Ignacio Ruiz Quintano
Abc
La frustración imperial de la “Furia Épica” en Persia (con Lindsey Graham de Aristóteles de Trump, que se ve en el espejo como el Alejandro Bicorne de Borges, dueño de los dos cuernos del Oriente y del Occidente), terminará pagándola Cuba, descubierta por Colón el 28 de octubre de 1492 (¡cuatrocientos noventa años antes de la victoria felipista en España!), domingo, y que, por los mismos criterios que el Golfo de México ya es Golfo de América, pasaría a llamarse Isla del Maine, o La Rubia, en gratitud al secretario Rubio, el “bien mandáo” de la viuda Adelson.
Pobre Cuba, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos. Después de todo, Cuba no fue descubierta para la historia, sino para la geografía, avisaba en su “Mea Cuba” (“quiere decir ‘Mi Cuba’, pero también sugiere la culpa de Cuba”) Guillermo Cabrera Infante, “un hecho más decisivo que la aberración histórica (castrismo)” desde hace setenta años: “la Historia, es decir el tiempo, pasará, pero quedará siempre la geografía, que es nuestra eternidad”.
–Creo que tendré el honor de tomar Cuba. Es un gran honor… Ya sea que la libere o la tome, puedo hacer con ella lo que quiera.
Lo dice el emperador del imperio que tardó veinte años en pasar del régimen talibán en Afganistán al régimen talibán en Afganistán, pero que sólo ha necesitado nueve días para pasar de Jamenei a Jamenei en Irán. “Puedo hacer con Cuba lo que quiera”. Aun tratándose de una verdad evidente en sí, no parece el estilo de Jefferson en la “Declaración de Independencia”. Según B. Russell, los Founding Fathers hablaban por Euclides (su doctrina de los derechos naturales era una búsqueda de axiomas euclidianos en la política), lo cual los lleva a afirmar algo absurdo, como que sus opiniones, ininteligibles para la mayoría de la sociedad, eran evidentes en sí. “Tomaron su propia cultura inusitada tan por descontada, que la confundieron con la condición humana en general –explicaría Ernest Gellner–. ¿Qué otro mundo podía haber?”
Bueno, está ese mundo trumpiano que mezcla el humor de Joe Pesci en “Goodfellas” (“Funny how? Like a clown?”) y la crueldad de Robert de Niro con bate en la sala de situación de “Los Intocables”. Contra eso ya se levantaron los cubanos en el 59; era una revolución nacionalista, pero llegó el Coma Andante, se quitó el escapulario y mandó a parar: traía la “castroenteritis” (Cabrera) que ha dejado a la isla como un solar para los casineros de Trump y sus donantes, con lo que la historia (que no la geografía) vuelve a comenzar. “El tiburón se baña, pero salpica”, era la versión casinera del caballo y los gorriones de Laffer y su curva de avena. El gobierno, insistía Martí, ha de nacer del país.
–Con un decreto de Hamilton no se le para la pechada al potro de un llanero.
[Martes, 24 de Marzo]

