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miércoles, 8 de enero de 2020

Prosperidad y progreso

Ángel Ximénez

Francisco Javier Gómez Izquierdo

         Ayer, los operarios de Ángel Ximénez, apagaban y descolgaban la luces de Navidad de Córdoba... y de Vigo, Barcelona, Madrid, Málaga, Nueva York, Milán, Bruselas -en Panamá cuentan que han montado un bosque luminoso que deja pasmadas a las multitudes- y hasta en Burgos vi frente a la Antigua de Gamonal pasar una furgoneta de esta familia de Puente Genil sin rival en lo suyo que tiene abiertas delegaciones en todo el mundo y a la que tengo especial cariño por patrocinar un modesto club del noble deporte del balonmano -el sénior hasta está en la ASOBAL- que en Córdoba siempre ha sido el gran rival del de mi chico. Los fieles echábamos tres o cuatro sábados al año en el pueblo porque para economizar gastos el calendario agrupaba todas las categorías el mismo día: benjamines, infantiles, cadetes y juveniles. El fundador de la empresa comenzó poniendo una estrella de Navidad, allá en los 40, en su tienda de electrodomésticos, luego se le ocurrió iluminar Puente Genil, después usar las bombillas de Navidad en las ferias y con la llegada del turismo a la Costa del Sol iluminó Málaga entera. Hace quince años, cuando mi chico tenía 10 y empecé a admirar el trabajo de Ángel Ximénez -el fundador cambió la Jota por la Equis para que los guiris de Marbella pudieran pronunciar en condiciones- facturaban alrededor de diez millones. Hoy pone en la prensa que superan los cuarenta. Eso es prosperar, que conforme a mi muy antiguo bachiller quería decir casi lo mismo que progresar, pero resulta que si nos paramos a analizar el significado de las palabras con la gramática parda de los nuevos intérpretes, todo lo que vemos y oímos no es lo que parece; nos explican los nuevos lingüistas que, aunque el Congreso haya parido un “gobierno de progreso”, si por desgracia crecen los parados como níscalos este invierno, no hay dineros para lo importante y nos obligan a tener pasaporte si queremos acercarnos a Tarrasa a ver a los parientes, la culpa será de los “fascistas” -fachas dicen ahora las bocas parleras- que de repente abundan descontrolados.
         
Así como en política la prosperidad y progreso acompaña a los que viven de ella, en el fútbol se está empezando a abusar en demasía de semejante principio y así el presidente don Rubiales se ha inventado dos semifinales para dilucidar cuál  de los dos campeones, si el de Liga o el de Copa es supercampeón del fútbol español. Al presidente de la RFEF le importa un pito, como a la otra, que la supercopa se la lleve un equipo que no ha ganado ni la Liga ni la Copa, tal que el Atleti o el Madrid, cosa que casi seguro va a ocurrir. A don Rubiales lo que le importa son los “petrodólares”, aquella divisa tan de moda cuando nuestro bachiller, y vendiendo lo que en realidad es de otros se ha procurado unas comisiones que uno no sabe si serán en beneficio propio o de la Federación donde dicen que también manda mucho Luis Enrique, al que no le parece mal este despropósito. También dicen que a los aficionados de los cuatro equipos que quieran asistir a los enfrentamientos les regalan las entradas ¡¡Qué cosas se dicen!!  Claro, que será mentira. Como todo. De democracia, feminismo, derechos humanos, libertades... parece que no son días propicios para sacar el tema.