Follow by Email

jueves, 16 de enero de 2020

Gobernar

Gagarin

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Si a De Gaulle se le hacía difícil gobernar un país con trescientas clases de quesos, no queremos saber qué pensará un mangoneador como Sánchez teniendo que gobernar un país con veintitantos ministrillos.

    Ministrillos porque, salvo Duque, el Gagarin de San Blas (con Stalin, aquél que llevara el apellido Gagarin era definido sin falta como príncipe), todos esos Juan Nadie con cartera representan a todos los españoles que, según Pemán, abrigan la ilusión de gobernar 24 horas (todos con una iniciativa original y tajante para llenar ese día mágico): “Si a mí me dejaran gobernar, nada más que 24 horas…”
    
Iván Redondo, que políticamente parece la apoteosis de una calabaza, va más lejos, y se pide una condena: 30 años. Muy tonto ha de ser un hombre para que en treinta años no se le ocurra algo.
    
Madariaga cuenta que en tiempos de Guillermo II corría por Berlín un cuento atribuido “al” capitán de la guardia de a caballo del emperador, es decir, el Redondo de la situación:
    
Primero es el emperador; luego su capitán de la guardia de a caballo; luego, su caballo. Después nadie, después nadie y después nadie. Y luego el capitán de la guardia de a pie.
    
Que por su forma de talonar en las escaleras de La Moncloa, a lo Cristiano para ejecutar un golpe franco, debe de ser Pablemos.
    
Debe diferenciarse entre estado y gobierno, regla política que nadie ha observado –aconsejaba “in illo tempore” el buen Bodino.
    
Pero si hiciéramos eso en España, toda la tramoya quedaría al descubierto, y se nos pararía el gobierno como el Don Tancredo de Bergamín (¡un gobierno de tancredistas de la vanidad!), cuando el gobierno, decía Hegel (en La Moncloa hay un ujier que ha oído hablar de Hegel) es movimiento. Mas la tentación tancredista (la tentación de quedarse) es enorme, y el plan Redondo es tancredizar un régimen de crisis política más que una crisis política de régimen. Y todo por aquella salida de pata de banco, a lo Maura, de Rajoy:

    –Que gobiernen los que no dejan gobernar.