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sábado, 27 de septiembre de 2014

Pederastas


Carroñero en insospechado lugar

Francisco Javier Gómez Izquierdo

La pederastia es inclinación abominable que no ha faltado nunca en la historia de la Humanidad y que tiene muchas variantes. A las noblezas egipcias, griegas, romanas y por ahí, les entraba el vicio ya de mayores para que unos pocos vates afearan discretamente la degeneración de la edad. Conforme los siglos fueron convirtiendo a los niños en  personas, mayor ha sido el asco y desprecio del mundo civilizado hacia esos malvados de maneras huidizas y cerebros monstruosos.
      
      Todos sabemos de los “pecados mortales”  de aquellos  frailes y curas de antaño que nos educaron y lo libidinosos que salen hogaño tanto monitor deportivo y tanto orientador educativo. Un cura marianista nos llevaba de excursión andando desde Villafría hasta la cueva de Atapuerca antes de que la descubriera Arsuaga y  nos tocaba el trasero para que sorteáramos  estalagmitas, sin que el hombre comprendiera que le teníamos todos calado.

   Si es usted mínimamente observador, notará que en los urinarios de las estaciones, de centros comerciales y locales de mucha bulla, pululan dos o tres tipos de cierta edad, asquerosos y con la perversión en la  mirada, a los que sacan las perras los moritos y los enganchados adolescentes. Estos guarros normalmente están fichados por la policía y son denunciados por jóvenes que necesitan dinero para sus cosas. Entran y salen tanto de la cárcel que hasta los jueces sienten  caridad hacia ellos. Son despreciables, pero por lo general su peligro es que un día los mate a palos una cuadrilla harta de ron.

    Todo es pederastia, pero el canalla de Ciudad Lineal y otros muchos como él no son pederastas al uso. El canalla de Ciudad Lineal es un ser de perversión criminal superlativa y contra el que nada podrá el Código Penal. Se escandalizan las gentes porque al pérfido lo soltarán de la cárcel con edad de seguir haciendo daño, pero no hay político que trabaje con seriedad contra la degeneración que acecha en el parque.

       ¿Y cómo nos protegemos de esta amenaza? Pues mire usted, hay una solución que llevo años explicando a personas que tienen mano para que se estudie, pero   nadie se atreve a proponerla, supongo que por vejatoria, indigna o pusilanimidad cualquiera. Veamos:
       
Cuando al canalla de Ciudad Lineal le den la libertad –cumplirá 20 años a pulso, supongo-, pongamos en 2034, se le coloca un chip subcutáneo -sí, sí, como a los perros con pedigrí- que esté conectado a un terminal policial que en todo momento lo tendrá localizado. Desde su primer delito o intento de cometerlo, estos demonios -vale para todo tipo de agresores sexuales y diría que también para terroristas-  estarían controlados y las fuerzas de seguridad sabrían por dónde camina el mal. Personalmente lo veo  bastante factible y me sorprende que nunca se haya contemplado la idea.
      
No hay valor para plantear en el Congreso tres artículos en el Código Penal contra tipos como el pederasta de Ciudad Lineal, tal que no obtener beneficios penitenciarios hasta mas allá del cumplimiento de las tres cuartas partes de la pena, cumplirá el total de la pena sin beneficios si no satisface la responsabilidad civil y se le colocará un chip subcutáneo a su puesta en libertad para que la sociedad pueda protegerse de sujetos cuya mejor característica es su reincidencia.
     No hay valor porque quien tal cosa proponga será tomado por nazi, fascista, etc.... Mientras, un niño se bambolea en un columpio bajo la concupiscente mirada de un hombre que regala piruletas.