Follow by Email

lunes, 27 de enero de 2020

Un pase y una flor

 Robert Kearns, inventor del limpiaparabrisas intermitente



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    En 2008 la Universal llevó al cine “Flash of a genius”, la historia de Robert Kearns, un profesor universitario a quien en los 60 la Ford le levantó su “limpiaparabrisas intermitente”, que solucionaba el problema del limpiaparabrisas continuo, que dificultaba la visión y, al amainar la lluvia, rechinaba sobre el vidrio como la tiza en la pizarra. Ford pidió a Kearns su invento para realizar unas pruebas, pero unos meses más tarde le comunicaron que la marca no estaba interesada en la idea. Caminando por la calle un día de lluvia, Kearns observa en un coche que el limpiaparabrisas se mueve con las pautas de su invento, y llega a la conclusión de que Ford se ha apropiado de su “limpiaparabrisas intermitente”. Se le van los años en la reclamación de sus derechos y finalmente logra llevar a Ford ante la Corte. Sin abogado dispuesto a defender su caso, Kearns decide defenderse solo, asistido por su hijo Dennis. En la Corte, el planteamiento de Ford utiliza es que Robert Kearns no había utilizado utensilios nuevos: simplemente, había acomodado de determinada manera los ya existentes, y por lo tanto el “limpiaparabrisas intermitente” no podía merecer consideración de invento. Kearns contratacó con un argumento maravilloso: con arreglo a la lógica de Ford, su invento era como un libro de Charles Dickens: cada uno de los elementos que componen el “limpiaparabrisas intermitente” sería como cada una de las palabras que componen el libro. Charles Dickens no necesitó inventar palabras nuevas, pues se limitó a acomodarlas de manera que éstas crearan algo nuevo, y nadie le discute a Charles Dickens la autoría de sus obras. De esta misma forma debían reconocer que él había inventado el “limpiaparabrisas intermitente”. Kearns gana el juicio, y Ford debe pagarle 10,1 millones de dólares.
    
Esta historia del “limpiaparabrisas intermitente” podría ser la historia del tiquitaca futbolero, y que cada uno acomode los elementos como mejor le pete. El tiquitaca surge de la cabeza de Luis Aragonés (¡el Sabio de Hortaleza!) procedente de los entrenamientos de Marcel Domingo en el Manzanares, y lo pone en marcha en el Combinado Autonómico que acabó ganando la Eurocopa de Austria-Suiza en 2008, el año de “Destellos de genio”, la película de Marc Abraham sobre el invento de Robert Kearns. En ese 2008 Guardiola, el Gandhi de Sampedor, apadrinado por Roures (con quien había grabado un documental a Zapatero), llega al banquillo del Barcelona, donde Laporta hubiera querido a Mourinho. El Periodismo Patriótico proclama que la Nueva Religión del Estado es el Tiquitaca: Messi pone los goles, bastante caros, y Guardiola, la literatura, bastante barata.
    
El tiquitaca es un laberinto del que no van a poder salir los culés. Todas las huellas a la vista son de entrada. El club pensó que Xavi, el ex cerebro de España y Príncipe de Asturias de la Amistad con Casillas, podía ser su Teseo, pero Xavi anda con la cosa de la democracia orgánica en Catar y se negó a aceptar. El siguiente candidato a Teseo fue Koeman, magníficamente colocado como seleccionador de los Países Bajos, hoy por hoy algo por encima de los “Països Catalans”. Y el tercero, y definitivo, fue el cántabro Setién, cuya modestia no tiene un pase: tiene un millón. En su debut liguero ante el Granada el Barcelona de Setién dio 1002 pases y Messi hizo un gol. Setién no había venido a Barcelona a jugar al fútbol; Setién había venido al Barcelona a hacer “sobaos”. Hasta Messi parece en ese bucle tiquitáquico un “sobao”, próximo a la gracia (¡e igual de insustituible!) de un Lucas Vázquez en el Madrid de Zidane, que ya va como la violetera por la calle de Alcalá.
    
Setién ha metido en el Barcelona la cosa pobre. Contra el Granada culpó al viento del temporal “Gloria” de ralentizar el juego al resecar la hierba del campo, y antes de volar a Ibiza para jugar la Copa se sintió obligado a soltar un discurso churchilliano: “Estas eliminatorias a un partido son trampas. Quizá nos iría mejor a dos partidos”. En Valencia, el Barcelona de Setién regresó al limpiaparabrisas continuo del tiquitaca guardiolés, y la excusa para la derrota fue que los futbolistas no asimilan tantas instrucciones juntas, como si Quique Setién fuera Valeri Lobanovski.
    
Liga, Copa y Champions se van a ventilar, pues, entre los pases hacia atrás del Barcelona de Setién y las flores de atrás del Madrid de Zidane, con los gatillazos de Simeone a la expectativa, aunque muy descolgado. “Atrás un libro, arriba un libro, retoñaba del cadáver”, lo dejó explicado César Vallejo.


Setién. El fútbol es el pase

 Zidane. El fútbol es la flor

GOLES SIN GANAS

    Bale hizo en León el gol importante a la Cultural, pero no le vale, porque, al decir del periodismo deportivo, lo hizo “sin ganas”, un concepto muy de matrimonio de película española de los 70, cuando en la Cultural jugaba de portero Bernardo Aguirregómezcorta Arrizabalaga, que era un nombre que en los cromos impresionaba mucho. El periodismo deportivo prefiere los goles de Lucas Vázquez, por la ilusión que le hace al futbolista, a los goles de Bale, que son de ejecutor profesional. Cuando el otro día le preguntaron qué puede aprender él, a sus 72 años, de Guardiola, Roy Hodgson, entrenador del Crystal Palace en la Premier, respondió: “A perder”. ¿Qué puede aprender Bale de Lucas? Dígalo, Bale: “A retozar”.