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viernes, 31 de enero de 2020

Don Benito


Lutero


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Don Benito tiene ya algo del Casas Viejas de Sánchez.
    
Cela contaba siempre que en la primera edición del “Pascual”, Pascual tomaba el tren en Trujillo, y en Trujillo no había tren.
   
 –La solución era poner tren en Trujillo o poner a Pascual en Don Benito.
    
Marlaska, el ministrillo de la gobernación que ante los insurrectos catalanes se puso elegante a lo Pedro Monjardín, incapaz de levantar una mano para parar un taxi, con los campesinos de Don Benito se pone en plan Don Camulo a repasar lomos con un odio luterano, mientras Iván Redondo, salido de Deusto, deshoja margaritas en La Moncloa: ¿Don Benito? “Rus in urbe?” “Urbs ruri?” “Oppidum in agris?”
    
¡Ea, queridos señores! Golpead, traspasad, degollad a vuestro antojo –es el consejo de Lutero a los señores ante los campesinos levantiscos–. Soy el mayor enemigo de todos los campesinos… Son unos brutos
    
Y los príncipes y señores los molieron a palos (en realidad “los empalaron”), solución que pareció buena al fraile sajón venerado por Bergoglio, pues así, “cuando un campesino tenga que dar una de sus dos vacas a su señor, se juzgará feliz de poder conservar la otra”.
    
El Don Benito de Sánchez compite en palizas con el París de Macron, por no irnos a los campesinos de Igé, que, reunidos tranquilamente a la salida de la iglesia, cuando la Revolución, se convirtieron en una Némesis histórica ante el rumor de que venían a robarles las cosechas.
    
Marlaska, que ya arruinó a Ábalos en Barajas, arruina en Don Benito a Pablemos, que ve peligrar su alianza proletarios/campesinos, o lo que Marx llama “el coro sin el cual, en todas las naciones agrícolas, el solo de la revolución proletaria acaba siendo un canto fúnebre”.
    
¡Esos cojones, en Despeñaperros! –templó Manolo el del Bulto, padre de Manolo Caracol, a la locomotora que le resoplaba vapor en Atocha.
    
Pero ¿y esa deportividad boxística con que los campesinos de Don Benito abrazaron a sus apaleadores? En el Estado de Partidos todo es mentira, menos lo malo.