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lunes, 13 de enero de 2020

Primer campeón

Barco asentado en tejado
Barbate

Francisco Javier Gómez Izquierdo

          Hubo un ministro que para no subirnos el sueldo  a los funcionarios -al parecer no disponía de cuartos- se sacó de la manga uno de los mejores inventos en materia de legislación laboral de la  Administración que, supongo, descolocó sobremanera a los sindicalistas: los días de asuntos propios o particulares. El prócer era riojano y se llamaba, se llama, pues creo que aún vive, Javier Moscoso. Los moscosos se convirtieron en materia casi de escándalo, pero poco a poco se fueron asentando en todas las administraciones y llegaron al extraordinario milagro de la procreación conforme uno iba acumulando trienios. Un servidor, sin ir mas lejos, con once trienios, doblaba los seis que don Javier concedió en los 80 y me jubilé con 12 día de moscosos. Creo que 12 es el tope.

        Don Luis Rubiales, que no es padre conscripto pero quiere parecerlo, se ha sacado también de la manga la venta de un espectáculo futbolístico y quiere institucionalizar el negocio haciéndolo anual en tierra extraña. A ser posible en Oriente, que es donde se suelta la mosca sin problemas. Es posible que lo consiga y que la Supercopa con el tiempo no se llame Supercopa sino el torneo Rubiales, como moscosos los días de asuntos propios, pero yo creo que habrá un año que estos modernos Reyes de Oriente  dejen de entusiasmarse por los futbolistas famosos y corten el grifo de su generoso chorro de euros para los equipos europeos.
      
¿Qué gana esta gente de Arabia Saudita, Qatar o Bahrein metiendo pastizales en el fútbol? Estarán conmigo en que nada y que sólo se entiende tanto derroche en que tienen el dinero por castigo y muchos de estos herederos del rey Midas se levantan una mañana con ganas de desocupar una habitación llena de dinero para alojar en ella una nueva esposa y, como es moda entre ricos, compran un equipo -al Córdoba lo han salvado unos señores de Baherein- o llevan a Messi a Doha o Yedda. Una cosa así tiene que ser, porque no me explico ese poner y poner.
     
Lo más curioso es que son pocos los aficionados de las arabias a los que les guste de verdad el fútbol. Uno veía el oleaje que montaba ayer el personal y le dan ganas de expulsar a todo Cristo del campo. Y ¿qué decir del entusiasmo ante la tanda de penaltys, circunstancia que seguro dará continuidad al menos tres o cuatro años de esta supercopa entre torres de petróleo? El caso es que las semifinales del torneo, como le gusta decir a don Rubiales, fueron bastante espectaculares y a mí particularmente me gustaron lo suyo. La final y como corresponde a la presencia atlética fue correosa, trabada, imprecisa, a ratos desesperante por los errores en el pase de los buenos Joao Félix o Modric... y me  inquieta Morata con su amargura existencial de cada partido, siempre pendiente de lo que no debe y no llegando a ser el futbolista que yo pensé que iba a ser. Morata es mejor futbolista de lo que nos parece y de lo que él cree, pero algo le pasa a este chico y nada más evidente que el recurso del piscinazo en el moderno mundo del VAR. Morata parece tener demonios particulares que lo desequilibran, justo lo contrario que Valverde, el mejor de la final y cuya intervención más decisiva fue una falta precisamente a Morata que, de no recibirla, podría haber glorificado al delantero, pero está visto que Morata es de los llamados, pero no de los elegidos.
     
Enhorabuena al Madrid y más flores para Zidane, al que habrá que institucionalizar también como jardinero mayor del reino.