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martes, 22 de enero de 2013

Bertolt Pep



Hughes

Lo de Pep al Bayern es como España devolviéndole a Alemania el krausismo pasados los años. Krause fue un señor filósofo que hizo carrera en España. Aquí cayó su teoría o su sistema e inspiró cabezas, como un menottismo. El krausismo era la ideología del ser autónomo ante la vida y la protoprogresía y toda la heterodoxia española parece que fue chupando de ahí hasta esa revolución de usar el pie para pensar que ha sido el tiquitaca.

El tiquitaca es pensamiento de extremidad, de empeine, una filosofía de escarpín y Pep viene a ser un producto final de federalismo, alternativa y disolución. Pep, con toda su genialidad, la propia y la paisajística, marcha a Alemania a replantar allí la semilla del krausismo.

Y en el Bayern la verdad es que arriesga poco y además se encuentra con la labor previa de Van Gaal, que ya fue apaisando el juego alemán. Todo lo de Holanda quizás no sea más que la evolución global, conjunta, táctica del juego de Beckenbauer, así que lo de Pep va para síntesis perfecta de fútbol europeo.

Pep puede ser la suavización de lo alemán. Si con Pep no se suaviza la Merkel ya no la suaviza nadie. La circulación de la pelota de Pep quizás pueda algo contra el atávico miedo alemán a la inflación.

Pep es el desarrollo barroquizado de la escuela de Michels y en Alemania va a fortalecer la colectivización, la sistematización de su fútbol coral. Enfrente queda lo inglés y Mourinho, lo atlántico, más individual y más directo.

El fútbol de Mourinho tiende a la perfección del instante.

El fútbol de Pep tiene como perfección la jugada alargada, participativa.

Ahí: Pep es lo participativo. Un fútbol democratizado y participativo.

En fin, que se nos va Pep al Bayern, porque Pep es nuestro y además de joderle el tópico alemán del fútbol recio a los periodistas, Pep va a hacerse con la cultura alemana. Catalán como es, español e hispano por imposición política, qatarí a sus horas, conocedor de Italia, con piso en New York, donde le suben por Central Park saxofones rizados, árboles, síntesis de bocinas y murmullo de máquinas, respiración urbana de ventilaciones, ahora, por si no fuera poco, lo alemán. Y nos va a parecer Pep, que va para Cambó, un Bertolt Brecht hablando alemán, con esas caras de testigo mudo de la historia que pone en las ruedas de prensa. Pep, que es muy poético, no va a los sitios a currar, Pep se empapa. Así que estamos ante uno de los españoles del futuro, porque dentro de poco, sólo van a tener cultura los futbolistas.