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domingo, 25 de agosto de 2013

Entre la única presa Art Décò que existe y el Área 51 con los restos del ovni

Bonanza

José Ramón Márquez

Volviendo un poco atrás desde Las Vegas vamos a visitar a Presa Hoover, la única presa Art Décò que existe. Antes la carretera pasaba sobre ella cuando marchabas de Nevada a Arizona; de pronto salías de un desfiladero y de sopetón te encontrabas con la presa. Ahora han hecho un puente gigantesco, Puente Mike O'Callaghan-Pat Tillman Memorial, por el que discurre la US93, y han dejado la antigua carretera sólo como acceso a la presa. Además han hecho un aparcamiento a 7 dólares, un centro de interpretación y unas visitas guiadas y, un poco antes de llegar, una garita donde la seguridad mira cada coche y manda a algunos sospechosos a inspección. Más didactismo y más seguridad,  y total pérdida del encanto de aquel paraje en medio de ningún sitio donde no había ni en qué sitio parar.

Cuando la hicieron, la presa tuvo sus líos entre varios Estados, pues los ‘pobres’ pensaban que California se llevaría la parte del león de la energía producida y del agua represada; se creó una comisión para el reparto y la cosa debió hacerse bien, porque no se conocen conflictos derivados de esta obra de ingeniería. En la presa hay cuatro torres, dos del lado de Nevada y dos del lado de Arizona, en las más próximas al dique hay sendos relojes que marcan las distintas horas correspondientes al uso horario del Pacífico y de las Montañas, que aquí es donde se produce el cambio de hora.

Luego se retorna en dirección a Las Vegas, con la carretera llena de coches, que hoy es viernes y en el fin de semana es cuando ese fabuloso parque temático que es ‘Sin City’ recibe la máxima afluencia de visitantes. Circunvalamos la ciudad y seguimos en dirección noroeste, hacia El Valle de la Muerte. Estamos a un paso del Área 51, donde, como todo el mundo sabe, el gobierno norteamericano guarda en secreto los restos de una nave extraterrestre y los cuerpos de sus ocupantes.

Ya sólo hay desierto, el Desierto de Mojave, hasta Amargosa, y de ahí, Death Valley Junction, hacia el Parque Nacional. Allí nos encontramos con Zabriskie Point, que es el título de una película de Antonioni -hay que ver lo que era Antonioni cuando éramos jóvenes-, con música de Pink Floyd, y que es un paisaje desolado, pura erosión, que debe su nombre a Christian Brevoort Zabriskie, vicepresidente de la Pacific Coast Borax Company, empresa que se dedicó a la minería a cielo abierto en este infierno candente, que ni había el consuelo de excavar un túnel, para extraer bórax con el que fabricar detergentes, suavizantes, o jabones.

Un poco después nos ponemos por debajo del nivel del mar, y en seguida encontramos el Ranch at Furnace Creek, que ofrece alojamiento y piscina. La temperatura es de 106ºF (41,6º C) a las cinco de la tarde. A las once la cosa ya ha bajado un poco. A esa hora ya sólo estamos 34 grados centígrados.


Mayweather vs. Canelo

Coexistencia progre

La presa y el parking

Los casinos

Trapío

Zona de ovnis

Vaca lechera en el desierto

Hace mucho calor, señorito

Zabriskie point

Oasis

106 grados Farenheit