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viernes, 22 de julio de 2011

Los Tres Pilares de la Sabiduría que rodean a José Tomás

Rana chinchonera de julio
José Ramón Márquez

Aquí están los Tres Pilares de la Sabiduría, y al fondo la Muerte, que el sábado arranca el ‘Tour de las calaveritas 2011’ y hay que engrasar la máquina. Desinteresadamente, con la cara lavada, tres personajes clave se sinceran con los medios. Lo primero, la Ciencia Médica. Rogelio Pérez, el doctor Rogelio, el que sin nervios restañó las terminaciones nerviosas del Pasmo. Él, que con todo su vademécum es capaz de evaluar con precisión la tremenda gravedad de las heridas, hombre humanista y de formación clásica a lo que parece, médico al estilo del doctor Marañón, declara en el Marca: ‘Sin duda es un Ave Fénix, que sale de la muerte y vuelve a los ruedos’.

Y luego la Amistad. Qué decir de Tomás y Boix, como Aquiles y Patroclo. Boix, que lo mismo abandonó su oficio, la flauta travesera, la flauta del dios Pan, la flauta de Bartolo, que la tradición de los pasteles, los dulces y las golosinas por unir su vida a la del pétreo ciprés, asumiendo siempre la muerte como algo tangible, siempre presente en el fondo de las palabras. Declara en Burladero, con gravedad: ‘En estos meses de parón físico, el diestro no ha parado de reflexionar sobre cuál es su concepto del toreo y ha profundizado más en su compromiso de toreo excelente’. Concepto del toreo… toreo excelente… interesantes novedades.

Y luego lo innegable, el Amor de Madre. Dice la madre en El Mundo: ‘José Tomás no quiere morir en la plaza: quiere vivir, ama la vida’; dice: ‘él prefiere dar esa imagen de borde que dice la gente’. ¿Qué puede decir la madre? ¿Qué diría doña Angustias, madre, hija, tía de toreros? ¿Y la madre de El Negro? Cuando ésta falleció en Madrid en 1889 pusieron la bandera de la Plaza Vieja a media asta. El presidente montó en cólera e hizo izar la bandera a lo alto del mástil; que no es de recibo poner a la bandera de luto por la madre de un torero, porque es a ella a quien de manera más desgarrada le corresponde el luto.

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Y ahí andan todos circundando al personaje, que lo tienen rodeado por tierra mar y aire, pero que no hay un solo periodista que sea capaz de sacarle una sola palabra al pétreo. Al final va a acabar cayéndome bien.