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lunes, 28 de enero de 2013

Yo, Claudio


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    El fútbol es como la vida.

    ¿Qué es la vida?

    –Una historia de ruido y furia contada por un idiota y que nada significa –nos responde Shakespeare por boca de Macbeth.

    ¿Qué es el fútbol?

    El Real Madrid.

    Mas si alguien de la NBA leyera los periódicos para saber del Real, pensaría que este equipo de Mourinho es un “remake” de “Yo, Claudio” (conspiraciones, venenos, traiciones, asesinatos y tartamudos) con guion de Fernando Esteso y arreglos de Lucía Echeberría.
    
En la lista de personas más inteligentes del planeta no hay futbolistas ni periodistas, lo cual ayuda a entender la depresión de Macbeth ante el espectáculo de una historia de ruido y furia contada por un idiota y que nada significa.

    –No consigo hacerme entender –se desesperaba Florentino Pérez en la rueda de prensa.

    Pero lo inusitado en aquel lugar no era, precisamente, el lenguaje del presidente: ya en su otra vida presidencial dejó caer un día que la legión de empleados de ACS daban menos lata que dos docenas de futbolistas tirándose bolitas de pan con sus amigos de la prensa.
    
“Afuera nos quieren”, titulaba ayer el Ayuntamiento de Barcelona su remitido, que publicaba “La Vanguardia” a toda página, sobre el aumento de las exportaciones de productos fabricados en la provincia del club que abandera la independencia de Cataluña.


(Vía J. M. Guardia)
   
“Afuera” no es el Bernabéu, donde, mientras esté Mourinho, no se compra tiquitaca.

    “Afuera” es Munich.

    De ahí la declaración de Tito:

    –Nunca entrenaré al Real Madrid.
    
Este hombre no sabe que la inmortalidad nunca la dio la Academia, sino el Madrid, y que a él le fue vedada.

    Con el susto de la Supercopa en el cuerpo, los “segadors” de Tito bajan esta semana a Madrid para dar un buen golpe de hoz a lo ya sembrado: se enfrentarán a un equipo mermado por el azar en los sorteos y las bajas arbitrales.

    Vienen con el chicle del tiquitaca pegado a la suelas para hacer la goma en la moqueta de la Castellana, cosa que emboba al público pipero, esas almas de girasol que creen que Iniesta, por bajito y cascarrabias, es el españolismo que acabará echando abajo el referéndum del “senyor” Mas.
    
El tiquitaca es la alfombra del Mohamed de “Makinavaja” con que Cataluña tienta al pipero, incapaz de sustraerse a las miradas rifeñas de Alves, las camas leporinas de Busquets, las migas manchegas de Iniesta, el “petit point” de Xavi y los goles-cerezas de Messi, esas golosinas de monja montserratina que sólo se despachan con el Barcelona.


    Por lo visto ayer ante el Getafe, mis vibraciones futboleras del Madrid son buenas: Cristiano, a quien los guionistas de “Yo, Claudio” quieren canjear por Silva, que es español, recibió la segunda ovación pipera en tres años (más por temor al Barcelona que por amor a Cristiano), y Khedira vale él solo, en este momento, un “Reich”.
    
Mal cuerpo sólo me pone el caciquismo culé.

    Ya en el siglo XIII Gonzalo de Berceo hablaba de un labrador que por las noches, a cencerros tapados, “cambiaba los mojones por ganar heredad”.



DIEGO LÓPEZ
    El dedo roto de Casillas ha disparado los romances de ciego: es el dedo que los periodistas deportivos quisieran meter en el ojo a Mourinho. Por ese dedo ha vuelto Diego López al Bernabéu, lo que supone la victoria “después de muerto” de Capello, que tenía a Diego López por mejor portero que Casillas, del mismo modo que Del Bosque por mejor portero que Casillas tuvo a César Sánchez, y luego, jugando con Casillas, ha sido marqués. A mí Diego López me da buena espina por el aspecto: tiene pinta de piquero del Tercio de Galeras, y eso es la Décima.