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martes, 29 de diciembre de 2015

Parábolas



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

El lector más peligroso es el que dice que no entiende, porque, en un país cuyos mejores cerebros andan hoy enfrascados en discutir de democracia con comunistas, de él acabará siendo el reino de los cielos que quiere instaurar el criptocomunismo podemí.

Yo no entiendo más que las cosas que se pueden dibujar –era el dicho de lord Kelwin, que inventó el sifón registrador.

¿Y cómo se nos dibuja la democracia?

Con parábolas de la partidocracia.

Ya los evangelistas avisan de que, a los que están fuera, todo se les presenta en parábolas, porque viendo no ven y oyendo no oyen ni entienden, y Jesús reconoce que, al final, lo que se nos da para comprender lo usamos para empecinarnos en la incomprensión.

De manera que si os escudáis tras las palabras superficiales, y permanecéis en ellas, os excluiréis de la comprensión.
Así el federalismo anarquista de Snchz y el decisionismo fascista de Pablemos.

El propio Pedro (¡la piedra!) consideraba que Pablo, impetuoso y suave a la vez, era difícil de entender, y hablamos de los santos patronos del par de zoquetes políticos que están al frente de la jefatura de la izquierda social en España.

Snchz es el demagogo: un hombre que tiene poco que decir y lo dice muy alto.

Y Pablemos es el mistagogo: un “profesor universitario” que no tiene nada que decir, pero que lo dice solemnemente en voz baja con un susurro indistinguible.

Vista por Dickens, lo que distingue al demagogo del mistagogo no es mucho: “Salvo que nosotros vendemos barato y ellos caro, no veo que haya ninguna diferencia”.

Total, que estamos sin “gobernanza” en España, cuyos politólogos no dicen “gobierno” porque, dicho por Chesterton, las palabras cortas deben tener un significado, aunque sean mentiras o algo sucio, mientras que las palabras largas pueden no significar nada literalmente, sobre todo si se emplean, como hace la politología andante, para equilibrarse y modificarse (¡el consenso!) unas a otras.

No lo entiendo.