hacer, ni siquiera mata, que es lo suyo, dejando dos pinchazos y una estocada entera. Dicen que si el viento, pero yo he visto a César Rincón con un vendaval triunfar ante un sobrero de Moura, o sea que de eso nada.
 

Lo primero que llama la atención de Roca Rey es que siendo un cabeza de cartel como es, lleve esa cuadrilla que parece una redada. La palma se la damos hoy a Paquito Algaba que cuando vio que el toro se iba al picador que hacía puerta, se quedó mirando como el que mira pasar la Vuelta Ciclista sin menear el capote, y la alguacililla doña Rocío, que se aúpa de puntillas para mirar por encima de la barrera, lo mismo. La suerte de varas se produjo en el 4 y el Presidente Oliver cambió el tercio porque le dio la gana sin que Quinta se llegase a estrenar. Deja Roca una fantasía de capote por gaoneras. Luego, en la cosa muleteríl, despliega una enorme solemnidad en sus movimientos y le falla el toro, que se para entre pase y pase y deja hecha la foto-finish de la deleznable colocación del diestro, con lo que la faena baja de intensidad. Entre el trapazo y la parsimonia se pasa el rato, y hay quien culpa al cambio climático de los desvaríos del torero que para demostrar que en este toro ni es Roca ni es Rey, suelta un bajonazo de los que hieren al mirarlos.


Segunda Estación de Penitencia para Manzanares. Anima algo el funeral Fernando Adrián con unas saltilleras trompicadas y cuando le toca a Manza el muleteo, los veintitantos mil empiezan a bostezar ante la nada que se les presenta. Digamos en honor del maestro alicantino que caza muy bien al toro con un espadazo hasta la bola. Mientras Manzanares estaba en sus cosas, en el callejón departían amigablemente el Gerente del Centro de Asuntos Taurinos y Fernando Adrián.


Tras su conversación con el Gerente, sale Adrián a hacerse cargo de Corchero, número 26 que es el toro que da al encierro su carácter definitivo de esperpento. Con ese Corchero se demuestra que Adrián da el nivel de un aficionado práctico un poco avanzado y nada más. El aficionado J. sentencia: “Ya era malo de becerrista y no ha avanzado nada”. Corramos un velo espeso y reseñemos la estocada rinconera con la que se libra del novillote.


Inexplicablemente la gente se va de la Plaza a puñados, justamente cuando vuelve Roca a vérselas con Cóndor, número 109. Poner juntos a un peruano y a un cóndor es promesa casi segura de que algo puede pasar. A despecho de la cuadrilla de todo a un euro, comienza su labor de rodillas con un pase cambiado y derechazos y, ya erguido, uno por alto mirando al tendido. Luego decide continuar su faena como todos los días en todas las Plazas y ahí algunas voces le recriminan su colocación. Acaso el torero las escucha porque cambia su actitud y se esfuerza desde ese momento en armar la faena a base de ceñirse al toro, aguantar algunos parones, resolver situaciones complicadas a base de oficio y valor y exprimir algunos estimables muletazos dentro de su particular estética. Faena a más sin abusar de los conocidos trucos ventajistas, más bien metido en los terrenos del toro y en las cercanías a medida que avanza la labor. Mata de pinchazo hondo y descabello. Lo de Paquito Algaba con el
descabello es ya del género de las películas de Harold Lloyd.

 


Adrián por los suelos, como la tarde

 

ANDREW MOORE

 



LO DE MANZANARES

 




 

LO DE ROCA

 



LO DE ADRIÁN

 


FIN

Viernes, 20 de Mayo

 


Bandera con ciprés

jueves, 19 de mayo de 2022

La final de Trapp

    


 

Francisco Javier Gómez Izquierdo


      La final de la Europa League, la Europalí para todos, resultó mas bien sosota: "...la caló, el respeto mutuo, lo mucho que se jugaban..." Eso sería.  He seguido la trayectoria del Eintracht desde octavos y a pesar de la faena al Betis, me empezó a caer bien cuando vistió de blanco el Camp Nou, no por querencia hacia el Real Madrid, sino por padecer indigestión azulgrana con sus pesadas exquisiteces propias y sus desprecios casi delictivos hacia los esforzados afanes ajenos. Los que saben del asunto lo daban perdedor en octavos, cuartos y semifinales. Ante la final moderaron sus impulsos sentenciadores y se habló de igualdad y fuerzas parejas. A mí los del Eintracht me fueron ganando la voluntad, primero por el incisivo lateral Knauff, que por lo que dicen los locutores ni es lateral y además carece de técnica; por el zurdo Kostic, que lleva y centra la pelota con esa elegancia con la que los dioses del fútbol distinguen a los zocatos de los diestros, haciéndolos como más preferidos; por el austríaco Hinteregger, un central gigantón que no pudo jugar;  por Borré, que no lo hizo tan mal en el Villarreal, pero sobre todo por Trapp, el portero que coincidió en Barcelona con un paisano llamado Aitekin que hizo todo lo que estuvo en su silbato para destrozar su buen nombre.
     

Trapp, quizás no fue lo mejor de la final, pero en lo estrictamente futbolístico, sí. Lo más espectacular de la final de anoche estuvo en las gradas del Sánchez Pizjuán en una exuberancia de coloridas aficiones: azul moteado de naranja la escocesa y un blanco reventón la alemana. Aficionados que como no cabían todos en Sevilla, alguno tuvo que recogerse a dormir en los alrededores. Esta mañana en mi preceptiva caminata me he encontrado una docena de escoceses en la calle Alfaros. Luego destaco al señor Slavko Vincic, que tiene nombre de villano de película pero que me reconcilió con los buenos árbitros. Escasos, pero existen. Un tío nada pamplinoso, que ignoró las personales que han puesto de moda los tiempos modernos y que no acudió a la llamada del VAR por uno de esos hallazgos en el área a los que los Iturraldes son tan dados. Creo que estaba Hernández Hernández en el aparato.
    

Esta final estaba predestinada a ser una reivindicación de Kevin Trapp y con sólo dos paradas, descomunales, eso sí, lo que venía ya dispuesto se consumó. Los ayudantes del entrenador Glasner besaban, reían y parecían depositar toda su confianza en el cancerbero de Nuremberg antes de los lanzamientos, mientras con McGregor, su rival en la portería, con los cuarenta cumplidos no parecían querer cuentas ni las cámaras ni el realizador de la televisión que transmitía el encuentro. Todos marcaron menos Ramsey, el más famoso del Rangers dirán en Glagow. Trapp paró el penalty que valía una final dirán en el París de la Francia en el que jugó; lo mismo que en Barcelona donde padeció persecución por Aitekin y por supuesto lo mismito que dirán en la Alemania toda, orgullosa de la rehabilitación de un buen portero.
     

La final de ayer me recuerda que me tengo prometido a mí mismo asistir a un Celtic-Glasgow Rangers por ser uno de las tareas a cumplir por todo buen aficionado que se precie. Si les confieso que me sentaría junto a los del trébol de cuatro hojas entenderán que me alegro del triunfo del Eintracht, un club que se me ha hecho simpático en este 2022.
     Pues nada, enhorabuena y que disfruten festejando.

Aborto 2030


Max Stirner

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Las alegres comadres del 2030 (su Davos es nuestro Windsor) creen que en el mundo sobra gente, pero no ellas, y nos venden que la Corte Suprema de los Estados Unidos va a “revocar el derecho al aborto”, con lo que eso supone.


    Para evitarlo, Psaki, la portavoz Zanahoria del catolicón Sleepy Joe, partidario del aborto hasta el nacimiento (ya puestos, ¿por qué no hasta la mayoría de edad?), llama al “agitprop” en las casas de los jueces (“continue to encourage that outside of judges’ homes”). Si la cosa funcionó con los jurados del caso Floyd, ¿por qué no va a funcionar con los magistrados de la Corte Suprema? Bien mirado, John Marshall sólo ha habido uno.
    

La obsesión de la vida muere en nosotros como la obsesión de la muerte vive en Vallejo, el César equidistante entre Beethoven y Belmonte a quien Gerardo Diego atrapó en dos versos: “Vallejo, tú vives rodeado de pájaros agachados / en un mundo que está muerto, requetemuerto y podrido”.
     

Y él: “Haga la cuenta de mi vida / o haga la cuenta de no haber aún nacido, / no alcanzaré a librarme”.


    Si el aborto es un derecho humano, ¿qué es un derecho humano? Max Stirner (“la sinceridad del yo-en-bancarrota”): un derecho humano no es más que una concesión que los hombres se hacen unos a otros.


    –Si se reconoce a los recién nacidos el derecho a la existencia, ese derecho les pertenecerá; si no se les reconoce (espartanos y antiguos romanos), no les pertenecerá.
   

 “Homo homini lupus!” Hobbes, en su “De cive”: si el hecho de matar a un hombre es un crimen o no en función de lo que prescriba la ley, lo que nace en un parto es un ser humano o no, con lo cual ¿qué es un hombre?


    –Nadie duda de que será el Estado quien lo juzgue.
    

Pero los Estados Unidos de América no son un Estado, sino muchos Estados (no confundir con el “Estado Compuesto” que para lo que quede de España pastorean Sánchez y Feijóo, puesto ahí por eso, no porque Casado le pidiera a Dios que dejara a Ayuso calva). El fondo de la votación americana es la Federación.

[Jueves, 12 de Mayo]

San Isidro'22. Pedrazos de Yeltes, que tanto gustan en Francia, picados en la "suerte de Atienza" y dejados pasar por Chaves, Cortés y Colombo. Márquez & Moore




JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ


Hay que reseñar inmediatamente el hecho extraordinario de que hoy ni se ha guardado un minuto de silencio por nadie ni se ha sacado al tercio a saludar a nadie al romperse el paseíllo. Acaso hoy habría una conjunción astral o cosa así, pero el hecho es que hoy, ni silencios ni palmas. Al llegar a la localidad nos enteramos de que han quitado a Diego Carretero, que padece una lesión, y le han sustituido por Javier Cortés, o sea que la terna toricida queda ahora compuesta por López Chaves, el ya citado Cortés y Jesús Enrique Colombo. El ganado, de Pedraza de Yeltes, lo que permite a los redactores del Programa Oficial volver a insertar su famosa morcilla de que “Juan Pedro Domecq y Núñez de Villavicencio compró a principios de 1930 la ganadería del Duque de Veragua…”, por si aún hay alguno que no se haya enterado. Juampedreo salmantino por la vía de Aldeanueva.
 

El toro de Pedraza de Yeltes tiene la fama de que sólo le gusta Francia y constantemente lees reseñas de tremendas corridas de este hierro en los más diversos lugares de la Galia taurina. A lo más que se prestan, a veces estos toros, es a cantar sus bondades en el Señorío de Vizcaya, pero lo que ellos aman de verdad es el lío ese de la igualdad, la libertad y la fraternidad del país de Sarkozy, ese Pepito Aguayo de la política. Es por eso que nos vamos a la Plaza un poco contritos sabiendo que las mejores cosas de los Pedraza no serán contempladas por nuestros ojos, ya que hay una legión de aficionados franceses a los que no pueden defraudar. A lo mejor también es que en Francia pagan con euros más abundantes que los de los Carpanta de Plaza 1 y el ganadero, don Luis Uranga Otaegui, que es un industrial de tronío, y el representante, que es el matador de toros José Ignacio Sánchez, ya saben a qué dirección deben mandar sus cabezas de camada para no defraudar a sus fieles clientes. La cosa es que en seguida se afincó la mosca tras de la oreja al ver las condiciones blandurrias del primero de la tarde, Burreco, número 78, aunque por fortuna no fue ése el tono general de la corrida que finalmente se caracterizó por su seriedad, su falta de homogeneidad en la presentación, su pequeña chispa, menos chispeantes de lo que a uno le hubiese gustado, y en algunos casos su calidad para el último tercio.


Si queremos hablar de ese olvidado tercio de varas, al que apenas nadie atiende ya, tendríamos que el primero, el Burreco, no fue picado en el primer encuentro por Óscar Bernal, que le lanceó en la paletilla y, con agilidad felina, rápidamente colocó la vara en su sitio y que acudió solícito a por la segunda ración de puya donde apenas se le quebrantó. El segundo, Brigadier, número 41, entra con fuerza y empuja al aleluya mientras Marcial Rodríguez agarra el puyazo arriba y se emplea en taparle la salida, tal y como siempre hacen con los toros que se emplean. Acude de nuevo con ilusión el toro al segundo encuentro y de nuevo Marcial le coloca otro puyazo arriba. El tercero se llamaba Huracán, número 32, y también entra con alegría al jamelgo de José Palomares, que agarra una buena vara arriba y, como el toro se emplea, le tapa canónicamente la salida, lo que Cossío llama “la suerte del señor Atienza”. Acude Huracán alegre a la segunda cita recibiendo una vara trasera y vuelve el picador a la suerte de Atienza, que se ve que le va. Al cuarto, Mirador, número 14, Manuel Bernal le receta un puyazo bajo y rectificado que no le debió hacer gracia porque ni en éste ni en el siguiente se empleó ni cantó sus bondades. El quinto era Tontillo, número 10, que acude disciplinadamente al primer vis a vis con Israel de Pedro, donde se deja pegar sin más, de forma sumisa y, ya que había hallado ese nirvana, actúa de igual manera en  la segunda convocatoria, pero entrando al penco con menos ganas. Y por fin, el sexto, con el número 45, Bellito, que acude a la primera vara empujando y suspendiendo al caballo por los cuartos delanteros para, a cambio, recibir de nuevo la suerte de Atienza ejecutada por Gustavo Martos en la que aprovecha para pegarle con ganas. En la segunda entrada también metió los riñones el toro mientras el picador le atizaba con el chuzo.


Como se puede ver de ese breve resumen de los avatares relativos a la suerte de varas, se puede aventurar que los seis de Pedraza cumplieron o más que cumplieron sobre lo que es el tercio de varas de otras ganaderías de las que hemos ido viendo en estos días pasados y que cada cual ponga aquí los nombres ganaderos que le parezcan más adecuados.


Domingo López Chaves se vino a Madrid vestido de azul azafata y oro y queremos anotar eso porque lo más señalado de la tarde de López Chaves es lo bien vestido que venía. Recibió a su primero, Burreco, con esas verónicas de pegolete que decía el abuelo del aficionado V., que son las que se dan con los pies juntos. Tras su paso por la comisión equina el toro es una especie de muerto viviente o no-vivo, y eso que hoy veníamos por el tercio torista. El animal está demandando la extremaunción, pero curiosamente mantiene la boca cerrada aunque no puede ni con su alma. Ante esa prenda, López Chaves ensaya diversas posturas, que es como pretender invitar a ir de copas a un enfermo terminal, y luego ensaya una suerte de arrimoncillo con Burreco, como quien se lo hace a los toros de Guisando. Con un bajonazo libera al toro y al público del peso de contemplar a Burreco y luego se ve obligado a descabellar por veces V, que va en romano por ser número de muy fácil rima.

 
Apenas merece la pena demorarse en la labor de López Chaves con su segundo toro, Mirador. Le dio esos gritos tan propios del gremio de la albañilería, versión andamio, de ¡aahh! y ¡eehh!, así una y otra vez, pegó un descomunal tostón y no supo o no quiso explotar el filón del poquito de picante que tenía el animal, que el toro tampoco fue un Hércules y, además, se le colaba. Cuando le pareció oportuno, le atizó un bajonazo en los blandos y puso el letrero de FIN.


Javier Cortés siempre es la promesa de algo. Sus maneras elegantes y su forma de estar con el toro parecen presagiar lo bueno y luego, por lo que sea, no sale. Tras un brindis a una señora que deambulaba por el callejón ensaya un inicio de clasicismo con el que se saca el toro andando hasta los medios. Allí da distancia al toro, que es el toro de la corrida para el torero, y le cita de largo con limpieza de no ver enganchada su muleta, pero sin profundidad, sin la hondura que nace del compromiso y del riesgo. Cortés pone todos los huevos en la cesta del toreo lineal, sin ceñirse nunca al toro, prefiere dar pases a torear. Por segunda vez ensaya la distancia larga y por segunda vez el toro acude presto para que le eche afuera sin quebrantar su recta embestida. Se pasa la herramienta a la izquierda y de nuevo se quita de encima al animal y este le arrebata la muleta en una tarascada. Faena sin hondura y sin pasión, mecánica, termina con una nueva serie en la derecha y un final gourmet para aficionados de Madrid, con sus canónicas trincherillas. Actitud muy conformista la de Cortés, que remata su actuación de muy baja intensidad ante un toro muy interesante con una estocada atravesada. Su segundo, Tontillo, puso a las cuadrillas en guardia a la hora del banderilleo, y la cosa fue bastante agónica cuando Ramón Moya y Javier Gómez Pascual quisieron clavar las banderillas en su espaldar: dos banderillas en dos pasadas, tres banderillas en tres pasadas, tres banderillas en cuatro pasadas y, finalmente, cuatro banderillas de una en una en cinco pasadas. Magra cosecha. Como dijo el clásico “el toro es peor y el torero es el mismo”, y ahí está el torero abundando en sus modos rectilíneos y centrando sus miras en torear hacia afuera, y sigue, y sigue, y sigue, y la Plaza en un cariñoso ejercicio de contención le deja acabar su salmodia sin meterse con él hasta que se le ocurre lo de la estocada baja que acaba con el plomazo. En dos actuaciones Cortés ha tenido toros para dejar algo en el corazoncito de la afición, pero se va con lo puesto y con la carrera un poco más cuesta arriba.
 

Y ya como colofón, Colombo. Su primero es Huracán, un toro con mucho cuajo que, de salida, clava los pitones en la barrera junto al burladero del 6. Colombo banderillea al toro con mucha velocidad y pasándose, a la hora de clavar, del lugar donde se reúnen los pares buenos. En el tercer par hace el esfuerzo de querer reunir más en la cara, pero lo que más queda es la sensación de unos pares muy acelerados, muy atléticos y más bien poco certeros. Plantea su trasteo con argumentos de la misma significación que los de Cortés en el toro segundo, pero con menos arte, hasta lo de citar en los medios. Decide Colombo tirarse por la calle del toreo hacia afuera y bien despegado, por el callejón sin salida del toreo rectilíneo y de la cansina insistencia. Acaso el toro tenía más condiciones para la muleta de las que demanda el toreo de Colombo, al que se presume que puede brillar más con el toro más bronco donde saque a pasear su valor que con el toro de carril, que le deja bastante en evidencia. Sigue con lo del pico y lo de echar al toro hacia afuera y así va cundiendo la percepción de que el toro se va sin torear. Cuando se apresta a dar las bernardinas de cada día, el aficionado M. le espeta: ”¿Pero qué te hemos hecho nosotros?”, que es un buen resumen. Mata con eficacia de estocada desprendida y algo delantera. En su segundo, que Dios le perdone, nueva entrega de banderillas y luego faena deslavazada, sin ver la manera de solucionar las dificultades que el toro Bellito le ponía. A esas horas todo el pescado estaba vendido y, por lo menos, no se puso en plan pelmazo, antes el toro le arrebató la muleta de un cabezazo y Colombo salió de naja hacia el burladero acosado por el burel. Mata de estocada baja y cuando está descabellando el toro le da una voltereta fuerte. Y, una vez repuesto, con un descabello da por acabada esta entretenida y calurosa tarde de toros en Madrid.




ANDREW MOORE

 



LO DE CHAVES

 



LO DE CORTÉS

 


LO DE COLOMBO

 


FIN

Jueves, 19 de Mayo

 

 

Decadencia heráldica

miércoles, 18 de mayo de 2022

El Proyecto Terapéutico


 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    La utopía de un universo donde ya sólo reinarían la amabilidad, la ternura y las buenas intenciones (¡ese centrismo liberalio que sufragamos todos!) debería producir, según Muray, escalofríos dorsales de forma natural:


    –Es el más temible de todos los sueños, porque es realizable.


  
 Muray lo denunciaba hace veinte años como “proyecto terapéutico” y “complot prohibicionista” (¡conspiranoico, conspiranoico!) cuyo fin es transformar a una mayoría en militantes de la Virtud, contra una minoría de representantes del Vicio, “que serán liquidados poco a poco”.
   

 –El fanatismo de la Salud cuenta con el entusiasmo que sentimos la mayoría de nosotros ante toda nueva perspectiva de servidumbre voluntaria. ¡Nuestra existencia va a alguna parte! ¡No sabemos dónde, pero allá va! ¡Al servicio de la especie! ¡Firmes! ¡A las órdenes del Consenso! ¡Siempre!
    

Los gobiernos tratan a los súbditos (que quiere decir “sometidos”) como enfermos, había advertido Michael Oakeshott, que se fue en lo mejor, cuando el mundo llegaba a creer que la libertad venía de serie. Hoy, la única sociedad recalcitrante en la resistencia que hay en el mundo es la americana, que además está armada (explíquele usted a un español la Trinidad, pero nunca la Segunda Enmienda).
    

En América una estrella de la TV es Tucker Carlson, que en hora punta pone el foco sobre la colosal industria farmacéutica y el pandemónium político-económico-científico de las vacunas del pangolín chino.


    En España una estrella de la TV es Jordi Évole, que aprovecha la derrota de Djokovic en Madrid para apañar el chascarrillo de Humorista Oficial del Régimen que hace troncharse a todos los escribientes Bartleby del 78: “¿Lo de hoy le puede contar como vacuna a Djokovic?”


    Vivimos en un país cuyos filósofos ibéricos de recebo fantasean en sus dehesas del pensamiento con la cárcel para los no vacunados, señalados, en nombre de la Ciencia, con los motes de “lunáticos” y “chalados”. Es lo que tiene vivir en un país espiritualmente muerto.

[Miércoles, 11 de Mayo] 

San Isidro'22. Enlutados Araúces de Robles para Adame, que no los vio; Moral, a gritos con ellos; y Téllez, primera muleta plana de la Feria y la mejor estocada. Márquez & Moore

 

El par de Fernando Sánchez

 

JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ

 

Hoy, lo mismo que ayer, otro minuto de silencio sin que las psicofonías de los altavoces nos aclaren quién o quiénes son los finados. Y por más que uno pregunta “¿hoy quién se ha muerto?” no encuentra a nadie que le responda con un nombre y apellidos o unas señas personales. La gente ya se ha acostumbrado a levantarse cuando casi todos los días se paran las cuadrillas y cesa la música y les importa un bledo que el difunto sea Agamenón o su porquero. Luego, a base de indagar nos enteramos que el fallecido es don Javier Araúz de Robles, ganadero de reses de lidia y natural de Molina de Aragón, padre del actual propietario de la ganadería a lidiar esta tarde. Las reses salen al ruedo con divisa negra, de luto por el amo.


Ya hemos dicho la ganadería, y ahora diremos los toreros que fueron agraciados en la rifa isidril de Plaza 1, que son Joselito Adame, Pepe Moral y Ángel Téllez. Con estas señas que se han dado ya se ve que el cartel es de los que le traen cuenta a la Empresa y, aunque la Plaza haya registrado una media entrada es cosa segura que el saldo contable no ha arrojado números rojos. Según los datos que proporciona la propia Empresa hubo más público en la novillada de ayer que en la corrida de toros de hoy, por si alguno quiere meditar algo al respecto.


La cosa empezó fatal. Sale Talador, número 27, feo, en tipo pero feo, badanudo y de poco culo, se da unas carreras y entra al penco de Óscar Bernal que cumple en la vara más que el toro y sale de ahí con una pata rota. Pañolada verde de don Jota, el Papá Noel de las orejas, y primera irrupción del espectáculo de don Florencio y sus bueyes amaestrados. Segunda apertura del portón de chiqueros y aparece Sombrerero, número 9, de la ganadería Chamaco, jandillas onubenses, que recibe una especie de vara asquerosa a la que el chamaco jandillero responde cayéndose, o como si dijéramos haciendo la famosa resistencia pasiva de Ghandi. Segundo esperpento en varas, nuevas caídas, segunda pañolada verde de don Jota y segundo acto del espectáculo de doma boyal de don Florencio. Media hora en la piedra llevamos y aún no ha salido el primero. Tercera apertura de la puerta del chiquero y ahí tenemos a otro nuevo jandilla chamaquero, Afanoso, número 1 que está aquí para quedarse y para huir lo suyo del capote y, sobre todo, de la puya. Pasa por las banderillas sin tener nada que decir y ya mismo está Adame echando agua a la muleta desde una botella de Solán de Cabras, inconfundible azul, agua que al ser baja en sodio no deja la muleta agarrotada. La faena del mayor de los Adame se basa en serie por la derecha, otra por la izquierda, otra por la derecha y otra más por la derecha con sus consiguientes carreritas, cites de pico y demás aditamentos harto conocidos de la afición. Con ese ramillete de ventajismo construye el mejicano una faena de un aire extremadamente pueblerino y deja en la parroquia la cabal sensación de que el toro se le va sin torear. Remata Adame su primera salida a la palestra con un pinchazo y una estocada baja.
 

Chicloso es el nombre del segundo de la tarde y el 39 su número herrado a fuego, galgueño y badanudo. Moral le recibe con cuatro capotazos del tipo mangurrino y en seguida pone al astado a disposición de los jinetes para que Carbonell le ponga dos varas traseras, ambas en el mismo sitio. Tras unas banderillas de puro compromiso y un brindis a un señor con un micrófono que andaba por el callejón, Pepe Moral se saca el toro hacia afuera a ver cómo se entiende con él, pero el toro es más de tablas y huida que de andar dando ocasiones a su matador, que también se emplea en esta tauromaquia por las afueras hecha a base de carreritas una y otra vez y, además, a la mínima oportunidad el bicho se escapa, con lo que no hay manera de establecer un diálogo entre Pepe y Chicloso. Cuando cierra al toro, más de lo mismo, pero al estar más en lo suyo el toro lanza un cabezazo con el que le quita la muleta. Por la izquierda el tal Chicloso ni se da por aludido y cuando Moral vuelve a la derecha el toro se va, por lo que el torero decide acabar aquello, que la cosa también va a tener su miga, con un pinchazo, media estocada contraria soltando la muleta y muchos descabellos.


El primer toro de los de Ángel Téllez, torero moracho al que el programa pone de madrileño, es Campiña, número 73, toro largo y sin cuajo, que entra con prontitud al primer cite del picador, romaneando, y también al segundo, empujando. De la cosa de las banderillas no diré nada porque aproveché para dar una breve cabezadita. Comienza el trasteo de Téllez con los mismos argumentos de cada día a excepción de lo del pico, que el torero se esfuerza en presentar la muleta más o menos plana, lo que constituye una gran novedad, pues en lo que va de Feria creo que es el primero que lo ha hecho. Lo más feo de Ángel Téllez es eso de andar a gritos con el toro, que yo no recuerdo un solo torero de los que a mí me han gustado, de los buenos, que anduviese con el toro como un albañil en un andamio a puro grito. Vamos a reseñar algunos naturales muy aclamados por el senado venteño que a mí me han parecido más bien como los de todos los días. No me llegaron al alma. Tras pinchazo y estocada baja Campiña se va a tablas y allí, flanqueado en el interior del callejón por los alguacilillos, don Francisco Javier a la izquierda y doña Rocío a la derecha dio Campiña el alma a quien se la dio.
 

Para mi manera de ver esto, el toro de la corrida es el cuarto, Carantoña, castaño bragado, número 63, un serio toro con morfología de saltillo salvo por la capa. De nuevo, como en el cuento de Monterroso, cuando despertó, Adame todavía estaba allí. En lo de las varas empezamos con muy buen pie, pues Carantoña echa al suelo al caballo y al picador Manuel Bernal con enorme facilidad, saliendo del encuentro sin quedarse y luego se deja pegar, saliendo suelto de la suerte. Le pone en dificultades a Fernando Sánchez, que cobra un par de gran exposición y torería. Lo que hasta este momento se ha visto es un toro muy vivo y con una embestida vibrante. Al borde de las tablas le cita Adame para darle un ayudado por alto, el Celeste Imperio del Divino Calvo, y el toro entre la muleta y el torero se decide por el segundo, propinando un fortísimo golpe al matador. Se comprende que Adame lleva un golpe morrocotudo cuando vuelve a empezar su trasteo en el que da distancia al toro y le va haciendo su toreo que sirve para ir poniendo en evidencia las virtudes del toro, un toro de lidia no una mascota, y dejando la sensación de que es toro de gran faena de las de orejas de peso en Madrid, de las de reventar la Puerta Grande, aunque Adame no sea capaz de echar a rodar esa bola. La faena no es que sea a menos es que es puramente plana, que el toro se le va lo sabe él como lo sabemos todos y decide acabar en plan feísta con las manoletinas nuestras de todos los días. Hay que decir que hubo muchos que disfrutaron con las evoluciones del torero. Lo despachó de un pinchazo y una estocada baja y se pegó una vuelta al ruedo.


Pepe Moral en su segundo, Chirivito, número 14, dio una cierta medida de su impotencia. Principió de rodillas y siguió erguido con muchos enganchones tanto con la derecha como con la zurda, sin pillarle el aire al toro. También anduvo Pepe Moral a gritos con el toro, sin que esto le sirviera de nada en sus modos toreros influidos fatalmente por la escuela julera. Al toro lo picó Francisco Romero como si estuviese en un combate de pressing catch de dos rounds. Varela dejó dos banderillas en tres pasadas. Una estocada baja sirvió para poner final al paso de Pepe Moral por la Feria.

Cuando salió Vicuña, número 45, muchos ya se habían ido de la Plaza, que mientras la corrida se alargaba unos iban a perder el autobús, otros llegaban tarde a la cena y los de más allá ya estaban hartos. El toro se emplea en la primera vara, en la que recibe poco castigo de Marcial Rodríguez y, aunque algo tardo, acaba entrando y empujando en el segundo convite. Ángel Téllez lleva en la mochila las monsergas propias del neotoreo, que de eso no se libra nadie, pero se le ven ganas de desarrollar lo suyo citando de lejos y presentando de nuevo la muleta de manera ortodoxa, con lo que deja un sello que se aparta un poco del fastidioso toreo de todos los días. Remata Téllez su labor con una estocada muy buena de ejecución y de colocación, acaso la mejor de lo que va de Feria.
 

La corrida en su conjunto, entretenida tarde de toros, estuvo bastante por encima de lo que la mayoría nos imaginábamos que podría ocurrir con el cartel anunciado y, la verdad sea dicha, es un gusto equivocarse.
 


Adame atropellado por Carantoña, el toro de la corrida

 

ANDREW MOORE


 

 

LO DE JOSELITO ADAME

 



LO DE PEPE MORAL

 



LO DE ÁNGEL TÉLLEZ

 


FIN