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martes, 15 de diciembre de 2015

Sesgos


 Mercedes Formica
 retratada por Inge Morath


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Con la fe cristiana batiéndose en retirada, París sigue valiendo una misa: casi doscientos millones de euros fue el coste de la gran Misa Verde del fin de semana, con el “Viva la gente” del clima, otra religión milenarista más, que hace ir de la mano, “Je suis Paris!”, al antiguo marxista pesimista y al moderno optimista burgués.

Viva la gente, / la hay donde quiera que vas. / Viva la gente, / es lo que nos gusta más
Pobre de aquél que al salir de casa diga que no nota nada del otro mundo en el clima, porque, al volver, y de madrugada, recibirá la visita del inquisidor.

París es la capital del país cuyo presidente nos llama a la “guerra mundial” por un atentado y cuyo primer ministro, aún más panoli, amenaza con la “guerra civil” por un avance electoral de Marine Le Pen, bastante más republicana y francesa que él.

Ocurre que la socialdemocracia no admite sesgos, porque en ella todo ha de ser redondo.

Dentro de cada uno / hay un bien y hay un mal, / mas no dejes que ninguno/ ataque a la humanidad…
Dice “Le Monde” que los islamistas del 13N atacaron “la juventud, la inteligencia, la cultura y la tolerancia”, es decir, “el símbolo del París de las Luces”. Un París y unas Luces que también alumbraron al Terror jacobino, guía, y esto lo tiene brillantemente explicado en su “Misa negra” John Gray, de todos los demás, incluido, ay, Jesús, qué escándalo, el que en noviembre ametralló París, híbrido de mito apocalíptico y esperanza utópica.

La Ilustración es cosa de nunca acabar. En Cádiz los ilustrados de Podemos se han hecho, a lo talibán, con otro busto, ahora el de Mercedes Formica, sólo por ejercer de feminista (¡la feminista!) con Franco (retratada por Inge Morath) y no con Zetapé. Un periodista de Efe informó de la coincidencia del “busticidio” ilustrado con la reedición de la obra de Formica, y en la Agencia perdieron un día sexándola… “por si el sesgo”.

¿El fin de la historia?Thacher a Fukuyama–. ¡El comienzo del absurdo!