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domingo, 5 de noviembre de 2017

Sobra información y falta mantequilla


 Escriptor català molt conegut

 Jean Juan Palette-Cazajus

Reconozco que yo también, durante las últimas semanas, he sucumbido a la tentación de alimentarme esencialmente con los artículos de prensa sobre el problema catalán. Casi hasta el punto de olvidarme de que tenía opiniones propias. Tras comprobar que, al final, no pasaban de diez, entre los cientos que había devorado, los que habían dejado en mí alguna huella ideológica o tenido real utilidad informativa, decidí moderar radicalmente tan negativa bulimia. Estoy tratando de regresar a una alimentación más sana principalmente basada en productos reflexivos frescos mayormente producidos en mi propia huerta.

Pero no siempre resulta fácil resistir al irrestañable goteo informativo con que me suelen  abrevar algunos amigos nada dispuestos ellos a bajar la guardia. Esta misma tarde, la extraña disparidad de los dos textos que fui encontrando sucesivamente en mi mensajería ha ido generando una extraña secuencia reactiva que ha infartado parte de mis circuitos neuronales. Buena atalaya ocupamos los aficionados a los toros que nos permite apreciar la enorme diferencia entre la actualidad política y la de los ruedos. En la actualidad política vemos como realmente sale el toro, cuajado, poderoso, encastado y con evidente peligro. En cambio, al igual que ocurre en las plazas de toros, pocos son los lidiadores de la información que se atreven a “cruzarse” con él y meterse en los terrenos donde coge. El suyo también suele ser el sólito toreo de adornos y amaneradas trincherillas, componiendo la figura y “gustándose”. Cuando no engañoso toreo de “arrimón”, por supuesto “detrás del pitón”.

Esto fue lo que pensé tras la lectura del primero de los dos artículos. Lo más sustancioso de la aburrida faena era el siguiente extracto: “Porque la cuestión no es que puedan ganar o no las elecciones del 21 de diciembre. La verdadera cuestión es que, en caso de que ganen, el miedo a la Ley, ahora sí, cortocircuitará cualquier tentación de seguir jugando a las revoluciones de la Señorita Pepis. Cada semana que pase Junqueras entre rejas habrá mil separatistas menos en Cataluña”. De modo que lo importante, creí entender, es seguir toreando de salón, prescindiendo de la tremenda presencia del toro encampanado en el redondel, prescindiendo literalmente del peso de la realidad. La realidad es una mitad, o casi, de la sociedad catalana que hoy se declara independentista, que sabemos susceptible de ir a más al hilo de cualquier pretexto y de cornear ante cualquier torpeza de los lidiadores. Los Sres Puigdemont y Junqueras, lo mismo que los predicadores mesiánicos de la ANC y de la CUP, incluso reforzados por las cuadrillas de colegiales de clase media liados en el capote de paseo estelado, no constituyen más que una ínfima minoría. La mayoría de los secesionistas la integran amas de casa y jugadores de mus de la tercera edad, cirujanos cardiovasculares y payeses,  peones de albañil y empleados de banca, programadores informáticos y señoras de la limpieza, periodistas y policías, es decir todo el espesor de una sociedad real. Con ese toro no valen desplantes.

 Componiendo la figura y gustándose

El mal humor se transformó en estrés existencial tras la lectura del segundo envío. Se trataba de un divertido artículo, del economista y politólogo Josep M. Colomer que se dedicaba a repertoriar las aberrantes e hilarantes tentativas de catalanizar la historia por parte de ciertos personajes tan improbables como reales. Además del ya conocido descubrimiento de América por catalanes al mando del intrépido navegador Critòfor Colom, nos enteramos del verdadero apellido de Hernán Cortés, para nada extremeño como piensan los crédulos, sino natural de Torrelles de Llobregat. Nada en comparación con el caso de la pretendida Teresa de Ávila, realmente nacida en Barcelona y abadesa del monasterio de Pedralbes. En cuanto al supuesto Miguel de Cervantes, se llamaba en realidad Miquel Servent y escribió “El Quixot” en catalán. Siguen más enormidades del mismo jaez que les aconsejo descubrir. El más conocido entre los esperpénticos versionadores catalanes de la historia se hace llamar Jordi Bilbeny. Donde la cosa resulta menos desternillante es cuando nos enteramos de que este señor y sus colegas “historietistas”, como los llama Colomer, “ han sido entrevistados en la prensa, la radio y la televisión, han dado conferencias pagadas por pueblos y ateneos [...] Sus actividades han sido subvencionadas por ayuntamientos y diputaciones, empresas privadas y la Asamblea Nacional Catalana...”.

De modo que el toro, además de peligrosísimo, puede llegar a volverse majara ¡Cualquiera se arrima! Bueno querido amigo Pepe, verás que llevo semanas tratando de convencerte de mi real y constante preocupación por  el tema catalán. Fíjate si me intereso que he dejado para lo último, el hecho, tan trascendente para mi personal supervivencia, como ha sido la difícil consecución, esta tarde, de un paquete de mantequilla ¡Diez minutos maś tarde y se me escapa! Porque aquí seguimos con el drama de la mantequilla. El “New York Times”, además de concederle tribunas a Oriol Junqueras, se hace eco de la situación. También “The Economist”.  Le Monde escribe hoy que “Los supermercados muestran deprimentes evocaciones soviéticas”. La culpa, dicen, resulta de la avidez especuladora por un lado, por otro del reciente y devastador flechazo de los chinos por el croissant. Toda pasión individual termina haciendo estragos. No te digo si la pasión deciden compartirla más de mil millones. Está claro que somos demasiados.

Tal vez deba considerarse seriamente la posibilidad de un nacionalismo excluyente basado en la mantequilla y el croissant. Y eso que personalmente no soy de los más perjudicados. Mi condición mestiza hace que cocino exclusivamente con aceite de oliva. Sólo uso mantequilla a la hora de desayunar . Pero tener que renunciar a untar, por más que moderadamente, mis rebanadas de pan integral y mermelada mientras oigo France Culture podría perjudicar muy seriamente mi más que precaria producción intelectual.

 Romancero de ausencias