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lunes, 1 de junio de 2015

El himno

     
Cádiz
Ausencia de rebaños

Francisco Javier Gómez Izquierdo
   
Vi lo del himno en “El Sitio” de Gabriel, un rincón de Barbate de raciones baratas y montaditos generosos al que acude un pueblo azotado por el paro con el rostro barnizado por el aire de Levante y los ojos gastados de mirar un porvenir que nunca va a llegar.
         
El gaditano tiene cara de importarle un bledo todo y por eso se ríe de su sombra, de su patria y de su mundo, pero su cinismo es educado y mantiene siempre la debida compostura. En el bar de Gabriel pondrían al Barça y el Athletic a jugar la final de Copa en Ceuta, sin público y sin árbitro; harían jurar un compromiso a los clubes antes de cada competición con el castigo correspondiente; expulsarían a los traidores y renegados de donde no merecen estar... y demás ocurrencias espontáneas que al gaditano le van llegando sin esfuerzo y sin meditación.

       A mí me parece que mas allá del vergonzoso acto cerril de la pitada al himno, lo más triste de la noche del sábado es la comprobación irrefutable de la pésima educación que se ha repartido, pongamos que a cazos, en toda España, pero sobre todo en Cataluña y el País Vasco con aquel invento de la Logse. La reunión de silbatos del Camp Nou es de una incivilidad anterior al hombre de Neanderthal y de un racismo que pide la intervención del Código Penal, pero esta falta de conocimiento y preparación, los hay que la llaman libertad de expresión, como si echar de tu casa a un invitado que se mea en el salón fuera fascismo e intolerancia. ¿Qué sanción habría que poner a tanto boche rebuznador? ¿Porqué ese Comité que llaman Antiviolencia no tiene prevista un situación que viene repitiéndose desde hace tantos años y se arrebató policíaco cuando dos cuadrillas de hinchas se citaron en el Manzanares? Tres mil un euros al particular que grite negro a un negro en el estadio y otros tres mil un euros por lanzar un objeto al césped, cualquiera que sea. Al Sevilla le han cerrado la zona de los Biris, supongo que por actitudes fascistas, por cuatro partidos, y un graderío del Villamarín va camino de lo mimo por machista. Sanciones, sí. Para todos. A mayor gravedad, mayor sanción.

       La perniciosa obsesión nacionalista se tiene por democrática y respetable y las autoridades de la nación la temen como una vara verde, pero creo que ya es tiempo de llamar pan al pan y vino al vino y el nacionalismo es racista, odiador y violentísimo. Un asunto para el Comité Antiviolencia. En Cádiz, donde se deja el colegio a edad temprana, lo tienen muy aprendido.