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miércoles, 21 de agosto de 2013

En el Cañón del Antílope, sin despegarnos del guía navajo

 Iglesias en Page, Arizona

José Ramón Márquez

Pasamos un poco de puntillas sobre Page, Arizona, condado de Coconino, pero hay que detenerse un poco en explicar que este pueblo, fundado en 1957 y con una población de unas siete mil almas tiene una calle, la Lake Powell Bulevard, que deja en calzones al cacareado Toledo de las tres culturas, en cuanto a diversidad de credos. Según entras al pueblo por dicho bulevar, a la mano derecha hay un festín de multiplicidad de credos que quita el hipo. Partiendo, con buen criterio, de Inmaculate Heart of Mary, iglesia católica romana, la calle se completa con la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos días, la Iglesia Adventista del Séptimo Día, la Iglesia Episcopaliana St. David, la Iglesia Luterana Pastor del Desierto, la Iglesia Metodista Unida, la Primera Asamblea de Dios, la Iglesia del Nazareno de Lake Powell y la Primera Iglesia Baptista, y no sé si me pasa alguna, que sólo con ésas, y suponiendo que no haya más cultos por otras calles y que en el pueblo no haya ateos -agnósticos de seguro no habrá porque aquí no han oído hablar de Tierno Galván, que es el que sembró esa semilla- a cada una de ellas le tocan unos 777 feligreses. Difícil tarea la de tanto pastor para tan poca oveja.

Desde el religioso Page salimos hacia el sureste hasta Antelope Canyon, que son dos estrechas paredes de piedra horadadas por el agua. La piedra está en el camino de una riera de aluvión y a base de bajar agua se ha creado este corredor cuyas paredes en algunos puntos llegan a los 70 metros de altura. El Cañón del Antílope está en territorio de la Comunidad Autónoma de los Indios Navajo y son ellos los que se encargan de su gestión y cuidado. No es posible ir solo, dado que puede ocurrir que una lluvia en un punto remoto llegue torrencialmente al cañón arrastrando a los turistas con sus cámaras, sus pantalones cortos, sus chanclas y sus botellitas de agua, como pasó hace unos años cuando perecieron unos visitantes, salvándose sólo el guía. Cuando ingresas al cañón, en comparación con el sol de justicia que hay en el exterior, te llega un frescor mineral, como de botijo, e incluso el olor de la piedra arenisca es también de botijo. Para un español esta experiencia de hallarse como aquel que dice dentro de un botijo es realmente enriquecedora, sin contar con la belleza del lugar, y constituye un valor añadido vedado para los visitantes de otras nacionalidades. No nos apartamos del guía navajo por si lo de la inundación, y el hombre, sin sospechar nuestro recelo, de la manera más amable, se encarga de ir diciendo dónde hay que poner la cámara para cada foto, y el resultado que se obtiene siguiendo sus valiosas indicaciones es fabuloso, la verdad.
 
Y luego un contratiempo, que las riadas se han llevado por delante dos carreteras y para ir a Flagstaff hay que desandar parte del camino de ayer. Aquí se da el pino Ponderosa y uno de ellos, convenientemente pelado, fue el que sirvió como asta para una bandera y, de paso para bautizar al pueblo. Desde el observatorio Lowell, en 1930, se descubrió el planeta Plutón, y desde Flagstaff está relativamente cerca la entrada sur del Cañón del Colorado.


 Preparando el ahumado

 Lo viejo y lo nuevo

 Antelope canyon

 El niño tirolés

 Toro cornigacho criado para July por el pueblo navajo

 Paisaje

 Segunda enmienda, I

 Segunda nmienda, II

Teby en flagstaff