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martes, 27 de agosto de 2013

Pestes




Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Si alguien esperaba que el perro de San Roque, patrón de la peste, allanaría a los sanitarios de La Paz el camino para ofrecer sus disculpas por la gamberrada contra la delegada del gobierno, estaba equivocado.

    En La Paz murió Franco, y la izquierda, que es muy mitómana, ha escogido ese hospital para hacerse fuerte.

    Lo que los escolares de la época recordamos de la muerte de Franco es el parte que “el equipo médico habitual” leía cada día desde La Paz, que era una cosa como lo de la criadita jerezana que contaba Pemán, muy escrupulosa en la exactitud de los recados, contestando, a voces, de galería a zagúan, al que había venido a preguntar por la salud muy quebrantada del señor:
    
Ayer mejoró bastante al mediodía. Luego pasó la tarde sin fiebre. A las nueve y pico le volvió un poco la disnea. Luego se volvió a acostar. A las diez durmió un rato con mucho reposo... Y a las once, se murió.
    
Franco se les murió en la cama, y es natural que la izquierda, en su segunda venida, aspire a montar en ella su juicio final, con las benditas ovejas a su derecha y las malditas cabras, que son los fachas, a su izquierda.

    En la gamberrada contra la delegada del gobierno late, desde luego, aquel Madrid odioso, cargado de ordinariez y resentimiento, que llevó a Ruano a cambiar de bando, una vez seguro de su grande pecado social: individualismo esteticista y falta de pasión por ningún tema colectivo.
Un Madrid, ay, nervioso e incómodo, afeado y entristecido, que daba a la calle (lo que Cayo Lara, entre cita falsa y cita falsa de Marx, entiende por frente popular) un tinte agrio y a la ciudad un clima moral desapacible.
    
La solución, háganme caso, es otro “Sálvame”.

    Igual que ya hay un “Sálvame” del cuerno que enloquece a las señoras y otro “Sálvame” del balón que enloquece a los hombres, pruébese con un “Sálvame” de la salud, y a discutir (valen los mismos tertulianos) de enfermedades, que es, después del tiempo, de lo que al español más les gusta hablar.