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viernes, 3 de noviembre de 2017

Galli-galli


Ernst Jünger

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Con el golpe de la Generalidad ocurre ya como con la Revolución francesa, que nada fue como se cuenta.

    Para encarar la Revolución francesa, Jünger recurría a Lichtenberg, el de los aforismos, para quien uno de los modos falsos de exponer aquella Revolución era “creer que la nación está dirigida por bellacos”:

    –¿No será más bien que esos bellacos se aprovechan del estado de ánimo en que se encuentra la nación?
    
(“Una nación que quiere complacer a todas merece que todas la menosprecien”.)

    Aquí, a la Nación los jefes de los partidos le han arrebatado hasta la pancarta de salir a la calle a exigir la unidad de España, que excluye, por definición, el reparto territorial del poder (consenso), momio, ay, que todos los partidos de Estado defienden en su reforma constitucional.

    Y si el populismo quiere cantar las “Carceleras del Puerto”, que se las cante a Lola Flores, pero en ningún caso a Puigdemont, y para eso está aquí Borrell.
    
En la rada de Port Said, precisamente, describe Jünger para sus “Diarios” el espectáculo de los “galli-galli”, prestidigitadores, dice él, que sacan pollitos de los lugares más insospechados: “por ejemplo, del seno de una camarera”.

    –Uno de los “galli-galli”, un muchacho muy delgado, me trae a la memoria al doctor Goebbels; es preciso mantener cautiva la atención de la gente mientras se ejecutan las manipulaciones.
    
Los “galli-galli” que aturdieron a Jünger en un barco de Egipto nos aturden hoy en las televisiones de España sacando disparates del seno de la política como si sacaran pollitos del seno de la camarera. De la apatía de la pobreza a la apatía de la manipulación: he ahí, se nos dice, el magistral manejo de los tiempos por un hombre al que “en el ring le roncan los cojones, mi vale”, como al Rocky Valdez de Cartagena.

    –Cuando uno quiere imponer su autoridad, no puede darse el lujo de tener rabo de paja –fue la explicación de Guillermo Velásquez, El Chato, boxeador y árbitro, cuando expulsó del campo a Pelé.