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lunes, 7 de diciembre de 2015

El fuero y el huevo






Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    El pipero, que se alimenta de sal, la sal de la pipa, que no es la sal de la tierra, en el Barnabéu pita al Madrid de Benítez y aplaude, puesto en pie, porque le han dicho que en eso consiste el señorío, al Barcelona de Luis Enrique, buque insignia (el club, no el entrenador) del gran negocio del separatismo catalán, que tiene un padrino al que se le besa la mano, Pujol, y un reverendísimo al que se le besa el anillo, Sistach, el escandalizado por el precio de Cristiano y quien, con frase propia de un viajante de comercio, que es lo que es, dice a sus ovejas que “Pujol es un referente de honestidad”.
    
El pipero viene  a ser la medida de la descomposición social de España, ahora entregada a los chistes de abogados.

    –¿Sabes por qué se emplean abogados en vez de ratones para la experimentación en laboratorio? –preguntó Ronald Reagan a Edward Meese al nombrarlo secretario de Justicia–. Por tres motivos: porque hay casi tantos como ratones; porque es imposible que un científico se encariñe con ellos; y, el más importante, porque hay cosas que los ratones se niegan a hacer.
    
En un tris, los tertulianos pasaron de discutir el artículo 155 de la Constitución (que ninguno había leído) para solucionar el separatismo catalán a discutir el artículo 41 del Reglamento (el que sea) para solucionar la alineación indebida del Madrid, en cuyas oficinas se han revivido escenas jocundas de “Luna nueva” o “Primera plana”: el tío que llega inoportunamente a la oficina de prensa de la penitenciaría con el telegrama del gobernador que suspende la ejecución de Earl Williams es ese tal Rosanes que inoportunamente envía un fax a Concha Espina para avisar de la situación del pobre Cheryshev. Y a partir de aquí, el fuero y el huevo, es decir, los abogados.

    Entre cosas de Flóper y conos de Benítez, a Hughes le parece una culerada meterse en el jardín de lo jurídico, pero me da que los culés, sólo por cultura de “botiguer”, han sido siempre más de huevo que de fuero.

    Para tratar jurídicamente las dos cuestiones de fuero o huevo más populares en España, el separatismo catalán y la eliminación copera del Madrid, tenemos a Pérez de los Cobos en el Tribunal Constitucional y a Rubio Sánchez en el Comité de Competición, ambos procedentes del derecho laboral, un derecho más de huevo que de fuero, donde prima la literatura de convenio sindical, pero de donde nunca ha salido ni saldrá un Emilio Betti, con lo que, al final, el fuero acaba yendo a parar adonde conviene al huevo.

    Al Cádiz, que había perdido la eliminatoria en el campo, le faltó tiempo para ganarlo, con su proverbial simpatía, en el despacho. Los cabecillas del separatismo catalán ya han dicho que desobedecerán las órdenes (ahora que puede darlas) del Tribunal Constitucional, pero ése es un lujo que el Madrid no se puede permitir con el Comité de Competición, de rango (de hecho) muy superior al Tribunal Constitucional.

    En lo que Manuel García Viñó designaba como Españeta, “el club más rico del mundo” tiene fuero de pobre; tan pobre que ni el Cádiz, el de la proverbial simpatía, consentiría en invitarlo “ni gratis” al Carranza.

    Veo a Jean Cau señalando con el dedo el camino a Sistach: “El mensaje igualitarista del cristianismo está en trance de ser realizado y, por esta razón, la Iglesia se muere”.



PEDRO LEÓN

No es Zidane, como nos lo vendía la corte de Valdanágoras en tiempos de Mourinho, pero, con doble nombre papal, Pedro León debió llegar más lejos en el fútbol. De su etapa en el Madrid se recuerda un gol al Milán y nada más. Cuando volvió a Getafe, la prensa se olvidó de él (sus entrenadores, demasiadas veces, también), y con la prensa, el piperío. Fue, a su pesar, lo que podría llamarse un jugador-cizaña, un nombre que interesa mientras sirva a los enredadores para armar lío. Su puesto lo ha heredado, sin quererlo, Cheryshev, que es un Pardeza más alto, pero sin Ruano.