viernes, 11 de enero de 2013

Madridistas: pacto de no agresión

El mourinhismo de J. B.
(Colección Look de Té)


Todo el mundo sabe que el madridismo se encuentra dividido entre mourinhistas y piperos. Los primeros aplaudimos la novedosa autoridad del entrenador que refutó el evangelio tiquitaquesco del fútbol barcelonés, custodiado en ese Qumrán mediterráneo que es La Masía y difundido a través del celoso apostolado de la corrección política, bajo el palio del sentimentalismo senyero y la tabarra cigarrera de la humildad
 
Jorge Bustos

Cristiano Ronaldo, el fichaje más barato de la historia del fútbol en proporción a su rendimiento, ha pedido unidad al madridismo. Todo el mundo sabe que el madridismo se encuentra dividido entre mourinhistas y piperos. Los primeros aplaudimos la novedosa autoridad del entrenador que refutó el evangelio tiquitaquesco del fútbol barcelonés, custodiado en ese Qumrán mediterráneo que es La Masía y difundido a través del celoso apostolado de la corrección política, bajo el palio del sentimentalismo senyero y la tabarra cigarrera de la humildad. A los piperos, en cambio, les incomoda la marcialidad inarrugable de Mourinho, cuyas ruedas de prensa carecen de la feliz grasa del tópico y la hipocresía –esa grasa imprescindible para que siga girando el engranaje del negociete deportivo–, y reclaman la españolización del club con chovinismo charcutero de Fofitos de Campofrío.

Pero Cristiano Ronaldo no es español, sino portugués, aunque Ganivet reputaba artificial la diferenciación entre Castilla y Portugal, derivada de arbitrariedades expansivas; y no es humilde, porque humildes son los que no pueden ser otra cosa, en la concepción de Gregorio Corrochano, que defendía a Luis Miguel Dominguín de los envidiosos a cuyo alcance no se encontraba la cama de Ava Gardner:

Dios nos libre y, sobre todo, libre a las empresas, de toreros modestos.

Y sin embargo, el llamamiento a la unidad formulado por el mejor jugador de fútbol que el Madrid ha tenido desde Di Stéfano no está exento de cierta humildad pedagógica:

Basta ya de criticar. Tengo que decir que hay que parar con eso porque el míster se va a quedar. Todos juntos tenemos que ganar algo, si ganamos Copa y Champions el año es muy bueno, por eso hay que animar y apoyar. A los jugadores también les afecta, así que hay que ayudar y estar todos juntos.

Si lo dijera otro, bueno. Pero lo dice Cristiano después de un hat-trick que contestaba el grosero dirigismo del Balón de Oro patrimonializado por el modesto Messi, aunque ataviado para la ocasión con una vistosa piel de tiburón ballena. Es para pararse a reflexionar sobre la conveniencia de un pacto de no agresión. Lo que demanda Cristiano está muy puesto en razón, caballeros. Yo no les pido que, si son atacados, renuncien a defenderse. Pero sí que no sean ustedes quienes disparen primero, en la medida de lo posible. Sé que es difícil. Que la provocación pipera marca la hegemonía en las parrillas de televisión, las escaletas de radio y las planchas de periódico. Pero a nosotros nos lo pide Cristiano y a ellos se lo ha pedido Casillas. Bien está. Y vamos a ganar la Décima, cojones.

Y vamos a ganar la Décima, cojones.