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miércoles, 30 de diciembre de 2015

Buridán

Jean Buridan


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Equidistante entre dos haces de heno, el tancredismo gallego (¿sube o baja?) de Mariano y el “leninismo amable” de Pablemos, el sanchismo de Snchz ha muerto de hambre, como el asno de Buridán, que será sustituido por el peronismo trianero de Susana Díaz, con pinta de poder comerse los dos haces a la vez.

Ahora, con las humanidades en fuga, los políticos ya no se dividen en sabios e ignorantes (Obama no le llega a Hamilton ni a la suela del zapato, y la venganza de Obama, ay, es retirar de los billetes de diez dólares la efigie de Hamilton y sustituirla por la de alguna dama de acrisoladas virtudes), sino en hábiles y torpes: Putin y Lavrov son hábiles, y por eso les han comido la sandía a Obama y Kerry, que son torpes.
Los políticos españoles están hoy a la altura de la literatura que producen, entre negritas de amigos y chascarrillos de pasillo, obra de ratones colorados que pasan por analistas sin haber leído una palabra de Marsilio o Maquiavelo, de Hamilton o Madison, de Sieyès o Montesquieu, de Paine o Bagehot, de Michels o Gramsci (¡de Gramsci, Errejón, que te conocemos, no de Laclau!), de Leibholf o de Schmitt.
El resultado es el aguachirle federal de Snchz o la sopa juliana (dicen que un tal Juliana, “gramsciano de derechas”, es su nuevo mentor) de Pablemos en un país que en lugar de gobierno tiene consenso (consenso es que Rajoy, para imponer una multa de aparcamiento a Mas, tenga que reunir a “los líderes” en La Moncloa), tótem y tabú, ese consenso, de un sistema agotado, razón por la cual dos oportunistas jóvenes como Pablemos y Rivera, viéndolos chapotear en la sopa primordial del consenso, nos parecen tan viejos como Gregorio López Raimundo o Nacho Camuñas.

Y para los verdaderos jóvenes queda que la democracia a la española es, como la vida en Shakespeare, un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que nada significa. La comanda del desayuno en el camarote de Groucho.
¡Y dos huevos duros!