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sábado, 18 de enero de 2020

Hambres

Feuerbach 


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Quienes en las sobremesas de España todavía se hacen cruces porque un comunista se ocupe del consumo ignoran que el creador del consumismo es Marx, cuyas masas hambrientas sólo tenían, hasta el comunismo, cuatro pobres consumos, enumerados por Gecé: beber, comer, dormir y hacer prole.
    
Comunista, en la Cuba de Cabrera Infante, era el que leía a Marx y atacaba al hombre. Garzón, el ministro que el comunismo ortodoxo tiene colocado en el gobierno, vigilará la “comida basura”. No ha leído a Marx, pero te quita la hamburguesa de la boca.
    
Por “comida basura” un comunista a la cubana entiende las hamburguesas de cadena de montaje, limpias, baratas y alimenticias. La “comida basura” es, pues, una conquista del capitalismo, y su contrapartida en el comunismo es… el hambre.

    El hambre es el hambre, admite Marx, pero aquélla que se apaga con carne guisada, comida con tenedor y cuchillo, es distinta del hambre que con ayuda de las manos, las uñas y los dientes devora carne cruda.
   
 –Objetiva y subjetivamente, la producción produce el producto e impone la técnica (el modo y los modales) de su consumo, al que imprime el “finish”, su acabado.
    
Estas cosas de Marx, agavilladas por Nicolás Ramiro Rico para moldear su “animal ladino”, podría llevarlas Garzón en los bolsillos de su americana de Amazon para dejarlas caer (la lluvia fina marxiana) en la mesa del consejo de ministros, que lo escucharían con la boca abierta.
    
Somos lo que comemos –viene a decir el elegante epigrama de Feuerbach (“der Mensch ist was er isst”, por si Garzón quisiera tatuárselo), el maestro en el cual se han templado Marx… y Evo Morales.
    
En la Primera Conferencia Mundial de Pueblos sobre el Cambio Climático y la Madre Tierra, don Evo tiró de Feuerbach para atribuir a la comida la calvicie y la homosexualidad europeas.

    –El pollo que comemos –reveló Evo– está cargado de hormonas femeninas. Por eso, cuando los hombres lo comen, tienen desviaciones en su ser como hombres.
    
Nos queda el tofu.