domingo, 22 de marzo de 2026

Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre

 DOMINGO, 22 DE MARZO


En aquel tiempo, las hermanas de Lázaro le mandaron recado a Jesús diciendo: «Señor, el que tú amas está enfermo». Jesús, al oírlo, dijo:


-Esta enfermedad no es para la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.


Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo se quedó todavía dos días donde estaba. Sólo entonces dijo a sus discípulos:


-Vamos otra vez a Judea.


Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedó en casa. Y dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá». Jesús le dijo:


-Tu hermano resucitará.


Marta respondió: «Sé que resucitará en la resurrección en el último día». Jesús le dijo:


-Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?


Ella le contestó: «Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo». Jesús se conmovió en su espíritu, se estremeció y preguntó:


-¿Dónde lo habéis enterrado?


Le contestaron: «Señor, ven a verlo».


Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban: «¡Cómo lo quería!». Pero algunos dijeron: «Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que este muriera?». Jesús, conmovido de nuevo en su interior, llegó a la tumba. Era una cavidad cubierta con una losa. Dijo Jesús:


-Quitad la losa.


Marta, la hermana del muerto, le dijo: «Señor, ya huele mal porque lleva cuatro días». Jesús le replicó:


-¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?


Entonces quitaron la losa. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo:


-Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado.


Y dicho esto, gritó con voz potente:


-Lázaro, sal afuera.


El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo:


-Desatadlo y dejadlo andar.


Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.


Juan 11, 3-7. 17. 20-27. 33-45