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lunes, 22 de septiembre de 2014

Corridón de pablorromeros en Las Ventas. El animal más bello del mundo vuelve a Madrid



José Ramón Márquez

Valiente ridículo el que ha hecho pasar hoy la antigua y querida ganadería de Pablo Romero, ahora Partido de Resina, a la mayor parte de la cabaña brava -se pone esto de brava por usar el lugar común-, a toda la basura ganadera que llevamos padecida en Las Ventas a lo largo del año, incluido el atracón de hedionda juampedritis que nos echaron en la porquería de la Feria del Isidro, olvidada ya casi por completo a estas horas. De pronto sale el toro y la cosa cambia. Como si dijésemos, es que con el toro correteando por la arena se pone la cosa seria, en plan respeto y cuidado, o cuidadín, que a la primera de cambio el bicho se te echa encima, y como no entiende de vestimentas ni de rangos, el animalito lo mismo le tira el derrote a un monicaco encaramado a los tableros, que a uno que le acaba de clavar una banderilla, que al que le va a clavar el estoque, y no le mete un susto a Abella, ese delicioso catalán al que todos sus admiradores conocemos como Abeya, porque él está reglamentariamente aposentado en la seguridad de su nido.

 Del asunto referente al respeto que hoy han impuesto en la Plaza los Partido de Resina baste explicar cómo la tarde ha sido un festival de capotes y muletas tirados por el piso de Plaza, de banderillas puestas de una en una o tiradas directamente, tomas de olivo y demás atrezzo del habitual cuando asoma el Toro.

Menudo mareo daba, mientras los de Partido de Resina andaban por Las Ventas, acordarse de los Vellosino, los domingohernández, los zalduendíbiris, los cuvillejos, la guarrería esa de Parladé que los periodistas, pastoreados por los Choperón Father & Son, les dieron el premio del azulejo o lo que les den...  Menuda risa de acordarse de tanto bobo, tanto torezno, como llevamos visto en Las Ventas por culpa del trágala del abono, que si en esos carteles llegasen a dar la libertad de no tener que comprar la entrada, a ver de qué  iba uno a haberse tragado todo ese tostón de corridas.

Y luego, los de Villamanrique de la Condesa no sé qué tenían que traían el permanente recuerdo de The Maestros, que si les echan la corrida de esta tarde al Mofletes de la Puebla, al Chiquitín de San Blas y, ahora que se ha metido ahí de recuelo, al de Sabadell, el espectáculo habría sido, desde luego, para no perdérselo, a ver si por una vez en la vida podíamos verles con lo que se dice un toro, aunque fuese sin la filarmónica, que preferimos el toro a la filarmonía.

Para quien se haya perdido esta corrida tan ejemplar baste este detalle: el quinto de la tarde, un cinqueño cárdeno claro que atendía por Cubanito, número 14, siendo el más chico del encierro con sus 42 arrobas y media, era la definición perfecta del trapío. Sus hechuras, su conformación anatómica, su morrillo, su cuerna, sus músculos junto a su altiva mirada otorgaban al animal una seriedad impresionante, la que emanaba de su impecable, inequívoca figura de toro de lidia, gloria de la cabaña brava. Y que conste que se significa de manera especial al quinto de esta tarde para hacer ver que esos interesados comentarios tan comunes entre los revistosos del puchero acerca de que ciertos aficionados gustamos sólo de “mastodontes” es otra de tantas opiniones a tanto alzado orientadas a denostar a los que nos vamos dejando el sueldo por esas Plazas de Dios.

 La verdad es que la corrida ha tenido una esmeradísima presentación, que eso de la presentación debería ser el primer mandamiento del ganadero responsable, echando a Las Ventas cuatro cárdenos y dos negros que han dejado bien arriba el honor de la divisa azul celeste y blanca, a los que les han pegado de manera inmisericorde en varas, a los que han hurgado en sus espaldas a la búsqueda de petróleo, a los que han reventado a lanzazos a ver si así... y ni por ésas han conseguido cargárselos ni echarlos al suelo por más empeño que han puesto en ello. Yo, si tuviese que dar el Premio al Hidrocarburo, hoy se lo daría posiblemente a Daniel López, de la cuadrilla de Pinar, que fue capaz de dejar la espalda del sexto encharcada, que no veía yo tanto quebranto desde la novillada aquella famosa de Moreno Silva.

En cuanto al comportamiento reseñemos, en primer lugar, la personalidad que viene de la casta. Que, por ejemplo, a estos no les daba la gana quedarse en el burladero del 6 en lo que llegaba el del penco que venía a tundirles, y cuando los peones empezaban con sus cucamonas cotidianas, ellos, toros de noble y altiva cuna, simplemente se largaban de allí. Eso hasta que en el sexto se dieron cuenta al fin de cómo iba la cosa y a ese le sujetaron tan ricamente en el tercio. O la predisposición a irse en seguida al caballo, o el comportamiento cambiante, como el del tercero, Habanero, número 21, que en la primera entrada al caballo sale de naja muy de manso, en la segunda se medio queda cabeceando y en la tercera empuja; sin clase, pero empuja y queda superior para la muleta. Para entendernos diremos que ha habido tres y tres. Tres para torear, para demostrar que se sabe torear, que se tiene estética y gusto, que se sabe provocar y aprovechar las embestidas y dar lugar a la aparición del toreo bueno, y otros tres para demostrar que si no tienes ni la estética ni el gusto para bordar el toreo tienes al menos el valor para aguantar y lidiar, tres en los que la exigencia en cuanto a colocación y trazo del muletazo sea menor por la mayor dificultad que entraña la lidia del toro. A cada uno de los matadores (Lázaro, Pérez Mota, Pinar) le ha correspondido uno de cada tipo y ellos ni han hecho lo de la estética ni lo de la lidia, porque acaso los tres venían a lo de todas las tardes en todas las Plazas y lo de hoy era sustancialmente distinto, empezando por la notoria exigencia de distancia que los toros demandaban de sus matadores, claramente desatendida, como de la evidente percepción de que estos toros no eran de los de setenta trapazos, que demandaban permanentemente inteligencia y conocimiento como para aprovechar los quince muletazos -¿y para qué más?-  que tenían antes de entrarles a matar. A ver cómo se explica que antes en Madrid gustaban las faenas breves, concisas y de enjundia y no esto de ahora del torero del erre que erre, como si por tratar de iniciar la “faena” veinte veces se fuese a enderezar algo la cosa.

Como es natural, no podemos dejar de reseñar la actuación de Vicente Yesteras. El peón que hace años no dudó en calificar como de “chuflas” a Juan Navazo a costa de un emocionante par cuarteando de dentro hacia afuera que le puso a un doloresaguirre que no se dejaba banderillear, ha tenido esta tarde una actuación nada chuflesca poniendo las banderillas como las fabrican, de una en una, y no dudando en dejarle el marrón a Víctor Pérez, por lo que pudiera pasar.

Partido de Resina ha dado hoy en Madrid una emocionante tarde de toros. Es una ganadería señera que no debería faltar jamás de San Isidro y que siempre debería tener enfrente a los toreros de postín, como siempre fue. ¿Pero de qué postín hablamos? ¿Es que acaso en nuestros días hay algún torero que se pueda comparar a Paco Camino, a Antonio Ordóñez o  a Antonio Bienvenida, por decir tres que se las vieron innumerables veces con los del hierro de la boca del horno?

El bosque

 La almohadilla

El asiento

 La reunión

 El boleto

 La papela de Abella

 El paseíllo

 La gayola

 El pablorromero

 El fú

 La lámina

 El burladero

 La suerte de varas

 El varilarguero
(Masacraron a los toros con alevosía castoreña)

 Guernica habemus

 El sueño de Morfeo

 Ahí queda eso

Iwo Jima

 Juan Lamarca

 El anillo de Giges

 Calígula

Equidistancia crítica

 Tirant lo Blanch

 José Tomás

 Muerte entre las flores

 El juez de la horca

 El nido de Abella

 El niu d' Abella

 Abella nest

 La bezoya

 El Torbellino

阿比拉巢
 ابيلا العش

 Abella nesto

 Caco y el Doctor Angélico

 El toro

 El lunar

 La cuerna

 Fin