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lunes, 19 de agosto de 2013

Del Madrid al Cine

Ramos por las ramas

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    El “todo Madrid” pasa hoy por la ceja de Ancelotti, a quien se le ha quedado esa ceja alta como, de creer a los poetas, les ocurre a las mujeres cuando se les besa en el hombro desnudo.

    Ancelotti fue presentado en Madrid como un Casanova del chándal, prenda que no se quita, pues ya se ve que no necesita que le besen en el hombro para ir por la vida con la ceja bien alta.

Este año, para compensar aquellos planos del bostezo de Casillas a cada gol que recibía Diego López, queremos un plano de la ceja de Ancelotti a cada gol que reciba Casillas, que jugará porque es rubio (más rubio que Diego López, que parece un capitán de marañones en la expedición de “Aguirre, la cólera de Dios”).

Los rubios, vaya usted a saber por qué, siempre fueron más de fiar.

    De Franco se sabe que, al llegar por el aire a Tetuán para dar el golpe, ordenó al piloto volar en círculo sobre el aeródromo, y cuando vio la cabeza rizosa del coronel Saenz de Buruaga, exclamó con júbilo: “¡El rubito!”, y consintió en aterrizar.

    El mismísimo Di Stéfano ha pasado a la historia como la Saeta Rubia.

    ¿Acaso no se habría regateado más el precio de Illarramendi, si el chico no hubiera sido “rubichi”?


Cuando Coentrao quiso ganarse al piperío nacionalista y tribunicio fue al tinte, pero el hombre no pasó de unas mechas y ahora, el tipo que acabó con el pitorreo de Alves por su banda en los partidos con el Barcelona, se ve en la calle.

Más echado para adelante, Sergio Ramos, que nació con el don de la orientación (a los laterales se presenta como central, y a los centrales, como lateral), se ha puesto todo el bote en la cabeza, tiñéndose de un rubio que a gente tan dispar como Coto Matamoros y Guerrero Burgos se les hace Marilyn, y a mí, Farrah (Fawcett).

Tallulah Bankhead

¿Qué pasa, querido? ¿Nunca has visto una rubia antes? –dijo Tallulah Bankhead (que llegó a hacer películas con Cukor) a un estupefacto Donald Sutherland, en cuyo camerino se había colado completamente desnuda.

    El “look Farra” causó en Hollywood una locura semejante a la desatada ahora en Madrid por Ramos, el rey del “glam”, y su aspecto “wiggy”, y se editaron libros sobre cómo crearlo, cosa que no tardará en llegar a España.

    –¿Qué es esa cosa que las rubias reciben de la prensa? –se preguntaba ya la maravillosa Anne Baxter–. ¿Inmunidad especial a modo de color de pelo?

 Anne Baxter

Y ponía el ejemplo de Grace Kelly, a la que atribuía todos los vicios y defectos del mundo. Ella no sabía actuar, ella era tal y cual…

Sin embargo, la prensa mantiene esa imagen de ella como una princesa perfecta. ¿Por qué? Porque ella era una hermosa rubia. ¡Al menos Marilyn no era una hipócrita! A diferencia de Grace, ella no pretendía ser una virgen mojigata.

Grace Kelly

¿Ven ustedes como a la prensa (¡esa prensa!) no la inventó Mourinho?

 Por eso (y para hacer menos traumático el paso de un campamento de los Delta Force a un estudio de rodaje de “Gentlemen Prefer Blondes”), mi hombre para el banquillo hubiera sido Jürgen Klopp, con su cara de Michael Caine que acabara de leer una entrevista a Leopoldo María Panero.

Gallos acomodados

JUGAR O NO JUGAR
    Para Del Bosque, la titularidad en su portería “no la decide la calidad” (algo que ya ocurrió con Zubizarreta y Clemente). Para Ancelotti, por boca de Vecchi, su preparador de porteros, lo importante en ese puesto era (allá por el año 2000) “saber salir por alto en corners y jugadas a balón parado”. Pero ayer, ante la galería, entre López y Casillas, “postureaba”, cosa que no hizo con Arbeloa y Carvajal: “No he decidido, pero Arbeloa jugó el miércoles con la Selección, luego el viaje…” Y tal y tal y tal. Ahora, a meter 122 goles.


Gallos a la sombra