miércoles, 25 de marzo de 2026

Adiós Moral, adiós Gamonal






Francisco Javier Gómez Izquierdo


Cierra el Moral y el anuncio entristece Gamonal en general y a la cuadrilla que fuimos formando allí, en particular. A servidor le ha venido como un pequeño calambre valetudinario, que es palabro del tipo que solíamos, entre risas, sacarnos de la manga Pik, Santos o servidor cuando el bar llevaba tres años funcionando -abrió en 1970- a pleno rendimiento y acudíamos a jugar en las máquinas pinball (la de las misses fue el pelotazo) en las que el Gaitu sacaba las partidas extra y los amigos jugábamos toda la tarde por un duro mientras hablábamos del fútbol de Holanda, de las chicas de las Mil Viviendas y hasta de la Ilíada.


   Ismael y Mariano habían venido de Duruelo en la Demanda a hacer fortuna en la hostelería. Acertaron y al poco abrieron el Ma-Is, veinte metros más arriba, para servir a partir de las cinco de la mañana café, orujo, moscatel y chicoychica, que eran los dos revueltos, a los obreros de las fábricas del Polo; todo tipo de tortillas, no las había igual en el barrio, tigres, vinagretas..., entrando a las diez que es cuando los repartidores y el burgalés tenían la buena costumbre de "almorzar un poco". A la puerta del bar el Ayuntamiento puso parada de autobús, los viajantes no perdonaban un alto para el pincho de tortilla paisana o de pimientos rojos y en el Moral vi a Sánchez Arminio, flaco como junco, cuando bajaba de Santander a vender mayonesa y un suceso que pasó a la intrahistoria del fútbol se originó en el semáforo frente al Moral, cuando hinchas del Athletic que volvían de perder en el 77 la Copa del Rey ante el Betis, tiraron pesetas a unos de Gamonal que les mostraban el dedo bajado de Nerón. Estábamos allí y Melquiades les llamaba modorros... Melquiades y Alberto eran los únicos que trabajaban y nos pagaban los claretes. Los fines de semana subíamos al altillo y jugábamos al mus, al chinchorro y a veces al "hijoputa", porque el Moral era un bar de partidas por la tarde. "Arriba aprendí a jugar al mus", dijo el domingo Teo de camino al Burgos-Córdoba. Partidas de buenos jugadores que la echaban a diez o hasta veinte duros el chinchorro, pero lo bonito era mirar las partidas de subastao. Éramos algo mirones, así aprendíamos, y nos gustaba comentar en los paseos el buen gusto de Lelo el de Firestone que bebía Magno frente al Soberano de Alberto o el Veterano de Agustín y servidor mismo al que me aficioné cuando entré de productor en Cyfisa y la San Miguel.


   Los domingos de partido del Burgos prestaba lo suyo tomar café antes en el Moral, con aquél olor intenso a café, Farias y Monte Cristo que algún solterón de Ubisa o la Firestone con anillaco y pulsera de oro exhibía orgulloso de camino al R-12 que le acercara a El Plantío.


   No sé porqué, cuando tuvimos perras, pocas, para el chiquiteo cruzamos la N-1 y nos pasamos al José, el Rubio y el Reno, aunque al Ma-Is nunca le abandonamos.


   Vienen muchos recuerdos y anécdotas, alguna incorrectísima en este tiempo, pero cierta desazón asalta cuando vas viendo morir lugares en los que tanto aprendimos y respiramos. Comento con Toño que en el Moral se hizo camarero desde la niñez y lleva muchos años llevando otro bar mítico, el Liverpool, que abrió en 1971, la decadencia de nuestro Gamonal. "Nosotros levantamos el Liverpool cuando lo cogimos, pero no sé qué pasará cuando me jubile..." 


   Gamonal empezaba en el Lago. Luego venía el África, el ombligo en la N-1 era el Moral y acababa en el Timoteo, el de más solera y que aún sigue poniendo patatas frente a la Iglesia de la Antigua. En la otra acera el London, el Dogo que desapareció, el Reno y el Liverpool junto a la Iglesia. Estoy por aquí y todo son nostalgias de abuelo Cebolleta.