Francisco Javier Gómez Izquierdo
A las cuatro menos cuarto sale la Primera Hermandad de Lunes Santo en Córdoba, que es la de la Merced, Virgen Protectora del gremio carcelario. De presos y funcionarios. La Merced tiene su asiento en San Antonio de Padua, parroquia a menos de cien metros de casa y como es natural suelo pasar a veces a saludar. Precede a la patrona Nuestro Padre Jesús Humilde en la Coronación de Espinas, que es recibido en el Zumbacón con la admiración que desprende el dolor y la resignación de un rostro labrado por el imaginero sevillano Francisco Buiza, del que dicen alcanzó la mayor inspiración en este Cristo al que corresponde entrar en primer lugar en el patio de la Mezquita-Catedral. Tras la Merced, aparece la Hermandad de la Presentación de Cañero, que se estrena en la carrera oficial delante de la Estrella, otra cofradía joven de barrio que recuperó en los ochenta la advocación a la Estrella, pues no en vano los hebreos llaman a Jesús "hijo de la Estrella". Luego la Sentencia de san Nicolás, con un manto de María Santísima de Gracia y Amparo que causa admiración. El Vía Crucis y el Cristo de Ánimas que cierra el Lunes Santo no parecen hermandades andaluzas. Suenan al Silencio de Castilla. El Vía Crucis reza. No hay paso, no hay música. Cada penitente lleva una Cruz y el público mira y calla como calla y se sobrecoge ante el Cristo de Ánimas cuyos penitentes entonan en latín cantos de monasterio. El soniquete de sus rezos da paz. Tampoco llevan banda de música.
De vuelta a casa encontramos a la Merced que por Virgen de Linares los costaleros la bailan ante la Cruz Blanca y los saeteros le cantan repartiendo pellizcos emocionantes al barrio que acompaña a "la más guapa", conforme el parecer de todos los que la miran con lágrimas en los ojos.




