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jueves, 28 de julio de 2011

En respuesta al sociólogo Toharia, que se las echa de Lombroso

E. M. Lombroso



LA TRAICIÓN DE LOS SOCIÓLOGOS


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Los textos del indignado noruego (Breivik, no Ibsen, al que ya no lee nadie) tienen perplejo al periodismo de calidad. ¿Cómo es posible asesinar a una masa sin el menor propósito de liberarla? ¿Qué fue de la violencia como partera de la Historia?

La prensa progresista busca un autor intelectual de la matanza nórdica, cosa que en tiempos de Camba sólo hacía la prensa reaccionaria. No se me va de la cabeza aquel pobre asesino que, abrigando el propósito de matar a un frutero de Cuatro Caminos, visitó en su piso, allá por 1920, a uno de nuestros escritores más entretenidos:

En tiempos del señor Lombroso, cuando queríamos trabajar, buscábamos un cuchillo, un revólver o un hacha. Hoy, en cambio, buscamos un cerebro. Yo quiero asesinar a un frutero, pero antes de ponerme a la obra necesito un cerebro que me sugiera la idea. Por eso venía a verlo a usted. Pero ya veo que es usted un Tartufo.

Sólo que, en pleno julio, nuestros Tartufos están, o tuiteando con la “blackberry” en un chiringuito de Gandía, o conferenciando en un chiringuito de El Escorial, y la prensa ha recurrido a los sociólogos para responder a la gran pregunta de César Vallejo:

–¿No subimos acaso para abajo?

La respuesta más brillante es la del sociólogo Toharia: “Palabras como puños, puños sin palabras”, circunloquio francamente zapateresco para desarrollar la teoría según la cual, como “fist” en inglés significa puño, hemos de cuidarnos mazo de los “pacifists with the accent on the fist”, esto es, de los pacifistas con el acento en los puños, que son esos tipos que pretenden imponer la paz a fuerza de puñetazos.

¿Que qué más?

Toharia es un crack, pues reduce el círculo español de presuntos autores intelectuales de la matanza noruega al “index locorum” de un vejete dedicado a apuntar quién va a misa y quién no los domingos.

Resulta muy difícil, por no decir imposible, encontrar textos de tan desgarrada virulencia como esos en publicaciones de izquierdas–dice Toharia.

Desde luego, no seré yo quien los compare con el pacífico alegato del ingeniero Benet en “Cuadernos para el diálogo”, fundada por Toharia:

Creo firmemente que mientras existan gentes como Alexandre Solzhenitsin perdurarán y deben perdurar los campos de concentración...

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