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martes, 7 de noviembre de 2017

A lo negro

Juguetes rotos
Carmenato Matritense
Calle de Francisco Navacerrada


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Espectáculo grandioso es ver a tanta gente gritando “¡A lo negro, maestro, a lo negro!”. Se lo gritan, ya con sorna, a Mariano, como gritaba aquel peón a su matador, que remoloneaba para sacar al toro (¡lo negro!) del picador echando el capote a la cara… del caballo.

Pero Mariano, el hombre, sólo es un presidente más del Régimen del 78 (como lo llaman Cebrián y González), aquel mano a mano del miedo y la codicia sobre un tablero de cuatro patas, dos de las cuales son los separatismos vasco y catalán, “legitimados” electoralmente por el sistema proporcional impuesto por González a cambio, en su día, de no dar la tabarra con la República. Sacar del caballo, es decir, del Estado, a esos dos separatismos (¡ir a lo negro!), como la Nación pide a Mariano, sería cargarse el tablero, cosa que Mariano, un estatista como los demás, nunca hará. 

Después de todo, ¿qué es la Nación para ellos? “La España profunda que trata de adueñarse de la bandera”, en palabras de Cebrián, para quien “la tarea que… ¡el Estado!... tiene por delante es modificar lo que sea necesario de nuestra Constitución”, pensamiento que podrían suscribir Ramiro Ledesma o Belén Landáburu.
El nuevo Estado será constructivo, creador –decía el manifiesto de Ledesma–. Suplantará a los individuos y a los grupos, y la soberanía última residirá en él, y sólo en él.
“Nos hemos hecho mayores y nos hemos cansado de lecciones de Anglosajonia (?)”, brama en el periódico global un orate con algo de Gecé comprado en los chinos que no sabe que Anglosajonia es inmune a fascismo y comunismo porque allí Estado y Nación están separados.

Para saber qué es una nación hay que ir al Martín-Miguel Rubio que explica como en silabario que “la nación española es por definición un hecho de existencia, esto es, un hecho histórico ajeno a la voluntad de una generación concreta”, y por tanto no sujeta a referéndum: ni por la parte, como pide Puigdemont, ni por el todo, como aceptan sus colegas peperos.