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martes, 30 de junio de 2015

El entrenador

 Viera firma por el Xerez, consiguiendo un histórico ascenso a 2ª

Francisco Javier Gómez Izquierdo

         Cuando llegué a las Andalucías, allá por 1988, me hacía de cruces ante los usos y costumbres de políticos que peroraban con tanta altanería como ignorancia. Conocí los sindicalistas más tramposos y egoístas que pueda dar la raza humana, concejales completamente idiotizados recibiendo abrazos de gente de menesteroso aspecto a la que le había llegado una paguita  a la puerta de las tabernas, alcaldes sentenciados a no cumplir condena por apuntar peonadas ilegales a los pobrecitos que los votaban... Políticos sin ilustrar inconscientes de suplantar a los viejos señoritos.

       El, para mí, extraño estado de las cosas, se justificaba desde una Junta de Andalucía en la que nadie andaba más suelto que el señor Gaspar Zarrías. Nadie era como él y daba la impresión de que todo el mundo le debía algo. Transmitía más autoridad que el presidente y nadie parecía dudar de que por encima de Zarrías, sólo el cielo.

     El presidente Chaves tenía muchos hermanos y uno hacía de técnico en San Telmo para adjudicar obras -piscinas, polideportivos y regalías varias en ayuntamientos de la misma parcialidad que la familia-, otro tenía la empresa constructora escogida para que no faltara el trabajo...., pero no es cuestión de volver a contar lo ya sabido porque a quien quiero destacar en estas letras es a José Antonio Viera, al que yo conocía en Burgos de cuando entrenó al Algeciras en  2ª.

    La verdad es que lo veía en corbata por el Canal Sur y me sonaba su cara hasta que a la tercera o cuarta aparición caí en la cuenta gracias a Romero, un argentino tan pegón que cuando estaba en el Burgos tuvo que poner paz el gran Naya en una trifulca con Juanito y Pocholo durante un entrenamiento que el Gaitu y un servidor mirábamos asustados. El entrenador Viera habló en algún periódico bien de Romero, al que tenía a sus órdenes en un Algeciras en el que recuerdo también al Perro Castronovo y tomamos a risa las palabras de un míster al que veíamos un poco “sobrao”. Luego subió al Xerez a 2ª, y cuando lo echaron se metió a político porque se comprende que vio más futuro en la ocupación.

     Los más mandones de la Junta, encomendaron ciertos asuntejos al entrenador Viera, como apartar a un tal Caballos de los círculos de poder (Caballos era mucho Caballos hasta hace unos años), buscar socialistas preparados (fichó a doña Susana), y, ya puestos, no se sabe si a solas, como procurará demostrar el señor Zarrías, paisano del sindicalista Lanzas, o por mandato de otros, como intentará demostrar él mismo, “hubo o consintió” en el tejemaneje de los ERES.
       
He buscado por internet y me entero de que el entrenador Viera, “un pobre maestro de escuela que no entendía lo que firmaba”, según sus propias palabras, lo fue también del Sevilla Atlético y que el portero del filial palangana era ese Guerrero de coca y gintonic al que, ¡válgame Dios!, se llevó también al Linares. ¡Cuán indiscretos  pueden llegar a ser los amigos de tu biografía!
        
El entrenador Viera era técnico  amarrategui  y conociendo la plantilla con la que ha lidiado en su partido Socialista es lógico su enroque en el Senado, ante el fundado temor de que aquellos que tanto le apoyaron en público, le vendan en privado. Ya se sabe que la cuerda se rompe siempre por el entrenador.