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miércoles, 24 de septiembre de 2014

Día de la Merced, la virgen de los presos

Misa el día de la Merced

Francisco Javier Gómez Izquierdo

Anoche a las doce se escuchó en mi barrio un repique de campanas alegre y optimista para recordarnos que entrábamos en el día de la Virgen de la Merced. El campanero de la Iglesia de mi barrio sabe que la Merced es la virgen de los presos y que tal día como hoy se llevaba a la cárcel vieja en procesión, pero el campanero de mi barrio no sabe de leyes ni quiere saber.
     
Hubo un tiempo, hasta 1995, en que el Código Penal procuraba igualar a los penados. Un artículo que los hacía iguales era la redención, caridad distributiva grata a los ojos de la Virgen y de doña Victoria Kent y que contaba con la indiscutible aportación de la ciencia matemática. Por cada dos días  se regalaba uno de redención, siempre que no hubiera sanciones disciplinarias. Dos años cumplidos en prisión se convertían en tres efectivos y así todo reo tenía sus cuentas claras. La redención se interrumpía por sanciones, tal que los etarras, siempre en primer grado y negándose a realizar trabajos mecánicos: barrer el patio, por ejemplo.

   El sistema no gustaba a los juristas y políticos de progreso, por lo que confabulados con una emergente plaga de psicólogos y psicólogas hicieron imprescindibles a éstos en las cárceles para que acomodaran las penas y los beneficios penitenciarios a lo que conviniere políticamente.

    Los directores de las prisiones suelen ser señoras y a la vez psicólogas. Uno de los subdirectores es casi siempre psicólogo o psicóloga y a las Juntas de Tratamiento asiste el psicólogo o psicóloga del Módulo. El código del 95 abolió la redención y dispuso que será a criterio de los Equipos y Juntas de Tratamiento, cuando el interno alcanzará los beneficios penitenciarios: permiso, tercer grado, condicional...  Luego pasa que un señor condenado a cuatro años de condena puede salir a los seis meses de la cárcel y dormir tranquilamente en su casa con una pulsera telemática, porque el Equipo de Tratamiento, donde siempre prevalece la opinión de los psicólogos o el jurista, cree que se lo merece, y que un señor condenado a un año pasará 365 días en su celda sin salir ni un sólo permiso porque a la señora psicóloga no le cae bien el individuo. ¿Por qué son más injustas las matemáticas para todos los reos, románticamente llamada redención, que la opinión de cuatro señoras vegetarianas, defensoras de las ballenas y oidoras empedernidas de cedés con canto de gorriones y piar de golondrinas?

     Cada vez tiene menor sentido el repique de campanas de la noche del 22 de septiembre. La Señora del Zumbacón, mi barrio en Córdoba, lo sabe y llora cuando la sacan a pasear, afligida y pesarosa de cómo han arrebatado de su redentor manto a sus mas queridas criaturas. Lo peor es que se ha hecho con el consentimiento de los, en teoría, hombres más justos de la nación.