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jueves, 11 de septiembre de 2014

Córdoba-Sevilla. 70 euros





Francisco Javier Gómez Izquierdo

  Los presidentes  de clubes andaluces pactaron hace unos años un precio más o menos asequible para las aficiones vecinas, que, debido a esa inconsciencia forofil de la que se alimenta el fútbol, suelen desplazarse para animar a su equipo. El Córdoba, se ve que por la novedad de verse en Primera,  arrastra muchos aficionados, como ya se notó en el Bernabéu y como se verá mañana en Almería, un equipo andaluz que nos queda más lejos que Madrid. Los presidentes del Almería, Málaga, Granada, Sevilla... piden 30 euros a las aficiones visitantes a las que suelen colocar un tanto esquinadas en los estadios, pero el pacto es el pacto y mayormente se cumple... pero el amo del Córdoba dice que nones. El amo del Córdoba, soberbio desagradecido que cree que su equipo ascendió por méritos y no por las inesperadas mañas de la inconsciente fortuna aspira a ejercer como aquel donmanué bético por estar convencido de lo divino de su cargo. Al sevillismo que quería venir a El Arcángel la próxima jornada le ha dicho que a 70 euros la entrada y que no puede bajar el precio porque es lo que va a cobrar a los cordobeses que no son socios. Como gamberro  municipal que arranca los retrovisores de todos los coches  de la fila por mera Justicia equitativa, igualitaria y sobre todo democrática, el amo del Córdoba multa atendiendo unos principios que no son de personas civilizadas.

         Al amo del Córdoba  le entrevistan en el As y el Marca preguntadores simplones a los que Carlos González, que así se llama el amo del Córdoba, explica su particular filantropía que se traduce en construir una ciudad deportiva, dice que para hacer “cantera”, pero cuyo principal interés está en los tantos por ciento y que lo pague el Ayuntamiento. El Ayuntamiento levantó dos veces el Nuevo Arcángel con dinero de los cordobeses, muchos de ellos beligerantes contra el fútbol, y por arte de birlibirloque resulta que el campo es de este canario recién llegado que no deja entrar ni a Miguel Reina, concejal de Deportes -¡tiene mandanga la cosa!- e historia viva del  cordobesismo.

     Al amo del Córdoba no le gusta el fútbol y le asquean sus aficionados -abraza a tres peñas a las que regala cosas y entradas-, por lo que le importa una higa que sus insultantes ordenanzas para con los vecinos sevillistas reviertan contra los cordobeses, a los que nos gustaría acercarnos al Sánchez Pizjuán en la segunda vuelta por los 30 euros que pactaron los directivos futboleros  de la comunidad.
       El amo del Córdoba no sabe que una masa de forofos suele tener mucho de animal  descerebrado y no distingue al individuo que insulta, sino que culpa al rebaño del que salió la afrenta con lo que habrá encuentros del Córdoba que resultarán peligrosos y pueden llegar a convertirse en criminales -¡nunca lo permita Dios!-. Es prácticamente imposible que este hombre recapacite y reconsidere su afán por esquilmar a los drogadictos del fútbol sin dar cuenta de los beneficios -sigue siendo un misterio la recaudación del día del Barça en Copa-, pero sería de agradecer que las autoridades, pongamos deportivas, le obligaran a un código de conducta. Por ejemplo, empezando por pedirle documentación de las peñas cordobesistas registradas y su relación con ellas, cómo reparte los cupos de entradas de los aficionados viajeros, cuánto ingresa el club por la publicidad de las camisetas, etc...