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lunes, 15 de julio de 2013

Asando vacas

Luna de día
14 de julio

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Con las vacas sagradas pueden hacerse las mejores hamburguesas, nos dejó dicho Abbie Hoffman, un simpático pipero setentero.
    
El cuarto año de Mou iba a ser eso, una hamburguesería de lo más pijo en la esquina del Bernabéu con las vacas sagradas del vestuario de Casillas.
    
Mas Mou, el hombre que pudo reinar, marchó y lo que tenemos es una casa de vacas indias (viendo pasar el tren), un Asador de Vacas, como pedía la prensa deportiva y patriótica, que en España ya es la misma (y veranea con el yate de Arbeloa).
    
“Asar una vaca”, para entendernos, es la unidad de medida del dinero que la señora madre del sindicalista Juan Lanzas descubrió a la Guardia Civil que fue a su casa en busca del mondongo.

    –Aquí hay dinero para asar una vaca… –dijo a los del tricornio.
    
¿Cuántas vacas se podrían asar con la cláusula (más el iva de la Diputación de Bildu) del pivote Illarramendi?

    Un Bernabéu como gran asador es la gran conquista del periodismo.

    De hecho, para ilustrar el fichaje de Illarramendi, los periódicos han sacado a Florentino Pérez con Aperribay en compañía de… Arzak.
    
Y todo, aquí, en nombre de la españolidad.

    Seguramente Khedira haya cantado más veces el “Que viva España” al cierre de cualquier discoteca de Ibiza que Illarra en todos los sanisidros de Motrico, pero el piperío es de convicciones férreas, y tiene la superstición de Isco, que es español, antes que la de Neymar, que es brasileño.
    
Con la globalización, el piperío, como fin de raza que es, se agarra a los valores identitarios, que en su caso son la besada de escudo (Carvajal), la bondad de un “Messi” retriever (Isco) o la llantina del chico que se va a la mili (Illarramendi) y es acompañado al destino por los demás quintos.

    –Mi pueblo tiene cinco mil habitantes.
    
Carvajal aporta el catetismo castellano; Isco, el individualismo andaluz; e Illarramendi, el coro, que en su caso es orfeón: todo Motrico en ese anfiteatro del Fondo Norte animando a su paisano en el acarreo tantálico de balones, esa manía española (desde Belausteguigoitia y su “a mí el pelotón, Sabino” en Amberes) de que el balón es una bombona de butano y lo ha de subir un vasco, y ya tenemos así la primera piedra de la Grada Joven: cuando los Ultrasur entonen el “¡Hola, Fondo Norte!” agitando una pica flamenca, el orfeón de Motrico corresponderá con un viril “¡Hola, Fondo Sur!” agitando un remo de trainera.

    Es lo bueno del españoleo.

    Si Neymar (21 años) se presenta a la firma con treinta colegas es una gamberrada; si lo hace Illarramendi (23 años), todo queda en una merienda muy Martín Vigil (“Primer amor, primer dolor”) para adolescentes.

    Pero el piperío quiere seguir asando vacas y ahora pide a Bale, un Gordillo que ni siquiera se baja las medias, aunque cuesta lo que Maradona.

    El que va a valer lo que el piperío cree que vale Bale es Guardiola en el Bayern, poniendo palos en las ruedas de ese culerismo que en año de Mundial americano empieza la carrera con los mejores delanteros de Argentina y Brasil.

Luna de noche
15 de julio

EL REAL Y LA REAL
    Madrid y San Sebastián. El Real y la Real. Realengo futbolero y antiguo. A Chillida le tengo oído que el instante supremo de su vida había sido sacar de puerta con la Real en el Bernabéu. De Fuenterrabía vendría Juanito Alonso, el portero de las cinco (¡cinco!) Copas de Europa del Real, al que don Santiago Bernabéu puso en el vinagre por saltarse una noche la cena con el equipo. (Lo primero que hizo Bernabéu al levantarse fue fichar a Domínguez.) Ahora viene Illarra, que llega hipando, y el portero, ay, es Casillas, que también hizo carrera llorando (Glasgow). Preparen sus bolsas de pipas.