sábado, 3 de noviembre de 2012

Cerveza Sol



Hughes
 
No soy un gran consumidor de cervezas, vaya por delante. La hegemonía meridional de Cruzcampo me empieza a cansar y he decidido responder a su patrimonialización del sur con más sur, con algo más lejano, sureño y evocador: la cerveza Sol, de la Cervecería Cuauhtemoc, allá por Moctezuma. Lo normal sería tirar por la Coronita, pero es que siempre que me ponen una Coronita me acuerdo de Pepe Domingo Castaño y de su claque gritando lo de fresquita, rubita, coronita y como que no. La cerveza Sol es muy rubia, muy poco amarga, con poco alcohol, una cerveza ligera a la que una gotita de limón o un gajo en el cuello bastaría para convertir en clara. La botella me encanta, es muy internacional, en el casco se lee Moctezuma, Malasia, Hong Kong, Singapore y Sevilla, tiene algo del encanto comercial del siglo diecinueve, un romanticismo import-export. Cuando la bebo pienso que estoy saliendo al extranjero y ese sol surgiendo de las nubes, con ojos tristes de azteca, me encanta. Es una marca futbolera, de estadio y cuentan que su nombre se le ocurrió a un cervecero al observar un rayo de sol cayendo en una olla. Esto recuerda a aquella definición del dry martinio perfecto como ginebra y sólo un rayo de sol atravesando una botella de Noilly-Prat. Esta maravillosa Sol parece que está poetizando la cerveza, como un rayo de rubio sol dorando algún precipitado divertido.