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domingo, 25 de noviembre de 2012

En la muerte de Viberti

Villanova y Viberti
 
Francisco Javier Gómez Izquierdo
 
Son muchas muertes en noviembre. Demasiadas. En los últimos días llegan por teléfono nombres de difuntos que han sido vivos cercanos, al tiempo que la prensa llena la sección de decesos con personajes que siempre estuvieron cerca de uno.

      En la noche de un sábado vestido de funeral y pesadumbre me dispuse a ver la 2ª parte del Málaga-Valencia para seguir con el Betis-Madrid. Dijeron en la tele que también había muerto Viberti y se me quitaron las ganas de cenar, y recordé mis sueños infantiles de cómo había de ser el centrocampista ideal.  En el Valencia estaba Claramunt, Pirri en el Madrid, Adelardo en el Atlético y Larrauri en el Athletic. No sé por qué nos gustaba tanto Larrauri.

    Subimos a 1ª y los nuestros eran Ederra y Jacquet. Les  pillamos las deficiencias cuando descubrimos a Sebastián Humberto Viberti. No nos habían enseñado ese concepto falsamente intelectual del 5 argentino, pero aprendimos lo que es un medio-centro por derecho cuando nos los explicó Viberti.

      Puede parecer falso que con ánimo de ponderar al jugador malaguista  teniendo en cuenta la funesta circunstancia les diga que Viberti fue para un servidor el canon del centrocampista, pero es totalmente cierto. Cuando llegó a Burgos Sergio Kresic -”después de Cruyff el mejor futbolista que ha llegado a España”, en palabras del difunto Miljanic-  nos reencontramos con Viberti. Luego vino Schuster. Más tarde Redondo y de últimas tenemos a Xabi, el mediocentro de Mourinho.
       
Viberti jugaba despacio, gustaba del pase corto y era un mariscal en el campo. Le sacaban mucho en el As y su cara era de veterano que se las sabe todas. Era el jefe del equipo y su complemento ideal era  Villanova, un paisano greñudo y de inquietante aspecto. Los dos argentinos, con una técnica descomunal, encandilaban a La Rosaleda repartiendo fútbol del que gustaba, pues en aquel tiempo los partidos los jugaban muchos defensas a coces a las órdenes de entrenadores de espíritu rufianesco.  Marcel Domingo amargó la vida a Viberti, hasta tal punto que se fue de Málaga ya treintañero a un Tarragona de Segunda donde aguantó sólo una temporada. Volvió a su país sin llamar la atención. Entrenó  con no demasiada fortuna y en el Canal Sur lo he visto en varias ocasiones cuando da una vuelta por Málaga.

     Cuando Marcel Domingo vino a Burgos a  mí no se me habían olvidado sus injusticias hacia Viberti y mis temores se confirmaron cuando aseguró que no hacía jugadores para otros, dejando en el banquillo a un Juanito propiedad del Atlético de Madrid. Se le pasó la turbanera y entró en razón, pero uno repetía a los amigos que Marcel Domingo cogía manía a los buenos como ya le había pasado en el Málaga con Viberti.

      A mi tierno infante le cuento maravillas cuando veo su aún imponente aspecto en la tele.
     
-Era como Xabi Alonso. Mucho mas virguero, pero sin pase largo. Para mí fue el primero. Luego llegaron los demás.

     Viberti parecía cansado cuando jugaba. Sólo lo parecía. Viberti era como lento y matemáticamente preciso. Xabi Alonso, el Viberti de hoy, el amo del centro del campo madridista..., está este sábado cansado y todo el equipo lo nota. Como lo notaba el Málaga de los 70 cuando Viberti faltaba.
      Mi tierno infante no cree demasiado injusto que mueran deportistas nacidos en los cuarenta. Le parece incomprensible que lo haga un deportista de 19 años con el que empezó de alevín en el noble deporte del balonmano. Le hablo de Viberti y la asfixia de Xabi ante el Cañas del Betis y él me habla de lo que estarán pasando los padres de Paco Sierra, el joven muerto de ayer sábado.

 Deusto, Irles, Arias, Martínez, Monreal, Macías, Bustillo, Galindo, Roldán, Villanova y Viberti