Follow by Email

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Lo Nuevo

 Dr. Carl Escherich

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    En la política española lo nuevo siempre es viejo.

    No sé si con el sistema español Madoff estaría en la cárcel, pero estoy seguro de que con el sistema americano estaría en la cárcel Puigdemont, el Ulises del “prusés” que un ministro con fama de pavo (como dice un amigo mío, “tonto, tonto, pero un tonto con una tiza te j… un cuadro del Prado”) quiere que se presente a las elecciones. Puigdemont, sin embargo, marchó a Bruselas, cuya “embajada” catalana es, curiosamente, la única que no ha “cerrado” el gobierno de Madrid.

    Desde el principio tiene uno dicho que el tabarrón catalán no es sino una parodia de “Rififí” (parodia, a su vez, de “Rufufú”) para colocarnos otra Carta Otorgada, pero ahora “federal”, de un federalismo cebrianí: no el de Hamilton, que implicaría un grupo de estados independientes que se federan –¡tienen fe!– en la lealtad de todos, sino el de Proudhon de nuestra primera República (¡siempre lo viejo!), algo así como la Federación de “Fulbo” de Villar.
    
En esta antología del disparate, el “federalismo cebrianí” urdido en condumios saludables y honestos contubernios viene a ser una especie de Anarquismo de Estado, y por consiguiente, de derechas, como todo anarquismo, puesto que, desaparecido el Estado, mandan los ricos, es decir, vascos y catalanes, dado que Franco, el bedel gallego de Sánchez en Madrid, no habrá tenido tiempo de hacer del Foro la nación que nos tiene prometida. Sólo han de echar la culpa al individualismo rebelde del “homo hispanicus”.

    Un entomólogo alemán intrigado por la lectura de Hobbes, Carl Escherich, descubrió en 1934 la diferencia entre el Estado de las hormigas, termes y abejas y el Estado de los hombres: mientras el primero es posible sólo a través de la plena anulación del carácter sexual de estas criaturas, el segundo es infinitamente más difícil, pues los hombres no renuncian a su sexualidad, y por ello mantienen su individualismo rebelde.

    O cerramos las saunas, o adiós a España. “Salvar la democracia”, llaman a la operación.